EL ESTUDIO OPERATIVO DE LA PSICOLOGÍA 
UNA APROXIMACIÓN MATEMÁTICA

EL ESTUDIO OPERATIVO DE LA PSICOLOGÍA UNA APROXIMACIÓN MATEMÁTICA

Josep Maria Franquet i Bernis

Volver al índice

 

 

 

 

CAPÍTULO 3. La Psicología como Sistema

1. Introducción

Siguiendo el excelente trabajo de Mariano Yela titulado “Teoría general de sistemas y Psicología” (véase “Teoría general de sistemas”. Revista de la Universidad Complutense de Madrid. Vol. XXIII, nº: 89, Enero-Marzo 1974), citado en la bibliografía, veamos que los psicólogos han estudiado los sistemas desde diversos puntos de vista. Algunos han tratado de analizar empíricamente los factores que intervienen en la plasmación de decisiones en casos relativamente simples en las que las variables son controlables. Otros han examinado los efectos sobre el funcionamiento de pequeños grupos de diferentes esquemas de comunicación, de variables psicológicas, del ambiente social, con la idea de que tal estudio de pequeños grupos pueda sugerir métodos de estudio de sistemas más complejos.

A menudo se presentan entre dos psicólogos divergencias en lo que se refiere a la metodología del examen de sistemas desde su punto de vista. Muchos prefieren sacrificar rigor y precisión en aras de la profundidad, considerando tales aspectos como las motivaciones inconscientes, las modas colectivas que operan en lo profundo del espíritu de una sociedad, etc. Otros, en cambio, ante la imposibilidad de obtener datos cuantitativos precisos en ciertas áreas, prefieren dedicarse a otras de cuantificación más sencilla y de contrastar en ellas hipótesis que se espera puedan conducir a resultados válidos en otras zonas más profundas.

La Teoría General de Sistemas (TGS) ofrece perspectivas e instrumentos conceptuales que permiten abordar numerosos fenómenos psicológicos de forma más fiel, comprensiva y fecunda y, a veces, más rigurosa, de lo que era usual en la psicología anterior. Es difícil, sin embargo, aquilatar su influjo en la psicología contemporánea; creemos que, al menos de modo directo, ha sido más bien escaso. Ninguna de las grandes corrientes de la psicología teórica se basa en la TGS ni ha utilizado explícitamente sus principios. La razón reside, tal vez, en que no ha habido tiempo para ello ni el ambiente tampoco ha sido propicio. Las ideas organicistas tuvieron en su momento, en los primeros decenios de nuestro siglo, un eco importante en la psicología alemana, sensibilizada a favor de los conceptos “holistas” por la reacción general que, contra el asociacionismo mecanicista, promovieron la Denkpsychologie, la psicología fenomenológica y comprensiva, la escuela de las “cualidades formales” y, sobre todo, la psicología de la Forma, cuyo concepto central -la Gestalt- es justamente un sistema unitario irreductible a la suma de sus componentes. La naciente psicología genética y evolutiva -Werner, Piaget , Bühler - inició, asimismo, una trayectoria conceptualmente similar.

Pero el desarrollo de estas ideas quedó en buena parte interrumpido en Europa con los sucesos previos a la Segunda Guerra Mundial. Sus principales representantes, incluido el propio Ludwig von Bertalanffy , emigraron a Norteamérica. La psicología científica adquirió un sesgo norteamericano, característicamente conductista y hostil al movimiento que estudiamos.

A propósito de este último investigador, veamos que fue pionero en la concepción "organicista" de la biología, concepción que trascendió la dicotomía "mecanicista vs. vitalista" en la explicación de la vida, a través de la consideración del organismo como un sistema abierto, dotado de propiedades específicas capaces de ser investigadas por la ciencia. La concepción conjunta entre los conceptos de niveles de organización y del activo como opuesto al organismo pasivo (o reactivo), constituyó una declaración temprana de una teoría holística de la vida y la naturaleza. Este concepto encontró resistencia general en los biólogos experimentales que pretendían explicar los procesos de la vida mediante la investigación física y química de las leyes a niveles subcelulares. El tema resurgió en los años sesenta en los debates sobre si la vida fue finalmente explicada en los términos de las propiedades del ADN y de las leyes de la biofísica y bioquímica.

Aunque tomó parte activa en los debates sobre reduccionismo, su concepción organicista fue ampliamente ignorada. El concepto organicista de la vida elaborado por Bertalanffy dentro de una Teoría General de la Biología, más tarde llegó a ser el fundamento para la Teoría General de los Sistemas. El desarrollo fue lógico: la concepción organicista se refirió al organismo como un sistema organizado y definido por leyes fundamentales de sistemas biológicos a todos los niveles de organización. La tarea fue tomada por Bertalanffy quien, interesado en las amplias implicaciones de su concepción, fue más allá de la biología para considerar la psicología y los niveles de organización sociales e históricos.

Concibió una teoría general capaz de elaborar principios y modelos que fueran aplicables a todos los sistemas, cualquiera sea la naturaleza de sus partes y el nivel de organización. Bosquejó el armazón para tal teoría en un seminario de Charles Morris en la Universidad de Chicago en 1937 y más tarde en lecturas en Viena. La publicación del manuscrito en el cual la teoría fuera descrita por primera vez, fue impedida por la agitación general al final de la Segunda Guerra Mundial. Von Bertalanffy primero publicó un "paper" sobre la misma titulado "Zu einer allgemeinen Systemlehre" en 1949, seguido al año siguiente por la "Teoría de los sistemas abiertos en Física y Biología" y un "Bosquejo de la Teoría General de Sistemas". La formulación clásica de los principios, alcances y objetivos de la teoría fueron dados en "La Teoría General de Sistemas" y desarrollados con gran detalle en 1969 en el libro del mismo título. Von Bertalanffy utilizó estos principios para explorar y explicar temas científicos y filosóficos, incluyendo una concepción humanista de la naturaleza humana, opuesta a la concepción mecanicista y robótica.

Según M. Yela, la TGS sólo empieza a difundirse en los ambientes psicológicos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Crecen entonces las alusiones y las citas, se escriben ensayos y se aprovechan sus conceptos, se emprenden algunas investigaciones empíricas y se formalizan modelos inspirados en sus principios o en otros similares y, finalmente, se provoca un cambio fundamental en la psicología aplicada. Con todo, el influjo sigue siendo más bien incipiente e indirecto en el campo de la psicología. Los principios y problemas de la TGS son más bien programáticos, descriptivos y heurísticos. Abren vías de extraordinario interés, pero no suelen ofrecer nuevos métodos precisos. Es más fácil utilizar cualitativamente sus conceptos que fundamentar en ellos estudios experimentales. Y eso es, en buena parte, lo que se hace. Para alcanzar una mayor precisión se requiere una formalización matemática y una cuantificación de las variables no siempre fácil de conseguir en psicología. Más hacedero resulta el empeño en las cuestiones tecnológicas de la psicología industrial y de la ingeniería humana o en la elaboración de micromodelos para el estudio de tal o cual campo limitado, y, efectivamente, son éstos los modos concretos según los cuales la TGS está ejerciendo su influjo más señalado y profundo en la psicología.

En el campo de la psicología general, la TGS ha influido más bien indirectamente, como una corriente del pensamiento contemporáneo que ha contribuido a formar una actitud, junto a otras varias tendencias parcialmente convergentes: la cibernética, las teorías de la información, la decisión, el riesgo y los juegos, la psicometría multidimensional, la psicotemática enfocada cada vez más al análisis de múltiples variables interdependientes, el empleo en psicología de modelos matemáticos no métricos, como los topológicos, etc. En el mismo sentido “sistemático” han ejercido su influjo numerosas corrientes funcionalistas, estructuralistas, generativas y personalistas, de importancia creciente durante los últimos decenios en psicología y en las ciencias humanas.

Como resultado de todo ello existe en la psicología actual, según M. Yela, una tendencia, no unánime ni generalizada, pero patente y progresiva, a superar el esquema estímulo - reacción, realmente difícil de mantener frente a las críticas, las nuevas observaciones empíricas y los abundantes resultados experimentales procedentes de la psicología de la personalidad, la psicología social, la psicología cognoscitiva, el psicoanálisis estructural, la psicolingüística, la teoría psicogenética de la inteligencia e incluso las teorías de la motivación y del aprendizaje del neobehaviorismo y de las nuevas corrientes interpersonales, sociales y culturales del psicoanálisis.

Como queda dicho, el influjo más decisivo de la TGS acontece en la psicología aplicada y, especialmente, en la psicología industrial y del trabajo. En este campo, la bibliografía directamente inspirada en la TGS es muy copiosa. Baste señalar que son cada vez más numerosos los textos e investigaciones que aparecen bajo el título de Psicología de las Organizaciones y, más explícitamente, Psicología de los Sistemas.

M. Yela se extiende ligeramente también sobre los modelos parciales que han aparecido en psicología bajo el influjo de la actitud general antes mencionada. Son, dice, muy numerosos. Entre los más formalizados figuran la psicofísica de la detección de señales, los modelos perceptivos y psicolingüísticos basados en la teoría de la información y en principios estructurales, los modelos cibernéticos para el estudio de varios aspectos de la memoria, del aprendizaje y de la motivación, los usados en investigaciones sobre inteligencia simulada y artificial mediante computadores electrónicos, la teoría del comportamiento como conjunto de estructuras y planes, la teoría psicogenética de la inteligencia, el análisis factorial de las interdependencias multivariables, etc.

Como ejemplo de estos modelos, y enlazando con los conceptos expuestos en el capítulo anterior, resumiremos sumariamente algunos de ellos.

La psicofísica clásica solía limitarse a estudiar funciones en que el estímulo era la única variable independiente y la sensación, la dependiente. Por ejemplo, el umbral absoluto se definía como la mínima cantidad del estímulo que producía una sensación. La psicofísica actual considera la detección de los estímulos como un sistema de decisiones en función de una multiplicidad de variables físicas, fisiológicas, psicológicas y sociales. El mismo umbral, llamado clásicamente absoluto, es sólo relativo respecto de una compleja interacción de todas estas variables.

El modelo, simplificado al máximo, es como sigue (Swets, Tanner y Birdsall, 1961). El sujeto tiene que decidir en un gran número de ocasiones si hay sólo “ruido” o hay, además “señal”. Los resultados posibles son cuatro: dos tipos de acierto (detección correcta de la señal o de su ausencia) y dos tipos de error (falsa alarma o inadvertencia). Sea un continuo de observación “x”. En cada caso “x” puede ser debido al ruido “R” o a la señal “RS”, según las funciones de probabilidad fR(x) y fRS(x). Cada valor “x” implica una razón de probabilidad:

que puede suponerse sometida a una transformación monotónica para que las distribuciones sean normales. Suponiendo, además, que ambas tengan la misma varianza, tenemos la figura siguiente:

FIG. 3.1. Funciones normales de probabilidad de “ruido” y “señal”.

La distancia expresada por:

constituye el denominado “índice de detectabilidad”.

El problema del sujeto es elegir un criterio “xc” tal que, para cada observación “xi”, decida que hay señal si xj > xc, y que no la hay si xj < xc. Cada “xi” determina dos regiones “D” e “I” y los cuatro resultados posibles:

(RS.D): ocurrencia conjunta de señal y región D, detección correcta; (RS.I): inadvertencia; (R.D): falsa alarma, y (R.I): negativa correcta.

Cada criterio define cuatro probabilidades condicionales, de las que las dos importantes y suficientes son la de detección correcta y la de falsa alarma:

donde P(RS) es la probabilidad a priori de presentación de la señal, conocida por el sujeto, y su complementario: P(R) = 1- P(RS), la de sólo ruido.

Si cada acierto y error se sancionan de cierta manera, cabe estimar el valor esperado de las decisiones del sujeto en función de las probabilidades a priori y la valoración de los resultados.

Fijado el modelo, la magnitud de la señal y del ruido, las probabilidades a priori y la matriz de valoración, se pueden calcular, para cada criterio “xc”, los valores PR(D) y PRS(D), que, representados a medida que el criterio se desplaza a lo largo de “x”, definen una curva llamada “característica operativa del receptor” (COR). En un experimento concreto se puede calcular:

1) La detectabilidad “d”, que indica la fuerza efectiva de la señal y la capacidad sensorial del sujeto, y determina una curva COR;

2) que identifica un punto en esa curva e indica el criterio efectivamente seguido por el sujeto y la manera cómo en su decisión han influido sus expectativas (las probabilidades a priori) y su motivación (la matriz de consecuencias).

Los experimentos prueban que, en general, las COR halladas empíricamente responden al modelo de la teoría de la decisión y no a la teoría clásica del umbral absoluto. La detección depende, ciertamente, de la intensidad del estímulo, pero también de factores cognoscitivos (aquí hemos mencionado sólo las expectativas) y motivacionales (preferencias, temores, valoraciones, etc.).

Menos formalizado matemáticamente, pero de gran coherencia lógica y enorme caudal de observaciones empíricas, es el modelo psicogenético de la inteligencia ofrecido por Piaget. Según éste, la inteligencia es una estructura, no un agregado de conexiones adquiridas por aprendizaje. Pero esta estructura no es automática, ni congénita, ni está preformada desde el nacimiento. Es la forma final de un proceso. Cada etapa tiene una peculiar estructura que, en su interacción con el medio y regida por leyes de organización interna, se modifica y origina otra estructura más compleja. El proceso fundamental es la equilibración adaptativa de dos funciones básicas, la asimilación (incorporación del medio al organismo) y la acomodación (modificación del organismo para ajustarse al medio). El final del proceso es la inteligencia formal, que supone un equilibrio dinámico entre la asimilación intencional, que no deforma lo asimilado, y la acomodación simbólica, que no altera mecánicamente al sujeto. El conjunto de operaciones del pensamiento formal revela una estructura de grupo multiplicativo o abeliano, universal y reversible.