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Griselda Lemiez (CV)
Instituto de Estudios Histórico Sociales "Prof. Juan Carlos Grosso"
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3.1  El poblado  “paternalista”

            La intervención del patrón en la vida de los trabajadores se realizó en un contexto donde la fábrica y la villa obrera quedaban fuertemente ligadas, y se constituyeron como un espacio pedagógico apto para la aplicación de las estrategias patronales. Ese conjunto de prácticas, que se aplicaron sobre la vida del trabajador para mejor rendimiento en el trabajo,  constituyen un programa de gestión de la mano de obra.1 Tal como afirma Sierra Alvarez,  el diseño del espacio de reproducción constituía un arma privilegiada de los patrones paternalistas,  y esa estrategia  se inscribía espacialmente: en ella espacio  y moral se unían causalmente. Las estrategias paternalistas se relacionan directamente con la ordenación del territorio, y la principal herramienta de los patrones será el poblado   o villa obrera que se convierte en un espacio  pedagógico.2 Existe una estrecha relación entre el programa a desarrollar, es decir, una política paternalista,  y el espacio donde el mismo se lleva a la práctica, en este caso la villa obrera. Los objetivos inmediatos del programa paternalista,  reside en la acotación de un espacio propio de intervención y de puesta en práctica de  técnicas  y procedimientos disciplinarios que encuentran intima relación con las obras sociales. Desde el punto de vista de los patrones paternalistas,  las obras sociales transformarían a las poblaciones obreras en un tipo especial de obrero, más útil y disciplinado. 3
Para poder profundizar el análisis del poblado paternalista como espacio pedagógico, resulta imprescindible describir el lugar y su particular distribución.
            La villa  von Bernard se encontraba muy próxima a la fábrica de cemento ubicada a unos 13 Km. de la ciudad de Olavarría. Se podía identificar dentro de la villa   tres zonas: en la  primera de ellas se encontraban las casas destinadas a  los  trabajadores  y sus familias, y el pabellón para solteros, en la segunda  habitaban los empleados jerárquicos, ingenieros y técnicos  de la fábrica y por último, un poco más alejada, se encontraba la casa o chalet que ocupaba el patrón con su esposa.
          La primer zona mencionada contaba, además, con la instalación de negocios de tienda, peluquería, librería, restaurante, almacén de ramos generales, carnicería, verdulería y panadería, así como un amplio  local para proveeduría, cedido sin cargo al sindicato obrero, provisto de refrigeración, estanterías y elementos complementarios. Dentro de la villa, también se encontraban parques artificiales, con plantas frutales cuidado y mantenido por  personal contratado por la fábrica.
            En la segunda zona que puede destacarse dentro de la villa obrera es la ocupada por los empleados y jefes de la empresa. Esta zona se encontraba ubicada entre la primera zona y la tercera, y estaba  integrada por casas destinadas al personal de mayor jerarquía. La residencia del patrón se encontraba en la tercera zona, alejada de la casa de los trabajadores y en uno de los sectores más vistosos de la villa, rodeado por un inmenso parque, árboles y plantas frutales, y muy próximo a la cancha de golf  y tenis. La  distribución del espacio ocupado por la villa obrera, nos permite analizar la relación  entre el diseño del poblado paternalista y  la transmisión de valores y hábitos que se desplegaban dentro de este   “espacio pedagógico.”
            El poblado de Calera Avellaneda, impresionaba por su moderna concepción urbanística y su diseño marcadamente funcional, donde  las diferencias estaban marcadas dentro del mismo espacio habitado  dividido en  zonas.     En el sector de la villa construida para el personal, las jerarquías sociales estaban bien reflejadas en lo espacial. En esa jerarquía social y espacial lo que realmente se extendía en el espacio eran las relaciones económicas de propiedad y posesión.
El espacio quedaba delimitado,  y la particular planificación en la construcción de la villa obrera, se define a partir de la distribución de sus habitantes, según el lugar ocupado en el proceso de trabajo. Es decir, la distribución poblacional, coincidía con el cargo que cada uno de los empleados ocupaba dentro de la empresa. Existe una contraposición entre los principios jerárquicos y los igualitarios que  plantea la empresa, cuando  las estrategias empresariales se ponen en práctica en espacios fundados en discursos que difunden la igualdad, pero que requieren necesariamente de la jerarquía.       
            Las condiciones materiales de las casas también señalaban la pertenencia a  una determinada condición social,  esas diferencias se observaban desde la construcción externa hasta las comodidades internas de las viviendas, sobre todo la del patrón, que era conocida por todos los integrantes de la villa obrera.  Desde lo exterior  vemos que las casas para los trabajadores son más pequeñas y con una construcción simple, comparada con las viviendas ocupadas por los empleados y jefes de la empresa. La mayor diferencia en cuanto a la construcción de las casas, la encontramos en la casa que ocupaba el  patrón y su esposa, conocida por los trabajadores como “la mansión del patrón”. Esta caracterización ya nos indica alguno de los rasgos que tenia esta vivienda. Era una casa muy grande  que, como  adelantábamos, estaba rodeada de un inmenso parque,  y ocupaba un lugar privilegiado en la villa por  su particular ubicación. Las diferencias materiales que resaltaba en la  construcción de las viviendas,  expresaban claramente un símbolo de distinción  y ubicación social.
            Se observa al mirar la planificación en la construcción de la villa obrera, una arquitectura que ya no esta simplemente hecha para vigilar el espacio exterior, sino para permitir un control interior articulado y detallado, por parte de la empresa, y que a su vez, marca las diferencias expresada desde lo material,  que son  visibles para quienes se encuentran dentro de la villa obrera.
            Tal como indican algunos vecinos, cada uno  sabía el lugar que le correspondía dentro de esta particular distribución espacial. Los chicos del barrio de los obreros jugaban entre si, pero se marcaba bien la diferencia con los integrantes del sector jerárquico, que por ejemplo, no enviaba a sus hijos a realizar actividades con los chicos de la villa, aunque por medio de otros espacios, como la escuela, se lograba una interacción constante entre las familias de las diferentes zonas  de la villa. 4

“Cada uno sabia bien el lugar que le correspondía,  no podías pasar por el sector donde vivían los jefes. Los chicos del barrio de los obreros jugaban entre si, porque hasta la década del 60´,  y más también, se noto bien la diferencia entre los sectores jerárquicos.  Había un parque para obreros y otro para el resto de los empleados y el personal jerárquico. Igual que las piletas, había una para cada grupo…” 5

            La búsqueda constante por parte de  la empresa de unir a todos sus empleados bajo una supuesta “gran familia empresarial”, el discurso desplegado por la empresa, se contradecía en algunos aspectos que pueden ser rescatados de los testimonios de quienes formaron parte de la villa obrera. Al respecto, se dice lo siguiente…

“Lo que estuvo siempre dividido, fue el barrio de los jefes… era como un tabú,  nosotros tratábamos no  ir… después se fue reacomodando, pero parecía que había un cerco que dividía  la villa.” 6

            El tema de la educación resulta interesante para poder equilibrar y enriquecer la relación entre la distribución espacial y jerarquización social, ya que las escuelas eran espacios de interacción ente hijos   y empleados de diferente jerarquía laboral. Había en la villa obrera una escuela primaria, y un jardín de infantes donde concurrían los hijos del personal  que vivía en la villa. La función educativa, iba dirigida en este caso, a un grupo de alumnos que compartían rasgos semejantes de un particular estilo de vida. Era también un punto de encuentro entre habitantes de la villa obrera, y también el lugar de intercambio entre los hijos de trabajadores (y del personal jerárquico) que compartían diferentes puestos de trabajo en la fábrica.
            Cabe señalar que la  escuela del poblado paternalista, Escuela N º 55 “Carlos von Bernard” se construyó en el año 1962  y comenzó a funcionar en el año 1963. Hasta ese entonces, los hijos de los trabajadores debían concurrir a la escuela   Nº 25  San Jacinto, que estaba ubicada a 3 Km. de la villa obrera. 7 La escuela contaba con varias aulas, dirección, biblioteca, galerías cerradas, un amplio patio con juegos, plantas,  mástil, y salón  de actos con escenario. El mantenimiento de la escuela  y del traslado de los docentes que vivían en Olavarría,  corría por cuenta de la empresa que además  obsequiaba a cada alumno en el día del ingreso escolar con útiles escolares, guardapolvo, zapatos  y medias.
            También había una Escuela de Orientación Profesional, que funcionó en el establecimiento de la  Escuela Nº 55 entre 1963  y 1966,  y  concurrían  personas adultas que no habían realizado sus estudios, tanto obreros como su familia. Esta Escuela contaba con un nivel primario, para adultos analfabetos, y también se enseñaba dibujo, dactilografía, electricidad y corte y confección. Allí también se perfeccionaban los obreros junto a sus hijos, preparándose para desempeñarse como artesanos de los talleres de la empresa, propiciando la integración del personal. En esta escuela colaboraban  con su enseñanza los empleados técnicos administrativos especializados. 8 Como en toda escuela profesional, se enseñaban oficios, por lo que iban los alumnos que solo tenían estudios primarios y otros que cursaban simultáneamente el secundario.
            El jardín de infantes Nº 5  también  funcionaba en el mismo establecimiento de la escuela y concurrían al mismo  todos los hijos de los empleados y obreros de Calera Avellaneda. 9 Otra dimensión para poder analizar el espacio pedagógico es la creación de un espacio privado, íntimo  y familiar  en cada vivienda obrera.
            Hay que tener en cuenta  que, dentro  de las prácticas  paternalista, se creía que con la vivienda modelo se trataba de arrancar al obrero de la taberna, lugar privilegiado de la sociabilidad, donde supuestamente el obrero gastaba el dinero que debía atender a su reproducción,  a la de su familia y de la cultura obrera, con el fin de retenerlo en el seno de la familia, unirlo a su alojamiento, hacérselo amar y, así, reconstituir el hogar obrero, reanudar el lazo familiar y el sentimiento de hogar. Al eliminar los espacios comunes, la vivienda unifamiliar debía asegurar, al fin, una cesura nítida y permanente entre lo público y lo privado. 10 La creación de un espacio de vida privada para el matrimonio y sus hijos, lo constituían algunos espacios de las viviendas como el patio  o el  lavadero de las casas:

“La calidad de vida que tenia Calera, ya para  la década del cuarenta, era increíble,  todas las casa de  tenían cloacas, agua fría y caliente, todas las casa, las de obreros, empleados, capataces y jefes. El baño que te construían era con todo, con bañera, lavatorio, todo estaba azulejado, con lavadero interno, las mujeres no tenían que salir afuera para poder lavar y construían las habitaciones de acuerdo a la cantidad de la familia. Habitaciones, lavadero, cocina y baño. Todo eso lo daba la empresa, pero aparte te regalaban la luz, porque la empresa tenia en la fabrica usina propia,  y te traían el carbón…”11

            Vemos que en Calera Avellaneda,  la empresa se aseguraba, por medio de la vivienda, que los obreros permanecerían más unidos al establecimiento que los empleaba. Tal como afirma Babiano Mora, dentro del modelo paternalista, la  vivienda adquiere así la función de disciplinar. 12
            Era una preocupación constante para los patrones, que en la vida del trabajador surgieran  problemas graves que incidieran sobre el trabajo o el orden social, por eso  era de vital trascendencia  controlar el uso del salario por parte del trabajador, gestionar su reproducción y la de su familia, y conjurar su autoorganización. A través del ejercicio del poder empresarial, y por medio de un esquema estratégico, la vida obrera se convertía en reproducción y el obrero en obrero modelo.13 Para ello, el espacio pedagógico se “clausuraba” respecto de espacios alternativos de socialización y politización, como las ciudades. La clausura se expresaba por medio de la distancia  y del apartamiento, como una forma de aislamiento de la ciudad.
            La villa obrera estaba alejada de la  ciudad d e Olavarría,  y  la reja que bloqueaba la  entrada de la villa, era abierta solo por  un sereno. Como revela este testimonio:

“Había una tranquera que se cerraba  a las 22 hs, hasta las 6 de la mañana, si alguno de la villa tenia que salir, o entrar, tocaba timbre y venia el sereno, que vivía en el primer chalet” 14  

            La necesidad de aislamiento que planteaba el modelo paternalista  se relaciona con el peligro que simbolizaba la constitución de espacios obreros segregados, que caracterizaban el desarrollo espontáneo de la ciudad del siglo XX. La necesidad de enfrentar el peligro latente de politización y de autoorganización gremial, fue lo que llevó  a la idea de la formación de grupos obreros que junto a sus familias, se encontraran viviendo alejados de la ciudad. Además, se creía que la coexistencia habitacional de diferentes grupos sociales, podría tener una influencia moralizante sobre el obrero. 15 Tal como hemos analizado, trabajadores y sus familias, jefes y el patrón eran reunidos en el poblado paternalista de Calera Avellaneda, aunque también estaban espacialmente separados, jerárquicamente ordenados.
            El aislamiento se fundaba en la posibilidad de autosuficiencia que caracterizaba a la villa obrera, donde se reunía los espacios de vida y trabajo de los obreros,  y donde estos, encontraban todas las cosas que necesitaban, partiendo por el trabajo, siguiendo por la salud, la educación y la recreación.

Una vez que llegué a la villa, la verdad que no sabés lo que fue, no te puedo explicar, porque era un lugar hermoso,  y la gente muy buena, solidaria, y además no teníamos que movernos a ningún lado porque teníamos todo ahí, más que nada para la juventud, teníamos para hacer deportes, para ir al cine, no necesitábamos ir a Olavarría, porque en la villa teníamos todo. Imaginate que además de la casa, que era una casa linda, cómoda, con todas las comodidades, teníamos gratis la luz, el gas, agua. Todo eso nos daba la empresa, gratis. Además podíamos asistir a la pileta de natación y practicar todos los deportes que quisiéramos…”16

            Como asegura Sierra Alvarez, el aislamiento es internalizado por los trabajadores a partir de la relación directa que tiene  con la autosuficiencia”: 17

“Teníamos todo en la villa, nos daban todo, desde el agua, la luz… hasta los bailes y otros entretenimientos, no necesitábamos salir de la  villa… ¿Para que? Si ahí teníamos…además los chicos estaban muy contenidos, vos no te precisabas mover de ahí, cuando empezabas a ser mas grande que empezabas a salir, de la villa no te movías porque en realidad tenias todo ahí, debe haber muy pocos casos como este, era un paraíso…” 18

            La empresa intervenía fuertemente en la villa obrera, sobre todo en la parte social, en una  búsqueda constante de crear pautas  y hábitos morales. La fábrica estaba tan presente en la vida de los trabajadores y las familias que vivían en Calera Avellaneda, en aquellos que integraban este espacio pedagógico  que, en el Salón de Actos de la escuela,  se había pintado un mural gigante, con la imagen de la fábrica, como para continuar  presente en cada  momento de la vida de la comunidad.
            La villa obrera von Bernard es recordada como un lugar casi soñado.
           
“Todos los recuerdos son muy lindos, en muy pocos lugares del país se puede hablar de una infancia tan sana y  segura. Fuimos un grupo de personas privilegiadas las que vivimos en Calera”. 19

            Los testimonios nos permiten ver como, el propio poblado, justificaba el aislamiento de la villa  a partir de la creencia  de una comunidad sana, segura  y en permanente contacto con la naturaleza. La política paternalista, ofreciendo a los trabajadores  los elementos materiales y morales necesarios para elegir quedarse y permanecer en ese lugar, facilitaron la formación de una creencia que rápidamente incorporaron los trabajadores y sus familias. Si la empresa les daba todo lo que necesitaban para vivir allí, no era necesario trasladarse hacia otro lugar, cuando se les ofrecía seguridad laboral,  y  se los alejaba de los supuestos peligros que traería vivir en la  ciudad.
            La noción optimista del aislamiento aparece en los discursos empresarios, como el mejor ámbito para constituir la “gran familia”:

“Una familia en un mundo ideal. Rodeada por profusa arboleda, la población anexa a la planta industrial en una pequeña ciudad que se abastece a si misma no solo en las necesidades materiales, sino también en su aspecto social y cultural. 20

            Para el año 1967, Calera Avellaneda S.A., se adhiere de la celebración del Centenario de la ciudad de Olavarría, de la siguiente forma…

“Calera Avellaneda, se asocia calurosamente al jubilo de la celebración del centenario de esta ciudad, donde logró realizar su planta industrial y reunir, en una villa modelo que cuenta con viviendas,  escuelas, comercios, asistencia médica y deportes, a la gran familia de CALERA AVELLANEDA S.A., siempre en avance hacia el progreso. 21

            La fábrica y  villa obrera se transformaron  en los espacios aptos  para implantar un modelo de organización, donde la transmisión de pautas morales se convertiría en un hábito constante. Se buscó y se logró construir una identidad local, reforzada con el discurso de “la gran familia”, que se caracterizaba por un fuerte sentimiento de pertenencia a la villa obrera: ser miembros de la villa, ser vecino del lugar, era un orgullo para quienes la integraban. Esta idea se reafirma con los testimonios que aseguran que “vivir en la villa obrera, era un privilegio”. 22 La transmisión de hábitos y valores  se llevará a la práctica desde diferentes  actividades sociales desplegadas en la villa obrera como veremos a continuación.

1 Sierra Alvarez, José. El obrero soñado. Ensayo sobre el paternalismo industrial (Asturias, 1860-1917). Siglo veintiuno editores, España, 1990, pág 3.

2 ídem, pág 102.

3 ídem, pág 73.

4 García Maribel: La villa von Bernard. Entre violetas, aromos y recuerdos.  Edición del autor, Olavarría año 2004, pág. 40.

5 ídem, pág 41.

6 Testimonio de un ex vecino de la villa obrera von Bernard: Carlos Tavernini,  Olavarría, 02/10/ 2006.

7 García, Maribel; ob. cit., pág. 76.

8 Cuando la villa obrera fue demolida en la década del 80´, la escuela Nº 55 se trasladó al barrio AOMA, ubicado a unos 5 Km. de la ciudad d Olavarría y adoptó el nombre con el que funciona actualmente: Escuela Nº 55 “Combate San Jacinto”.

9 Cuando la villa obrera fue demolida en la década del 80´,  el jardín  Nº 5 se trasladó a Loma Negra,  y adoptó el nombre con el que funciona actualmente: Jardín Nº 105.

10 Sierra Alvarez, ob. cit., pág 129.

11 Testimonio de un ex obrero de Calera Avellaneda y ex vecino de la villa obrera von Bernard: Alberto Soraisz, Olavarría, 06/02/2007.

12 Babiano Mora, José. Paternalismo industrial y disciplina fabril en España (1938-1958). Concejo Económico y Social. España, 1998,  pág. 90.

13 Sierra Alvarez,  ob. cit., pág 95.

14 Testimonio de un ex vecino de la villa obrera von Bernard y ex vecino de la villa obrera von Bernard: Alberto Soraisz, Olavarría, 06/02/2007.

15 Sierra Alvarez;  ob. cit., pág  109.

16 Testimonio de una ex vecina de la villa obrera von Bernard: Mabel  De Souza,  Olavarría,  02/10/2006.

17 Sierra Alvarez; ob. cit., pág  107.

18 Testimonio de una ex vecina de la villa obrera von Bernard: Mabel  De Souza,  Olavarría,  02/10/2006.

19 Testimonio de un ex obrero de Calera Avellaneda y ex vecino de la villa obrera von Bernard: Alberto Soraisz, Olavarría, 06/02/2007.

20 El Libro de Oro del Centenario de Olavarría, 1867-1967. Municipalidad de Olavarría. Copyright Ediciones Aniversario, 1968, pág .113.

21 Ídem, pág. 114.

22 Testimonio de un ex obrero de Calera Avellaneda y ex vecino de la villa obrera von Bernard: Alberto Soraisz, Olavarría, 06/02/2007.

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