DIDÁCTICA DE LA FORMACION GERONTOLOGICA DEL PROFESIONAL DE LA SALUD, APROXIMACION. DESDE LA CONCEPCIÓN HOLÍSTICA COMPLEJO CONFIGURACIONAL Y DIALÉCTICA

Renan Garcia Tamayo
Homero Calixto Fuentes Gonzales
Calos Gil Galvez

Los objetivos y resultados como configuraciones del proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud.

Los objetivos constituyen una síntesis dinámica de las exigencias sociales (el envejecimiento saludable y la longevidad satisfactoria) y personales de los sujetos y de la naturaleza de los contenidos que se aprenden, los que se configuran en el sujeto en dependencia del comprometimiento de éste con el proceso. De modo que el objetivo de los profesores que diseñan el programa académico, los programas de las áreas y asignaturas, así como la propia dinámica en la que éste se desarrollará, tienen que conjugarse con los objetivos que los estudiantes van configurando en la medida que el proceso se desarrolla. Por lo que a juicio de estos investigadores los objetivo han de cumplir fines, integrados para todos los sujetos implicados en el proceso de formación gerontológica del profesional de la salud.

Al hacer el análisis histórico pedagógico de las tendencias vinculadas a este concepto de objetivo, desde las diferentes concepciones pedagógicas y psicológicas, se puede apreciar que desde la década de los años sesenta del pasado siglo se comienzan a emplear y llevar a un primer plano desde una concepción sistémica, en la que se considera el objetivo didáctico de manera general, como la categoría fundamental o rectora en el proceso(es aquí que profesores del siglo XIX empiezan en  contradicción con los estudiantes del siglo XX). Esto a pesar de ser, en cuanto a formación gerontológica se refiere, los inicios del desarrollo de este proceso fundamentalmente en los países de Europa y tratar de asumirse en los momentos actuales donde se requiere solucionar problemas del siglo XXI, ya no en el viejo continente, sino en todo el orbe, no explicita lo suficiente este ni ningún otro proceso formativo cuando a los objetivos se le sigan dando tal prioridad, eso no es negándole su importancia y su carácter teleológico, sino elevándolo a un plano superior en vinculo con las demás categorías didácticas.

Sin embargo, hay algunos que estiman que es el contenido, en cuanto este último es el que refleja fundamentalmente a la ciencia objeto de “enseñanza” como la categoría fundamental. Otros piensan que los objetivos sólo tienen significación en los planos más generales y el tema o unidad  y no desempeñan ningún papel, cuestiones que en el caso que se ocupa tampoco ha de ser asumida si se tiene en cuenta el carácter holístico y dialectico de cualquier proceso social, siendo la formación gerontológica del profesional de la salud uno de ellos.

La escuela pedagógica conductista aunque sí le confiere importancia a este concepto, lo comprende limitadamente y sólo en un plano externo (funcional), pues se apoya en concepciones psicológi­cas que presentan limitaciones en tanto que, al desconocer los aspectos internos, psicológicos del sujeto, ignora las competencias y en particular las habilidades que se pueden formar en el estudiante, de generalizar y sistematizar los contenidos. Esta concepción, esencialmente incorrecta, no permite la aplicación de derivación de los objeti­vos en la elaboración de los programas académicos.
Dichas corrientes tuvieron como resultado positivo el hecho de que enseñaron algunos aspectos de la técnica de la elabo­ración de objetivos y como negativo las limitaciones filosóficas consustanciales a esta escuela psicológica.
La tendencia a destacar: el papel de los objetivos, como elemento fundamental o rector, es uno de los rasgos que ha caracterizado la interpretación lineal del proceso de formación de los profesionales en sentido general, lo que constituye una limitante del enfoque sistémico estructural, en tal sentido tampoco es asumido por los autores de esta monografía quienes tratan de explicitar y modelar la formación gerontológica del profesional de la salud desde un enfoque más hologramático y dialógico.
El análisis sistémico estructural de este concepto ha obligado a mucho a estudiarlo en sus distintos niveles de sistematicidad y, además, a precisar en el mismo los aspectos que lo caracterizan, que desde este enfoque se identifican como componentes de su estructura y funciones, así como el papel que desempeña en el proceso de formación de los profesionales, pero los que han aplicado la teoría general de sistema desde esta mirada no ha permitido a estos investigadores, explicitarse la formación gerontológica de los profesionales de la salud, y sin negar la utilidad de lo sistémico, estructural funcional se asume una visión más hologramática y dialógica que no niega lo anterior sino que lo complementa.
Como se defiende el Modelo Holístico, complejo, Configuracional y dialectico, el proceso de formación gerontológica  de los profesionales de la salud cuando es interpretado desde un enfoque sistémico estructural comprendemos sus funciones y sistematicidad, pero ello no agota su interpretación dado que su dinámica sólo es posible explicarla con el enfoque holístico por medio de las relaciones dialécticas entre las categorías, que en este caso las comprendemos como configuraciones del proceso.
Hay que aclarar que desde el enfoque sistémico también hay que tener en cuenta la relación dialéctica que se establece entre todas las categorías didáctica; lo que ha ocurrido a nuestro juicio es, un mal enfoque sistémico al darles esta prioridad a los objetivos y entrar con esto en contradicciones epistémicas y por tanto interpretativas.  
La elaboración de los objetivos tendrá que ser consecuente con los enfoques, sistémico y holístico para que sean la expresión didáctica de la aspiración que se tiene en el proceso y acabar con la dicotomía que muchos investigadores y autores intenta establecer
Los resultados del proceso de formación gerontológica  de los profesionales de la salud  adquieren la connotación de configuración en tanto que expresan el estado final del proceso y cómo se han alcanzado los objetivos. Por lo que el resultado como categoría queda enlazado con el objetivo, al ser de hecho el objetivo alcanzado.

Características generales de los objetivos

Dada la esencia social del proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud en la Educación Medica Superior, el mismo se realiza con el fin de egresar un profesional que tenga las competencias profesionales y humanas que le permitan cumplir las funciones requeridas en el ámbito laboral y social relacionada con el envejecimiento poblacional, lo que ha de constituir el encargo social de esta especificidad a las instituciones de educación médica  superior.
Este egresado debe ser capaz de enfrentarse a los problemas generales y básicos de la profesión en relación con el envejecimiento poblacional y sus demandas en la sociedad, resolverlos exitosamente, demostrando con ello independencia y creatividad.
Los objetivos son la expresión de los propósitos y aspiraciones que, durante el proceso de formación gerontológica del profesional de la salud, se van conformando en el modo de pensar, actuar, sentir y ser del estudiante; es la precisión del futuro resultado del proceso.
Los objetivos constituyen aquel aspecto del proceso que mejor refleja el carácter social del mismo y expresa la necesidad de la sociedad con un lenguaje didáctico y pedagógico, la imagen del profesional salubrista que se pretende formar para satisfacer las demandas referidas.
En la sociedad se requiere de profesionales de la salud que posean determi­nadas competencias profesionales, sociales y humanas para el desempeño de las funciones profesionales y como ciudadano. De ahí que se establezca la imagen del profesional como modelo, y se precisen los propósitos y aspira­ciones a que hacemos referencia.
El objetivo, como configuración de la didáctica, tiene un carácter subjetivo en tanto es aspiración, idea, propósito y objetivo, en tanto implica una concreción en la transformación y solución de un problema que también es objetivo y subjetivo. La dialéctica entre lo subjetivo y lo objetivo, en los objetivos se manifiesta de manera significativa en los siguien­tes momentos:
Primero: cuando se expresan, es decir, cuando los que diseñan el proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud se hacen conscientes del propósito por alcanzar en los estudiantes y lo expresan como la imagen del resultado que esperan alcanzar.
Segundo: cuando éstos determinan el contenido de la cultura en salud gerontológica (habilidades, conocimiento, valores y valoraciones) del proceso de formación referido y lo plasman en el programa académico, en el programa del área y asignatura, en el texto, en la preparación de la asignatura y en el plan de clase.
Tercero: en la dinámica misma del proceso, cuando el profesor y el estudiante actúan en función de lograr el fin propuesto.
Los objetivos como configuración del proceso se van relacionando dialécticamente con las restantes configuraciones, con lo que se explica la dinámica del proceso.

Clasificación de los objetivos.

Los objetivos se pueden clasificar de acuerdo con la aspiración de transformar la personalidad del estudiante, es decir, con la función del proceso de formación gerontológica del profesional de la salud como un todo. En este sentido, existen los objetivos instructivos vinculados con la sistematización por los estudiantes del contenido de la asignatura y, por tanto, las competencias profesionales y específicas, desarrollando su pensamiento y en consecuencia sus recursos cognitivos, pues la instrucción desarrolla las capacidades cognitivas en el estudiante. Existen otros de mayor trascendencia, los educa­tivos, que son los dirigidos a lograr transfor­maciones en la personalidad de los estudiantes tales como sentimientos, valores, convicciones, entre otros, desarrollando en los estudiantes su capacidad de compromiso social y profesional, así como el desarrollo sus las capacidades creativas a través de la instrucción y la educación, además de ser transformadores y revolucionadores.
En relación con la clasificación de los objetivos, se tienen que comprender como expresiones de un proceso único e inseparable donde la instrucción, la educación, la creación, la transformación y la revolución se logran de manera integrada. Lo que explica que en su formulación o redacción no necesariamente, tangan que separarse sino que se pueden redactar integrado, ósea en uno que cumpla con todas las funciones y denominarse entonces de una manera más holística como formativos
Durante la organización del proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud es necesario, en primer lugar, establecer los rasgos más generales y esencia­les que deben caracterizar a los egresados del nivel o tipo de educación, aquellos dirigidos a conformar los aspectos más trascendentes de la personalidad del estudiante en el plano filosófico, político, ético, estético, entre otros, los que denominamos objetivos generales educativos y que le dan respuesta al problema planteado a la educación por la sociedad. En estos objetivos generales educativos se concretan las aspiraciones que la sociedad le plantea a sus futuros egresados.
Las particularidades de la época en que vivimos, a la entrada del Siglo XXI, en el marco de la globalización y el vertiginoso auge de los adelantos científicos y técnicos, determina ciertas característi­cas del egresado en las que se pueden destacar; ser capaz de transitar de un campo profesional a otro; desarrollar competencias profesionales y sociales, capacidades de autosuperación y de liderazgo; trabajar en medio de una explosión cada día creciente de la información; desarrollarse en equipos de trabajo en los que debe orientar y ser orientado, así como utilizar eficientemente los más modernos métodos y técnicas de la informática y las denominadas nuevas tecnologías. Todo lo cual se debe precisar en los objetivos trascendentes o educativos del egresado.
La formación de los rasgos de la personalidad que establecen los objetivos educativos se alcanza, fundamentalmente, a través de la apropiación por el estudiante de los contenidos de las distintas asignaturas, es decir, a través del cumpli­miento de los objetivos instructivos.
El modo en que se asimilan los conceptos y se forman las habilidades crea las condiciones necesarias para formar y desarrollar las capacidades, convicciones, sentimientos, etcétera. Sin embargo, esto no es una condición suficiente. No obligatoriamente la apropiación de un contenido implica el logro del objetivo educativo.
Se puede alcanzar el objetivo instructivo, por ejemplo, si el estudiante puede obtener la calificación máxima en la asigna­tura de formación humanística, filosófica o ética, y en la práctica tener una actitud inconsecuente con los valores éticos y humanos que la sociedad espera de sus profesionales, es decir, no alcanzar el objetivo educativo de formar la concepción humanística en el estudiante.
Una reflexión similar la podemos hacer con el carácter trascendente y creativo que debe tener un egresado de la educación médica superior. El desarrollo de las capacidades creativas se tiene que lograr junto a la instrucción, del modo en que esta se realiza, y ello debe estar plasmado en los objetivos del proceso de formación gerontológica de dichos profesionales.
Este análisis nos hace llegar a la conclusión de que los objetivos: instructivos, educativos y de desarrollo de capacidades creativas, tienen características propias que los identifican, pero el logro de los mismos sólo es posible en un proceso en que se den en unidad dialéctica, unido además a las capacidades transformadoras y revolucionadoras
La unidad no excluye la posibilidad de que en el plano analítico y formal se puedan separar para su mejor precisión y caracterización, como se hace con cualquiera de las categorías de cualquier ciencia.
En conclusión, la tendencia que revelamos consiste en significar la vinculación dialéctica entre lo instructivo, lo educativo, lo desarrollador, lo creativo, lo transformador y lo revolucionador destacando la relativa independencia entre estos aspectos de los objetivos y su mutua subordinación.
Todo lo anterior esta en correspondencia con las funciones del proceso de formación gerontológica que se develaron en el capitulo anterior.
Análisis con un enfoque sistémico de los objetivos instructivos.
Los objetivos generales instructivos expresan las características que debe alcanzar la apropiación de las competencias profesionales que les permitan resolver los problemas profesionales presentes en la población que inevitablemente envejece y los servicios que se le puedan prestar para satisfacer sus demandas.
Pasemos a continuación a analizar los aspectos que se deben tener en cuenta en la elaboración de los objetivos instructivos y las técnicas para ello.
Los objetivos tienen que estar expresados en términos de los logros o competencias que el estudiante debe alcanzar, del resultado que esperamos del proceso en cualquiera de sus estadios.
El objetivo instructivo tiene que expresar la habilidad y el conocimiento, es decir, el objetivo no está concretamente formulado cuando se declara que el estudiante sepa una ley sino cuando se dice qué va a ser capaz de hacer con esa ley: definirla, deducirla, utilizarla, entre otras.
Hay que precisar, por tanto, al elaborar los objetivos instructivos para la formación gerontológica del profesional de la salud las habilidades que se vinculan con un conocimiento de la cultura en salud gerontológica. De este modo, se manifiesta, que en la elaboración dichos objetivos la determinación de la habilidad a formar en el estudiante, es su núcleo.
Por otro lado, sabemos que la habilidad es inseparable del conocimiento que el hombre posee del objeto de su trabajo y que es reflejado en su conciencia. Desde un punto de vista didáctico la habilidad, como aspecto del contenido del proceso, está estrechamente ligada al conocimiento, el otro elemento del contenido de la enseñanza. De ahí que al formular los objetivos instructivo y expresar en ellos los modos de actuación del estudiante, se deben reconocer no solo las habilidades sino también los conocimientos, que interre­lacionados nos permiten llegar a dicho objetivo.
En resumen, tenemos hasta ahora dos elementos que deben aparecer en el objetivo: la habilidad y el conocimiento. Pasamos ahora a precisar las características con que se deben alcanzar las habilidades y los conocimientos, esto es, el nivel de asimilación con que el estudiante se apropia del contenido y profundidad de ese contenido, así como aspectos tales como la sistematicidad, el alcance y la temporalidad.
Por la relevancia de estos aspectos en la precisión de los objetivos, los analizaremos de forma detallada a continuación.

El nivel de asimilación del contenido.

El aprendizaje es un proceso en el que el estudiante se apropia de parte de la realidad objetiva seleccionada de acuerdo con criterios sociales y preparados de un modo determinado; es un proceso de sistematización de la nueva expe­riencia con las que anteriormente poseía. El reflejo subjeti­vo de esa realidad objetiva en forma de criterios, conceptos, propiedades, magnitudes, relaciones, leyes, teorías, métodos, técnicas y opiniones, reciben el nombre de conocimientos. La habilidad, como ya se dijo, es el sistema de acciones y operaciones que se desarrollan para alcanzar un objetivo.
Cada objetivo instructivo tiene que dejar explícito el nivel de asimilación de los contenidos de la cultura en salud gerontológica (conocimientos y habilidades) que se pretende lograr, es decir, el grado de dominio de esos contenidos, entendiéndose por dominio la apropiación del conocimiento y de las habilidades vinculadas a dicho conocimiento, en determinadas condiciones.
Los niveles de asimilación son seis:

El análisis de la actividad y la manifestación externa o social de los estudiantes, permite apreciar los distintos grados de dominio o de asimilación.
En el primer nivel o de familiarización, se pretende que los estudiantes reconozcan los conocimientos o habilidades presentadas a ellos, aunque no los puedan reproducir.
El segundo nivel o reproductivo, implica la repetición del conocimiento asimilado o de la habilidad. Cuando el estudiante repite prácticamente lo dicho o lo hecho por el docente, se dice que ha asimilado a un nivel reproductivo. Hay autores que a este nivel de asimilación le asignan gradaciones, en correspondencia a si la acción se desarrolla con o sin modelos previamente establecidos, o si se llevan a cabo pequeñas variantes del algoritmo que se toma como contenido a asimilar.
En el tercer nivel o productivo, los estudiantes son capaces de utilizar los conocimientos o habilidades en situaciones nuevas. En este caso, el estudiante dispone de los contenidos que son necesarios para la solución del problema planteado aunque no conozca el problema y su solución.
El cuarto nivel o de creación, se refiere a la creación propiamente dicha y supone la capacidad de resolver situaciones nuevas para lo que no son suficientes los conocimientos adquiridos. En este caso, no sólo no se conoce el método para resolver el problema, sino que tampoco se dispone de todos los conoci­mientos imprescindibles para resolverlo, por lo que es necesario presuponer un elemento cualitativamente nuevo, al menos para el estudiante.
El quinto nivel de transformación; el estudiante ha de tener la habilidad de transformar una problemática determinada, en su propia solución.
El sexto nivel de revolución, el estudiante ha de tener las herramientas cognoscitivas y las habilidades para hacer o influir en cambios o transformaciones trascendentales y esenciales que solucione las demandas de una sociedad que está cada vez más envejecida, en relación a un contexto histórico social determinado.
Los niveles de asimilación del contenido de la cultura en salud gerontológica deben ser interpretados como diferentes estadios cualitativos de un proceso único: la asimilación. Como consecuencia de esta caracterización, al formularse los objetivos se debe dejar claro no sólo qué conocimiento debe asimilar, sino qué acciones se van a ejecutar con dicho conocimiento, es decir, qué nivel de asimilación le corres­ponde. La tendencia se manifiesta aquí en el hecho de que el verbo presente en la oración en que se declaran los objetivos, desempeña un papel fundamental porque, justamente, determina las posibilidades que puede tener el estudiante para aplicar sus conocimientos y habilidades como resultado de su proceso de formación gerontológica.
La precisión del nivel de asimilación no siempre se garantiza con la inclusión de un verbo o un adjetivo dado; es necesario redactarlo utilizando todas las palabras que garanticen explícitamente dicho nivel. Esta clasificación no implica que todos los contenidos serán dominados al menos a un nivel productivo.

Nivel de profundidad del contenido.

Desde el punto de vista didáctico, C. Álvarez (1996) introduce como indicador la profundidad, que permite caracterizar la riqueza, multilateralidad y complejidad con que se aborda el contenido.
El nivel de profundidad es una de las características funda­mentales en la determinación de los objetivos instructivos. Este concreta el nivel de esencia con que se aborda el objeto o sujeto de estudio, lo que se expresa en la riqueza del concepto, ley, teoría o cuadro del mundo, en el conocimiento; el grado de complejidad, multilateralidad o riqueza en que se desarrolla la habilidad así como la profundidad y convicción en el valor.
Un mismo concepto puede ser apropiado en un mayor o menor grado de complejidad, en la medida que se tengan en consideración diferentes aspectos del mismo, del nivel de esencia, con un mayor o menor grado de abstracción. Todo esto es lo que se ha llamado nivel de profundidad.
El contenido del programa de una asignatura puede variar en extensión, es decir, la existencia de un mayor número de conceptos, leyes, teorías a estudiar. Sin embargo, eso no significa mayor profundidad, sólo una mayor extensión del contenido del programa.
El nivel de profundidad de los contenidos determina el nivel de esencia en función del grado de desarrollo científico y técnico alcanzado, lo multilateral del análisis.

Nivel de sistematicidad del contenido.

Debemos ver la sistematización en dos niveles aunque en esencia es una: por una parte de manera ascendente y continua integrando la asimilación y la profundidad, y la que se produce a saltos cuando se integran a los nuevos contenidos otros anteriores, formándose en los diferentes niveles de sistematicidad más generales.
En el desarrollo del proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud, considerar la asimilación como indicador tiene un enfoque fundamentalmente psicológico. Esto, sin embargo, no caracteriza el proceso, al sólo verlo desde la asimilación del sujeto, obviando lo referente al enriquecimiento del objeto o sujeto de estudio y a la connotación que este propio proceso tiene para el estudiante.
Como en el proceso el contenido a la vez que se asimila se enrique­ce, significa que la caracterización del proceso no es sólo por la asimilación ni por la profundidad por separado, sino que ambos indicadores se integran en un proceso que debe ser capaz de desarrollar capacidades que es posible, si se logra que el enriquecimiento en el objeto se produzca, a medida que el estu­diante se enfrente a nuevos problemas que per­mitan no sólo asimi­lar un esquema generalizado o guía para la acción sino que los construya cuando se enfrente a nuevos problemas, cada vez con más riqueza, con más complejidad, a la vez que los va asimilando.
Luego el proceso de formación gerontológica del profesional de la salud, se tiene que producir siguiendo unas etapas cada vez más complejas y que ese incremento en la profundidad se lleve junto con la asimilación del contenido. Esto hay que comprenderlo como un proceso, en el cual se da una relación dialéctica entre la asimilación del contenido por el sujeto y el enriquecimiento en el objeto o sujeto de estudio, con lo que se va desarrollando la capacidad de aplicar sus conocimientos y habilidades.
Para caracterizar la apropiación del contenido en salud gerontológica, el logro del objetivo, el proceso requiere de una caracterización más integral que la que da la asimilación o la profundidad por sí solas.
La consideración de la sistematización discreta se refleja en los objetivos del proceso de formación  gerontológica y exige determinar correctamente los objetivos en los diferentes niveles estruc­turales del proceso como son el de carrera, área, año o semestre, asignatura, tema y clase.
Esta característica del proceso y en consecuencia de los objetivos, se apoya en el concepto de sistema, es decir, en la integración del conjunto de elementos, cuyo resultado es cualitativamente superior a la suma de dichos elementos.
En la práctica de la Educación se ha ido denominando a los sistemas de orden mayor, generales, y a los de orden menor, particulares o específicos. De tal modo, a los de la clase se les suele llamar objetivos específicos; a los del tema o unidad, particulares, y a los de la asignatura y área, generales.
Sin embargo, lo general significa lo que es común a todo un conjunto y aquí de lo que se trata es de integrar en un sistema de orden mayor todo el contenido que resulta de la unión de los subsistemas subordinados. De ahí que la tenden­cia que se manifiesta es la de aplicar consecuentemente el principio de la sistematicidad del proceso más que la determinación de los aspectos generales del contenido estu­diado.
La definición de los objetivos para la formación de un egresado tiene que partir necesariamente de los objetivos generales a formar en el mismo. Resulta necesario, además, el estudio minucioso de las funciones que debe desempeñar el egresado con el fin de resolver los problemas generales y básicos que se le presenten en la sociedad que está envejeciendo. Ambos aspectos se reflejarán en el modelo del egresado en término de tareas a desarrollar en el que se concreta el encargo social que se le plantea a dicho egresado y contiene la concepción general de su formación gerontológica.
En la determinación del modelo se tiene que reflejar la lógica propia de la profesión que expresa, en alguna medida, las lógicas de las ciencias, artes o tecnologías que le sirven de base para su desempeño como egresado.
De acuerdo con el principio de la derivación gradual de los objetivos, los objetivos generales de la formación del egresado (modelo del profesional en el programa académico) deben precisarse paulatina­mente en el área, el semestre, la asigna­tura, el tema y la clase, esto es, se derivan desde los generales hasta llegar a los específicos.
La derivación gradual de los objetivos no puede considerarse como la descomposición de éstos en acciones aisladas. Por el contrario, cada uno de los subsistemas que surgen como resultado de esta derivación, tiene que ser considerado como un nivel del sistema (rigurosamente articulado) que constituyen los objetivos de la formación del futuro profe­sional.
Esta derivación implica que los objetivos más específicos se subordinan de los generales, pero de tal manera que el conjunto de objetivos derivados interactúa también como un sistema.
Los objetivos del área, en su propia estructura, expresan en alguna medida la lógica de la ciencia, arte o tecnología, y reflejan también, en sus aspectos más generales, la lógica del proceso que prevé la asequibilidad de dichos contenidos durante su sistematización por el estudiante.
Los objetivos en que se declara un mayor nivel de sistematicidad (asimilación y profundidad) se van obteniendo, en buena medida, como resultado de alcanzar sistemas de orden mayor. Es decir, los objetivos generales de la asignatura reflejan la posibilidad, al integrar todos los contenidos de la misma, de obtener resultados más ambiciosos.
El profesor, en el desarrollo el proceso, debe propiciar que los estudiantes integren y sistematicen los contenidos al finalizar las clases, el tema y la asignatura, de modo tal que se vayan produciendo saltos de calidad en la comprensión de la esencia de dichos contenidos.
La derivación sistémica de los objetivos generales instruc­tivos que aparecen en el modelo del profesional, a los objeti­vos generales de las áreas no garantiza, necesariamente, el logro de los mismos. Puede suceder que determinados objetivos que se alcanzan en un área o en una asignatura, si no se retoman posteriormente en otras subsiguientes de manera explícita, puede conducir a que no se formen al nivel de la carrera.
Se hace necesario, por tanto, como una regularidad, elaborar un programa de seguimiento, que precise los objetivos semestrales, que se deben alcanzar por los estudiantes, aunque en dicho semestre no se desarrollen las asignaturas a que se refieren esos contenidos. Estos objetivos del programa de seguimiento determinan mayores niveles de asimilación y profundidad a los alcanzados por el área, dadas las posibilidades que tiene el estudiante de integrar y sistematizar estos conte­nidos en los subsiguientes semestres.
La necesidad de elaboración y aplicación de programas de seguimiento se hace evidente para todos aquellos contenidos que tradicionalmente no son utilizados de manera consciente por el resto de las asignaturas, lo que implica que no se alcanzan los objetivos que estipula el modelo del profesional. Esto se manifiesta nítidamente en todos los lenguajes que utiliza el egresado, como son la lengua materna y la extranjera, el dibujo, la computación, la matemática, en fin, los modos de pensar lógico, dialéctico y formal, cibernético e informático.
En el proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud se han considerar niveles de sistematización que tienen un carácter temporal, como son el semestre y el año, el ciclo básico o el ciclo clínico, el pregrado y el postgrado, entre otros. En cada uno de ellos se debe establecer el resultado integral que se espera lograr en el estudiante como consecuencia del desarrollo de las diferentes asignatu­ras, la práctica laboral y el trabajo investigativo estu­diantil.

La situación del objeto de estudio.

Entendemos por situación del objeto de estudio al estado que manifiesta dicho objeto como consecuencia de sus relaciones con el medio. El objeto, expresado didácticamente en conocimientos, habilidades y valores, se ve modificado en correspondencia con la situación temporal y espacial del mismo.
Para la solución de un problema con la aplicación de la habilidad, en determinados casos y profesiones se requiere de un tiempo en que se requiere actuar, esto es, el objetivo tiene que precisar el tiempo en que se debe cumplir la acción, mostrando la habilidad.
El objetivo también hay que precisarlo en ciertos marcos de tiempo. El desarrollo de las capacidades en los estudiantes hay que lograrla en un lapso finito, por lo que es necesario que el objetivo instructivo pueda tener, como un rasgo, el tiempo en que el estudiante cumpla la acción.
Puede existir que, en la formulación de los objetivos, se precisen otros aspectos sobre las condiciones en que el estudiante manifieste el logro del objetivo como la extensión del objeto, dado que en determinadas condiciones del contenido este cambia cualitativamente con la extensión del objeto de estudio.
También se requiere precisar, en ocasiones, los recursos que el estudiante deberá emplear en la solución del problema o en el cumplimiento de la tarea prevista en el objetivo, tal es el caso del empleo de tablas, programas de cómputo, entre otros.
En resumen, el estudio de la categoría objetivo nos permite concluir que para que el proceso de formación gerontológica de los profesionales de la salud sea eficiente y consciente, es necesario dirigirlo sobre la base de la determinación precisa y cientí­fica de los objetivos, como configuración que expresa la imagen ideal del resultado esperado en el proceso.
Los objetivos se expresan enunciando el valor o la capacidad que se pretende alcanzar y precisando a través de qué aspectos del contenido instructivo se propicia su apropiación y por otra parte, teniendo en cuenta los problemas que el futuro egresado debe resolver, expresarán las competencias precisando en ellas los rasgos siguientes:

Esto no impide que se incluyan otros aspectos que permitan precisar el objetivo.

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