El intercambio de bienes y servicios ya sea realizado
directamente, bajo la forma de trueque, o indirectamente, por medio del dinero.
La tendencia a cambiar bienes diferentes responde a un criterio de maximización
de utilidad que se desarrolla en los seres humanos desde sus más tempranos
orígenes. El comercio, puede decirse, es la expresión más o menos consolidada y
estable de esta tendencia natural al intercambio.
Sin la existencia del comercio cada grupo
humano y, en último análisis, cada unidad consumidora, estaría condenada a
satisfacer todas sus necesidades mediante la elaboración de sus propios
recursos. Gracias al comercio es posible entonces una ampliación inmensa de los
bienes a los cuales se tiene acceso, generándose además una creciente
especialización productiva que, como ya lo indican los estudios clásicos sobre
comercio internacional, favorecen tanto a vendedores como a compradores. Es esta
especialización, en última instancia, la que ha permitido el gigantesco progreso
en la productividad que caracteriza y hace posibles a las sociedades modernas,
pudiendo decirse entonces que sin el comercio sería inconcebible la civilización
tal como la conocemos.
La recurrencia de relaciones de intercambio
dio origen, ya en tiempos remotos, a la figura del comerciante, aquélla
persona especializada en comprar bienes para luego revenderlos, generándose así
el primer intermediario en el proceso conocido como cadena de
comercialización. Los comerciantes de la antigüedad eran con frecuencia
también navegantes o viajeros que no sólo compraban y vendían mercancías, sino
que también las transportaban desde los centros de producción hasta los de
consumo. Este mismo patrón de intercambio se reconoce aún en algunas áreas
rurales o de incipientes vías de comunicación. Desde el punto de vista histórico
y antropológico el comercio ha sido un elemento importante de difusión de las
innovaciones culturales, de transmisión indirecta de ideas y de contacto entre
pueblos diferentes.
En las sociedades modernas suele
distinguirse entre comercio al por mayor, o mayorista,
especializado en la compra de grandes cantidades de mercancía a los fabricantes
para su reventa a otros puntos de venta, y el comercio al por menor,
minorista o detallista, que se abastece de los mayoristas y vende
sus productos directamente a los consumidores finales. Los comerciantes
especializados en cualquiera de estas dos ramas -así como otros intermediarios
que existen, y que en cierto modo escapan a esta clasificación- obtienen un
beneficio a cambio de satisfacer un servicio indispensable: la vinculación
oportuna, en el tiempo y en el espacio, entre vendedores y compradores.
[trade]. (CADENA DE COMERCIALIZACION;
COMERCIALIZACION; DIVISION DEL
TRABAJO; HOMO ECONOMICUS;
INTERMEDIARIO;
MERCADO).
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