
Las expectativas
adaptables y racionales
Se da el nombre de "expectativas" a
las previsiones que los agentes realizan sobre la magnitud en el futuro de las variables
económicas. El comportamiento de los agentes dependerá, lógicamente, de cuáles sean
sus expectativas. Por ejemplo, las demandas salariales de los trabajadores, y las subidas
que los empresarios están dispuestos a conceder, dependen de las expectativas que ambos
tengan sobre el comportamiento de la inflación en el próximo año.
Esto ha sido entendido por los economistas desde
hace mucho tiempo y Keynes, entre otros muchos, lo tuvo presente al elaborar sus modelos.
Pero hasta hace muy pocos años no se había elaborado ninguna teoría sobre la forma en
que se crean las expectativas. Keynes había considerado que las expectativas eran un
factor exógeno, que se generaban mediante mecanismos que no tenían nada que ver con el
funcionamiento del sistema económico. Los keynesianos que elaboraron grandes modelos
macroeconómicos en los años sesenta se vieron en la obligación de añadir algo más:
pensaron que los agentes económicos utilizaban los datos de los últimos años para
predecir la situación de los siguientes.
Robert E. Lucas Jr. (1937- ) obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1995 "por haber
desarrollado y aplicado la hipótesis de las expectativas racionales y haber por tanto
transformado el análisis macroeconómico y profundizado la comprensión de la política
económica". |
El enfoque más usual era el de las expectativas
adaptables. Se suponía que los agentes ponderaban las tasas de inflación de los
últimos años para estimar la de los siguientes; a la del último año se le daba una
ponderación alta y a la de años anteriores más baja. Era un enfoque que podía ser
fácilmente expresado en forma matemática e incorporado a los modelos macroeconómicos al
uso.
En el caso más sencillo, se suponía que los
agentes esperaban que la inflación del próximo período fuese igual a la del último
dato conocido. En términos matemáticos eso significa asignar a la inflación del último
año una ponderación uno y a la de los anteriores una ponderación cero. Si los agentes
esperan que la inflación de cada año sea igual a la del anterior, la inflación esperada
será siempre inferior a la real. Los errores presentarán un sesgo sistemático: serán
negativos y crecientes.

En la realidad, la gente sabe que hay algunos
acontecimientos que provocan el aumento de la inflación; si el precio del petróleo sube
bruscamente en los mercados internacionales, o si el gobierno aumenta la cantidad de
dinero en circulación y baja los tipos de interés, los agentes económicos pensarán que
como consecuencia de ello habrá una subida de los precios. Pero el modelo de las
expectativas adaptables no recoge esa realidad; al ignorar ese tipo de acontecimientos se
está suponiendo de hecho que cuando la inflación aumenta, la gente se ve siempre
sorprendida. A mediados de los años setenta se empezó a utilizar un nuevo enfoque, el de
las expectativas racionales, propuesto por la corriente de pensamiento llamada Nueva
Economía Clásica. El supuesto básico de este modelo es que la gente aprende de sus
propios errores. Si los errores presentan un sesgo sistemático, los agentes son capaces
de corregirlo para hacer predicciones más exactas. Las predicciones puede que sigan
siendo erróneas, pero esos errores ya no serán sistemáticos sino aleatorios. El
supuesto de la racionalidad de las expectativas es interpretado a veces de forma
equivocada como una pretensión de que las previsiones de los agentes son siempre
acertadas; es una interpretación equivocada; si las expectativas de los agentes son
racionales, seguirán cometiendo errores, pero diferentes en cada ocasión.

¿Cómo se elaboran las
expectativas? En teoría se puede suponer que los agentes utilizan los modelos económicos
más avanzados para realizar sus cálculos. En la realidad los únicos que realizan esos
cálculos son los expertos, que posteriormente difunden sus análisis a través de los
periódicos y la televisión.
La aplicación del supuesto de las expectativas
racionales para el análisis de las políticas económicas tiene consecuencias
demoledoras. Recuérdese que cuando estudiamos la ecuación cuantitativa, en el tema
anterior, se afirmó que el aumento de la cantidad de dinero en circulación provocaría
aumentos tanto en el nivel de precios como en las cantidades realmente producidas. El
modelo de las expectativas racionales conduce a desechar este último efecto: el anuncio
por parte del gobierno del aumento en la cantidad de dinero provocará expectativas de
más alta inflación para el siguiente año. Los agentes acomodarán sus demandas
salariales y los precios de sus productos a esas expectativas por lo que todo el efecto de
la política monetaria será trasladado a un inmediato aumento de los precios sin afectar
para nada a la producción real.
Hay otras consecuencias del modelo algo más
estimulantes. Si el gobierno anuncia que seguirá una política monetaria muy rígida,
restringiendo la cantidad de dinero en circulación, los agentes adaptarán sus
expectativas como consecuencia del anuncio y la inflación bajará ¡Aunque el gobierno no
lleve a cabo esa política! Se podría así cortar la inflación sin provocar los
desagradables efectos que sobre el producto real y el nivel de paro tienen las políticas
restrictivas. Desgraciadamente para que ese mecanismo funcione es imprescindible que los
agentes económicos se crean a pie juntillas las afirmaciones de los ministros de
economía, prueba de fe infrecuente. Y, por otra parte, los agentes económicos,
aprendiendo de sus errores, desconfiarán a partir de entonces de las declaraciones del
gobierno por lo que el instrumento quedaría invalidado ¡Lástima!
Textos básicos sobre
LA INFLACIÓN
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La estabilidad de precios: ¿por qué es importante para ti?
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racionales
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actualizada por última vez el
21 de abril de 2007Para citar este artículo en cualquier documento
puede utilizar el siguiente formato:
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Martínez Coll, Juan Carlos (2001): "La inflación"
en La Economía de Mercado, virtudes e inconvenientes
http://www.eumed.net/cursecon/13/ edición del
21 de abril de 2007
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