EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

Suiza y la percepción de un Presidente

Santa Cruz fue, el 7 de agosto último (2009) el escenario de uno de los acontecimientos más importantes en la historia de las relaciones institucionales del país: el hacercamiento de la de las FF.AA con los indígenas. Esta relación es la más natural, puesto que más del 85% de los conscriptos, en cualquier época de nuestra historia, han sido indígenas y mestizo-indígenas. En ese evento, el Presidente de la República evocó a Suiza como un modelo a largo plazo de lo que habría de ser Bolivia.

Al respecto, debo decir que estuve en Suiza en un curso de postmasterado y luego, como representante de Bolivia ante la Primera Conferencia Mundial del Empleo que se llevó a cabo en la OIT, Ginebra. Allí me enteré entonces que el gobierno era colegiado y constituido por cuatro personas, las que se turnaban para ejercer como Presidente del país cada año, de los cuatro que duraba el periodo colegiado. Me enteré también que el Presidente de entonces tenía pericias de carpintero y lo único que deseaba cada día, era que llegara las cinco de la tarde para dejar la Casa de Gobierno e ir a trabajar en su carpintería. En Suiza, el gobierno es cada vez más un asunto de administración que de “poder” político, por lo que el futuro de Bolivia está muy lejos de esa faceta. Ni que decir del nivel económico, social y cultural de ese país. Sin embargo, creo que, ya sea intencionalmente o ya sea con gran capacidad intuitiva, el Presidente citó a Suiza debido a su gran capacidad de aglutinar las diferentes culturas que estructuran la fisonomía histórica de esa nación de naciones.

El país cuyo símbolo flamea en una Cruz Blanca con fondo Rojo, está compuesto por tres grandes regiones: la alemana, al Norte; la italiana, al Centro y la francesa, al Sur. Cada región tiene su respectivo idioma y sus correspondientes costumbres y tradiciones. El ciudadano de ese país no tiene a la Suiza grande como su terruño. Para él, primero está su cantón, luego su región y, sólo al final, su país. En eso no nos distinguimos de los suizos, pues alguien que nació, por ejemplo, en Villamontes, primero será villamontino, luego chaqueño y sólo al final, boliviano. En lo que sí los suizos nos llevan una gran ventaja, es en el hecho de que sus querencias territoriales no han estructurado ningún tipo de regionalismo, tal como lo conocemos aquí. En ese sentido, los suizos son muy civilizados; para mí, los suizos, los países nórdicos, incluyendo Finlandia, son los seres más civilizados del planeta, aunque, como una especie de compensación, sus poblaciones son frías, muy frías. El individualismo de los europeos, en general, es más pronuciado que el de los EEUU y eso es mucho decir.

Los suizos no tienen un ejército regular como el nuestro; sin embargo, cada ciudadano, desde que cumple 18 años hasta los 55, recibe instrucción militar los fines de semana, de manera tal que cualquier suizo es un soldado en potencia. No tiene mar, al igual que nosotros, pero la flota mercante suiza es una de las más activas en el mundo. Apacibles en apariencia, supieron mantener y hacer respetar su neutralidad, gracias a que existe un espíritu patriótico que permite al gobierno convocar al pue-blo a las fronteras en 24 horas para defender colectivamente la Madrepatria. Entre otros, Napoleón y Hitler supieron de la tenacidad y la ferocidad suizas, cuando atentaron en contra de ese principio de neutralidad. Tal como me lo dijo el que sería el Subsecretario de Defensa Suizo de ese entonces: “hay que ser muy fuerte para ser neutrales”. Eso es algo que nosotros nunca deberíamos olvidar.        

En general, creo que los suizos deben sentirse orgullosos de que Suiza haya sido escogida por nuestro Presidente, entre más de 200 países, como loque Bolivia quiere llegar a ser. Independientemente de la gran distancia que nos separa y, tomando en cuenta que no se trata de  cualquier presidente, sino del primer Presidente Indígena de Latinoamérica, esa declaración trae motivos de satisfacción para ambos países.

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