LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS

Manuel de Jesús Moguel Liévano
Hilario Laguna Caballero
Julio Ismael Camacho Solís
José Roberto Trejo Longoria
Roger Irán Gordillo Rodas

5.3. Aspecto financiero y cognitivo.


El segundo componente de la dimensión gobierno corporativo es el aspecto financiero y cognitivo, en nuestra opinión, los dos recursos más importantes al iniciar una organización, conjuntamente con los diversos tipos de energía que consumirá, así como la energía humana presente en el factor trabajo del personal.
El aspecto financiero en el estudio del GC goza de una posición privilegiada a la par del componente estructura y regulaciones. De hecho, los estudios desde el enfoque económico y jurídico traslapan fronteras con el enfoque financiero, como se observa en la revisión de las leyes de sociedades mercantiles y de mercado de valores, entre otras. Trata temas como la propiedad, inversión y capital, gestión financiera, participación accionaria (shareholders, stockholder, stakeholder), inversión socialmente responsable (ISR), riesgo y rentabilidad.
El aspecto cognitivo, no es aventurado afirmar, es un elemento que ha recibido una atención marginal en el estudio del GC, sin embargo su presencia es vital toda vez que una organización nace de una iniciativa, o una idea, de una o más personas y su desarrollo reclama la suma de la voluntad y conocimientos de esas personas. Su análisis se realiza desde el enfoque managerial en los temas de autoridad, liderazgo, poder, comportamiento, toma de decisiones, planeación estratégica, trabajo en equipo y la experiencia de los miembros.
- Aspecto financiero.
El tema del gobierno de la empresa se desarrolla principalmente en el seno de la literatura financiera, donde es objeto de gran atención por parte de juristas, economistas, politólogos, sociólogos, y especialistas de ciencias de la gestión (Charreaux y Wirtz, 2006).
Su estudio puede encontrar fundamentos en la obra de Berle y Means La moderna corporación y la propiedad privada (1932), inspirada en el análisis de las características del binomio propietarios-gerentes y gerentes-propietarios realizada por Chandler durante el siglo XIX en sus trabajos sobre management, al tiempo que iniciaban las grandes corporaciones existentes a la fecha (Clark, 2005).
El libro hace notar dos tipos de conflicto de intereses. Primero, cuando el propietario es gerente a la vez (owner-manager) de una empresa privada, y ésta alcanza un crecimiento importante, concentrando poder económico, de toma de decisiones, el control de la firma, el manejo discrecional de los valores financieros, de la gestión y la información financiera; surge entonces la necesidad de separar la propiedad del control. En este caso los accionistas (shareholders), hacen el doble papel dueño/gerente, adoptando una postura de gran actividad.
Segundo, la separación de la propiedad y el control, acarrea consecuencias diversas: se evita el problema de la concentración de poder; la organización recurre al mercado de valores, se expande la propiedad mediante la aparición de los stockholders; surge el directivo y gerente profesional; tiene lugar un nuevo conflicto de intereses entre los propietarios (shareholders y stockholder) y los directivos y gerentes, quienes ahora ejercen el control; nace la organización abierta o “cuasi-pública” y el capitalismo colectivo. El shareholder asume una actitud pasiva.
La inversión socialmente responsable (ISR).
Actualmente, uno de los temas de mayor influencia dentro del aspecto financiero del gobierno corporativo en el análisis de la responsabilidad social empresarial, es el surgimiento de las inversiones socialmente responsables, con creciente aceptación en los mercados financieros europeos y norteamericanos.
La ISR es una temática estrechamente ligada al comportamiento ético de los actores financieros, y su práctica tiene sus orígenes de manera similar a la RSE en Estados Unidos durante el siglo XVIII, cuando los inversionistas de la época en base a sus creencias y valores autorregulaban sus decisiones para invertir en uno u otro sector económico.
En este contexto, los cuáqueros norteamericanos rehusaron invertir en dos de los mercados más rentables del momento: el armamento y el comercio de esclavos (Ballet y De Bry, 2001). Siguiendo el ejemplo de los cuáqueros, numerosas asociaciones religiosas han prohibido las inversiones en empresas donde los beneficios resultan en acciones de pecado, como el sector del alcohol, el tabaco, juegos de azar, la pornografía (Le Saou y Serret, 2006).
En 1928 el Pionner Fund of Boston propone excluir las inversiones financieras de las actividades económicas juzgadas como inmorales, siendo considerado como el primer fondo del género ético (Le Saou y Serret, 2006). En la misma línea de interés, el Federal Council of Churches of Christ in America, adoptó un texto insistiendo sobre las cuestiones en relación con la moralidad de las condiciones de producción más que sobre los productos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, continúan los autores, la ISR se desarrolla en respuesta a las nuevas demandas de grupos sociales de orígenes diversos, como la defensa del medio ambiente, la lucha contra la discriminación racial y las malas condiciones de trabajo, las catástrofes ecológicas tanto en el aspecto nuclear como del petróleo; y en la presente década, los grandes escándalos financieros como Enron, Worldcom, Tyco, Parmalat, etc., contribuyen a reforzar esta tendencia.
Pérez (2003) ubica las primeras manifestaciones de la ISR en Estados Unidos durante los años sesenta a partir de la toma de conciencia de la opinión pública y sobre la base de las motivaciones políticas y religiosas de la contradicción moral que puede representar la posesión de acciones, y las prácticas comerciales de las grandes empresas en los países pobres.
En las décadas de los años setenta y ochenta se fortalece la inclinación por la ISR de parte de los inversionistas mediante la campaña contra el sistema Apartheid en Sudáfrica, y otros sistemas de gobierno similares en el mundo.
El Social Investment Forum (Foro de Inversión Social), promotor de la ISR en Estados Unidos, la define como "la integración de valores personales y preocupaciones sociales en las decisiones de inversión" (Álvarez, 2007). Las inversiones socialmente responsables “son aquellas que a los tradicionales criterios financieros agrega criterios sociales y medioambientales” (De la Cuesta, 2005).
Los criterios utilizados en la aplicación del filtro ético suelen estar basados en acuerdos internacionales (OIT, OCDE, ONU, UE). Puede haber razones mínimas excluyentes que se identifican con lo generalmente rechazable por la sociedad (armamento, drogas, narcotráfico, pornografía infantil), otros más complejos responden a requerimientos de un grupo social determinado (contaminación ambiental, energía nuclear, tabaco, tráfico de armas). Se valora la empresa en función de sus respuestas por medio de políticas, procedimientos y sistemas de gestión a las necesidades de sus grupos de interés (De la Cuesta, 2005).
Según el informe del Foro de Inversión Social, siguiendo a Álvarez (2007), los recursos invertidos en fondos ISR en Estados Unidos se incrementaron un 258 por ciento durante la década de 1995 a 2005, un aumento espectacular. Hoy día, representan cerca del diez por ciento de los activos invertidos en los mercados financieros y existen alrededor de 100 fondos de ISR.
Hay evidencias para pensar que los inversionistas en los países industrializados, cada vez más están valorando las cuestiones como reputación, legitimidad, buen gobierno, códigos de ética, desempeño sustentable, y la atención por los grupos de interés, y el ánimo de los directivos para gestionar eficazmente estos activos con la finalidad de atraer nuevos capitales.
Dado el auge de las inversiones socialmente responsables, durante la última década han surgido en algunos países organizaciones especializadas en proporcionar asesoría a quienes deseen invertir en empresas con criterios de ISR. Principalmente en Europa y Estados Unidos existen agencias de análisis y calificación, cuyo trabajo consiste en recopilar la información del desempeño sustentable de las empresas cotizadas, clasificarlo de acuerdo a criterios de los organismos internacionales y vender la información a los interesados.
Se denominan agencias de calificación extrafinanciera, agencias de notación social o agencias de rating, algunas de ellas analizan la oferta de productos financieros con criterios de ISR disponibles en el mercado para ofertar al público inversionista. Los antecedentes están en las agencias norteamericanas Moody’s y Standard & Poors, quienes durante el siglo veinte generaron la confianza de los inversionistas calificando títulos de empresas, gobiernos e instituciones financieras, colaborando en el desarrollo de los mercados de capitales.
- Aspecto cognitivo.
El aspecto cognitivo en el estudio del gobierno corporativo es un tema que comienza a llamar la atención de forma más insistente en el análisis organizacional, si consideramos que una empresa nace de la idea de una o más personas y su desarrollo reclama la suma de la voluntad y conocimientos de esas personas. Su análisis se realiza desde el enfoque social y managerial en los temas de autoridad, liderazgo, poder, comportamiento, toma de decisiones, planeación estratégica, trabajo en equipo y la experiencia de los miembros.
Según Charreaux y Wirtz (2006), el conocimiento de las teorías cognitivas de la firma comprenden diversas corrientes, entre las cuales destacan:
a) la teoría del comportamiento (Simon, 1947) considera a la firma como una coalición política y una institución cognitiva, adaptándose mediante el aprendizaje organizacional;
b) la teoría económica evolucionista (Nelson y Winner, 1982) donde la firma es definida como una entidad agrupando las actividades de manera coherente, un repertorio de conocimiento productivo, y un sistema interpretativo, que privilegia la competencia; y
c) las teorías de la estrategia fundada sobre los recursos y competencias que encuentran principalmente su origen en la teoría del crecimiento de la firma de Penrose (1959).
No son pocos los autores que señalan la capacidad y experiencia como una de las características más deseables entre los miembros de un consejo directivo, así como suficientes conocimientos en el sector económico en que participa la empresa y una sólida formación en finanzas (Pound, 2000; Pérez, 2003; Green, 2005; Ploix, 2006).
Muchos sociólogos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, afirma Mizruchi (2004) consideraron que la separación de la propiedad y el control fue un precursor del actual aumento de la democracia, contribuyendo a su expansión. Además, pensaban que al ampliarse la propiedad podría devenir en la descomposición del capital, percibiendo un nuevo sistema de sociedad “postcapitalista”, o capitalismo popular.
El “modelo de hombre” subyacente entre los economistas de la agencia y lo organizacional, sostienen Donaldson y Davis (1991), es el de un actor racional con interés personal en maximizar su propia ganancia económica, el de un individuo calculando costos y beneficios, y así buscar obtener recompensas y evitar los castigos, especialmente financieros, modelo del tipo llamado Teoría XY de McGregor (1960).
Están presentes también otros “modelos de hombre” originados en la psicología y sociología organizacional. Aquí el actor organizacional es concebido como un ser motivado por una necesidad de logro, ganar satisfacción intrínseca a través del desarrollo exitoso del trabajo exigente, ejercer la responsabilidad y la autoridad, y de esa forma, obtener el reconocimiento de pares y jefes (McClelland 1961; Herzberg et al. 1959), sin omitir que se encuentran en juego cuestiones como ego, autoestima y prestigio, además que los motivos de los individuos son percepciones de índole personal.

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