Observatorio de la Economía Latinoamericana

 


Revista académica de economía
con el Número Internacional Normalizado de
Publicaciones Seriadas  ISSN 1696-8352

 

Economía de México

 

ENTORNO SOCIOECONÓMICO MEXICANO A FINALES DEL SIGLO XX

 

Alan F. Carrasco Dávila (CV)
American University Of London
alancarrasco_cursos@yahoo.com.mx





CAPITULO II
ESTABILIDAD SOCIAL EN MÉXICO

2.1. UNAM

Esta es una historia plagada de necedades, una trama caótica que ya muy poca gente entendemos. Con respecto a la Universidad Autónoma de México, todos los días brotan explicaciones que tienen que ver con una conspiración diferente, la conspiración “neoliberal” que pretende privatizar nuestra sagrada universidad pública, la conspiración perredista que alimenta la huelga para atraerle imaginarios votos a Cuauhtémoc Cárdenas, la conspiración zapatista importada desde la “realidad” para establecer una embajada del subcomandante Marcos aquí en tierra azteca, la conspiración de los ultras, quienes desde las filas del ERPI y el EPR se han infiltrado en el Consejo General de Huelga.
¿Qué haríamos los seres humanos si no pudiéramos echar mano de la teoría de la conspiración, cuando un hecho social se vuelve inexplicable? Sin lugar a duda la teoría de la conspiración es una herramienta útil para sustraernos del caos y de la estupidez. Cuando el caos o la estupidez merodean nuestra existencia en sociedad, lo más conveniente es acusar a un grupo de individuos de haber planeado y estarse beneficiando de la situación. Así por lo menos, el mal se atempera porque la conspiración ofrece algo de orden, comprensión lógica a lo que en realidad es absoluta confusión.
No me atrevería a negar que en la huelga de la UNAM hay demasiados intereses involucrados, alguno de esos intereses se han organizado para imponer su visión al resto de la comunidad universitaria. El problema está en que ninguna de las sectas que cohabitan en esa comunidad tiene posibilidades reales de ganar esta batalla. Quizá el primero en reconocerlo fue el rector Bernés de Castro, quien tan intempestivamente impulsó su reglamento de pago en el Consejo Universitario, echó marca atrás con el ánimo de desinflar el conflicto, y hoy, lo menos que se puede decir, es que la habilidad política del rector es inexistente. Como si nadie estuviera afuera de su oficina esperando demostrar su triunfo, el señor rector retrocedió unilateralmente. Mientras tanto, los eufóricos huelguistas se quedaron sin el placer de enseñar las orejas y el rabo para justificar tanto esfuerzo.
Por su parte, los verdaderos privatizadores de las instalaciones de la UNAM han decidido continuar, tope contra lo que tope, con su desorbitada aventura. Se trata de un grupo amorfo, cuyo liderazgo es poco visible. Todo pareciera indicar que las desconfianzas entre los miembros del Consejo General de Huelga se han vuelto una regla general, pues, apenas surgía el folklórico “Mosh” como posible cabeza del movimiento, cuando ya sus compañeros lo habían defenestrado.
En efecto, la intolerancia es el virus que ha infectado a toda la universidad. La intolerancia pareciera ser origen del caos que invade a toda la universidad, un caos que tiende a crecer, que alberga mucha irresponsabilidad, que protege a los pocos que quieren seguir guardando las instalaciones universitarias para su uso personal y excluye a miles de estudiantes, trabajadores y profesores que reclaman legítimamente sean devueltas unas instalaciones que por ley son públicas, no privadas.
Quizá los más radicales están esperando que las fuerzas del orden entren a recuperar lo que es el patrimonio de todos los universitarios, pero, será cierto eso de que hay armas escondidas dentro de las instalaciones de algunos amantes de la revolución. Sin embargo, el gobierno debe haber pensado ya que, a estas alturas, lo peor que podría ofrecer a los huelguistas es un muerto que prenda la mecha de la revolución.
Así las cosas, la situación de la UNAM se encuentra trabada. Tal vez la única solución al conflicto sea que esta comunidad, que tan ampliamente se ha manifestado en contra del secuestro universitario, recupere las instalaciones, y esto s
'f3lo sería posible si los universitarios pudieran regresar a su casa, valga decirlo así: a la Gandhi, con un profundo compromiso entre ellos para evitar cualquier enfrentamiento físico con los huelguistas.


2.2. UNAM: Un sindicalismo obsoleto.

El signo de la vulnerabilidad a la que se encuentra sometida la universidad pública de México, fue revelado crudamente el día en que el gobierno federal anunció un severo recorte al presupuesto destinado para la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Y es que, atrasada en sus planes de estudio, con relaciones académicas que por el momento rayan en cacicazgos, y presa de un sindicalismo obsoleto, la universidad pública se encuentra en la encrucijada de una modernización pendiente que la sacuda del inmovilismo y de los lastres que por décadas han arrastrado.
Con lo menos tres sexenios de accidentadas transiciones políticas y económicas, México ha experimentado un complejo y nada sencillo proceso en el que sus gobernantes han buscado, ante todo, adecuarlo a los procesos de globalización y cambio de parámetros que se viven en el mundo entero.
En tal sentido, economía y política han sido los ámbitos que más sacudidas han sufrido en este proceso, porque no hay economía abierta que aspire a conservarse como tal, a menos que cumpla el requisito de un sistema político liberal también. Esta es la razón de que el paso a un sistema democrático pleno se convierta en el debate y exigencia actual en todos los países del orbe.
Sin embargo, y dado que la actual transición no es sólo un programa gubernamental dependiente de la voluntad de algunos, sino un proceso general que se vive en el mundo, no hay posibilidad de sustraerse a su dinámica, o a la presión que ejerce su fuerza: China, la ex unión de Repúblicas Socialistas (ahora Rusia) y todos los países del este europeo que lo entendieron de esa manera, y procedieron a abrir sus economías y adecuar los elementos sociales que las integran a fin de cumplir esta tarea.
No obstante la forma y ventajas que de tal proceso se logran, están en concordancia con la matriz económico-social que posee cada país. Así China, que durante décadas se mantuvo al margen de lo que sucedía en el resto del planeta, ha sabido aprovechar las ventajas que el nuevo esquema económico le ofrece, dada la coherencia que tiene su economía, el resabio político derivado de una cultura básicamente autoritaria es cosa aparte.
El contexto descrito sirve para plantear que el proceso de transición en México no depende de la voluntad de un puñado de hombres, aunque sí la forma en que se hacen las cosas, que por cierto, es desastrosa y bastante errática.
No obstante, la actitud de la academia se relaciona con otro elemento que ha contribuido a darle este rostro a la universidad pública: el sindicalismo universitario, un sindicalismo casi sesentero y anacrónico que priva a la educación superior de mejoras sustanciales, dado que se desenvuelve más como un grupo de presión dentro de la misma universidad que busca sus propios intereses, prebendas y privilegios, que como una verdadera instancia de intermediaciones entre el gobierno y la academia.
STUNAM y el SITUAN, que antes fueran sindicatos punta de lanza de las mejoras para trabajadores universitarios, ahora se han convertido en el prototipo de cuevas que albergan a trabajadores para quienes la productividad es una palabra maldita del tiránico neoliberalismo que trata de explotarlos, y para los que limpiar más allá del metro cuadrado que se les tiene encomendado dejar reluciente, es hacer más de lo que específica su contrato laboral, razón por la cual siempre aluden la necesidad de consultar primero con el sindicato.
Cosa a parte son esas relaciones extrañas que mantienen con oros sindicatos de dudosa filiación, o incluso, con grupos de presión formados desde el gobierno mismo.
Formados en situaciones límites, los sindicatos universitarios existen a condición de seguir alimentando la hoguera de vanas contradicciones entre ellos y la propia academia, o creando falsos fantasmas como los de apoyo a Chiapas, o a otros movimientos que identifican como parte de su misma lucha, solo que sin los golpes ni los muertos, y en muy pocas ocasiones están dispuestos a correr el riesgo del cambio con la universidad, porque esto a menudo implicaría dejar de contar con la base de apoyo que les da existencia, pero sobre todo, porque los sometería a la presión de saberse fuerza de trabajo disponible que tiene que demostrar su necesidad dentro de la institución para continuar con ella.
Considerada como un elemento fundamental del cambio estructural, la modernización educativa se ha convertido en determinante en los dos últimos sexenios. Sin embargo, ha sido durante el Zedillismo que la educación superior ha cobrado una importancia fundamental. La amenaza de recorte presupuestal a la universidad pública mostró claramente que el Zedillismo no le tiembla la mano para consignar sus fines, ya que deja claramente asentado no poseer afiliaciones estudiantiles.
Convencido de que es la productividad lo que demuestra la necesaria existencia de lo que sea, Zedillo ha dado un golpe a las inercias universitarias. Esto hace urgente que la universidad pública haga lo posible por superar los lastres que hasta ahora le ha impedido adecuarse a los esquemas de transición. Y lo es, porque la existencia de la universidad no es algo que se pueda poner a debate en una sociedad desigual en donde el estudiante promedio no puede optar por una educación privada, y, porque además, la universidad pública ha demostrado a lo largo de los años su viabilidad como productora de recursos e investigaciones importantes para el desarrollo del país, por ejemplo: en las instalaciones de la unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma, donde se produce un tercio del total de la tecnología de punta del país.
Una viabilidad que ahora está en riego y que debe superar ya no por el bien del país, sino por el bienestar de ella misma.


2.3. BARNES: El rector de la UNAM se paso de vivo.

Un lío que puede desencadenar una derrota legal más para el Poder Ejecutivo Federal, estuvo a punto de librarse en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, debido a la inconstitucionalidad de la reforma del Reglamento General de Pagos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Ministro Gerardo David Góngora Pimentel, Presidente del Órgano Colegiado, admitió que si se planea una institucionalidad, será el pleno del máximo tribunal del país el que analizará el caso y resolverá conforme a la ley esta controversia.

De entrada, los alumnos que se sientan afectados, sobre todo los de nuevo ingreso, para el ciclo escolar 1999-2000, cuando surtan efecto los aumentos aprobados por el Consejo Universitario (CU), el lunes 15 de marzo, podrán ampararse en los Juzgados de Distritos, donde ya se están promoviendo juicios de amparo contra la llamada Ley Barnés. Sobre este controvertido problema hay opiniones muy diversas, ya que unos apoyan el incremento en las cuotas y otros no.
Sin embargo, hay quienes opinan que, aunque se debe apoyar económicamente a la UNAM, la forma en que se quiere imponer un sistema de cuotas no es la idónea ni la legal, criticando de manera muy severa el modo en que el rector Francisco Barnés de Castro viola la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley Federal de Educación y los Reglamentos que rigen la educación en el país, incurriendo en inconstitucionalidades, lo cual es muy grave en una universidad donde precisamente se debería enseñar lo contrario, como es el respeto a la Constitución, a las Leyes, el orden y el derecho.
El doctor Eduardo López Betancourt, quien es catedrático e investigador de derecho constitucional y de derecho penal de la Facultad de Derecho de la UNAM, se coloca del lado de los jóvenes y en su caso los asesora, ya que dice tajante: “Los estudiantes tienen la razón. Barnés de Castro se pasó de vivo, violó la Constitución, y en un pleito legal en la Suprema Corte de Justicia de la Nación va a perder, porque los incrementos son inconstitucionales...” El doctor López Betancourt señala que el acto a mansalva ejecutado por el rector Francisco Barnés de Castro, evidentemente no buscaba mayor presupuesto para la universidad, y mucho menos un mejoramiento económico para los estudiantes de escasos recursos. Lo esencial en la propuesta de Barnés de Castro, era cobrar cuotas en la universidad. Lo implícito en este punto, como se aprecia, lo importante para él era implantar una política de cobro por la educación superior, sin importar el monto, secuela de la política neoliberal, por lo cual cada año se incrementaran las cuotas hasta lograr su objetivo: hacer inaccesible a las clases pobres la educación superior.
Al crear cuotas universitarias se impulsó la sinrazón. Para lograrlo se violó la autonomía universitaria al infringir el artículo 3° constitucional, fracción IV, y a la propia Ley de Educación en su artículo 6° que establece: “La educación que el Estado imparta será gratuita...” Francisco Barnés de Castro, en su displicencia por la opinión pública, descalificó y desestimó todas las apreciaciones en contra de la creación de cuotas, pero ello, evidentemente le hace perder la primera condicionante que debe poseer quien sea rector universitario, o sea, la autoridad moral. En consecuencia, Barnés se considera, simple y sencillamente, un agente del gobierno.
Es lamentable comprobar cómo se ha pisoteado la Constitución. Ante este hecho no hay argumento válido, porque es una clara manera de decirle al pueblo que hoy por hoy, en México no se respeta la constitución porque impera el desgobierno y no hay educación para los pobres.
La política de Barnés de Castro es que la pobreza e ignorancia van de la mano, y no es dable separarlas. De esta manera Barnés de Castro considera que únicamente deben tener acceso a la educación superior las clases pudientes, porque las posibilidades para pagar, de acuerdo a su opinión, rendirán buenos resultados académicos.
La tesis neoliberal de Francisco Barnés de Castro, argumenta López Betancourt, se reviste de tintes mágicos al afirmar que se darán becas a los pobres, siempre y cuando se porten bien, sean dóciles y obedientes al poder superior, quedando de manifiesto el espíritu Barnesista: sistemático del conquistador y elitista.

Quizá el rector ignora la lucha de 1929 para lograr la autonomía universitaria. El concepto autonomía, en nuestros días, cada quien lo toma como le viene en gana. La autonomía es definitiva como libertad académica y principio territorial, entendido esto, como el lugar donde se practica esa libertad de cátedra, donde se emprende, se enseña y difunde la cultura. Por consiguiente, implica que los universitarios se gobiernan por sí mismos, con sus propios métodos y formas, sin permitir la intervención de extraños.

Definida en forma sintética la autonomía universitaria, podemos estimar, que Barnés de Castro es un violador de la misma por las siguientes razones:

1. Con fines eminentemente políticos que logren beneficios personales y de grupo, pues obligó a sesionar al Consejo Universitario fuera de recintos universitarios, demostrando con ello carencia de espíritu universitario, evidencia que para él, lo importante es cumplir las indicaciones del Ejecutivo Federal, entregando las cuotas que exige para crear una universidad de paga, creyendo que con esa medida lograrían un avance académico, cuando en este punto, insistimos, no necesariamente van de la mano la opulencia y el buen nivel académico.
2. También transgrede Barnés de Castro la autonomía universitaria cuando de manera ofensiva ha permitido la ingerencia de funcionarios federales, lo cual está prohibido de acuerdo con la Legislación Universitaria y conforme a la naturaleza de la autonomía. Además, el rector se hace acompañar por un funcionario federal que ostenta ser parte integral del gabinete ampliado. Tal es el caso de la presencia de Esteban Moctezuma Barragán, quien en un acto político opinó a favor de las cuotas universitarias, y hasta hizo una donación (ignoramos si con cargo a su presupuesto personal), o a la Secretaría de Desarrollo Social, de la que es titular. El intervensionismo de Moctezuma Barragán es obvio en la universidad, ya que obtuvo la designación de su hermano como Abogado General, sin que este fuese docente universitario, que si bien es cierto que no es obligatorio, la tradición es que los abogados generales sean maestros universitarios.

Es evidente que la privatización de la universidad es un hecho que se realizará paulatinamente. Las voces disidentes no existen para el rector Barnés y su selecto grupo, quienes a toda costa debían modificar el Reglamento General de Pagos, quedando, a partir de ese momento, causado el daño a la máxima casa de estudios del país.
Lo que menos interesa es mejorar el nivel académico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Como es obvio, el rector sólo se ha preocupado por obtener recursos económicos, y su rectoría ha permanecido ausente del plan acadà9mico porque se ha concretado, o mejor dicho, se ha caracterizado por un incremento desmesurado de la burocracia, así como por la confrontación de grupos de poder dentro de la UNAM, y una demostración evidente de este hecho es que, la reunión del Consejo Universitario se hizo en un recinto ajeno, como es el Instituto Nacional de Cardiología, que constituye un bastión de los médicos que en un buen número integran la Junta de Gobierno, la cual rige a la propia institución y tiene asiduos vínculos con Barnés de Castro.
Jurídicamente se puede objetar la validez del Consejo Universitario que aprobó las nuevas cuotas, si consideramos que se reunió fuera del recinto universitario, lo que es semejante a una asamblea de conjurados, donde se tenían previstos cuatro o cinco lugares como sede del concilio, locales que, obviamente conocían perfectamente los incondicionales del rector Francisco Barnés de Castro.
Es preocupante que se ventilen subrepticiamente los asuntos universitarios, con nula disposición para oír opiniones antagónicas.
Como se pudo observar, el problema es complejo y el daño está hecho. Ahora sólo queda recurrir a los Tribunales y a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes deberán analizar la inconstitucionalidad del incremento a las cuotas, ya que el artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su fracción IV es claro y establece que toda la educación que el Estado imparta será gratuita.


2.4. EZLN: Su surgimiento.

El EZLN emerge a la vida pública en un entorno internacional contradictorio. Por un lado, el fin de la guerra fría dejó a esta fuerza sin el hipotético cobijo de los partidos y naciones que tradicionalmente habían apoyado a las luchas de liberación nacional. Por el otro, la desaparición del fantasma del comunismo, permitió que el levantamiento indígena fuera leído desde Washington y Bruselas, en un primer momento, desde su especificidad como un movimiento de raíces agrarias y étnicas y no como parte de la disputa geopolítica de dos sistemas rivales. La situación de las guerrillas latinoamericanas era sumamente complicada. Tanto los sandinistas en Nicaragua como el EMLN en el Salvador, habían sufrido serios reveses electorales, y escisiones importantes en sus filas. Y la URNG Guatemalteca se encontraba reducida militarmente hasta la “insignificancia estratégica” y buscaba una salida negociada, con el apoyo de países europeos y de México. Sendero Luminoso había sido derrotado militarmente, sin necesidad de una negociación, y el MRTA se encontraba casi desmantelado. Sólo las FARC y el ELN colombianos mantenían una presencia militar significativa y creciente en el área. En ese contexto, más allá de su debilidad relativa, el surgimiento del EZLN representó una fuerte llamada de atención para la izquierda en el mundo, y propició su solidaridad y apoyo. El ¡YA BASTA! Rebelde se escuchó fuerte entre todos aquellos preocupados por luchar contra la desigualdad y la exclusión, y construir una nueva plataforma libertaria. Entre otras muchas cosas, el zapatismo puso sobre la mesa de discusión de esta corriente la naturaleza del neoliberalismo y el papel de las utopías en la elaboración de los proyectos políticos y la transformación de la realidad. La rebelión de los indígenas chiapanecos y su propuesta, se convirtieron en una referencia permanente en el debate sobre el futuro de la izquierda.
A su vez, las nuevas luchas en otras partes del mundo se han vuelto parte integral de la estrategia zapatista. Algunos sectores de la intelectualidad han explicado el surgimiento del zapatismo a partir de la teoría de la conspiración de un grupo de universitarios marxistas que no habían tomado nota de la caída del Muro de Berlín, y que se montaron simultáneamente en las redes sociales construidas por la Iglesia Católica practicante de la Teología de la Liberación, y en el malestar provocado por la disminución de los ingresos de los productores rurales como resultado de la caída de los precios agrícolas, y de la acción combinada de la pobreza extrema y la marginación.
Tal interpretación desestima lo que es elemento central del EZLN: es una fuerza político-militar fundamentalmente indígena, surgida, en lo fundamental, de la autoorganización y la lucha de las comunidades de la Selva, los Altos y el Norte de Chiapas. Aunque es cierto que los elementos que incorpora la teoría de la conspiración; existieron, el elemento central que los ordena es la voluntad de un amplio sector de la sociedad indígena local de contar con una fuerza política propia.
Como ya se ha señalado, lo que está en juego detrás de la apuesta zapatista, es la voluntad de las comunidades de persistir en su ser. Resisten y se sublevan para persistir, porque sólo se persiste en la resistencia al movimiento del mundo que disuelve y niega ese ser.
El EZLN es una organización político-militar, que se identifica con el zapatismo como corriente histórica revolucionaria y que lucha, como lo dicen sus siglas, por la liberación nacional. Se concibe como un movimiento insurgente, esto es fundador de nuevos valores. Quienes lo protagonizan, no siempre ganan, pero quedan en la historia como los actores de procesos fundadores. Dure o sea aplastada la insurrección, nada queda como antes: las mentalidades han cambiado, se abren nuevos horizontes, los ojos de todos ven de repente realidades que nadie quería ver.
Surge del encuentro y fusión de distintas ideologías y propuestas políticas, aunque el resultado final es distinto a cada una de ellas. Nace del encuentro y fusión de las utopías indígenas, la lucha agraria, el marxismo-leninismo y las propuestas de liberación de católicos progresistas. Como lo señaló el subcomandante Marcos: “Siempre así. Bueno, empezaré a explicar. No nos lo propusimos. En realidad lo único que nos hemos propuesto es cambiar el mundo, lo demás lo hemos ido improvisando. Nuestra cuadrada concepción del mundo y la revolución, quedó bastante abollada en la confrontación con la realidad chiapaneca. De los golpes salió alguno nuevo (que no quiere decir bueno), lo que hoy se conoce como neozapatismo...” La Primera Declaración de la Selva Lacandona sintetiza los diversos puntos de vista que confluyen en la formación del EZLN. Allí los zapatistas ubican como enemigo al sistema de partido de Estado, representado por Salinas de Gortari. Señalan la necesidad de avanzar en la transición hacia la democracia como única vía para avanzar en la solución de las 11 demandas básicas: techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, libertad, justicia, democracia y paz.


2.5. Fundamentos del EZLN:

El EZLN no es una vanguardia político-militar de corte marxista-leninista que proponga tomar el poder de manera violenta para instaurar el socialismo. Si no lo era en 1994, menos lo es ahora. Plantea sí, la necesidad de cambiar radicalmente la relación entre gobernantes y gobernados, creando instrumentos que obliguen a los representantes populares a rendir cuentas y a tener gestiones transparentes, y que posibilitan a los gobernados incidir directamente en el control de la clase política y en el servicio público. Busca el fin del presidencialismo, el equilibrio de poderes y la promoción de la democracia participativa. Procura la ampliación de las formas de participación política, estableciendo mecanismos de democracia directa, tales como el reconocimiento del referéndum, la revocación del mandato, el plebiscito y la iniciativa popular. Parte de esta concepción está en la propuesta de mandar obedeciendo, y parte en las conclusiones a las que llegó la mesa de San Andrés sobre democracia y justicia del 16 y 17 de julio de 1996. En aquel entonces, en un documento de 37 cuartillas, los zapatistas sostenían: “Sin negar ni menospreciar la importancia que los partidos políticos tienen en la vida nacional, una visión sustantiva de la democracia contempla la apertura de espacios ciudadanos no partidarios de la lucha política...”


2.6. EZLN: Política, ética y dignidad.
El desprecio y la desconfianza hacia la política y los políticos, está extendida en muchos rincones de la sociedad. No es algo nuevo en el país, en donde usualmente se le ha asociado con politiquería y con deshonestidad. A pesar de las posibilidades reales de alternancia en los gobiernos estatales y municipales; del incremento en la competencia electoral y la enorme cantidad de recursos económicos publicitarios que se invierten en las campañas, la mayoría de las últimas elecciones locales, han presentado altos niveles de abstención. Los pasados comicios del Estado de México-que tuvieron un impacto nacional-, de Guerrero, de Oaxaca y Chiapas tuvieron niveles de abstención alrededor del 50%. Habrá por supuesto, quien vea en ello una evidencia de que somos un país moderno.
En las actuales condiciones son muestra de recelo y de desgaste, de la desconfianza en la política medida en términos de eficacia y no de servicio.
El zapatismo hace de la refundación ética de la política uno de sus principios de acción básica. Izquierda es la política que apela a la ética y rechaza lo injusto, no concibe la posibilidad de generar un proyecto emancipador al margen de la ética. Colocar a la ética en el puesto de mando de la política, implica no sólo que quienes se dediquen a ella deben buscar el bien común por sobre el propio, o que requieren tener, como figuras públicas, un comportamiento honesto, sino, de manera central, el que están obligados a comportarse con dignidad, entendida esta como la exigencia, como la segunda fórmula del imperativo categórico: “Obra de manera de tratar a la humanidad, tanto en su persona como en la persona de otro, siempre con un fin y nunca sólo como un medio...”
El zapatismo hace de la lucha por la dignidad uno de sus postulados centrales. La dignidad entendida como el rechazo a aceptar la humillación y la deshumanización, como un negativa a confrontarse, como la no aceptación del trato basado en los rangos, las preferencias y las distinciones, como la exigencia de ser juzgado por cualquiera. Es una revolución por que la reivindicación de la dignidad en una sociedad basada en su negación, porque la reivindicación de la dignidad en una sociedad basada en su negación sólo se puede satisfacer a través de una transformación radical de la sociedad.
Una política de la dignidad sólo puede tener vigencia dentro de una propuesta de transformación social de las relaciones de poder más general. Entre las piezas que componen este modelo para armar se encuentran el mandar-obedeciendo, la negativa a constituirse en vanguardia y el rechazo a la toma del poder.


 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Alan F. Carrasco Dávila: Entorno socioeconómico mexicano a finales del siglo XX, Observatorio de la Economía Latinoamericana, Número 43, mayo 2005. en http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/index.htm


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