
Teoría
estructuralista de la inflación
La teoría estructuralista de la inflación fue desarrollada
por un grupo de economistas latinoamericanos a partir de 1950, en base al
análisis económico e institucional de sus propios países. Ciertamente
cualquier explicación del tipo de "exceso de demanda" parece un sarcasmo en
los países de renta per cápita muy baja por lo que las explicaciones
monetaristas resultan muy insatisfactorias.

Durante la segunda guerra mundial las economías
latinoamericanas disfrutaron de una fase de crecimiento extraordinariamente
positiva gracias a las exportaciones hacia los países beligerantes y a la
sustitución de importaciones forzada por las dificultades para conseguir en los
mercados internacionales ciertos tipos de bienes. Pero en los años 50
retornaron los viejos problemas de bajo crecimiento, desempleo crónico,
déficit comercial y altas tasas de inflación. Cuando estos países acudieron
al recién creado Fondo Monetario Internacional se encontraron con las recetas
ortodoxas de políticas contractivas para estabilizar sus economías. Surgió
entonces, en torno a la CEPAL, un movimiento
teórico crítico que fue bautizado como economía estructuralista.
Seguiremos aquí el esquema explicativo propuesto por el
mexicano Juan Noyola Vázquez
(1922-1962) que es considerado el principal exponente de la teoría
estructuralista de la inflación, pero
teniendo en cuenta que muchos otros economistas contribuyeron al desarrollo de
la teoría aportando sus propios matices, quizá no tan radicales.
Para comprender la inflación es necesario distinguir entre
las presiones básicas que desencadenan el proceso y los mecanismos de
propagación que lo difunden por todo el sistema.
Las presiones básicas surgen de cuellos de botella o
estrangulamientos en determinados sectores que repercuten sobre los demás. La
inflación no está causada por un "exceso de crecimiento" sino
precisamente por su insuficiencia. En algunos sectores económicos la demanda es
muy inelástica, pero el insuficiente desarrollo y el pequeño tamaño de
algunas economías impide que esa demanda sea satisfecha internamente por lo que
aparece una fuerte dependencia del exterior. Las subidas de precios en los
mercados internacionales de estos productos no conducen al aumento de la
producción interna o la disminución de la demanda sino que se traducen
directamente en presiones inflacionistas.
Otro tipo particular de estrangulamiento es el del sector
agrario debido a los desfasados sistemas de propiedad y de explotación de la
tierra. En este caso el problema no está en la falta de elasticidad de la
demanda sino en la rigidez de la oferta. La producción agrícola es muy
inelástica respecto a los precios. El crecimiento de la población urbana en Latinoamérica
y el consecuente aumento de la demanda de productos alimenticios y agrícolas no
se traduce por tanto en aumentos de producción sino en aumentos de precios.
Respecto a los mecanismos de propagación se pueden
distinguir los mecanismos fiscales, los crediticios o monetarios y los de reajuste
de precios y rentas. Todos estos mecanismos son considerados por el enfoque
estructuralista como manifestaciones concretas de la lucha de clases en la que
propietarios y asalariados tratan de conseguir un mayor porcentaje en la
distribución funcional de las rentas. En los países en los que los
trabajadores disponen de organizaciones que les permiten defenderse, la
inflación crece mucho en términos monetarios. En otros países, en cambio, la
presión inflacionista se manifiesta simplemente en un desplazamiento de la
capacidad adquisitiva de un sector económico a otro o de una clase social a
otra. Las devaluaciones, por ejemplo, son interpretables como transferencias de
riqueza de los importadores a los exportadores debido a diferencias relativas en
el poder político de estos sectores. Lo mismo puede decirse de los mecanismos
fiscales que utilizando los instrumentos del gasto público y las subvenciones,
hacen recaer el peso de las tensiones inflacionistas sobre un sector u otro.
En resumen, para los economistas estructuralistas, la
inflación no es un fenómeno monetario sino el resultado de desequilibrios
reales que se manifiestan en una subida general de los precios. Para corregir la
inflación, proponen, no hay que atacar los síntomas, el aumento de la circulación
monetaria, sino atacar la raíz del mal y corregir los desequilibrios entre grupos
y clases sociales y entre las ciudades y el campo.
Textos básicos sobre
LA INFLACIÓN
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Las consecuencias
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Las causas
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Teoría estructuralista de la
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La hiperinflación
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Políticas antiinflacionistas
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La estabilidad de precios: ¿por qué es importante para ti?
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Las expectativas
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21 de abril de 2007Para citar este artículo en cualquier documento
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Martínez Coll, Juan Carlos (2001): "La inflación"
en La Economía de Mercado, virtudes e inconvenientes
http://www.eumed.net/cursecon/13/ edición del
21 de abril de 2007
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