LA RECONSTITUCIÓN DEL MERCADO NORTEAMERICANO DE TELECOMUNICACIONES ANTE LA GLOBALIZACIÓN, EL CAMBIO TECNOLÓGICO Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS: DIFERENCIAS INSTITUCIONALES, CAPACIDADES DE INNOVACIÓN Y DINÁMICAS DE MERCADO ENTRE CANADÁ, ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Y MÉXICO

Germán Sánchez Daza

1.2. Características del mercado

Una de las consecuencias de los cambios institucionales –privatización, desregulación y liberalización– es la transición de un mercado nacional en uno global, de tal forma que los grandes monopolios públicos nacionales se convertirán en monopolios privados y, finalmente tienden a convertirse en grandes corporaciones globales; así, éstas se constituirán en las empresas dominantes no sólo de sus mercados sino también en el ámbito global.

En el gráfico 3.10 se muestra el nivel de concentración en las telecomunicaciones tomando en cuenta la participación de las diez y veinte empresas más grandes del mundo, se puede observar que en ambos casos, para el periodo de 1992-2005 hay una tendencia hacia su disminución, sin embargo habría que considerar cuando menos dos elementos: a) dado que los cambios más fuertes de liberalización se dan hasta mediados de la década de los noventa, aun se puede decir que en 1992 el grado de concentración es reflejo de la existencia de monopolios en los mercados nacionales, b) por el contrario, el dato de 2005 indicaría ya un nivel de dominio de esas grandes empresas en un mercado internacionalizado, que avanza rápidamente a su conversión en global.

Además de los elementos anteriores, para el 2005, hay que considerar que las telecomunicaciones se han convertido en un conjunto de segmentos de mercado, en los cuales también existen niveles de concentración muy altos, por ejemplo, para el caso de las comunicaciones móviles tenemos que en el año 2002, diez empresas concentraban el 60.6% de los ingresos mundiales (calculado con datos de IDATE, 2006). En términos de la constitución del mercado global, hay que recordar que está condicionada no sólo a las regulaciones del sector en cada país, sino también al levantamiento de las limitaciones en términos de la inversión extranjera y de la liberalización de servicios (vinculadas con las regulaciones de la OMC).

Lo que se tiene aquí es que las estructuras de mercado fueron determinadas por las políticas implementadas, de tal manera que, tanto el tiempo y la forma en que se fueron diseñando y aplicando, fueron determinantes para reconstituir el mercado de telecomunicaciones mundial. Las empresas establecidas, las grandes operadoras públicas, tuvieron que irse reconvirtiendo en función de los cambios tecnológicos e institucionales, al mismo tiempo que incidían en ellos; en la medida que se consolidaban esas transformaciones, nuevas empresas surgían y respondían ágilmente a los estímulos y retos de la evolución del mercado de telecomunicaciones. Para comprender esta dinámica es importante recuperar el esquema de Fransman sobre lo que denomina infocomunicación y que presentamos en el capítulo 1 en el cuadro 1.5.

En la vieja industria de telecomunicaciones, existían prácticamente sólo las capas I, II y VI del cuadro 3.1, en la primera estaban los grandes consorcios mundiales productores de equipo (que en su caso podrían tener filiales en los diversos países), en la segunda capa se ubicaban los monopolios nacionales de servicios, que eran las empresas públicas y en la VI sólo había unos cuantos servicios con clientes cautivos; en su caso, podía haber un nivel de integración vertical (o de relaciones estrechas y fomentadas por los estados nacionales), que normalmente se presentaba en los países capitalistas avanzados: AT&T-Western Electric, France Telecom-Alcatel, Bristish Telecom- GEC Plessey, NTT-NEC, Deutsch Telecom-Siemens, etc.

Como se ha mostrado en los capítulos anteriores, los cambios tecnológicos e institucionales definieron las nuevas estructuras de mercado: la existencia de segmentos, los niveles de competencia, la apertura o liberalización, los grados de integración, los nuevos servicios, etc. Esto se expresa en la actualidad en las posibilidades que brinda la denominada convergencia y, en particular, el “triple play”, que implica la integración en una sola empresa y en una red de las capas II a VI (esto se ha ilustrado en el cuadro 3.1 con las líneas punteadas, que serían una especie de filtros que comunican y, al mismo tiempo, delimitan cada una de esas capas); además, habría que añadir la dimensión espacial, el ámbito en que se estructura y permite la actuación de las empresas: regional, nacional, global. Pero, este proceso se dio a lo largo de los últimos 25 años, en el cual las empresas fueron definiendo sus estrategias de valorización, que no siempre fueron las más exitosas.

Se trata del establecimiento del nuevo régimen tecnológico (Fransman, 2002), que implica formas novedosas de producir y transmitir el conocimiento tecnológico, así como la existencia de límites y posibilidades para su uso, definiendo el marco de oportunidades para las estrategias de las empresas y de actuación de las instituciones (Malerba y Orseniego 1990 y 1993). El cambio de régimen tecnológico en las telecomunicaciones, lo que denomina Fransman como infocomunicación, implicó nuevas formas de aprendizaje y organización de las empresas, así como de sus posibilidades y de sus capacidades de adaptación y respuesta.

El régimen tecnológico surgido implicó entonces cambios en el conjunto de relaciones y espacios de valorización de los distintos capitales, los vínculos horizontales y verticales entre los segmentos de las nuevas telecomunicaciones y sus empresas, las relaciones al interior de ellas, sus formas de organización y realización de actividades, etc. En este sentido, las empresas respondieron de manera distinta ante estos cambios, de los cuales fueron actores centrales.

Boyer y Freyssenet (2001) señalan que las empresas, a fin de garantizar el crecimiento de sus ganancias durante un periodo, adoptan determinadas estrategias de valorización, definidas como “acuerdos” bajo los cuales organizan sus actividades, a través de distintas dimensiones: determinaciones sobre el producto, las formas de organización de los procesos productivos y de gestión, y, de manera central, sus relaciones salariales. Agrupan las principales fuentes de ganancia en: economías de escala, variedad de la oferta (economías de alcance), calidad del producto, innovación, flexibilidad productiva y reducción permanente de los costos.

Las estrategias de las empresas harán uso de una o varias de estas fuentes, por lo que no existirá una estrategia válida, sino que habrá tantas como las condiciones del mercado y las características de las empresas puedan permitir la valorización del capital. Así, la estrategia empresarial será una combinación de esas fuentes que le permitan asegurar su rentabilidad, definiendo también los mejores mecanismos o instrumentos para desarrollarla.

En este sentido, Fransman señala varias dimensiones en las que se manifiestan modificaciones en las estrategias empresariales en las telecomunicaciones y que podemos sintetizar de la siguiente manera:

1) Al modificarse la manera en que se realiza la innovación, las relaciones entre los proveedores de la primera con las empresas de las demás capas son fundamentales. Al romperse los vínculos entre las viejas operadoras monopólicas nacionales con sus filiales de producción de equipo se tuvieron que definir las formas en que se realiza la investigación y el desarrollo tecnológico. Una de las principales tendencias fue la concentración de estas actividades en los productores de equipo, lo cual hemos visto en el capítulo 1 y que se expresó también al analizar los sistemas de innovación en el capítulo anterior. Cabe recordar que las primeras definiciones se realizaron hacia finales de la década de los ochenta, surgiendo distintas estrategias, p.e. British Telecom abandonó la mayor parte de sus actividades de ID, en tanto que NTT las consolidó durante varios años después (ver Sánchez, 1994). Esto implicará la necesidad de estimular los acuerdos o alianzas con los proveedores y entre las propias empresas que compiten, el famoso binomio competencia-colaboración.

2) Como hemos visto, el desarrollo de nuevos servicios y la multiplicación de capas en el esquema de Fransman, puso en el ambiente competitivo las opciones de especialización, diversificación y calidad, elementos que no son excluyentes pero que se presentaron (se presentan) como posibilidades para la mejor rentabilidad del capital en el largo plazo. Aquí vale la pena destacar que el desarrollo de nuevos servicios y la apertura a la competencia, implicó el surgimiento de nuevas empresas, que tenían quizá una diferencia en términos de sus capacidades tecnológicas y de innovación, esto frente al expertise adquirido por las viejas operadoras, “incumbent” ; las diferencias entre estas empresas jugará también un papel central para la determinación del camino a seguir.

3) La liberalización comercial, el desarrollo de los acuerdos regionales y mundiales, vistos en el capítulo anterior, determinaron un espacio distinto de valorización, es decir ya no se trataba sólo del ámbito nacional, sino que se impuso como una visión consensual la búsqueda de la presencia global; la acelerada internacionalización y acuerdos de coinversión formaron parte de las nuevas estrategias de las empresas de telecomunicaciones. En este sentido, con base en los datos de la UNCTAD entre 1990 y 2000 el índice de trasnacionalidad en el caso de las telecomunicaciones estaba por debajo del promedio de las cien grandes empresas trasnacionales del mundo; aunque en los últimos años tiende a alcanzarlo. Esta tendencia se corrobora si consideramos los ingresos de 41 operadoras y el porcentaje obtenido de sus actividades en el extranjero, en tan sólo cinco años se duplica éste.

4) Finalmente, los procesos de reorganización de las empresas –de utilización de los esquemas de flexibilización organizacional y laboral– formaron parte fundamental en las estrategias empresariales; desde la organización vertical monopólica hasta la integración divisional, pasando por la implantación de unidades de negocio autónomos en alianza con sus competidores, fueron esquemas organizacionales explorados por las empresas de telecomunicaciones. Todo combinado con formas de hacer más eficientes los procesos, de reducción del personal, combinando nuevos esquemas de incentivos con la elevación de la productividad y la calidad (ver al respecto Katz, 1997).

Lo anterior sería una expresión de las diversas estrategias que adoptaron las empresas ante los cambios tecnológicos e institucionales que se han venido analizando y que han reconstituido el mercado de telecomunicaciones mundial. Veamos como funcionaron estas tendencias en la constitución del mercado norteamericano.

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