LA ESTÉTICA DE LA LIBERTAD Y SU EXPRESIÓN EN CINTIO VITIER

Marilys Marrero Fernández

1.1.3 La estética de la libertad en la Modernidad

La estética de la libertad alcanza su expresión como construcción teórica en la Modernidad; es en el pensamiento estético del siglo XVIII donde se encuentran las primeras referencias explícitas de las relaciones de la belleza ―como objeto de la estética tradicional― con la libertad. En la estética inglesa del siglo XVIII es fundamental la figura del Conde Shaftesbury, uno de los primeros pensadores que abordó, aunque sin sistematización, las relaciones del arte y la libertad como expresiones de la estética de la libertad. Las fuentes de su teoría estética se encuentran en el pensamiento platónico en la relación del bien con la belleza, con lo verdadero; la misma está fundada en la ética. Ha planteado la crítica estética que este concepto se expone en su libro Essay on the Freedom of Wit and Humor, (1709).

Para Shaftesbury el desarrollo del arte implicaba la libertad: la condición del arte, del gran arte es la libertad, tesis esencial para una estética de la libertad contenida en su libro Moralists; en él expresó: “Beauty and good. […] That beauty and good are still the same” ; en el texto fundamenta su concepción de la belleza en “la vida”, en una sociedad bella; el concepto de belleza que propone Shaftesbury requiere siempre una determinada actitud, una cierta ética de la libertad, cuando expresa, “las artes no podrían vivir más que en la libertad; dependen de ella.”

El pensamiento alemán del siglo XVIII se configura en una estética, una disciplina sustentada en los sistemas filosóficos correspondientes a cada momento de la historia de la humanidad, la cual ha aportado a la cultura universal una coherente estructuración teórica del desarrollo de las manifestaciones y esencia de lo bello en relación con la libertad, una unidad de lo estético con lo ético.

Inmanuel Kant es el primero en abordar de manera explícita las relaciones entre la belleza y la libertad. En su sistema fundamenta la especificidad de lo estético y reconoce la autonomía del arte, cuyo principio subjetivo será el sentimiento como facultad del sujeto, de ahí su concepto del juicio estético. Lo bello como generador de placer, como necesaria satisfacción, como placer desinteresado en sus relaciones con el gusto, revelado a través de la importancia que adquiere la imaginación:

Para decidir si algo es bello o no, referimos la representación, no mediante el entendimiento al objeto para el conocimiento, sino, mediante la imaginación, […] al sujeto y al sentimiento de placer o de dolor del mismo. El juicio de gusto no es, pues, un juicio de conocimiento; por lo tanto no es lógico sino estético, entendiendo por esto aquel cuya base determinante no puede ser mas que subjetiva.

Reflexiona sobre la subjetividad del gusto estético, ya que el fundamento de la determinación se basa en el sentimiento del sujeto y no en el concepto del objeto. De ahí que el gusto sea una expresión de la libertad, “tomado no reproductivamente, sino como productiva y creadora.” La concepción de su enfoque es subjetivo al considerar que las leyes son puestas por el sujeto en el objeto, realidad que es humanizada y transformada de acuerdo con su mundo interior. El juicio estético implica atribuir a la naturaleza una finalidad propia de acuerdo con la concepción de la libertad: “libertad sin la cual no es posible arte bello alguno, ni siquiera un gusto recto propio que lo juzgue.”

Le concede un lugar principal a la libertad; en su tesis el hombre que se acerca a la perfección es cada vez más libre, pues la conciencia del hombre en la búsqueda de los verdaderos valores lo hace más libre; este concepto lo traslada a la esfera del arte y a su concepción de la belleza como representación en el símbolo artístico de la libertad: “La libertad se manifiesta por la moral, por la vida; y también se manifiesta simbólicamente por la belleza. Es [la belleza] la representación simbólica de la libertad.” En esta obra el juicio teleológico culmina su examen estético, la capacidad de juzgar presupone los fines que el hombre le imprime a sus conocimientos, a sus creaciones, desde una perspectiva estética. Por ello expresó, “la finalidad estética es la conformidad a la ley de juicio en su conformidad” , es decir, ser una finalidad sin fin.

En su sistema estético lo bello tiene una relación más estrecha con la libertad, y lo expresa a través de un estructurado pensamiento filosófico que da respuesta a su concepto sobre las relaciones entre libertad y necesidad: en su concepción el hombre está determinado por una necesidad ética, no natural. La libertad se expresa además a través del libre juego de la imaginación: “la libertad de la imaginación consiste precisamente en que esquematiza sin concepto, debe el juicio del gusto descansar en una mera sensación de la mutua animación de la imaginación de su libertad y del entendimiento.” Sin embargo, tan esclarecedora tesis de la libertad como componente de lo estético, no implica la dimensión del conocimiento, ni lo histórico social; de ahí su limitación principal en cuanto a una estética de la libertad.

La libertad en su sentido más abarcador adquiere su plenitud en el pensamiento estético del siglo XIX como expresión del pensamiento político y revolucionario que caracterizó a esta época histórica. En el pensamiento estético alemán, los máximos aportes teóricos a una conceptualización de la estética de la libertad en este período se encuentran en las obras de F. Schiller y de J.G.F. Hegel.

Para Schiller, el hombre lleva en sí el germen de un hombre ideal que es representado por el Estado, donde la libertad y la belleza adquieren un carácter sensible. La unidad de la libertad y de la necesidad constituyen la esencia de su teoría del arte, coincidiendo con la concepción artística de Shaftesbury del ideal virtuoso y feliz, y con Kant, en cuanto a la relación de la libertad con el placer estético y la necesidad de un hombre libre; por ello expresa sobre la libertad: “Así, pues, la persona debe tener en sí su propio fundamento, pues lo permanente no puede brotar de la variación; así, tendríamos en primer lugar, la idea de ser absoluto, basado en sí mismo; esto es la libertad.” .

En la historia del pensamiento estético, la estética de Schiller es también calificada como “estética de la libertad, del instinto y del juego” ; sus conceptos se relacionan con la razón práctica, con la acción. De gran significación para el análisis de la libertad en el pensamiento estético moderno es el texto de Schiller, Cartas sobre la Educación Estética del Hombre, (1804), clásico estudio donde aparecen las relaciones de lo bello, racional y sensible, con la libertad y la educación estética del hombre. Se manifiesta en él un poderoso amor por la libertad, una profunda comprensión humanista del arte, como expresión de los presupuestos estéticos del Romanticismo, demostrado en sus creaciones literarias. El texto citado fue escrito en 1793, y su contemporaneidad con la Revolución Francesa justifica su contenido: para él lo político es la instancia donde se decide la suerte de la humanidad mediante la existencia de un Estado estético.

Según Schiller, libertad y Estado no pueden separarse, en él se establecen las libertades individuales y sociales, el Estado puede ser transformado por el hombre y el hombre tiene que ser transformado por este; el elemento transformador lo sitúa en el arte. La importancia de lo estético para Schiller reside en que a la libertad política se llega a través de la experiencia estética: “Porque es a través de la belleza que se llega a la libertad”, escribió; al respecto en sus estudios sobre Schiller, H. Marcuse, aseveró:

La estética clásica alemana concibió la belleza y la verdad en la idea de una educación estética del género humano. Schiller decía que el “problema político” de una mejor organización de la sociedad debe seguir el camino de lo estético porque es la belleza la que nos lleva a la libertad. Y en su poema “Die Knüstler” (Los artistas) expresa la relación entre la cultura existente y la futura, en los siguientes versos: “Was wir als Schönheit hier empfunden, wird einst als Wahrheit uns entgegengehn” (“Lo que sentimos aquí como belleza, se nos dará alguna vez como verdad”). De acuerdo con la medida de la verdad socialmente permitida y bajo la forma de una felicidad realizada, el arte es, dentro de la cultura afirmativa, el ámbito supremo y más representativo de la cultura.

Para Schiller la cultura estética considera la belleza como condición necesaria, y es objeto de la educación estética; el lugar privilegiado que ocupa la educación estética en su discurso constituye las bases de la significación práctica de la estética contemporánea.

Se armonizan en su sistema estético, la sensibilidad y el sentimiento por medio de la belleza, al calificar la belleza como “la sola expresión posible de la libertad en el mundo de los fenómenos.” Sobre belleza y libertad vuelve Schiller a reflexionar en su texto, Sobre la gracia y la dignidad, a propósito de sus estudios sobre la belleza en al arte clásico griego, y sus manifestaciones como expresión de la libertad.

Hay que considerar, pues, la belleza como ciudadana de dos mundos, a uno de los cuales pertenece por nacimiento y al otro por adopción; cobra existencia en la naturaleza sensible y adquiere la ciudadanía en el mundo inteligible. Así se explica también cómo el gusto, en cuanto facultad de juzgar lo bello, viene a situarse entre el espíritu y la sensorialidad y une estas dos naturalezas, que se desprecian mutuamente, en una feliz armonía; cómo logra para lo material el respeto de la razón y para lo racional la inclinación de los sentidos; cómo ennoblece las intuiciones convirtiéndolas en ideas y hasta transfigura en cierto modo el mundo sensible en reino de la libertad.

Avizora así en sus conceptos estéticos las más significativas aristas de las discusiones estéticas contemporáneas sobre la experiencia estética, la naturaleza del juicio estético en sus relaciones con la libertad. El interés por la armonía interior del hombre se expresa en la libertad moral, al considerar Schiller que el hombre se va construyendo en la interioridad de su espíritu, donde nace y se afirma el gusto, el sentido de lo bello y el vigor de la libertad; así relaciona la belleza con la libertad, y la necesidad de la responsabilidad estatal en la formación del hombre:

Pero, ¿cómo han de conciliarse los sentimientos de belleza y libertad con el austero espíritu de una ley que dirige al hombre más por el temor que por la confianza, que trata de separar en él lo que la naturaleza había reunido y que no le asegura el dominio sobre una parte de ser sino despertando su desconfianza hacia la otra? La naturaleza humana es en la realidad un todo más unido que como le es dado presentarla al filósofo sólo capaz de proceder por análisis.

Para Schiller, en la disposición hacia la estética del ánimo, se encuentra el origen de la libertad; esto se logra, a su juicio, por el impulso del juego , por medio de la experiencia estética, así proclamó que el hombre lo es verdaderamente cuando juega, en esta experiencia estética vislumbra el ideal de perfección que lo conduce a la libertad.

Conforma el sistema estético idealista de F. Schiller sobre la libertad el proclamar que, el arte es hijo de la libertad y recibe sus leyes de la necesidad de los espíritus, no de las imposiciones de la materia. Proclama que el arte es responsabilidad esencial de un estado estético con el fin de alcanzar la libertad: “El hombre culto hace de la naturaleza su aliada, así enaltece su libertad: totalidad de carácter ha de tener el pueblo digno y capaz de trocar el Estado de la necesidad por el Estado de la libertad.” Para Schiller, la libertad en la cual está la esencia de la belleza no es anarquía, sino armonía de leyes; no es capricho, sino máxima necesidad. Finalmente expresa que la unidad de la libertad y la necesidad se manifiesta a través de la confluencia de una necesidad racional y sensible: “[…] en la prioridad del impulso sensible encontramos la explicación de toda la historia de la libertad humana”.

El resultado de su obra está en tratar de resolver las contradicciones individuo-estado, y de encontrar una relación no contradictoria entre libertad y necesidad a través de lo sensible y de la razón por medio de la educación estética del hombre; al respecto Mario Gennari declara: “En la dimensión pedagógica, Schiller considera la importancia de una educación estética firme como vía única que puede conducir a la maduración espiritual completa […] propia del hombre estético, precisamente.” La función pedagógica de la belleza garantiza que el hombre se convierta en un hombre estético y en un hombre moral.

La estética de Schiller, es más objetiva en relación con el concepto de lo bello y su lugar en la evolución de la cultura del hombre y su liberación, que lo conduce a la necesidad de una libertad individual donde el Estado, como “estado estético”, es el máximo responsable de su formación y educación estética, la cual conduce al hombre a la libertad de la razón, de la moral y de la política; en esta propuesta pedagógica de Schiller, una educación estética segura es la vía que conduce al hombre a una completa madurez intelectual sobre la razón, la ética, el gusto y el sentimiento para concebir un hombre estético. A partir de esta concepción se funda un nuevo paradigma para la formación del hombre y la responsabilidad del Estado en esa formación, cuya trascendencia es tema de análisis de nuestros días.

Para Schiller, la belleza se expresa a través de la cultura estética, y el juego manifiesta su carácter racional y moral; lo estético conduce al hombre a la libertad de la razón, de la moral y de la política: la educación estética es la única vía para lograr ese hombre estético por medio del cual la belleza lo conduce a ser libre. Insta a la humanidad a lograr el estado estético sin el cual no es posible la libertad.

En el discurso estético de Hegel, su filosofía del arte es abordada en sus libros Filosofía del Espíritu (1807), Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas (1817) y Lecciones de Estética, (1835); en los mismos rinde tributo al pensamiento estético de Schiller sobre la libertad y la estética. En su concepto el contenido del arte se disuelve en la religión y en la filosofía; por ello lo considera sólo como un grado de liberación, no la liberación del espíritu. En su estética, la belleza es expresión de libertad, finalidad que se cumple en la emancipación de los intereses extra-artísticos, y encuentra su fundamento en el libre gusto de las formas. Su dialéctica en virtud de la autoconciencia toma por objeto al hombre como ser social, la historia y la sociedad, entendida como la trayectoria de la cultura de la humanidad; soluciones que responden a las motivaciones de su época, basado su idealismo en la razón absoluta que domina el ser y su fin, que culmina en el autoconocimiento.

Para Hegel, la libertad es la facultad superior que el hombre puede encerrar en sí mismo; sujeto y objeto deben encontrarse en plena libertad, pues sin este estado no surge lo bello, definido como “manifestación sensible de la idea” ; la libertad entonces se corresponde con un estado histórico social determinado, de ahí que el arte sea expresión de la libertad.

Es precisamente ese carácter de libertad que se pone de manifiesto en las creaciones, ―expone Hegel― lo que nos agrada del arte, porque la imaginación expresada en los objetos creados, es más libre y rica que la misma naturaleza; de ahí que valore al arte como un mediador entre la razón y la sensibilidad. Define el mundo de la naturaleza como el de la necesidad, y el mundo del espíritu como el de la libertad, esencial para el arte: “El arte es verdaderamente arte cuando es libre.”

La idea fundamental contenida en Lecciones de Estética (1835) es la libertad del espíritu como fin, bajo las formas de la belleza y su realización en el arte; el arte como expresión de la libertad histórico social determinada como fuente de conocimiento. Al respecto sitúa lo bello en relación dialéctica con las categorías de lo general y lo universal; en su concepción la estética tiene por objeto el imperio de lo bello como necesidad para expresar la libertad:

Lo bello es lo individual, en que se imprime lo general, lo universal. Es también la necesidad, pero una necesidad libre, sin coacción; entonces la libertad triunfa. Hasta en la belleza física la libertad aparece en la necesidad, pues es la regularidad, la conformidad a la ley, lo visible. Restringida a la razón, la libertad misma, a su vez, llega a ser necesaria.

El carácter libre de la creación es una necesidad espiritual, pues el arte que solo tiene por función el placer y el entretenimiento, es calificado de “arte esclavo”, que no es ni libre ni independiente. Por ello el objetivo de su Estética es el estudio de las manifestaciones del “arte libre en su fin y en sus medios” : un arte como expresión de la necesidad para la plena satisfacción del hombre. Esta concepción para Hegel resuelve la problemática de la finalidad del arte: colocarlo al lado de la religión y de la filosofía para expresar los intereses de la naturaleza humana. Aquí está su reconocimiento del arte como el producto de la actividad humana, y con ello da respuesta a su pregunta sobre la necesidad que tiene el hombre de producir obras de arte. Para Hegel, el arte posee una función cognoscitiva por su capacidad para hacer reflexionar al hombre, y de ofrecerle la posibilidad de escoger de la realidad y no de imitarla, le atribuye así una función ética, donde la libertad es condición sine qua non. La libertad para Hegel consiste en la facultad superior que el hombre puede poseer, es una libertad espiritual que solo pertenece a la esfera de la verdad absoluta donde se funde la necesidad con la libertad:

La libertad es el supremo destino del espíritu. Consiste en que el sujeto nada encuentra extraño, nada limitado en lo que se le ofrece frente a él, sino que en todo se reconoce él mismo. Es evidente que con esto la necesidad y el infortunio desaparecen. El sujeto se halla en armonía con el mundo y en él se satisface. Pero esta libertad es inseparable de la razón en general, de la moralidad, de los actos y de la verdad en el pensamiento. Aún cuando en el mundo del derecho la libertad sea reconocida y respetada, su aspecto relativo, exclusivo y determinado, se manifiesta en todo.

La concepción de Hegel sobre la libertad y la necesidad en interrelación dialéctica con la creación, sienta las bases teóricas de la polifuncionalidad del arte, y constituye el fundamento esencial para el estudio de la estética de la libertad en una etapa superior del desarrollo del pensamiento estético. En sus estudios sobre la finalidad del arte, sus tesis se relacionan con el concepto de libertad: primero, si el arte es objeto de imitación, concepto asumido en la historia del pensamiento estético, la copia siempre será inferior al original; se interroga Hegel “a qué viene reproducir lo que ya la naturaleza ofrece a nuestras miradas?” El segundo sistema, explica Hegel, es el del arte como expresión, representar lo interno: ideas, sentimientos, pasiones; teoría que califica de “falsa y peligrosa.” El tercer sistema se corresponde con el perfeccionamiento moral, de ahí su contribución a la reflexión, al elevar el pensamiento y los sentimientos; alerta sobre el verdadero fin del arte en su relación con la libertad: “Téngase cuidado sin embargo, de que al asignar al arte un fin extraño se le arrebata la libertad que es su esencia sin la cual no hay inspiración; no se le impida producir los efectos que de él se esperan.”

Es así que el verdadero fin del arte para Hegel, es expresar la libertad y la felicidad, para revelar lo bello, retomando la función purificadora que le otorgara el pensamiento de Aristóteles, y la educativa de Schiller: “hacer que la razón y la libertad salgan de su carácter abstracto.”

Reconoce la unidad de la necesidad y la libertad como esencia de la creación artística, ya que el hombre se hace libre en su actividad práctica al realizarse en la sociedad civil. Hegel le concede al arte un lugar esencial en el sistema de la cultura, y las relaciones de lo bello con la libertad constituyen la esencia de su estética. Excluye la belleza de la naturaleza, pues la sitúa esencialmente en el espíritu; de ahí una de las limitaciones de su sistema al prescindir de la naturaleza en la apreciación estética.

Durante la primera mitad del siglo XIX en Francia, los sentimientos de libertad motivados por la revolución burguesa se materializaron en la estética romántica. Alrededor de la categoría libertad se articuló el sistema estético y artístico románticos: individualidad del artista y libertad de creación, renuncia al academicismo clasicista que ahogaba el sentimiento artístico.

En este sentido fue decisiva la influencia del pensamiento de Rousseau por su insistencia en el tema del libre albedrío, su rechazo a la doctrina del pecado original y su preferencia por la subjetividad frente al racionalismo de Voltaire; Rousseau estableció el culto al individuo y a su libertad de pensamiento, a la idealización de la naturaleza mediante su “doctrina del buen salvaje”, la cual tuvo gran influencia en las creaciones artísticas de finales del siglo XIX. En su concepción de la libertad el hombre debe encontrarse a sí mismo, volver su atención al mundo de sus sentimientos, al estado de la naturaleza para que el hombre “viva en sí mismo”; impugna la razón que envilezca al hombre. Sólo a partir del Romanticismo, la naturaleza del hombre y de la sociedad comenzaron a ser protagonistas, considerados en su carácter transitorio.

El movimiento romántico posibilitó la expresión libre del temperamento del artista, bajo la concepción hegeliana de que es la libertad quien debe estimular la creación; el culto a la naturaleza como portadora de la belleza, bajo la tesis de que todo lo que es en la naturaleza lo es también en el arte. Así lo testimonió Víctor Hugo, artífice del romanticismo francés, quien alcanzó una clara comprensión de las relaciones de la libertad con el arte, como esencia del proceso creativo: “La libertad en el arte, la libertad en la sociedad, he aquí la doble meta a que deben tender todos a una los espíritus consecuentes y lógicos.” En su concepción estética la misión de la libertad consiste en perseguir la verdad artística como verdad histórica, y verdad de la imaginación.

El principio del arte para los románticos está en la libertad tomada de la naturaleza, aunque haya una verdad artística diferente de la verdad de la naturaleza, como expresión de la sociedad. A partir del Romanticismo y del movimiento poético francés finisecular, se producen importantes cambios en las concepciones estéticas sobre lo bello, por los cuestionamientos y las rupturas con la categoría de la belleza clásica, objeto de la estética tradicional, donde la libertad estética pasa a ser una de las categorías fundamentales en las reflexiones teóricas de lo estético, las que se manifiestan en las creaciones poéticas de los parnasianos y simbolistas franceses, y en la revolución estética presente en las Flores del mal, de Baudelaire .

En el contexto histórico de finales del siglo XIX, es el Modernismo hispanoamericano el movimiento más avanzado de su época en relación con la libertad de creación y de expresión, cuyo centro fundamental de traslada hacia América Latina, movimiento inspirado en las expresiones de los cambios estéticos experimentados por la poesía parnasiana y simbolista francesas finiseculares. Modernismo como búsqueda de modernidad para expresar el discurso colonizado, mediante la manifestación de la estética de la libertad como tendencia en la Modernidad en autores como José Martí y Rubén Darío.

Es en el pensamiento estético y político de José Martí, y en su acción práctica, donde se manifiesta la comprensión de la libertad y la creación como necesidad, sustentado en un latinoamericanismo que evolucionó hacia el antimperialismo; en el plano estético está representado por el Modernismo, y en su insistencia por la novedad está el fundamento del proyecto estético martiano sobre la libertad creativa. Para Iván Schullman, “Martí vislumbra la necesidad de un proyecto moderno alternativo, el de una contramodernidad regida por la virtud y el amor. Elabora una narración contracultural que modifica los componentes del discurso liberal y el proyecto de la modernidad burguesa. La otra modernidad, la estética, también se transparenta asimismo en sus crónicas.”

Su ensayo dedicado al poeta Walt Whitman, en 1887, proclama a la libertad como religión definitiva, en su significado etimológico: religión, religare, reunir hombres en torno a una idea y a una obra:

La libertad debe ser, fuera de otras razones, bendecida, porque su goce inspira al hombre moderno […] aquella paz suprema y bienestar religioso que produce el orden del mundo en los que viven en él con la arrogancia y serenidad de su albedrío. La libertad es la religión definitiva. La poesía de la libertad el culto nuevo.

Así en su artículo de 1884, “Maestros ambulantes” refiere que los hombres deben vivir en el goce de la libertad mediante el dominio de la cultura, coincidiendo así con los presupuestos estéticos de Schiller, pues un pueblo culto sería siempre un pueblo libre: “Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz […]. Ser cultos es el único modo de ser libres. […] Un pueblo culto será siempre fuerte y libre […] La educación es el mejor medio de salvarse de la esclavitud.” Concibió la libertad en primer término como una necesidad del sujeto, sustentada en una concepción ética y estética para llegar a la verdad y darle sentido a la vida. La libertad y el amor por la creación son las máximas necesidades para el individuo en su sistema estético, por ello, situó al arte y a la creación como fuentes de libertad, al respecto exclamó: “El arte no ha de dar la apariencia de las cosas sino su sentido […] ¡La justicia primero, y el arte después! Cuando no se disfruta de la libertad la única excusa del arte y su único derecho para existir es ponerse al servicio de ella. ¡Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera!”

Continua expresando Martí, cuando no se disfruta de libertad la creación es una forma de proclamarla y de defenderla, en ello se sustenta su pensamiento estético; así el proceso de creación es en ocasiones un placer, y siempre es agónico, materializado así en sus textos de Versos Libres, “sus guerreros”: “Tajos son de mis propias entrañas […] como las lágrimas salen de los ojos, y la sangre sale a borbotones de la herida […] mis versos van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre.”

Asume la concepción expresada por Oscar Wilde sobre la creación y la belleza, aunque no identifique lo bello solo con el ideal de belleza clásica: “A eso venimos los estetas, a mostrar a los hombres la utilidad de amor a la belleza” ; es esencial en este sentido su concepto sobre los cambios en esta concepción estética al considerar que no está el hombre obligado a imitar “perpetuamente” a un tipo de belleza: “de nosotros puede surgir el esplendor de una nueva imaginación y la maravilla de alguna nueva libertad.” La idea del cambio de paradigma de la belleza clásica es retomada en su crítica a los pintores impresionistas, ofreciendo un lugar destacado a lo feo, lo irónico, lo satírico, lo trágico, como expresión de lo estético:

Es por esencia trascendental el espíritu humano. Toda rebelión de formas arrastra una rebelión de esencias. […] natural unión de los ángeles caídos del arte con los ángeles caídos de la existencia. ¡Esas son las bailarinas hambrientas! ¡Esos son los glotones sensuales! ¡Esos son los obreros alcoholizados! ¡Esas son las manos secas de los campesinos! ¡Esas son las mujeres del gozo! […] De esas mozuelas abrutadas, de esas manos rudas de pescadores, de esas coristas huesudas, de esos labriegos gibosos, de esas viejitas santas, se levanta un espíritu de humanidad ardiente compasivo, que con saludable energía de gañán echa a un lado los falsos placeres y procura un puesto… [Sic].

Su capacidad de análisis de los fenómenos estéticos se manifiesta en los enfoques sobre los cambios en las concepciones artísticas de su época, entre ellos el Modernismo y el Impresionismo, y cómo se ha expresado el cambio del objeto de estudio de la estética; conceptos ofrecidos en su artículo dedicado al poeta cubano Julián del Casal, donde alude al Modernismo como “una familia de América”, una generación literaria que comenzó por “el rebusco imitado y está ya en la elegancia suelta y concisa, y en la expresión artística y sincera, breve y tallada […]. El verso para estos trabajadores ha de ir sonando y volando. El verso, hijo de la emoción, ha de ser fino y profundo, como una nota de arpa.” La creación libre para Martí es placer, plenitud espiritual, conceptos expuestos en diferentes ensayos; citemos, los dedicados a los poetas españoles “contemporáneos”, al arte amerindio, el prólogo de La Revista Venezolana, sus poemarios Ismaelillo y Versos Libres ;expresiones de la Modernidad implícitas en todas sus creaciones como testimonio de su estética de la libertad: “el arte sumo, es el que sabe sacar el alma de las cosas, producir con detalle la emoción de la armonía, inundar las entrañas del deleite.”

La Modernidad sitúa la problemática sobre la libertad en el vértice de los sistemas filosóficos y estéticos abordados en cuanto a las relaciones arte-libertad, y su trascendencia para el estado de existencia del artista y del arte. Se conforma así en el pensamiento moderno una concepción de la estética de libertad que encuentra sus expresiones como una tendencia en la estética de algunos autores como Shaftesbury, Kant, Schiller, Hegel, y J. Martí, esencialmente, las cuales aquí han sido reconstruidas.

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