PRESENCIA INSTITUCIONAL DE LAS FUERZAS ARMADAS EN PAÍSES DE AMÉRICA LATINA Y SU IMPACTO EN LA CALIDAD DE VIDA DE LA POBLACIÓN

José Leopoldo Montesino Jerez

1.3 Rol  de las Fuerzas Armadas y calidad de vida de la población: ¿divergencia o convergencia?


La participación de los antiguos ejércitos a lo largo de la historia y de las Fuerzas Armadas profesionales de la época contemporánea ha ido cambiando de acuerdo a las circunstancias propias de cada momento. Si bien las armadas, ejércitos y más recientemente la aviación militar han centrado su quehacer tradicional en la preparación, entrenamiento y enfrentamiento en los campos de batalla, en los tiempos recientes su rol también ha incluido una serie de actividades menos tradicionales, pero no por ello menos trascendentes, como ha sido el colaborar con la sociedad civil en asuntos de alto contenido social.
En tiempos antiguos los ejércitos estaban menos organizados que en la actualidad  y su función principal era la defensa del territorio o, por el contrario, la conquista. Antes de la aparición de las armas de fuego, los combates incluían  feroces luchas cuerpo a cuerpo, con armas cortantes como hachas, espadas, puñales, mazas y hasta piedras que eran lanzadas desde torres defensivas. El daño producido a los combatientes era tal que, si no morían en el mismo campo de batalla por las heridas mortales, las infecciones posteriores y la falta de atención médica oportuna probablemente acababa con la vida de muchos más. Los relatos de algunas batallas del mundo antiguo, señalan decenas de miles de muertos, saqueos a la población civil  y también miles de heridos.
En tiempos más recientes, con la aparición de las armas de fuego y sólo en el siglo XX, la cantidad de fallecidos en el mundo a causa de las guerras superó los cien millones (Véase Cuado Nº 1.12), sin considerar a los heridos, ni las personas traumatizadas desde el punto de vista de la salud mental, ni la destrucción de ciudades. En síntesis, desde el punto de vista de la calidad de vida de la población las guerras constituyen el peor escenario posible. Es en este sentido que las Fuerzas Armadas en determinados momentos han actuado, a veces por mandato de la civilidad, o por el dictamen de eventuales tiranos, o por malos entendidos entre autoridades estatales de países distintos, en un sentido divergente respecto de la calidad de vida de la población.
En esta misma línea de acción negativa caben las violaciones a los derechos humanos cometidas por miembros de las instituciones armadas y la policía, aún cuando en muchos casos han sido oficiales o suboficiales de graduación inferior quienes actuaron de manera indebida, incluso violando las propias reglamentaciones internas. El fenómeno de las violaciones a los derechos humanos indudablemente no es nuevo, pero en los últimos años ha adquirido debida importancia, en particular en el caso latinoamericano.
Aunque este sentido divergente se plasma aún hoy en la actualidad, como anoté antes por razones distintas y muchas veces, en que las Fuerzas Armadas sólo actúan cumpliendo con mandatos de autoridades políticas civiles, no es mi intención extenderme aquí sobre este punto. Por contrario, deseo destacar  la nueva orientación que han comenzado a impulsar las instituciones armadas de diversos países, también con el necesario sustento político y civil, en un sentido convergente respecto de la calidad de vida de la población.
Las Fuerzas Armadas, el mundo político, académico y la propia sociedad civil, quizás empujados por las imágenes de hambre y miseria que la televisión muestra de muchísimos lugares del mundo, se han percatado que existe un campo inconmensurable para la ayuda urgente, el apoyo material, el salvamento de valiosas vidas humanas y animales, así como también el rescate o recuperación de cadáveres que deben ser entregados a familias que han debido soportar una desgracia producto de un desastre natural.
La enorme institucionalidad que representan las Fuerzas Armadas de cada país, su experiencia, capacidad de fuerza, los recursos monetarios, físicos y humanos, constituyen un valiosísimo activo que puede ser encauzado de mejor manera en beneficio del bienestar de la población. Al momento de escribir estas líneas, ha ocurrido una catástrofe natural que ha afectado a una de las naciones más pobres de América Latina y del mundo, me refiero al terremoto que afectó el martes 12 de enero del año 2010 a la hermana República de Haití, a eso de las 16:42 hora local. La participación de las Fuerzas Armadas de diversos países, en ayuda de los damnificados, ha resultado fundamental.
Las imágenes que ha mostrado la televisión mundial, así como la información y antecedentes que han aportado tanto la prensa escrita como Internet  y otros medios de comunicación, simplemente han paralogizado a la comunidad mundial. A cinco días de haber ocurrido el fenómeno telúrico, el entonces Primer Ministro haitiano Jean Max Bellerive informaba que ya se habían recuperado unos 25.000 cadáveres y que se les había dado sepultura. Lamentablemente, según fuentes de rescate, indicaron a la prensa que entre los escombros podría haber entre 100 mil y 200 mil cadáveres.1
La lentitud por la lenta remoción de los cuerpos que se descomponían al sol, por otra parte, motivó la indignación de muchos habitantes de Puerto Príncipe, quienes reaccionaron para peor construyendo barricadas, incendiando neumáticos y bloqueando la ruta principal entre la capital de Haití y la zona de Carrefour. Un equipo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que había sobrevolado esta comuna de 334.000 habitantes, informó que el lugar estaba destruido entre un 40% a 50%, mientras que en la vecina localidad de Leogane, en donde casi el 90% de los edificios se encontraban dañados, se estimaba que habría unas 10.000 víctimas entre los derrumbes.2
La labor de integrantes de las Fuerzas Armadas de Naciones Unidas en el terremoto de Haití demuestra fehacientemente la importancia del quehacer castrense en temas relacionados con calidad de vida. Al momento de producirse la catástrofe, unos 7 mil hombres de 19 países, con una mayoría de 1.266 hombres pertenecientes a las Fuerzas Armadas brasileñas, se encontraban realizando diversas labores de mantenimiento de la paz después del año 2004 debido a la existencia de pandillas de maleantes que amenazaban a la población y al orden social.3
La tragedia del terremoto en Haití probablemente hará meditar a muchos intelectuales sobre la importancia de la democracia, la buena marcha de la economía, el rol de las instituciones estatales, el papel de la civilidad y naturalmente, la función de las Fuerzas Armadas en el terreno nacional e internacional. La desgracia de los haitianos, inmerecida sobre todo por tratarse de un país de pobreza, probablemente tenga cómo única explicación lógica que este terrible sacrificio, vivido por las generaciones presentes, ha permitido llamar la atención de  toda la humanidad. Esta, despertando bruscamente de una especie de sueño secular, se ha dado cuenta de que hay una deuda enorme con los pobres de países o zonas casi olvidadas de la tierra.
Preguntas como: ¿Qué falló en Haití?; ¿Qué nos enseña su historia?; ¿Qué pasó con sus construcciones que se derrumbaron?; ¿Se pudo prevenir mejor la tragedia?; ¿Es excesiva la intervención extranjera?, ¿Hasta qué punto es aceptable la adopción de niños? y otras similares, probablemente llevarán a reflexionar y replantear viejas ideas a muchos científicos sociales. Se analizará, discutirá y se escribirá abundantemente  sobre el tema, pero, por ahora, sólo cabe confirmar que, en lo referente a la acción y presencia de las Fuerzas Armadas, esta resulta indudablemente necesaria en este tipo de desastres, pues mantener el orden ante catástrofes de esta magnitud, determina directamente la posibilidad de mejorar la calidad de vida y, aún más, posibilitar la supervivencia de la población:

“Los pobres de Haití viven en viviendas precarias, sin agua potable, y sacan el agua para beber desde pozos públicos. La mayoría de la gente depende del agua que es repartida por camiones. Desde el sismo, por lo menos una planta purificadora de agua fue clausurada ante la falta de electricidad. Las tuberías de la compañía municipal que da este servicio básico resultaron dañadas y no hay agua potable en Cité Soleil, donde habita más de un millón de personas. Los grupos de ayuda, empresas y gobiernos de todo el mundo, se han apresurado a satisfacer las demandas de todo tipo”. 4
La participación de las Fuerzas Armadas de América Latina en Misiones de Paz de la ONU,   examinando el tema en una perspectiva histórica reciente, no resulta exenta de cierto grado de polémica. Es bien conocido este tipo de contribución a la estabilidad y seguridad ciudadana de los países favorecidos con este tipo de apoyo, pero, por otro lado, está la cuestión del financiamiento y la utilización alternativa de esos recursos para atender prioritariamente necesidades locales. A fines del siglo XX la participación de las Fuerzas Armadas en misiones de paz formaba parte de una política que tenía alta prioridad en dos países del cono sur: Argentina y Uruguay. Del mismo modo Brasil, que había tenido una participación menor, la incorporó como política permanente, mientras que Chile lo hacía entonces con algunas limitaciones.5
La búsqueda de nuevos roles o al menos, una redefinición ellos, por parte de las FF.AA. en América Latina y en la post modernidad mundial constituyen una nueva inquietud detectada en algunos autores especializados en temas castrenses. La lectura de párrafos escogidos de sus obras da la impresión de que ha surgido con fuerza la necesidad de que las instituciones armadas se preocupen o participen crecientemente en actividades que afectan la calidad de vida de la población. Sin utilizar este último término, Virgilio Beltrán se ha referido a  este cambio de paradigma estratégico aparecido después del término de la guerra fría a fines de la década de 1980. 6
La inquietud de las FF.AA. del tercer mundo, ante la disminución de la amenaza militar de los países socialistas del segundo mundo, también se ha orientado a temas como la conservación del medio ambiente, los procesos emigratorios desde el sur hacia el norte, el terrorismo, el narcotráfico y hasta la intervención humanitaria. El oficial y profesor de la Armada de Chile, Omar Gutiérrez, ha escrito al respecto:

“La tendencia post-moderna apunta hacia un nuevo modelo de relaciones entre el mundo civil y el mundo militar, en el cual la diferencia es mucho menos significativa. Es así como a juicio de Moskos y Burk, las Fuerzas Armadas deberán llevar a cabo diversas funciones no militares, a pesar de seguir manteniendo su responsabilidad sobre la Defensa Nacional. Del mismo modo, el público comenzará a reconocer que los servicios militares y civiles tienen una equivalencia cívica”.7
En esta misma línea de reflexión, Luis Maira ha sugerido la posibilidad de nuevos roles para las FF.AA. Entre  una serie de opiniones sobre diferentes temas militares  relacionados con América latina, ha propuesto la siguiente:

“Las capacidades militares se han hecho cada vez más técnicas en todo el mundo, también en América Latina en los últimos 25 ó 30 años. Los recursos de la ingeniería militar, las capacidades de comunicación de las Fuerzas Armadas, el sentido organizativo de los profesionales de la guerra en sociedades como las nuestras, forman parte del activo de ‘inteligencia adiestrada’ que un país tiene.  Son un segmento de capacidades técnicas que un país tiene. Entonces, ¿por qué no imaginar, de qué manera, sin que haya abandono de las tareas propiamente profesionales, integramos a los militares en programas de regionalización, en el desarrollo de ‘nuevas fronteras’ que hay que abrir a la colonización y a la integración nacional, en el manejo de las comunicaciones, en la política de obras públicas y de infraestructura o en la política de transportes, cómo pasan a tener un papel activo en determinados aspectos de la formulación de políticas del Estado, respecto de las cuales ellos tienen capacidad y dominio técnico?. Ese es un primer tema”.8
La necesidad de un mayor protagonismo de las Fuerzas Armadas de América Latina, en temas relacionados con la de calidad de vida y en el sentido convergente, al que me he referido, se advierte como una tendencia palpable en los programas de trabajo de las Conferencias Ministeriales de Defensa realizadas entre los años 1995 y 2000.
En la primera de las conferencias referidas, en Williamsburg, ya se mencionaba en la agenda de trabajo el logro de objetivos de cooperación en defensa, operaciones de paz, búsqueda y rescate, desminado, desastres y control de narcóticos. En la de Bariloche, se incorporó además  el tema  de  medio  ambiente,  mientras  que  en  la  de  Cartagena  se

Cuadro Nº 1.18

Agenda de la Reunión de Ministros  de Defensa de las Américas
(Años 1995-2000)


1ª Conferencia
Williamsburg 1995

2ª Conferencia
Bariloche 1996

3ª Conferencia
Cartagena 1998

4ª Conferencia
Manaus 2000

Tema 1 : Transparencias y medidas de confianza mutua.
à presupuestos, políticas, intercambios de información.

 

Tema 1: Nuevas dimensiones de la seguridad internacional. à riesgos, amenazas, compatibilización de realidades distintas, cooperación, integración.

Tema 1: El sistema de seguridad hemisférico y su mecanismo de desarrollo para la región. à análisis del sistema de seguridad en el Caribe, avances en medidas de confianza.

Tema 1: Seguridad hemisférica a inicios del siglo XXI.
à cuadro político regional y mundial, actual sistema de seguridad hemisférico.

Tema 2: Cooperación en defensa.
à operaciones de paz, interoperatividad, búsqueda y rescate, desminado, desastres, antinarcóticos.

Tema 2: Nuevos roles y perfiles.
à operaciones de mantenimiento de la paz, medio ambiente, desastres, búsqueda, rescate, educación de civiles y militares, ciencia y tecnología, desminado.

Tema 2: Funciones complementarias de las fuerzas militares en una sociedad democrática.
à apoyo de las FF.AA. en el desarrollo económico y social de las naciones, promoción de derechos humanos y observancia del derecho internacional humanitario, nuevos desarrollos de las relaciones cívico-militares en sociedades democráticas, informes de operaciones de paz, desastres naturales, medio ambiente, desminado en Centroamérica.

Tema 2: Confianza mutua en el continente americano su situación y proyección en las próximas décadas.
à medidas, papel de los libros blancos de la Defensa.

Tema 3: Democracia y FF.AA. en el siglo XXI.
à educación y entrenamiento civil-militar,  FF.AA. y desarrollo, FF.AA. y adaptación al futuro.

Tema 3: Institucionaliza-ción del sistema de Defensa.
à fomento de la confianza y transparencia, democracia y modernización de las FF.AA., relaciones cívico-militares, ministerios de Defensa.

Tema 3: Cooperación Hemisférica.
à enfrentamiento al terrorismo, drogas ilícitas, tráfico ilícito de armas, municiones y explosivos, medio ambiente, información sobre migración ilegal.

Tema 3: Defensa y desarrollo: posibilidades de cooperación regional.
à Desastres naturales, lecciones y posibilidades de cooperación, fortalecimiento de las relaciones cívico-militares, red de aprendizaje a distancia.

Fuente: Rojas Aravena, Francisco y Moufida Goucha, Seguridad humana, prevención de conflictos y paz en América Latina y el Caribe, op. cit. p 16.
enfatizó en el apoyo de las FF.AA. al desarrollo económico-social de las naciones y a la promoción de los derechos humanos.  En la de Manaus se incorporó además la idea de establecer una red de aprendizaje a distancia que fortaleciera las relaciones cívico-militares.9
En el Cuadro Nº 1.18 se anota un resumen de los principales temas tratados en las reuniones de ministros de Defensa de las Américas, celebradas en las cuatro primeras conferencias correspondientes al siglo XX.
En la primera conferencia realizada en el siglo XXI, el año 2002 en Santiago de Chile, el primer tema de trabajo fue la seguridad regional e incluyó materias como las nuevas amenazas para la seguridad nacional y estructuras y mecanismos para enfrentar las nuevas amenazas. El segundo tema trató de la confianza mutua en el continente americano y sus principales puntos fueron el desarrollo de un método para la homologación de gastos en Defensa, el papel de libro de la Defensa como medida de confianza mutua y las Fuerzas Armadas combinadas en operaciones de paz. El tercer tema a tratar se refería a Defensa, sociedad y posibilidades de cooperación regional, que incluyó materias como formación de civiles en Defensa, experiencias en los procesos de desminado y contribución de las fuerzas militares al desarrollo social.10
En la declaración de Santiago de Chile, se establece que “para enfrentar las nuevas amenazas transnacionales se requiere continuar desplegando esfuerzos para consolidar los gobiernos democráticos constitucionales y sus instituciones, fortaleciendo de este modo el Estado de derecho y las soberanías nacionales”. Se destaca además la “necesidad de un comercio justo y equitativo y de reducir la pobreza”.  En el análisis de la frecuencia de la identificación de amenazas, se configuró la siguiente distribución del número de veces mencionadas por los participantes: narcotráfico (16); terrorismo (15); pobreza y carencias sociales (12); medio ambiente y desastres naturales (10); vulnerabilidad debido a la globalización (9); inestabilidad política (8); tráfico de armas (8); crimen organizado (8); lavado de dinero (7); violaciones a los derechos humanos (7) y temas fronterizos (6).11
Los esfuerzos para la consecución de metas en materias de calidad de vida se combinan a veces con las aspiraciones propias del ámbito militar y por ende, con otro tipo de objetivos institucionales. En el caso de los Estados Unidos de América, en la primera década del siglo XXI se  aprecian dos visiones un tanto distintas en cuanto al rol de las Fuerzas Armadas, una de carácter divergente y otra, por el contrario, convergente.

Cuadro Nº 1.19

Escenarios de Política  y Estrategia Militar de Estados Unidos (Siglos XX y XXI)


Intereses o Punto de Vista
de Estados Unidos

 

Guerra Fría

 

Siglo XXI

Sistema de seguridad

Bipolar

Unipolar

Estrategia global

Contener a la Unión Soviética

Preservar la Paz Americana

 

 

Principal misión militar

 

 

Detener el expansionismo soviético.

Asegurar y expandir zonas de paz democrática; detener el crecimiento de nuevas potencias competidoras; defender regiones estratégicas; aprovechar las oportunidades que otorgan las transformaciones debidas a las guerras.

Principales amenazas

Guerra potencial global debido a múltiples amenazas.

Amenazas potenciales de guerra a través de lo ancho de todo el planeta.

Foco de la competencia estratégica

 

Europa.

 

Asia Oriental.

Fuente: elaborado en base a información contenida en Donelly, Thomas; Kagan, Donald y Schmitt, Gary, Rebuilding America’s Defenses. Strategy, Forces and Resources For a New Century., a Report of The Proyect for the New American Century, , Washington D.C., Estados Unidos, Septiembre del 2000.op. cit., p. 2.
Esta forma de entender el rol de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que evolucionó en la década de 1990, parece ver el fin de la guerra fría y del conflicto del Golfo Pérsico con cierta desconfianza, con la necesidad de que Estados Unidos no se relaje después de haber alcanzado una “Paz Americana”, pues han aparecido nuevos desafíos. En el Cuadro Nº 1.19 se resumen las principales características asociadas a los escenarios mundiales que han representado cinco décadas guerra fría y la situación más reciente de las relaciones internacionales.
Esta primera visión que he presentado respecto al rol de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, y que cabría dentro de lo que he denominado sentido divergente respecto a las acciones castrenses a favor de una mejor calidad de vida de la población, incluye paradójicamente una preocupación por el bienestar del personal militar en las múltiples misiones establecidas en distintos lugares del mundo.  En este sentido, es que se refuerza la idea de un presupuesto más generosos que permita atender los sacrificios de aquellos soldados y funcionarios que deben permanecer alejados por mucho tiempo de sus familias y en zonas hostiles, incómodas e inadecuadas. 
La opinión del General Michael Ryan de la Comandancia en Jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, respecto a lo anterior, ha sido:

“Nuestros hombres y mujeres son separados de sus hogares y familias por períodos impredecibles y extendidos todos los años -con un negativo impacto en la retención-. Nuestras bases resultan inadecuadas -y el trabajo se ha incrementado- debido a que las fuerzas son desplazadas frecuentemente hasta que las operaciones en las bases vuelvan a su actividad normal.”.12
La segunda visión del rol contemporáneo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos   proviene de fuentes de carácter gubernamental. A la posición oficial ya señalada en párrafos anteriores de este apartado, en base a los acuerdos de los ministros de Defensa de las Américas, en que se aprecia claramente algunas propuestas en el sentido convergente en la búsqueda de una mejor calidad de vida de la población, es posible agregar  algunos planteamientos aparecidos en el Plan Estratégico Fiscal Años 2004-2009 publicado por el Departamento de  Estado.
 Al margen de algunos objetivos tradicionales en materia de política y relaciones internacionales, como la búsqueda de la reconciliación permanente entre los pueblos palestino e israelí, la búsqueda de la estabilidad democrática en Irak y Afganistán, la reducción de la amenaza de los programas de armas nucleares que desarrolla Corea del Norte, la disminución de las tensiones entre India y Pakistán, también aparecen algunos más relacionados con desafíos de una mejor calidad de vida de la población. Entre ellos, la erradicación del narcotráfico en la región andina del continente sudamericano, la prevención, tratamiento y cuidado de enfermedades como HIV / AIDS, la reducción de la amenaza del hambre y el aumento en los fondos destinados a la asistencia de programas de desarrollo.13
Estos objetivos así planteados, no distinguen con claridad el grado de participación de las empresas, organizaciones o, en general, la sociedad civil estadounidense, de la contribución de las Fuerzas Armadas. En todo caso, en algunos objetivos establecidos y relacionados con mejoras en la calidad de vida de la población, las Fuerzas armadas aparecen incluidas en los esquemas de participación institucional cruzada de los respectivos programas.
La principal convergencia entre mejoras en la calidad de vida de la población y participación de las Fuerzas Armadas se ha dado, tradicionalmente, en el combate a la delincuencia. Este flagelo lo sufren en mayor medida los más pobres, dado que viven en poblaciones con recursos municipales y policiales generalmente más precarios, mayores niveles de desempleo y menores niveles educativos.
El académico Luis Razeto, por ejemplo, destaca que la delincuencia es uno de los fenómenos sociales que ha aumentado más velozmente en los últimos años, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Razeto hace notar una particularidad especial: señala que todas las personas se encuentran crecientemente amenazadas por pandillas organizadas, violaciones y maltrato a los más débiles, tensiones étnicas que alcanzan a vastos asentamientos humanos y otras formas de violencia imprevista muchas veces provista por los propios Estados. 14
En otra referencia sobre el mismo tema, Razeto ha explicado que en los últimos años se ha generado una serie de exacerbaciones producto de tal estado de cosas, pues al no ser satisfechas adecuadamente las necesidades de protección, las organizaciones e individuos tienden a multiplicar las precauciones y el uso de resguardos defensivos: más instrumentos mecánicos, más demanda de servicios policiales, más adquisición de armas y rejas protectoras, mayor reducción de horarios y disminución del uso de espacios públicos para recreación. Razeto aquí anota: “Que esto impacta negativamente la calidad de vida es obvio”.15
La eventual política consistente en otorgar una mayor cantidad de recursos, para satisfacer la demanda creciente de servicios policiales, como señala Razeto, y combatir así la delincuencia, es necesario considerarla y evaluarla en el verdadero sentido de convergencia para una mejor calidad de vida.  Lo que trato de decir es que, por ejemplo, el aumento de dotaciones policiales, siendo muy necesarias en algunos contextos, no siempre redunda en un resultado -un logro como diría Amrtya Sen- de mayor calidad de vida.
Hace algunos años atrás el subteniente de Carabineros Andrés González Zúniga fue mortalmente herido por un sujeto que protagonizaba desórdenes en la vía pública. Este individuo se negó a identificarse y, sacando un arma de fuego, disparó en tres ocasiones contra el joven policía de sólo 22 años, provocándole la muerte. El maleante huyó del lugar y, tras una persecución, fue cercado en el lugar donde se había escondido, la clínica “Astra” en la comuna de La  Florida. Al verse rodeado, el malhechor se disparó en su rostro, lo que produjo su muerte de inmediato.16
Un segundo aspecto discutible y  relacionado con las necesidades de dotación de recursos tanto humanos como materiales para reducir la delincuencia es el costo de mantener un recluso. La cuestión relevante aquí es determinar la relación existente entre las variables  que intervienen en la ocurrencia de delitos, el establecer la gravedad y culpabilidad en el proceso judicial, el nivel de aceptación de la sentencia, la probabilidad de rehabilitación según sea el caso y el costo final de mantener reclusos en las cárceles por tiempos variables por individuo.
El costo de mantener un recluso en Chile en noviembre del año 2008 se estimaba, en el caso de una cárcel pública, en unos $ 242.528.- mensuales (unos 373 dólares el precio del dólar  aproximado de aquel año). En el caso de una cárcel privada concesionada el costo era mayor, según fuentes de Gendarmería, debido a estándares de calidad de servicios más altos con relación a infraestructura y alimentación: la suma alcanzaba en promedio $ 372.215 mensuales (unos 573 dólares aproximadamente). Estas cifras, contrastadas con el valor de un salario mínimo en esa época, $ 159.000.- (unos 245 dólares), conducen a la lógica e intuitiva reflexión de que nuestra sociedad está, de alguna manera, desperdiciando no sólo mucho dinero sino además mucha dignidad y aporte humano alternativo.17
La cuestión que trasluce del fondo de todo esto es cómo orientar conjuntos importantes de personas de todas las edades, especialmente jóvenes, a evitar que se cometan delitos. Se sabe que la permisividad lleva a crecientes situaciones de malas costumbres, por lo que es importante el castigo. Pero más que eso, quizás muchos de los esfuerzos que las sociedades latinoamericanas deberán continuar de manera creciente y eficiente, se relacionen con los hábitos conductuales.

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1 -------, En Haití ya fueron enterrados 25 mil cadáveres, mientras crece la violencia y agobia la escasez de agua, en diario El Mercurio, Nº 62.832, p. A4, Santiago de Chile, domingo 17 de Enero del 2010.

2 -------, En Haití ya fueron enterrados 25 mil cadáveres, mientras crece la violencia y agobia la escasez de agua, op. cit., p. A4, véase el apartado: Barricadas de cadáveres y neumáticos.

3 Méndez Araya, Javier, Brasil despliega activa labor en Haití para reforzar su rol en el plano internacional, en diario El Mercurio, Nº 62.832, p. A6, Santiago de Chile, domingo 17 de enero del 2010.

4 -------, En Haití ya fueron enterrados 25 mil cadáveres, mientras crece la violencia y agobia la escasez de agua, op. cit., p. A2. Otro problema que ocurrió fue que todos los delincuentes presos escaparon de la cárcel.

5 Fraga, Rosendo, Defensa. Situación regional., en Rojas Aravena, Francisco et al, Medio siglo del TIAR. Estudio estratégico de América Latina y el Caribe 1997., CLADDE, FLACSO Chile, pp. 183-187, Santiago de Chile, 1998. Al momento de escribir estas líneas, la tragedia del terremoto de Haití también provocaba interrogantes difíciles en cuanto a los límites de la intervención extranjera, aún tratándose de ayuda neta, por cuanto los ciudadanos siempre mantienen vivas sus legítimas aspiraciones de autodeterminación. Los límites en la adopción de niños huérfanos, por ejemplo, suscitaba controvertidas posiciones.

6 Beltrán, Virgilio, Buscando nuevos roles para los ejércitos de América Latina, en Marinovic, Milan y Gutiérrez, Omar, Editores, Ponencias I Congreso Mundial de Sociología Militar en Hemisferio Sur, Imprenta Danilo, pp. 415-421, Valparaíso, Chile, mayo de 1994.

7 Gutiérrez Valdebenitos. Omar, Sociología militar. La profesión militar en la sociedad democrática., Editorial Universitaria, Telleres de Impresos Socías Ltda., 1ª edición, pp. 150-151, Santiago de Chile, febrero del 2002.

8 Maira, Luis y Vicario, Guido, Perspectivas de la izquierda latinoamericana. Seis diálogos., Fondo de Cultura Económica, 1ª edición, pp. 150-151, 1991.

9 Rojas Aravena, Francisco y Moufida Goucha, Seguridad humana, prevención de conflictos y paz en América Latina y el Caribe, FLACSO-Chile, UNESCO, p. 16, Santiago de Chile, 2002.

10 Ibid., p. 17.

11 Rojas Aravena, Francisco y Moufida Goucha, op. cit., pp. 23-30.

12 Donelly, Thomas; Kagan, Donald y Schmitt, Gary, op. cit., pp. 32/33.

13 Powell, Colin L. y Natsios, Andrew S., Strategic Plan Fiscal Years 2004/2009, U.S. Departament of State, U.S. Agency for International Development, USAID Publication, pp. 2-4, agosto del 2003. Los objetivos así establecidos, en todo caso, no distinguen con claridad la participación civil de la militar.

14 Razeto Migliaro, Luisa, Desarrollo económico y economía de la solidaridad. El desarrollo como expansión, transformación y perfeccionamiento de la economía en el tiempo, en revista Polis, Universidad Bolivariana, Vol. 1, Nº 1, pp. 328-329, Santiago de Chile, 2001.

15 Razeto Migliaro, Luisb, Desarrollo, transformación y perfeccionamiento de la economía en el tiempo., Libro cuarto de Economía de solidaridad y Mercado Democrático, Universidad Bolivariana, 2ª edición, LOM Ediciones, pp. 604-605, Santiago de Chile, 2001.

16 Cossio, Héctor, Delincuente mata a carabinero y luego se quita la vida de un disparo, en diario La Tercera, Nº  20.158, p. 19, Santiago de Chile, lunes 15 de agosto del 2005. El agresor fue identificado como Juan Hernán Mujica Fuentealba,  de 21 años, y su padre señaló después de ocurridos los hechos que no creía  en la versión de que su hijo se había suicidado.

17 Véase a Williamson, Bernardita, El costo de mantener un recluso, en diario La Segunda, Nº 22.643, sección Ideas - En los centros  de Estudio (think tanks), p. 9, Santiago de Chile, miércoles 26 de noviembre del 2008.

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