La importancia que adquiere el término “nueva ruralidad” para el estudio de la agricultura, permite ver la diversificación que tiene el campo agricultor, en cuanto a las actividades que realizan los agricultores para una mejor condición de vida y la obtención de recursos económicos. El término no es nuevo, pero si ha permitido tener un mejor concepto de la agricultura y su espacio a través del tiempo, por lo cual es importante considerarlo dentro de la realización de este trabajo. Pues ello, permite considerar a la apicultura como una actividad más de desarrollo dentro del campo agrícola, ya que esta tipificada como ganadería menor.
En Europa a la nueva ruralidad, se le asocia con la aparición de las teorías del desarrollo (Grammont, 1992 cita a Gastellu y Marchal, 1997), obtiene fuerza después de la segunda guerra mundial con la creación de las organizaciones: Naciones Unidas (ONU), para la educación: UNESCO; para la agricultura: FAO; el Banco Mundial (BM); Fondo Monetario Internacional (FMI). Se consideró que los países pobres iban a ingresar a la modernidad siguiendo el camino de los países ricos con el apoyo de esas instituciones internacionales y la aplicación de las tecnologías modernas. El “desarrollo rural” era el objetivo de todos los gobiernos y de las instituciones internacionales. A su vez, en la academia se pasó de los “estudios agrarios” enfocados al problema de la tierra y de la producción a los “estudios rurales” que abarcan el conjunto de problemas presentes en el campo (Grammont, 1992).
Ahora se busca el resurgimiento y desarrollo del campo a partir de la diversificación de actividades para contirbuir al desarrollo, Gómez (2001) menciona que la ruralidad en términos tradicionales ha perdido vigencia. La industrialización de la agricultura y la urbanización de las comunidades rurales terminan con la versión tradicional de la ruralidad, pero no con esta. Lo nuevo es que se le presta atención a una realidad que antes se ignoraba o se pretendía ignorar.
A inicios de la década de 1990 en América Latina se empieza a hablar de la nueva ruralidad en el contexto del agravamiento de la crisis del sector agrícola y del proceso de integración de la agricultura latinoamericana en las negociaciones sobre la liberalización comercial. Esto con el propósito de redefinir las políticas públicas en el sector agrícola y rural como resultado de la globalización y principalmente el relacionado con las negociaciones multilaterales y bilaterales para incorporar al sector agrícola al proceso de apertura comercial (Grajales y Concheiro, 2009).
La virtud de la expresión “nueva ruralidad” es que implica la existencia de cambios importantes en el campo que parecen marcar una nueva etapa en su relación con la ciudad y la sociedad en general, tanto en el nivel económico como en el social, cultural y político. Viejos procesos desaparecen o se desgastan, otros cobran mayor amplitud como la plurifuncionalidad de la economía campesina, la etnicidad, el género, la ecología, la pobreza, el transnacionalismo; otros más aparecen con mucha fuerza en el escenario nacional (el microfinanciamiento, la multifuncionalidad del campo, el multiculturalismo nacional y el fortalecimiento de los municipios, la participación y la democracia) (Grammont, 1992).
Por su parte, Grajales y Concheiro (2009) mencionan que la multifuncionalidad de la agricultura empieza a ser un tema de relevancia en Europa y surge de manera casi simultánea con la noción de nueva ruralidad (NR) en América Latina, aproximadamente a inicios de la década de 1990. Actualmente se considera la importancia de las relaciones de lo rural con el entorno urbano. Es decir, la interacción de los pueblos y aldeas con la ruralidad, la conservación del patrimonio en recursos naturales como reflejo de la creciente preocupación por la protección del medio ambiente y la forma como los pueblos intermedios pasan a ser un componente de la ruralidad (Gómez, 2001).
Pero Grajales y Concheiro (2009) precisan que la nueva ruralidad, la multifuncionalidad de la agricultura y el desarrollo territorial constituyen tres nociones que destacan la emergencia de diversas corrientes críticas respecto de las concepciones tradicionales del mundo rural. Ese concepto considera al espacio como una cadena de lugares interconectados: para los productores y el territorio no es sólo el lugar (o los lugares) en donde se produce, sino también los lugares (los mercados) en donde se vende la producción; para los trabajadores no es sólo el lugar en donde se reside, sino los lugares (los mercados) a donde se migra para trabajar (Grammont, 2004).
Dentro de las diversas actividades que se realizan dentro del campo y la multifuncionalidad que se le empieza a reconocer, Grajales y Concheiro, (2009, citando a Pérez, 1990) mencionan que estas pueden ser: equilibrio territorial, equilibrio ecológico, producción de aguas limpias y conservación de sus fuentes, esparcimiento y recreo, usos agrarios no alimentarios, sumidero de contaminantes. La multifuncionalidad del campo, permitirá lograr un desarrollo sostenible y una reproducción más equitativa de la sociedad, promoviendo nuevas sinergias en territorios localizados donde se considere de gran importancia la organización del trabajo, a través de las unidades de producción familiar, las cuales dan valor a la eficiencia del conjunto de las actividades y no a una sola (Grammont, 1992).
Se considera el marco de la nueva ruralidad dentro del desarrollo de la agricultura, ya que se habla principalmente de la diversificación de las actividades que se pueden realizar, y potencializar Cardona, et al (2004:77) mencionan que el desarrollo no solo se define con la acumulación de conocimiento y capital físico en un territorio; sino, que se debe buscar crear e implantar los instrumentos para generar los procesos de ordenamiento social, y las instituciones, así como el marco regulatorio que ayude a potencializar las diferentes manifestaciones del capital en las regiones.
Por lo cual se menciona que las sociedades son desarrolladas en la medida en que el hombre logra de forma cabal satisfacer sus necesidades y renovar sus aspiraciones. Es decir, el proceso de desarrollo debe ser global, buscando la transformación de la sociedad a nivel de los medios, pero también alrededor de los fines; proceso de acumulación de ampliación del producto social y la configuración de ese producto. Con lo cual se busca relacionar la cuestión de la optima organización del mercado y la distribución económica, en función de la más eficiente asignación de los recursos y de una justa distribución de la riqueza (Cardona, et al, 2004).
Helmsing (2001) considera que actores e instituciones locales pueden tener mayor efecto y eficiencia, si están dispuestos a explorar externalidades locales (tanto a las generadas en el mercado, como aquéllas generadas a través de una acción conjunta), teniendo la voluntad y la capacidad de aprender y explotar las ventajas de aprendizaje colectivo, siendo capaces de organizarse socialmente en sistemas de coordinación económica y de apoyo institucional, generando una mayor racionalidad sistemática. Por lo cual la organización económica territorial es un recurso adicional, en particular para las pequeñas y medianas empresas (PYMES); el desarrollo económico local maneja dos proposiciones centrales; a) el intercambio de conocimientos tácitos que requieren proximidad espacial (organizacional y cultural) y b) hace referencia al contexto territorial de los procesos de aprendizaje colectivo.
Un medio que complemente las diversas funciones referidas es el ambiente económico local, el cual, representa un proceso de aprendizaje colectivo y su efectividad dependerá de la movilidad de los recursos humanos, así como la interacción entre actores locales generando redes informales, Helmsing (2001), menciona a Maillat (1995 y 1998) quien dice que el medio debe tener ciertas características, teniendo un conjunto de actores como empresas, institutos de investigación y entrenamiento, gobiernos locales y todos deben tener una cierta autonomía en la toma de decisiones estratégicas, ya que ello conlleva a un crecimiento económico de las regiones, lo que requiere de un cambio completo en las estructuras industriales, vinculadas entre si, mediante relaciones de cooperación y de división del trabajo (Cuervo y Morales, 2009).
El desarrollo económico se produce como consecuencia de la utilización del excedente generado localmente y de la eventual atracción de recursos externos, así como la incorporación de las economías externas ocultas en los procesos productivos, para neutralizar las tendencias al estado estacionario es preciso activar los factores determinantes de los procesos de acumulación de capital, como son la creación y difusión de las innovaciones en el sistema productivo, ya que los procesos que determinan la productividad es la interacción de una organización flexible y la difusión del conocimiento (Vázquez-Barquero, 2000).
Un reto para el sistema productivo y empresarial, son las nuevas formas de regulación de la economía y la sociedad. Lo cual, lleva al aumento de la competencia en los mercados, ajustando los procesos, los productos y la organización ocasionándoles menores costos con la introducción de la innovación, que siempre son el resultado colectivo de la cooperación tácita de las empresas. Que da como resultado un incremento de la productividad y de la competitividad en las economías locales; los sistemas de empresas locales y las relaciones entre las empresas son uno de los mecanismos a través de los que se producen los procesos de crecimiento y cambio estructural en las economías locales y regionales, ya que generan rendimientos crecientes, convirtiendose en potencialidades de desarrollo económico local (Vazquez- Barquero, 2000).
Por su parte, Furió (1994) mencionó la necesidad de un diagnostico sobre las fuerzas y las debilidades de un territorio, los incentivos posibles de su desarrollo, los medios para clarificar estas opciones, aunque una cosa es pretender desarrollar un territorio de un modo integrado o, incluso, exclusivo, y otra es tener los procedimientos de análisis y de actuación apropiados.
Se parte de lo anterior para resaltar la importancia de la formación de organizaciones y sociedades para el logro de propósitos, por medio de valorar el desarrollo de la agricultura, con las nuevas formas de trabajo y la diversificación de las actividades en el medio rural, lo que permite alternativas y posibilidades de desarrollo, para las personas involucradas en las actividades a realizar por medio del trabajo colectivo.
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