Recordemos que el modelo de Paul M. Romer, de la universidad de Stanford conti-núa el modelo de Solow, pero introduce el “capital humano” como un nuevo factor de producción. Este “capital humano” sería una nueva forma de “acumulación de capital”. Habría tres diferentes clases de capital humano. El capital físico, que comprendería la coordinación y la resistencia del trabajador y que es medido a través de la inversión en nutrición, salud y otros similares; el Capital-educación, la que se adquiere en el sector formal de la educación o en la empresa y el Capital conocimiento científico, adquirido en la educación superior. La identificación del “capital humano” culmina la terrible degradación que el modelo neoclásico hace del ser humano, esta vez, al convertirlo en un simple factor de producción utilizado por el empresario en su afán se aumentar sus beneficios. Con esta percepción el ser humano, volvemos cien años en la historia, al taylorismo y al fordismo, para hacer de él, otra vez, una simple pieza del engranaje industrial, con el agravante de que ahora la degradación no sólo es práctica sino también teórica. Esto es algo que el del rechaza de plano. Pero la versión de Romer genera lo que se conoce con el nombre de Desarrollo Endógeno, insumo muy importante del modelo de Desarrollo Local Complementario, tal como lo veremos en el próximo capítulo.