EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

El Sistema Económico de la Bolivia renovada

Desde 1825 hasta 1952, en Bolivia han coexistido dos sistemas económicos: el de hacienda, con la expoliación del trabajo gratuito del indio, convertido en siervo de la gleba, por una parte, y el de un capitalismo incipiente por la otra. Esta característica alcanzó su máxima expresión en el sistema dual que advino con la aparición de la llamada “Era del estaño”. En este periodo coexistieron dos modelos: uno de expoliación en un enclave minero, dedicado exclusivamente a la exportación de minerales con la aplicación de tecnología de avanzada; y el otro, conocido como el modelo de hacienda, en el que nunca hubo un proceso de inversión y reinversión por la ausencia de la empresa agrícola propiamente dicha. En las ciudades había un sistema artesanal independiente y algunas fábricas rudimentarias. Lo más caracte-rístico de este modelo es que los efectos de la aplicación de alta tecnología en el enclave minero, nunca se irradiaron al resto del país, por lo que no hubo efectos multiplicadores. En la actualidad coexisten en el país un sistema comunitario en las comunidades indígenas, cuya unidad productiva y social está dada por el Ayllu. Los principios de Complementariedad y de Reciprocidad, de los que hablaremos en el siguiente capítulo, rigen, por lo menos teóricamente las relaciones entre sus compo-nentes. En el resto de Bolivia hay capitalismo incipiente que coexiste con la presen-cia de grandes empresas transnacionales, v.g, en el área de las comunicaciones y del gas y otros que forman parte de grandes consorcios internacionales. El sistema capitalista no se ha desarrollado todavía en toda su potencialidad, pero ha permitido la inserción gradual de Bolivia en el mercado internacional.

Pero esa coexistencia de economía comunitaria, capitalismo incipiente y la presen-cia de grandes corporaciones transnacionales no es homogénea en toda la nación, pues el capitalismo más avanzado se consolida paulatinamente en el Oriente Boliviano, especialmente en el departamento de Santa Cruz, el mismo que, con la participación de otros tres departamentos han conformado una región denominada la “Media Luna” por la forma que los cuatro adoptan en el mapa nacional. Es en estos departamentos que las condiciones han permitido un avance más pronunciado en la marcha por la senda del capital, pero también han encontrado una resistencia reiterada por parte de los pueblos ori-ginarios que habitan en esas regiones, los cuales todavía no han tenido la oportunidad de ingresar de lleno en el mundo de la competencia empresarial y de los recovecos que implica el funcionamiento del mercado.

En vez de entenderlo de esta manera, los economistas neoliberales del país han tratado de ignorar estas evoluciones históricas y culturales, con lo que han demostrado una franca aberración doctrinal, las que se han expresado en cruzadas inservibles y lamentables para convertir al indígena comunitario en un capitalista de primer orden. Nuestros economistas neoliberales no se dan cuenta que las culturas no pueden ser convertidas en productos instantáneos, como el Nescafé, por ejemplo. El economista neoliberal, con un supino desconocimiento de la historia y de las idiosincrasias nacionales, considera que los habitantes de Bolivia son iguales a los de Europa y que por eso la esencia del espíritu de nuestra gente “debe ser” acumular dinero con el sólo objeto de hacer más dinero. En el intento, hacen sus análisis como si cada indígena fuera un poseedor de acciones y tuviera la capacidad de participar activamente en las operaciones de la bolsa de valores. Esta obstinaión se centuplica cuando pretenden aplicar literalmente al proceso económico nacional las teorías que leen en los textos de economía, cuyos autores son estadounidenses o europeos que escriben sus libros para una mentalidad,  más o menos homogénea, de tradición capitalista y de mercado. Constatar la repetición cansina de esta actitud nos causa motivos de vigorosa y renovada preocupación a quienes entendemos la evolución histórica de nuestro país. Pero la pregunta queda: ¿cuál habrá de ser el modelo eco-nómico para la Bolivia renovada? La respuesta es inmediata y contun-dente: el DELC, tal como lo veremos después.

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