CIENCIA Y TECNOLOGÍA PARA EL DESARROLLO DE LOS PAÍSES POBRES

Hans W. Singer (1910-2006)

Este ensayo deriva sobre todo del Manifiesto de Sussex 1970. El material tomado de este documento se ha usado con permiso de los otros miembros del grupo (Charles Cooper, Christopher Freeman, Geoffrey Oldham, Oscar Gish, Stephen Hm, R. C. Desai) y de las Naciones Unidas. Otras partes del ensayo han sido tomadas de una conferencia que pronuncié en. febrero de 1973 en el Institut für Weltwirtschaft de la Universidad de KieI.

 

Hasta hace pocos años, nadie habría dudado que el desarrollo enorme del poderío tecnológico del mundo, tanto de la ciencia (conocimiento del por qué) como de la tecnología (conocimiento del cómo), ofrece grandes ventajas para los países pobres de hoy que llegan a un proceso de desarrollo ya avanzado. Entre mayor sea la acumulación de los conocimientos, más fácil deberá volverse el desarrollo.

En efecto, los acontecimientos parecían prestar un apoyo firme a esta concepción aceptada prácticamente por todos los economistas. Alemania y los Estados Unidos se desarrollaron con mayor rapidez que el Reino Unido, el país pionero de la revolución industrial. A su vez, Rusia, Argentina y el sur de Brasil, parecían ponerse al corriente rápidamente, como ocurrió también un poco más tarde con Australia y Canadá. Inclusive el crecimiento de los países pobres de hoy resulta, en general, muy rápido de acuerdo con las normas históricas, con tasas de crecimiento del PNB que fluctúan entre 5 y 6 por ciento. Si esto no se traduce en aumentos correspondientes del ingreso per cápita, ello se debe a las tasas de crecimiento demográfico más rápidas que las afrontadas por los países ricos de hoy en cualquier momento de su historia, cuando además tuvieron canales de emigración que no están abiertos a los países en desarrollo de hoy. El rápido crecimiento demográfico es un problema diferente, si bien para lo que ahora nos interesa podríamos meditar en que la reducción de las tasas de mortalidad forma parte de ella misma del efecto de la tecnología de los países ricos: en este caso la tecnología de la salud.

Pero ahora se reconoce cada vez más que ni siquiera las tasas de crecimiento del PNB de 5 por ciento, 6 por ciento o más, representan un desarrollo real, independientemente de que una gran parte de ese crecimiento es absorbida por el incremento de la población. Ahora es claro que el rápido crecimiento de la producción puede ir acompañado, y de hecho va acompañado, del empobrecimiento creciente de grandes grupos de la población, de un rápido incremento del número de personas que viven por debajo de cualquier nivel de la pobreza aceptable, del aumento del subempleo, y de una incapacidad general del proceso de desarrollo para involucrar a una parte mayor de la población. En consecuencia, me parece que no podemos dejar de afirmar que no vemos, en general, un desarrollo satisfactorio en los países pobres, y esto a pesar de la acumulación sin precedentes del conocimiento del por qué y del conocimiento del cómo. ¿Por qué ocurre esto?

Mi tesis es que ello se debe precisamente a la acumulación de la ciencia y la tecnología, o mejor dicho a la naturaleza específica de esta acumulación. Es por ello que vemos tales fracasos generalizados del desarrollo real entre los países que llegan más tarde, contra el optimismo irreflexivo de otras épocas.

Esta tesis puede ilustrarse mejor señalando dos desproporciones notables. La primera desproporción puede advertirse en el hecho de que, con una tasa de crecimiento demográfico por lo menos tres veces mayor que la de los países ricos, los países en desarrollo de hoy deben crear -por millón de habitantes- tres veces más empleos nuevos; pero deben hacerlo con recursos que apenas llegan tal vez a un vigésimo o menos del total de los recursos de los países ricos. Esto significa que los recursos por empleo requerido apenas llegan a un sexagésimo o menos. Esto significa a su vez que, si los países en desarrollo de hoy trataran de crear empleos de la misma clase y con la misma tecnología que los empleos de los países ricos de hoy, sólo un sexagésimo de sus nuevos buscadores de empleo, o sea menos de 2 por ciento, se emplearían en efecto con normas "modernas". El resto, más de 98 por ciento, permanecería desempleado. Por supuesto, la situación real no es tan sombría. Un número mucho mayor de los empleos se encontrará en los sectores rurales y otras ocupaciones que requieren menos capital por empleo, y la tecnología usada inclusive en trabajos similares será, en muchos sentidos, menos intensiva en capital y por lo tanto requerirá menos recursos. De todos modos, nuestro ejercicio numérico se aproxima suficientemente a la forma en que ocurren las cosas en los países en desarrollo de hoy para resultar significativo.

La otra desproporción puede observarse en la distribución actual de la creación de conocimientos y tecnología nuevos entre los países ricos y los países pobres. Aquí afrontamos la dificultad de que la "creación de nueva ciencia y tecnología" no es directamente medible. Sin embargo, como ocurre a menudo en la economía -por ejemplo en las estadísticas del ingreso nacional, donde no podemos medir el producto total de algo-, es posible que resulte medible el in sumo o el costo total requerido por la producción. Por ejemplo, en las estadísticas del ingreso nacional, no podemos medir realmente la producción de los empleados públicos o de los profesores universitarios, de modo que utilizamos en su defecto los sueldos que se les pagan. En esta forma utilizamos cifras de insumo como aproximaciones de las cifras de producto. Esto lo hacemos sin preocupamos mucho, aunque sabemos perfectamente que un buen empleado público o profesor universitario puede valer para su país mucho más que lo indicado por su sueldo, mientras que un empleado público o un profesor malos pueden hacer una aportación fuertemente negativa.

También en la creación de ciencia y tecnología podemos medir en principio, y cada vez más en la práctica igualmente, los insumos aportados por los países. Tales son los llamados gastos de IDE -investigación y desarrollo experimental- que incluyen la investigación básica y aplicada, al igual que el desarrollo piloto y de prototipo, anteriores a la realización de la inversión. A estos gastos deben añadirse los gastos para la infraestructura necesaria de los servicios científicos y tecnológicos: laboratorios con su equipo, institutos de investigación, oficinas de patentes, laboratorios científicos y tecnológicos, instituciones de adiestramiento, etcétera. Los países ricos de hoy, que albergan a menos de un tercio del total de la población mundial, realizan cerca de 98 por ciento del total de los gastos de IDE. Lo mismo se aplica a los gastos para la infraestructura científica y tecnológica. Los países pobres, que albergan a más del doble de la población de los países ricos, sólo realizan uno por ciento de tales gastos. En términos per cápita, tenemos aquí una desproporción de más de 200: 1, más notable aún que la de 60: 1 aplicable a los recursos disponibles por empleo requerido.

Lo importante de la tesis expuesta aquí es que estas dos disparidades se conectan estrechamente entre sí; en efecto, son dos caras de la misma moneda. En conjunto, comparten la falsedad de la pretensión optimista de que existe una simple acumulación de ciencia y tecnología que favorece a quienes recién llegan al desarrollo. En virtud de que 99 por ciento de la creación total de nueva ciencia y tecnología se encuentra en los países ricos, esto representa naturalmente un sistema de solución de los problemas de los países ricos por métodos adecuados a las circunstancias y requerimientos de los países ricos. El extenso predominio de la nueva ciencia y tecnología de los países ricos asegura también que lo poco que se hace en los países en desarrollo no llega a la escala mínima en que podría resultar efectivo, y que los científicos y tecnólogos, como miembros de la comunidad científica, aceptarán las definiciones de los problemas prioritarios y los métodos adecuados dados por ese 99 por ciento de sus colegas que viven en los países ricos. En todo caso, ellos mismos han sido adiestrados en esa imagen. El resultado es una tecnología internacional que conduce a una situación donde el crecimiento se concentra en un pequeño sector moderno, mientras que los recursos de los países pobres, como lo reveló la primera disparidad, son insuficientes para difundir la participación en el crecimiento sobre algo más que una minoría de la población y convertir así el crecimiento en desarrollo real.

Esto puede presentarse en otra forma: es falsa la imagen de una simple acumulación de conocimientos, un núcleo creciente que puedan aprovechar quienes llegan después. Lo que vemos se parece mucho más a una corriente que a la mera acumulación. La nueva ciencia y la nueva tecnología se crean en un extremo, pero desplazan a la ciencia y la tecnología previamente existente. Localizado en los países ricos con su búsqueda dinámica de nuevos conocimientos y sus requerimientos, prioridades y dotaciones de factores amplia y crecientemente diferentes, no es sorprendente que el conocimiento desplazado o sumergido en un extremo pueda ser más útil para los países en desarrollo que el conocimiento nuevo agregado en el otro extremo. Por lo tanto, no es en modo alguno claro que desde el punto de vista de los países pobres del mundo haya en efecto una acumulación de conocimientos en sentido real.

La fuga de cerebros es quizá la expresión más clara y más visible del gran efecto social de la vasta concentración de la ciencia y la tecnología en los países ricos sobre los países pobres. La tendencia de científicos y tecnólogos a migrar de los países pobres no se debe sólo a la atracción de los sueldos más altos, sino también a las ventajas interculturales que representa para un científico o un tecnólogo el hecho de tener contacto con una comunidad científica mucho más amplia y de verse adecuadamente apoyado por una amplia infraestructura de equipo, laboratorio y facilidades de publicación, asistencia, etcétera. La fuga de cerebros, de los países pobres a los países ricos, es claramente contraria a las prioridades mundiales que requieren más hincapié, no menos, en los problemas de la mayoría de la humanidad que vive en los países pobres, y una distribución más equilibrada, no menos, del trabajo del IDE entre los dos grupos de países. También es directamente perjudicial para los países en desarrollo, por cuanto están perdiendo su escasa élite intelectual y todos los costos del adiestramiento y la educación incorporados en ella.

Sin embargo, debemos precisar esta última aseveración. Mientras que la fuga de cerebros -yo preferiría llamarla la fuga externa de cerebros- es muy visible y medible porque involucra el movimiento de personas por medio de las fronteras nacionales, la fuga de cerebros más importante puede ser la que yo llamaría fuga interna de cerebros. Entiendo por tal la tendencia de los científicos y tecnólogos de los países pobres a comportarse como miembros de la comunidad científica internacional que tiene su centro de gravedad en los países ricos. Si queremos un Premio Nobel o el reconocimiento de nuestros colegas, o aun que nuestros artículos se publiquen en las revistas profesionales más prominentes debemos trabajar en las "fronteras de la ciencia". Pero son los países ricos los que deciden dónde se encuentran las "fronteras de la ciencia". Entre paréntesis podríamos agregar que, además de la fuga externa e interna de cerebros, existe lo que yo llamo la fuga fundamental de cerebros. Esta es la incapacidad de los cerebros humanos para desarrollarse hasta su potencialidad total por efecto de la desnutrición de los infantes en el período decisivo que va desde los nueve meses hasta los tres años de edad (cuando debe desarrollarse la mayor parte del cerebro humano). En virtud de que el desarrollo del cerebro es el desarrollo de la síntesis proteínica, depende decisivamente de la nutrición, y la gran mayoría de los niños de los países pobres -que a su vez constituyen la gran mayoría de todos los niños que nacen en el mundo de hoy- no reciben suficientes calorías y proteínas en la dosificación adecuada para garantizar el desarrollo pleno del cerebro. Esta combinación de fugas de cerebros -externa, interna y fundamental- representa un obstáculo al desarrollo mucho mayor que los límites de los modelos neoclásicos como son: ahorro, inversión, divisas, etcétera. (NOTA: Recordamos aquí lo que tan brillantemente ha subrayado Leibenstein en el sentido de que la eficacia de la asignación, que tanto preocupa a las escuelas de pensamiento prevaleciente entre los economistas, es mucho menos importante que lo que el propio Leibenstein llama "eficacia X".) Ciertamente, esas fugas deben volvernos suspicaces en extremo acerca de las supuestas ventajas para los países que llegan más tarde al desarrollo.

Aparte de la fuga de cerebros, otro efecto social desfavorable para los países en desarrollo que podemos identificar con claridad es el considerable esfuerzo científico y tecnológico destinado al desarrollo de sustitutos sintéticos que remplazan a las materias primas naturales de las que dependen los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo. No importa tanto la existencia de tal investigación y desarrollo experimental como el hecho de que no se equilibre con esfuerzos correspondientes hacia el mejoramiento de los productos naturales o de otros productos locales de los países en desarrollo. En general, es cierto que nuestro poderío tecnológico ha aumentado hasta el grado de que podemos considerar la maquinaria de la IDE como una industria establecida cuyos productos dependen de los insumos en forma más o menos previsible. Supongamos el caso de una fábrica, de zapatos, en la que si introducimos en un extremo las pieles y los materiales de curtimiento, el equipo y la mano de obra, etcétera, obtendremos zapatos en el otro extremo, en el caso de la industria de IDE podemos suponer que si introducimos ciertos problemas en un extremo obtendremos en el otro extremo la solución de estos problemas. Si quienes ahora se encuentran en situación de tomar estas decisiones consideran adecuada y rentable la introducción en la maquinaria de la IDE del problema del café sintético, el cacao sintético, o el té sintético, que sea idéntico al producto natural o aun superior a él, no dudamos que tales sustitutos sintéticos se obtendrán a su debido tiempo. Pero casi no necesitamos subrayar lo que esto significará para las economías de países como Kenia que depende del café, o como Ghana que depende del cacao, o como Ceilán (Sri Lanka) que depende del té. Lo importante es que las decisiones acerca de los problemas que deban introducirse a la maquinaria de la IDE se toman en los países ricos a la luz de sus prioridades y requerimientos.

LA BRECHA ENTRE LAS POTENCIALIDADES Y LAS REALIZACIONES

¿Cuáles son los elementos principalmente responsables del efecto limitado que ha tenido la ciencia y la tecnología en los países en desarrollo? Tales elementos son:

    a) La debilidad de las instituciones científicas de los países menos desarrollados;

    b) El "peso" y la orientación de la ciencia y la tecnología de los países avanzados y su efecto sobre los países en desarrollo;

    c) Los problemas del acceso de los países en desarrollo a la ciencia y la tecnología mundiales;

    d) Los obstáculos derivados del propio subdesarrollo para la aplicación de nuevas tecnologías.

 Sin embargo, hay un factor adicional que debe tenerse presente. Esta es la naturaleza muy sesgada de la actual división internacional del trabajo en el campo de la ciencia y la tecnología. Podemos dar algunas orientaciones cuantitativas gruesas a la distribución internacional de los esfuerzos de IDE.

CUADRO 1
Distribución de los gastos de IDE en el mundo
(excluidas las economías de planificación central)

Grupos de países

Estados Unidos

Otras economías de mercado desarrolladas

Países en desarrollo

Porcentaje del gasto mundial

 

70

28 

2

FUENTE: Cálculo basado en datos de la OCDE para las economías de mercado desarrolladas; en datos de la UNESCO y de la Unión Panamericana para las economías en desarrollo.

El Cuadro 1 indica que 98 por ciento del gasto de IDE fuera de los países socialistas se realiza en las economías de mercado desarrolladas. Es posible que los países en desarrollo tengan una participación un poco mayor en el gasto mundial en Servicios Científicos y Tecnológicos (SCT), ya que el gasto proporcional en SCT que no es de IDE es probablemente mayor en los países en desarrollo que en los países desarrollados. Es posible también que el porcentaje de la mano de obra mundial en IDE sea mayor en los países en desarrollo que el porcentaje de su gasto, porque los gastos en IDE por científico

(incluidos los sueldos pagados) son típicamente mucho menores que en los países desarrollados. Por último, los gastos en IDE de las economías de planificación central, de los que no disponemos, deberán incluirse para completar el concepto mundial. Sin embargo, no creemos que estas precisiones modifiquen en gran medida la situación presentada en el cuadro.

CUADRO 2.
Distribución porcentual del gasto en IDE de los países de la OCDE por grandes objetivos
1964

Energía atómica

Espacio

Defensa

Subtotal

Económicos

investigación fundamental y de bienestar

Problemas específicos de los países en desarrollo

7

15

29

51

26

22

1

FUENTE: Datos de Ía OCDE que aparecen en The Overall Level and Structure of R & D Efforts in OECD Member Countries (París. 1967).

La división internacional del trabajo en el campo de la IDE se ve profundamente influida por los objetivos políticos y económicos nacionales de los países avanzados. En el Cuadro 2 aparece la distribución de los gastos de IDE en las economías de mercado desarrolladas por grandes objetivos.

Aunque las economías de mercado desarrolladas hacen ciertos gastos en IDE relacionada con problemas específicos de los países en desarrollo, de acuerdo con los datos disponibles (tomados del International Statistic Yearbook for R & D de la OCDE), tales gastos son muy pequeños, ya que no llegan siquiera a uno por ciento del gasto bruto en investigación y desarrollo experimental en todos los casos.

El sesgo extremo del gasto mundial en IDE y de los esfuerzos de la ciencia y la tecnología, así como su orientación hacia ciertos grandes objetivos de los países avanzados, tienen en realidad algunos efectos benéficos de "dispersión" sobre los países en desarrollo. Pero en general son responsables de la operación de los siguientes factores específicos que explican la existencia de diferencias entre la realización efectiva y la potencialidad del avance tecnológico para el desarrollo económico del Tercer Mundo.

1. LA DEBILIDAD DE LAS INSTITUCIONES CIENTÍFICAS DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO

El análisis global de la distribución internacional del gasto en IDE revela que, en general, los países en desarrollo destinan asignaciones muy pequeñas a estas actividades.

Al mismo tiempo, existe una fuerte sospecha en el sentido de que el gasto mínimo de los países en desarrollo es también menos productivo que las actividades de los países avanzados concentradas en la IDE. Tal gasto es menos productivo desde el punto de vista científico en el sentido de que la generación de resultados significativos parece pequeña en relación con el insumo de recursos; es menos productivo en sentido económico porque el trabajo científico en cuestión tiene a menudo escasa importancia económica o social para los problemas

propios del país y también porque la tasa de aplicación de los resultados es baja. Inclusive el magro esfuerzo desarrollado ahora por los países en desarrollo en el campo de la IDE rinde beneficios no óptimos para los países involucrados.

La baja productividad es en parte una consecuencia de los problemas de organización de la ciencia en los países en desarrollo. La investigación universitaria se ve con frecuencia desplazada por las pesadas cargas de enseñanza y consultoría; el trabajo aplicado en los institutos gubernamentales padece por falta de financiamiento, papeleo y falta de coordinación entre los departamentos del gobierno, inclusive dentro de ellos. Aun cuando existe una concentración aparente de los recursos científicos, por ejemplo en la agricultura, esto oculta una realidad donde el total de la actividad de investigación se reduce a gran número de proyectos pequeños que guardan escasa relación entre sí.

La debilidad de las instituciones científicas de los países en desarrollo se extiende a las actividades de exploración, comprobación y recolección de datos. También se refleja en la escasez general de personal científica y técnicamente preparado en las actividades productivas. Por último, se supone generalmente que una de las razones inmediatas de la escasa aplicación de los resultados científicos es la debilidad de las instituciones de extensión y de servicio de los países en desarrollo.

Estas observaciones sugieren que, cuando se toman en cuenta los factores cualitativos, el uso efectivo de los recursos de la ciencia y la tecnología aparece más sesgado aún que lo sugerido por la distribución internacional de los recursos, y que los países industrializados ejercen un predominio enorme. Pero no termina aquí el asunto. El gran peso de la ciencia de los países avanzados, así como su calidad superior, tienen efectos decisivos para los países en desarrollo.

2. EL PESO Y LA ORIENTACIÓN DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA DE LOS PAÍSES AVANZADOS Y SU EFECTO SOBRE LOS PAÍSES EN DESARROLLO

 La ciencia y la tecnología de los países avanzados afecta a los países en desarrollo en tres formas principales, a saber: 1) la "fuga interna de cerebros", 2) la "fuga externa de cerebros", y 3) la composición del acervo de conocimientos y sus consecuencias económicas.        .

Las instituciones científicas de los países en desarrollo son débiles; en particular lo son las instituciones de planificación y elaboración de políticas referentes a la IDE y los SCT. Además, como veremos más adelante, es muy escasa la demanda o la percepción de la necesidad de ciencia y tecnología en el conjunto de la sociedad. En consecuencia, son débiles las influencias locales sobre la orientación de la ciencia y la tecnología en lo países en desarrollo.

En estas circunstancias, el peso y la orientación del esfuerzo científico mundial tienen una influencia preponderante sobre la forma en que la ciencia se desarrolla y se orienta en los países en desarrollo. Muchos observadores han señalado cómo tienden a formar un "enclave" las actividades científicas y tecnológicas de los países en desarrollo.

Además, es claro que, aun en las ciencias fundamentales, la orientación de la ciencia en los países avanzados se ve fuertemente influida por los grandes objetivos nacionales a los que se ligan estrechamente los esfuerzos científicos de los países avanzados: objetivos como los de la defensa, la exploración espacial, el desarrollo de la energía atómica, etcétera. (Véase el Cuadro 2.) Por implicación, la orientación de la ciencia en los países menos desarrollados se ve a menudo influida y determinada por objetivos externos a los países mismos y que tienen poco que ver con los requerimientos del desarrollo. En algunas ocasiones, las actividades de ayuda de los países avanzados relacionadas con la ciencia en los países menos desarrollados han reforzado estas tendencias contradictorias.

El resultado es un fenómeno al que llamaremos "la fuga interna de cerebros"; por virtud de este fenómeno, una parte considerable del trabajo científico realizado en los países en desarrollo, además de encontrarse mal financiado y deficientemente organizado, resulta inaplicable al ambiente en que se desenvuelve.

3. LA "FUGA EXTERNA DE CEREBROS"

Una consecuencia más inmediatamente perceptible del desarrollo intenso de las actividades científicas y técnicas en los países avanzados es el rápido crecimiento de la demanda de trabajadores científicos que genera: la "fuga externa de cerebros" es estimulada sin duda en gran medida, por este crecimiento de la demanda. Por tanto, la "fuga externa de cerebros" debe asociarse también a la incapacidad de las instituciones científicas de los países en desarrollo para absorber y utilizar trabajadores científicos.

La migración a gran escala del personal altamente calificado, de los países en desarrollo a los. países desarrollados, es de origen reciente. Pero es posible que el volumen (neto) de tal movimiento se aproxime ya a la suma de 40 000 al año, o sea una cifra mayor que la del movimiento de personal de asistencia técnica de los países desarrollados a los países en desarrollo. Bajo las actuales condiciones, es probable que esta "fuga de cerebros" aumente durante el decenio próximo. El Departamento del Trabajo de los Estados Unidos calculó que entre 1965 y 1975 entrarían a ese país 380000 profesionales (y cerca de 600 000 trabajadores de nivel medio). Una proporción considerable de ese total provendría de los países en desarrollo, mientras que otras decenas de millares estarían emigrando a otros países desarrollados.

La producción del tercer nivel educativo aumenta en los países en desarrollo a una tasa dos o tres veces mayor que la del crecimiento económico total; en algunos países, la diferencia es considerablemente mayor. Si no se encuentra algún conducto para adecuar las posibilidades de empleo de los preparados al aumento de su número, esto significará el desempleo y/o la migración internacional de los preparados.

Lo que ha surgido del análisis es que la capacidad científica y. técnica relativamente escasa conseguida hasta ahora en los países en desarrollo, se ha visto minada por la debilidad de su organización y por las reacciones diversas de los trabajadores científicos de los países en desarrollo a la imagen atractiva ofrecida por la ciencia de los países avanzados. Se presta escasa atención a las condiciones ambientales de los países en desarrollo. Una consecuencia de este fenómeno es que, si bien aumenta en forma acelerada el acervo mundial de conocimientos científicos y técnicos, su composición precisa es tal que se presentan grandes deficiencias de los conocimientos científicos y tecnológicos que serían particularmente importantes para los países en desarrollo. El trabajo del Comité Asesor para la Aplicación de la Ciencia y la Tecnología al Desarrollo se ha concentrado en gran medida en la identificación de estas deficiencias. La lista de las áreas prioritarias donde el comité especifica que se requieren con urgencia nuevos conocimientos, es en cierto sentido una demostración de los importantes problemas técnicos que se han mantenido olvidados e insolutos por la concentración y la orientación actuales del esfuerzo científico en los objetivos políticos y económicos de los países avanzados. Uno de tales contrastes puede encontrarse en los conocimientos relativamente vastos que tenemos del desarrollo técnico de la agricultura en las regiones templadas por oposición a las tropicales.

Además, el acervo de los conocimientos científicos y tecnológicos es cada vez menos adecuado, en términos relativos, para su uso por parte de los países en desarrollo. Esto es cierto sobre todo cuando los conocimientos en cuestión se refieren a la aplicación de principios científicos. Primero: la nueva tecnología no es "adecuada" para los países en desarrollo porque se concentra en los métodos de producción adecuados para los países ricos en capital y escasos de mano de obra calificada, es decir, los países ricos de hoy. En cambio, los países en desarrollo carecen de capital y de habilidades, pero son relativamente ricos en mano de obra. Esta discrepancia entre la combinación de recursos para la que se diseña cada vez más la tecnología moderna y la combinación de recursos efectivamente existente en los países en desarrollo, los coloca en una desventaja creciente. Segundo: la tecnología disponible se concentra en la producción a gran escala, mientras que los mercados iniciales de los países en desarrollo

(incluidos sus mercados de exportación) suelen ser pequeños en términos económicos. Tercero, el diseño de plantas, equipos y bienes de consumo se concentra en las necesidades de los ricos países industrializados. Por último: una parte muy grande del esfuerzo científico y tecnológico del mundo se concentra en industrias que simplemente no existen en los países en desarrollo, y que no existirán allí durante muchos años.

Pero el problema no consiste sólo en el hecho de que las necesidades de los países ricos sean dominantes, sino en el hecho de que los productos del progreso científico y tecnológico derivados de esta concentración son tales, que ejercen perniciosos efectos de "retroceso" sobre la economía de los países en desarrollo. Aparte de la "fuga de cerebros", el desarrollo de los productos sintéticos que sustituyen a las materias primas naturales producidas en los países en desarrollo constituye un ejemplo importante.

Se dedican cerca de 1 000 millones de dólares al año a la IDE de materiales sintéticos (plásticos, fibras y hules) en las industrias químicas de los países avanzados. Esto es casi equivalente al total del gasto hecho en la investigación de todas clases en los países en desarrollo, y por supuesto invertido en gran medida en materiales nuevos de interés primordial para las economías avanzadas.

Cuando se consideran las ventajas y los beneficios del nuevo desarrollo de sustitutos sintéticos, no se toma normalmente en cuenta el efecto pernicioso del desplazamiento de los productos primarios naturales para sus productores y exportadores. Los resultados son evidentes: han declinado rápidamente las participaciones de productos naturales como el hule, el algodón, el estaño, los aceites vegetales, en el consumo y el comercio mundiales, en parte como resultado de la IDE que busca la economía en el uso de tales materiales y/o el desarrollo de sustitutos sintéticos. No se concede la atención que merece al desarrollo y mejoramiento de los bienes primarios naturales de especial interés para los países en desarrollo.

4. Los problemas de acceso de los países en desarrollo a la ciencia y la tecnología mundiales

 Otro problema consiste en que los países en desarrollo tienen un acceso muy imperfecto al acervo de conocimientos científicos del mundo y también a las tecnologías mundiales.

El acceso fácil a las fuentes de información, y la "conexión" eficaz con estas fuentes, son esenciales para el funcionamiento eficaz del sistema de ciencia y tecnología en cualquier país. Esta función de "conexión" debe realizarse a través de fronteras nacionales y culturales, lo que expone algunos problemas excepcionalmente agudos. Por ejemplo, los estudios de los flujos de información en el proceso de la IDE concluyen generalmente en que la información derivada de la búsqueda de literatura formal y de los sistemas formales de información representa una parte relativamente pequeña del total de insumos de información. Tiene una importancia decisiva la red de comunicación informal que incluye el contacto personal directo, las llamadas telefónicas y la correspondencia. Esta es una de las ventajas decisivas de los países industrializados en el funcionamiento de sus sistemas de ciencia y tecnología, la que expone problemas especiales para los países en desarrollo que deben establecer estos lazos informales con la comunidad científica de los países avanzados.

Por otra parte, el acceso a la tecnología mundial expone también problemas especiales. Gran parte de la tecnología en cuestión es de propiedad privada, es decir, está patentada o por lo menos se mantiene en secreto. En general, las compañías propietarias de la tecnología la "entregan" a los países en desarrollo sólo si pueden realizar inversiones directas en ellos. Las compañías manifiestan una preferencia marcada por la inversión directa como medio de explotación de sus ventajas tecnológicas en los países en desarrollo, en lugar de efectuar acuerdos con empresas independientes de los propios países en desarrollo. La razón principal de este fenómeno

parece residir en la falta de capital y de habilidades en las empresas con las que podrían celebrarse tales acuerdos, y también en los riesgos de una operación ineficaz de las técnicas nuevas por parte de las empresas independientes de los países en desarrollo. Los resultados netos son que el flujo de las tecnologías de propiedad privada hacia los países en desarrollo depende de su capacidad para atraer la inversión extranjera (una capacidad limitada), y que el desarrollo y la competencia de la industria nacional se ven impedidos por la falta de acceso a las técnicas nuevas.

Los países en desarrollo tienen problemas de acceso aun cuando la tecnología no se encuentre en manos privadas. Estos países deben obtener la tecnología en forma incorporada, es decir, mediante la importación de bienes de capital y/o el establecimiento de industrias nacionales de bienes de capital. En estas tareas se ven obstruidos por la falta de ahorro interno y de divisas. Esto último deriva en parte del hecho de que, como antes mencionamos, el esfuerzo mundial de ciencia y tecnología ha tendido a reducir los ingresos de las exportaciones de productos primarios de los países en desarrollo. Por otra parte, se han incrementado el volumen y los costos de la importación de bienes de capital, lo que en parte refleja el refinamiento creciente de la tecnología incorporada. Los bienes de capital importados por los países en desarrollo no son sólo más caros en relación con los precios de sus exportaciones, sino que en la mayoría de los casos se adaptan mal a sus dotaciones de recursos.

5. EL SUBDESARROLLO COMO UN OBSTÁCULO BÁSICO PARA LA            APLICACIÓN DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA 

Estos factores son importantes para explicar por qué ha resultado tan difícil el aprovechamiento de la ciencia y la tecnología en beneficio de los países en desarrollo y por qué ha tenido consecuencias adversas para tales países el crecimiento de la ciencia y la tecnología, pero en realidad sólo son causas aparentes. Las causas reales son más profundas, ya que residen en la naturaleza del propio subdesarrollo. En suma, muchas de las características estructurales y de organización de las economías en desarrollo se oponen a la aplicación de la ciencia y la tecnología y, por la misma razón, impiden el desarrollo de lo que podría llamarse una "demanda realizada" de conocimientos científicos y técnicos. Esto se encuentra detrás de la escasa transferencia de tecnología a las industrias locales de los países en desarrollo, asimismo del débil desarrollo de las instituciones científicas locales y su marcada inclinación a orientar sus actividades de acuerdo con las influencias externas. Este es un aspecto particular del "círculo vicioso del subdesarrollo": la solución de muchos de los problemas de las economías en desarrollo requiere la aplicación de la ciencia y la tecnología a la producción, pero las propias condiciones del subdesarrollo limitan las posibilidades de su aplicación.

Así pues, mientras que la ciencia y la tecnología son sin duda insumos necesarios para el desarrollo, su aplicación en los países en desarrollo requiere casi siempre ciertos cambios importantes, estructurales y de desarrollo, que deben lograrse al mismo tiempo. 

LOS REMEDIOS

 ¿Cuál es entonces la naturaleza de la acción requerida? Una de las metas debe ser claramente el aumento de la capacidad nacional de los propios países en desarrollo para crear ciencia y tecnología y para orientarlas hacia sus propios problemas y recursos. Como se mencionó antes, sólo 2 por ciento del total de los gastos mundiales en IDE se encuentra ahora dentro de los países en desarrollo, y desde nuestro punto de vista se desperdicia en su mayor parte. Con tres o cuatro excepciones -la India, Brasil, México, Israel-, la capacidad nacional de los países en desarrollo es insignificante o inexistente. Los países en desarrollo gastan ahora, en conjunto, quizá 0.1 por ciento de sus PNB en este factor vital del desarrollo, mientras que los países ricos gastan de 2.5 al 3 por ciento. Las Naciones Unidas han fijado una meta de 0.5 por ciento del PNB como la suma que deben gastar los países en desarrollo sólo en la IDE, y un porcentaje similar en la infraestructura científica y tecnológica. Esta es probablemente la tasa máxima de expansión posible, en vista de las limitaciones intrínsecas que existen para el adiestramiento y la provisión de personal calificado y para el fortalecimiento de las instituciones. Es quizá más importante el aseguramiento de que estos recursos se usen con mayor eficacia que ahora en la solución de los problemas de los propios países subdesarrollados. Esto requerirá de la colaboración regional de los países vecinos; no es realista el intento de los países pequeños y pobres por desarrollar un conjunto razonablemente amplio de tales actividades.

Tal expansión dejaría todavía a los países en desarrollo con una participación muy pequeña en la actividad mundial de IDE para 1980, pero por lo menos bastaría para llevar la creación de ciencia y tecnología en los países en desarrollo más allá del umbral en que la ineficacia y la fuga de cerebros son resultados casi inevitables. En términos más específicos, esa expansión deberá dar a los países en desarrollo la fuerza de negociación mínima que los capacite para seleccionar con mayor reflexión y eficacia la tecnología que deben importar, y para negociar en términos más igualitarios con quienes poseen y controlan la nueva tecnología: los exportado res de bienes de capital, los inversionistas extranjeros, los otorgantes de ayuda, los arrendadores de patentes y licencias, etc.

Este último punto es fundamental. Se afirma a veces que los países pobres no debieran desperdiciar sus recursos en el desarrollo de capacidades nacionales cuando pueden importar toda la tecnología que necesiten. En primer lugar, esto no es cierto, porque la tecnología específica que necesitan probablemente no exista. Pero el enunciado es inconsistente además: un país que carece de capacidad nacional no puede saber cuál tecnología se encuentra disponible para su importación, cuál es la tecnología más adecuada en sí misma, dónde se hallan las mejores fuentes de tal tecnología, y cuáles son las formas mejores en que tal tecnología debiera incorporarse; y mucho menos podrá negociar con eficacia acerca de los términos de tal importación. Se dice a menudo que Japón constituye el ejemplo de un país que recurrió a la tecnología importada, pero la investigación ha descubierto que Japón tenía una capacidad para sustituir, seleccionar y adaptar, aun copiar y negociar, infinitamente mayor que la mayoría de los países en desarrollo de hoy. Por lo tanto, es lógico que el fortalecimiento de la capacidad nacional de los países en desarrollo deba tener prioridad.

Sin embargo, en esta tarea necesitarán la ayuda de los países ricos de hoy durante largo tiempo. Gran parte de la ayuda que ahora se otorga conduce a la transferencia de una tecnología intensiva en capital, inadecuada a las circunstancias de los países ayudados e incapaz de ejercer el amplio efecto catalizador que involucrarían los círculos concéntricos del proceso de desarrollo. Así ocurre sobre todo cuando la ayuda se concede en forma de equipo de capital importado para los proyectos aceptados y se ata a las industrias de bienes de capital del país otorgante. Sería mucho mejor que se concediera más ayuda directamente para el desarrollo de la capacidad científica y tecnológica nacional de los países en desarrollo relativa al uso de materiales locales y de la mano de obra local en la fabricación de los tipos de productos representativos de sus auténticas prioridades de desarrollo. Tal ayuda podría consistir en equipo para laboratorios, el envío de expertos en asistencia tecnológica, la provisión de bibliotecas y de contactos continuos con científicos y tecnólogos visitantes, el establecimiento de lazos con institutos de investigación de los países ricos, etcétera.

Las Naciones Unidas han sugerido una meta que equivaldría en efecto al otorgamiento en esta forma de un séptimo del total de la ayuda actual. Ésta no parece ser una cantidad excesiva.

Pero todo esto dejaría todavía una gran distancia para llegar al mínimo requerido. Para salvar esa brecha, sería necesario que los países ricos usaran por lo menos una pequeña parte de su tremendo poderío tecnológico, dentro de su propio territorio, para fines del beneficio específico de los países en desarrollo. En realidad, ya se está haciendo algo en esta dirección. Aquí y. allá, hay algunos institutos de medicina tropical, de agricultura tropical, de salud tropical, etcétera. Se realizan algunos trabajos dispersos acerca de las tecnologías intensivas en mano de obra o de pequeña escala, inspiradas en las necesidades de los países pobres. Pero todo esto equivale apenas al uno por ciento del total de los gastos en IDE de los países ricos. Las Naciones Unidas han sugerido que se eleve esta proporción hasta 5 por ciento. Por supuesto, esa meta carecería de sentido si no especificamos sus propósitos. No basta decir: "Gasten 5 por ciento de su total de IDE en cosas benéficas para los países en desarrollo"; esto es demasiado vago, y los países ricos responderían que prácticamente la totalidad de sus gastos son útiles, en potencia, para los países en desarrollo. Por esta razón, habría necesidad de especificar las áreas prioritarias hacia las que debieran dirigirse tales recursos de la IDE; habría necesidad de llenar las cajas vacías. Este fue tal vez el beneficio indirecto más importante de la reflexión acerca de metas más elevadas: la necesidad de ser específicos. En consecuencia, las Naciones Unidas han especificado treinta y una áreas prioritarias que incluyen cosas como la difusión de las variedades de alto rendimiento de la Revolución Verde, la difusión de cultivos como el mijo, el sorgo y la casava, la de nuevos métodos de pesca para cubrir la deficiencia proteínica de los infantes, las nuevas exploraciones hidrográficas, el control de las enfermedades del ganado y el desarrollo de materiales de construcción baratos y de materiales adecuados para los techos de las viviendas tropicales. Así como el aumento del esfuerzo de los países en desarrollo requiere la colaboración entre ellos, un aumento de la asignación de recursos de IDE de los países ricos resultará más eficaz si lo hacen mediante una acción concertada y una colaboración internacional. Afortunadamente, la OCDE ha adoptado en París algunos de estos objetivos prioritarios y trata de obtener cierta acción conjunta y concertada por parte de sus países miembros. Esta es una señal muy alentadora y es de esperarse que la iniciativa de la OCDE encuentre una respuesta inmediata y tenga éxito.

Idealmente, sería de esperarse cierto liderazgo de las Naciones Unidas en este campo, con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo como su agente principal. Tendría que separarse para este propósito una porción considerable de los recursos del PNUD, cuyo total tendría que ampliarse además. Infortunadamente, el sistema de "programación por países", adoptado ahora por el PNUD parece impedirle una intervención de esa magnitud. En una decisión poco juiciosa, se acordó incluso limitar los proyectos globales a sólo un por ciento del total de los recursos, aunque ya se están moviendo algunas fuerzas para modificar tal decisión. Se requerirían sin duda recursos mucho mayores que eso para cualquier forma de iniciativa internacional razonable. Es posible que la creación de un fondo especial o de una agencia especial para este propósito resulte al final inevitable. Tal medida podría justificarse grandemente si tenemos razón en señalar la cuestión de la ciencia y la tecnología como el área en que resulta más probable el inicio del desarrollo y donde es probable que resulte muy elevada la productividad de los recursos.

Un cambio del 5 por ciento de los recursos totales de IDE durante un período de diez años no es una gran transformación. Se han aceptado cambios mayores con el ascenso y la caída de los programas militares, los programas espaciales, y los programas atómicos. Todos nos beneficiaríamos si la détente política permitiera el cambio de 5 por ciento mediante una reducción de los programas militares. Tampoco puede afirmarse que tales cambios resulten difíciles de alcanzar mediante meras modificaciones de las asignaciones monetarias, debido a la escasez del personal requerido. Por el contrario, todo indica que los científicos y tecnólogos de los países ricos, sobre todo los más jóvenes, estarían satisfechos de trabajar en problemas como el control de la bilarzia o el desarrollo de plantas resistentes a la sequía para las zonas áridas de los países en desarrollo, en lugar de trabajar en el desarrollo de armas o en gran parte de las otras tareas de que ahora se ocupan.

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