LOS HUERTOS FAMILIARES EN UNA PROVINCIA DEL SUBTROPICO MEXICANO

José Isabel Juan Pérez

Ambiente, Sociedad y Cultura: Elementos para el estudio de los huertos


El hombre a lo largo de los cuatro o cinco millones de años que posee su desarrollo histórico-evolutivo, ha colonizado prácticamente todos los ambientes terrestres del planeta (Sutton y Anderson, 2010), esto en virtud de obtener los medios y satisfactores necesarios para su existencia, como alimento, vivienda, combustible (leña), ropa, medicina (Chávez, 1998). Esta relación entre el hombre y su ambiente ha tenido un intrincado desarrollo tanto en el tiempo, desde los primeros homínidos hace dos millones de años (Steward, 1972), como en el espacio, en donde ha sido capaz de adaptarse a la enorme diversidad geográfica y ambiental del planeta, generando cultura y coexistiendo con su medio  (Sutton y Anderson, 2010). De esta manera, el vínculo entre el hombre y el ambiente que lo rodea, constituye un proceso dinámico, indivisible (Alvarado, 2003). Lo anterior, se fundamenta en el hecho, como lo menciona Alvarado (2003),…ni naturaleza ni cultura son posibles de observar químicamente puras…; debido a que cada una se define por la otra (Tomé, 2005). Como sociedad, observamos al medio ambiente con la apreciación que nuestra cultura nos proporciona, y esta apreciación está condicionada por el modo en que concretamente nuestra cultura intercambia energía con la naturaleza (Alvarado, 2003).

Hoy en día, diferentes estudios mencionan a la cultura como el principal mecanismo por el cual los seres humanos se adaptan a su ambiente (Sutton y Anderson, 2010); sin embargo, la forma en que la cultura se relaciona con el medio ambiente puede ser vista de diferente manera; algunos estudios mencionan que la cultura se origina en un determinado ambiente, o sea, que depende totalmente de los factores ambientales. Otros estudios mencionan que existe una dependencia recíproca entre cultura y entorno, que es la cultura la que da lugar a la explotación de la naturaleza, lo que contribuye a su vez a la formación de la cultura (Stora, 1994).

La cultura como comportamiento aprendido y compartido, es el elemento fundamental que diferencia a los seres humanos de los animales y es transmitida en gran medida a través de la observación, la práctica, la experiencia y el lenguaje. Asimismo, cada persona pertenece a una cultura, un grupo de personas que comparten el mismo patrón básico de comportamiento aprendido, los mismos valores, puntos de vista, el lenguaje, y la identidad. Consecuentemente, la cultura es un instrumento de ajuste, un sistema de adaptación generado por sociedades bajo condiciones ambientales, espaciales, temporales e históricas particulares; y es a partir de este instrumento, cuando un grupo social se relaciona o adapta de manera directa e indirecta con su entorno natural inmediato, y desde luego con los componentes de otras sociedades (Steward, 1955).

Esta adaptación como manera de relacionarse con el medio ambiente, desde el punto de vista biológico se puede definir como los rasgos de un organismo que lo hacen más apto para sobrevivir y reproducirse (Odum y Barrett, 2006); sin embargo, para la sociedad humana, la adaptación dista un poco del concepto biológico, definiéndose como la modificación que se presenta en el cuerpo, en las especies o en la cultura, en respuesta a cambios y condiciones en el medio (Sutton y Anderson, 2010). Para la mayoría de los organismos en el ambiente, la adaptación es puramente biológica, y en última instancia regulada por la selección natural; sin embargo, para los seres humanos, la adaptación también es cultural, es un mecanismo que puede actuar en un tiempo corto y es la manera en que las personas pueden adaptarse al ambiente, a través del comportamiento colectivo y/o la tecnología (Sutton y Anderson, 2010); ya que se realiza mediante ajustes que no son filogenéticos y por lo tanto, varían de acuerdo con los sucesos que influyen en la vida de las diferentes comunidades (Steward, 1955).

La adaptación sociocultural es resultado de una serie de ajustes progresivos, que pueden o no ser evolutivos, pero que explican los mecanismos de naturaleza social y cultural que las sociedades crean o re-crean para usar, manejar, o explotar su ambiente,  proporcionando los elementos básicos para identificar y manejar sus recursos.  Estas adaptaciones culturales o modos culturales de conducta son aprendidos por las personas al relacionarse con su entorno inmediato (Stora, 1994); por lo tanto, al adaptarse la cultura a su ambiente, las culturas tradicionales de diferentes áreas pueden ser total o parcialmente distintas, y esto simplemente asume que ciertos tipos básicos de cultura pueden desarrollarse por similares caminos bajo similares condiciones, pero que algunos aspectos concretos de ésta aparecerán en todos los grupos de humanos en regulares secuencias (Steward, 1972).

El estudio de los grupos humanos, es decir, de los pueblos antiguos y modernos, de sus estilos de vida, lenguaje, historia, religión, estructura social, economía y evolución es importante para comprender las relaciones de la sociedades con su ambiente, o sea, estudiar al ser humano como sujeto culturalmente adaptado, en el campo de estudio de la antropología (Alvarado, 2003; Sutton y Anderson, 2010) proporciona elementos para entender las relaciones de una sociedad. En la Antropología se encuentra inmersa la antropología cultural, la cual se ocupa de la descripción y análisis de las diferentes culturas tanto del pasado como del presente. Dentro de estas disciplinas en 1955, Julian H. Steward, presentó un modelo metodológico para los estudios ecológicos, al que llamó ecología cultural, el cual está contendio en el libro titulado “Theory of Culture Change” (Stora, 1994).

La ecología cultural es el estudio de los procesos a través de los cuales una sociedad se adapta socioculturalmente a su ambiente; o sea, explica el proceso de retroalimentación entre cultura, tecnología y entorno, pero dentro del estrecho marco constituido por el núcleo cultural (Stora, 1994). Esta teoría pretende explicar de manera amplia y consistente, el desarrollo general de la cultura o, más específicamente, el largo camino de las colectividades humanas, desde las formas organizativas más simples (las sociedades basadas en unidades domésticas) hasta las más complejas (las sociedades de instituciones regionales, nacionales e internacionales) (Sánchez, 2002), esto a través del estudio de las relaciones que establece el hombre con su ambiente físico, por medio de niveles de integración que van de lo local (una comunidad) a lo regional, lo nacional o lo internacional (Steward, 1955).
La ecología cultural es una serie de principios, metodologías y conceptos que se aplican en diferentes condiciones espaciales y temporales para el estudio del hombre, de la sociedad y de su cultura. La teoría de la ecología cultural menciona cómo el hombre crea una relación con su ambiente, en donde sus patrones de comportamiento cultural permiten la adaptación de éste a las condiciones del ambiente, o sea, es la sociedad la que se adapta a su ambiente (Steward, 1977) y son condicionados por él (Milton, 1996).

La ecología cultural surge, por lo tanto, como una herramienta metodológica, como una serie de principios y conceptos que se aplican en diferentes condiciones espaciales y temporales para el estudio del hombre, su sociedad y cultura, es decir, para comprobar cómo la adaptación de una cultura a su ambiente puede implicar ciertos cambios (Steward, 1972). De esta manera, en la ecología cultural se analiza a las sociedades y sus instituciones, y éstas con el ambiente, conociendo las diferentes maneras de cómo la población usa la tecnología para explotar el medio natural por medio de la producción (Ulloa, 2001).

Un ejemplo de aplicación de la Ecología Cultural, es el realizado por Andrew (1987). El estudio se realizó en un pueblo indígena de Canadá. En éste, se hace mención  de que originalmente en la comunidad de Tsimshian, la caza, la pesca y la recolección eran los componentes principales del sistema de producción; y que estos sectores proporcionaban la base material de las relaciones sociales y estaban dirigidas a la estacionalidad de la vida en Tsimshian. Pero, posteriormente con la llegada de la industrialización y la legislación de la economía política capitalista, se inició una nueva era que socavó la soberanía Tsimshian, desintegrando el viejo orden, y dejando al margen a los indios del desarrollo en el siglo XX.

Al aplicar los fundamentos de la Ecología Cultural en las condiciones de vida de la sociedad  Tsimshian, Andrew (1987), concluye que hoy en día la existencia de los derechos de las personas indígenas protegen estas actividades (la caza, la pesca y la recolección); ayuda a la supervivencia de la cultura indígena y a la sociedad. Esperando que el futuro legal de los derechos de los indígenas en la constitución canadiense permitirá a los pueblos indígenas una oportunidad de fortalecer sus sociedades, a superar su dependencia, y se muevan de su posición marginal en la sociedad canadiense. La comunidad Tsimshian en la actualidad se ha redefinido para adaptarse a las necesidades del capitalismo.

Actualmente, estudiar el hábitat, formas de manejo y la función medicinal de los recursos vegetales utilizados por las sociedades rurales, indígenas y campesinas es prioritario en México. Esto ocurre en virtud de que actualmente la rápida pérdida de especies vegetales y ecosistemas hace apremiante la necesidad de preservar tanto los recursos vegetales asociados a las comunidades, como la información cultural tradicional que los pueblos poseen sobre éstos y su ambiente (Escobar, 2002).

La pérdida de conocimientos relacionados con el manejo, funciones e importancia de las plantas puede provocar divesos impactos, por ejemplo, cambio en la alimentación de las famlias, incremento de la pobreza, deterioro ambiental a nivel local y regional y mayor impactos ocasionados por el cambio climático (Oviedo et al., 2007). Estos conocimientos permitirán contribuir a la conservación y uso sustentable de los recursos biológicos, permanencia de las culturas asociadas a ellos y aportar conocimientos útiles para el manejo sustentable de los ecosistemas naturales y agroecosistemas familiares (Escobar, 2002). 

El desarrollo de investigaciones científicas de carácter agroecológico, sociocultural y etnobotánico coadyuva a preservar el conocimiento tradicional campesino, evita la disminución y desaparición de especies nativas y silvestres, y contribuye a la conservación de los recursos naturales, en particular los que se utilizan con fines medicinales,esto mediante la regulación de su extracción y procesamiento, que debe aplicarse desde su colecta, transporte, almacenamiento y venta al público (Hersch, 1996).

En comunidades de la Provincia Fisiográfica Sierra Madre del Sur y de manera particular, las ubicadas en el contexto de la Región Sur del Estado de México, los habitantes conocen la diversidad de ambientes en sus poblaciones: serranías, lomeríos, laderas, barrancas, cañadas, mesetas, planicies, sistemas de cultivo y riberas de cuerpos de agua, lo que les permite conocer la diversidad vegetal y animal que puede proporcionarles beneficios de diversa índole. Es a través del conocimiento del ambiente y sus componentes lo que favorece la extracción de plantas de su hábitat natural y llevarlas a los huertos familiares. La relación existente entre la cultura y el ambiente incluye varios factores: las condiciones biológicas y físicas, las disposiciones culturales o patrones de comportamiento que favorecen el aprovechamiento y manejo del ambiente y la tecnología implementada por las sociedades (Steward, 1955).

La ecología cultural como conceptuación teórica y herramienta metodológica involucra el estudio de los recursos naturales existentes y disponibles en una comunidad, pues son la base para el sustento de los grupos humanos. La subsistencia se refiere a los sistemas de producción que tienden principalmente al consumo de lo producido. La producción para la subsistencia caracteriza a algunas poblaciones en las cuales las unidades de producción son pequeñas, donde se produce o recolecta una variedad de alimentos y donde el principal mecanismo de intercambio es la reciprocidad. (Morán, 1993).

La ecología cultural al ser una herramienta empírica y un contexto teórico (González:1997) permite comprender cómo el ser humano posee capacidades para relacionarse con su ambiente a través de su acervo cultural, que cada vez se enriquece de una generación a otra y se transmite mediante la observación, la práctica y la experiencia.
J. H. Steward, en su libro Theory of culture change (1955), establece que la ecología cultural tiene por objeto el estudio de los procesos a través de los cuales una sociedad se adapta socioculturalmente a su ambiente y que entre la sociedad y el ambiente existen relaciones como las siguientes: a) La relación entre el asentamiento y varios componentes de su ambiente inorgánico, b) la relación entre la comunidad con las plantas, los animales silvestres y domesticados, y c) las interrelaciones entre los seres humanos de la misma comunidad con otras comunidades vecinas.

Al aplicar los fundamentos de la Ecología Cultural en el estudio de los huertos familiares de la Región Sur del Estado de México se encontraron tres relaciones importantes: 1) la relación entre el asentamiento y varios componentes de su ambiente inorgánico como  la latitud, altitud, topografía, clima, agua y suelo. En esta región, las condiciones de los huertos familiares, están estrechamente vinculadas con el gradiente altitudinal, las condiciones del clima y las características de los terrenos.  2) la relación entre la vivienda, las plantas, los animales silvestres y los domesticados que forman parte de la subsistencia familiar. Las familias utilizan a lo largo del año las plantas silvestres y las combinan con las cultivadas en los huertos familiares. Todas las especies vegetales comparten un mismo espacio geográfico. 3) relación entre los habitantes de las comunidades de los municipios en el contexto geográfico de laRegión Sur del Estado de México. Mediante la comercialización de plantas y productos de los huertos, las familias mantienen relación que refuerzan su identidad campesina y mejoran su economía (Chayanov, 1974).

La presencia, dimensiones, estructura y agrodiversidad de huertos familiares en las viviendas de la Región Sur del Estado de México es influida por las condiciones socioculturales de las familias campesinas, éstas, siempre desean dedicar un espacio de la vivienda para establecer plantas que les proporcionan beneficios, principalmente, económicos, alimenticios, medicinales, ornamentales, ceremoniales y ambientales. Los huertos familiares son espacios importantes  para incrementar y conservar la agrobiodiversidad y los rasgos socioculturales de las familias rurales mexicanas.

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