EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

La Teoría de los Distritos Industriales

Fue Alfred Marshall, quien, en su obra “Los Principios de Economía” (1890) identifica a los distritos industriales concentraciones de sectores especializados en una localidad específica, concentraciones cuya interacción genera ventajas para las empresas allí localizadas, bajo la forma de externalidades, las que son externas para cada empresa en particular, pero endógenas para la región donde se localizan el conjunto de estas empresas. De este modo, grupos de empresas localizadas en un área geográfica se benefician de las mismas ventajas presentes en las grandes empresas. Marshall afirma que al crecer el distrito crecerá la fuerza de trabajo necesaria para la producción, como también los proveedores. La mutua confianza entre los empresarios genera condiciones favorables a la creación  de las innovaciones y su difusión entre las empresas que conforman el distrito industrial. Habría pues una “atmósfera industrial” en el ámbito de las empresas. Los trabajadores, por lo general, no migran, puesto que han desarrollado el sentido de pertenencia al territorio donde viven y a la empresa donde trabajan.

G. Becattini, en su obra “Reflexiones sobre los Distritos Industriales de Marshall: Concepto Socioeconómico” (1989) utiliza el nombre de “Aglomeración” para identificar el concepto de Marshall. Afirma que para que exista un verdadero distrito industrial es imprescindible que las empresas se integren con la población local, reserva de cultura, valores y normas sociales adaptadas por un proceso de industrialización desde abajo. Esta es una idea que el modelo de Desarrollo Local que propondremos en esta obra, toma muy en cuenta aunque de una manera un tanto diferente. Pues, en vez de hablar de una “integración” de las empresas a la comunidad, se afirmará la emergencia de una interacción entre las percepciones empresariales, generalmente de tipo occidental, y las costumbres, tradiciones…. de la comunidad. Estas interacciones se realizan en el campo de lo económico, social, lo cultural y lo ambiental. Italia fue la primera experiencia que puso a prueba las bondades del concepto; la ejecución del modelo, a través de sectores verticalmente integrados produjeron beneficios que, externos a una empresa, fueron internos al conjunto de ellas, beneficios que se mostraron en una mayor oferta de mano de obra calificada, mayor información técnica y comercial, más servicios de proveedores sectoriales y un mayor conocimiento recíproco entre empresas. La interacción de estos beneficios anula la afirmación neoclásica de los rendimientos decrecientes o constantes para ser reemplazados, en la teoría y en la práctica,  con rendimientos crecientes de escala, que Bacattini denomina “economías de aglomeración”.

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