Tesis doctorales de Ciencias Sociales

ALTERNATIVA DIDÁCTICA PARA ELEVAR EL NIVEL DE DESARROLLO DE LA AUTOVALORACIÓN DEL BACHILLER SOBRE SU DESEMPEÑO ESCOLAR

Yolanda Catalina Peña Acosta



 

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I.2 La autovaloración y su influencia en la formación integral de la personalidad. La autovaloración del bachiller sobre su desempeño escolar

Una investigación relacionada con la autovaloración debe analizar primeramente algunas ideas que han existido en relación con la misma. El análisis epistemológico que se presenta incluye: las tendencias teóricas en su estudio, estructura, funciones, adecuación, proceso de su formación y desarrollo, importancia de su estudio en la actividad docente y del logro de una autovaloración adecuada del educando sobre su desempeño escolar.

La historia del desarrollo de los conceptos de autoconciencia y autovaloración se inicia con los filósofos de la antigüedad. Estos fenómenos fueron tratados inicialmente con los términos del yo (ego), el sí mismo (self), el alma o el propium y posteriormente con el de autovaloración, aunque en ocasiones aún se utilizan indistintamente términos como identidad personal, autoconcepto, autoestima o autoimagen.

Entre las principales tendencias teóricas se encuentra la que agrupa teorías de fines del siglo XIX como la de W. James, que consideró el concepto del "yo" fundamentalmente en un plano cognitivo, como un sistema formado por distintos subsistemas que interactúan entre sí49. Estas teorías no lograron descubrir realmente la esencia reguladora de la autovaloración en la estructura de la personalidad.

También se manifestó una tendencia biologista en la comprensión de la autovaloración. Esta concentró todo el papel activo de la personalidad en las necesidades de tipo biológico, subvalorando el papel activo de la conciencia sobre la esfera de las necesidades. El pionero de estas teorías fue S. Freud desde finales del siglo XIX hasta las primeras cuatro décadas del siglo XX, el cual no destacó suficientemente la unidad funcional de lo afectivo y lo cognitivo en la estructura del "yo"50.

En los comienzos del siglo XX surge una tendencia sociologista en la comprensión de la autovaloración, que se desarrolló fuertemente entre los años 40 y 50, en la que se expresaba la dependencia del "yo" de las ideas del medio, con teorías como las de G. H. Mead51. Tras esta esencia pasiva del hombre, se encuentra una subvaloración de sus potencialidades reguladoras independientes que niega su posibilidad de orientarse por ideas y convicciones internas.

Otra de las tendencias contemporáneas fue la orientada a estudiar la autovaloración mediante algunos de sus elementos aislados y su relación con cambios en la conducta provocados en situaciones experimentales, sin tener en cuenta que los mismos pueden depender de otros aspectos de la personalidad. La influencia del paradigma conductista en la psicología experimental fue disminuyendo en la segunda mitad del siglo XX con trabajos como los de R. Wyley52. A pesar de que este autor valora algunos aspectos internos en la estructura de la personalidad no llega a un nivel alto de elaboración sobre ellos.

En el análisis de las tendencias antes señaladas, que se mantienen aproximadamente hasta 1970, González Rey identificó características comunes: una concepción pasiva y estática de la autovaloración, una concepción mecanicista unilateral al considerarla como una formación cognitiva o afectiva y que no se analiza la autovaloración como subsistema motivacional activo en la regulación de la conducta. No obstante, muchos de los estudios realizados en estos años, como los de G. Allport y C. Rogers53 sirvieron de base y aportaron valiosas ideas a futuras investigaciones.

De igual manera han servido de referente a los estudios actuales los resultados de las investigaciones experimentales de F. Hoppe, E. A. Serebriakova y M. S. Neymark54 entre las décadas del 30 al 70 del pasado siglo, centradas en el análisis de las relaciones entre el nivel de aspiraciones y la autovaloración, a partir de la observación de la conducta del sujeto ante el éxito y el fracaso en la realización de tareas de diferente grado de complejidad. Al respecto son importantes las recomendaciones de F. González Rey y G. Roloff55, en lo referido a la utilización de una vía multimetódica donde se tengan en cuenta, además de los resultados de la actividad, las elaboraciones conscientes del sujeto sobre sí mismo.

A partir de 1970 se aborda por autores cubanos, en estrecha unión con los psicólogos de países socialistas, el papel de la autovaloración en el nivel consciente-volitivo de la motivación humana, destacando la importancia de ésta y otras formaciones psicológicas en la autorregulación del comportamiento del sujeto. La psicología de orientación materialista–dialéctica, además de considerar la unidad de lo cognitivo y lo afectivo en la función reguladora de la autovaloración, concede a los factores sociales, el papel que le corresponde en el origen y evolución de esta formación psicológica, sin menospreciar el factor biológico ni el papel activo de la personalidad en su interacción con el medio. Este carácter activo de la personalidad se aprecia precisamente en el hecho de que ella se forma y se desarrolla en la actividad y la comunicación, pero a la vez regula las mismas.

Al referirse a esta regulación en la década del 70 del pasado siglo, A. I. Lipkina expresó que la autovaloración ocupa un lugar principal, pues de la forma en que el hombre se percibe y valora a sí mismo depende el carácter de sus interacciones con otras personas, la efectividad de su actividad e incluso el desarrollo ulterior de su propia personalidad56. En este planteamiento emerge la idea, presente en casi todos los estudios actuales acerca de la temática, de que en la autovaloración el contenido es inseparable de la función reguladora del mismo sobre la conducta y que, cuando se ha alcanzado un alto nivel de desarrollo de la misma, en ella se expresa lo que González Rey en 1982 denominó tendencia orientadora de la personalidad57.

Los estudios realizados por E. I. Savonko58 en la segunda mitad del siglo XX acerca de esta temática demostraron que aunque en la adolescencia se produce el paso más importante hacia una orientación de la conducta basada en la autovaloración en detrimento de la tendencia a orientarse por la valoración de los demás, ésta última no pierde totalmente su fuerza. Estas conclusiones se tienen en cuenta en la presente investigación al considerar la necesaria atención a las faltas de correspondencia entre los criterios autovalorativos y la valoración de las personas conocedoras del desempeño del educando, la orientación al mismo en la autorreflexión sobre su comportamiento, para que se conviertan en normas propias, asimiladas conscientemente, las exigencias sociales relacionadas con su desempeño. Esto le permitirá orientarse hacia la rectificación de su manera de sentir y actuar, en correspondencia con lo que la sociedad espera y exige de él, lo que debe coincidir con lo que él espera de sí mismo.

Se comparten los criterios sobre la estructura de la autovaloración emitidos por González Rey al plantear que la misma puede dividirse en dos aspectos esenciales: su contenido y su dinámica. El contenido recoge todo lo que el sujeto expresa como producto del análisis sobre sí mismo, mientras que la dinámica se manifiesta en el nivel de valoración afectiva de este contenido, así como en su poder movilizador59.

Aquí se manifiesta que la autovaloración, como componente del sistema de la personalidad, reproduce de modo particular, a nivel de sus contenidos y funciones, la unidad cognitivo-afectiva característica de la personalidad como totalidad en que ella se integra.

Al abordar las funciones de la autovaloración las investigaciones realizadas a partir de 1970 por F. González Rey, G. Roloff y otros autores cubanos han evidenciado que la autovaloración incluye la valoración que hace el sujeto de sus cualidades y capacidades, al comparar las mismas con su realización en correspondencia con las exigencias de su vida y sus aspiraciones futuras. De igual forma se comparten estos referentes cuando aclaran que lo anterior se refiere solo a su función subjetivo-valorativa, pero que la autovaloración tiene además una función reguladora, porque sobre la base del autoconocimiento, el sujeto orienta su actividad hacia el cumplimiento de las metas que se plantea y autorregula sus modos de pensar, sentir y actuar.

González Rey refiere también una función autoeducativa 60, la que considera un momento superior de desarrollo de la función autorreguladora, donde el nivel de la autocrítica y la autorreflexión le posibilitan al sujeto la movilización de su conducta en dirección a la superación de sus deficiencias. Visto así, la función autoeducativa forma parte de la función autorreguladora, por lo que a los efectos de esta investigación se considerará implícita en ésta. Esta función autoeducativa está también relacionada con la función pronóstica o proyectada al futuro que refirió A. I. Lipkina61, pues orienta al individuo hacia la superación de sus limitaciones. Por todo lo anterior, en lo adelante, al mencionar la función reguladora de la autovaloración se considera que ésta desempeña el papel autoeducativo que representa su máxima expresión.

Al analizar la adecuación de la autovaloración, tradicionalmente se ha tomado como referencia uno de los parámetros establecidos en 1956 por la psicóloga E. A. Serebriakova en su tesis de doctorado, en el cual se tenía en cuenta como criterio de clasificación, la correlación entre el nivel de pretensiones y el nivel de realización de la personalidad. Según este criterio la autovaloración puede ser adecuada o inadecuada, esta última por sobrevaloración o subvaloración62. A los efectos de esta investigación el término adecuada incluye además de la correspondencia citada, la estabilidad y otros indicadores que le permiten cumplir sus dos funciones principales. Esta consideración se relaciona con el punto de vista sostenido por González Rey al incluir en los aspectos de una autovaloración adecuada: la riqueza de contenido, la flexibilidad y la integridad63.

El proceso de formación de la autovaloración tiene como fundamento la ley genética del desarrollo planteada por Vigotsky64, según la cual las funciones psíquicas superiores se forman primeramente en el plano social interindividual o interpsicológico y posteriormente en el plano intraindividual o intrapsicológico. Lo externo llega a ser interno mediante un proceso de construcción con otros, donde se manifiestan formas de mediación constituidas por la influencia del contexto sociohistórico y los instrumentos socioculturales que utiliza el sujeto. Lo externo representado por todo lo que tiene como función condicionar o mediar en el desarrollo de la autovaloración: las condiciones, las relaciones interpersonales y la valoración social que recibe el individuo de las personas más significativas en su entorno, todo lo cual pasa a formar parte de los contenidos autovalorativos en un plano interno.

Este es un proceso activo, en el que la relación entre ambos planos no es directa e inmediata, no es una simple reproducción de la actividad externa, porque el individuo va ganando autonomía respecto a los criterios de los demás. Considerar lo contrario sería subvalorar las potencialidades reguladoras independientes y negar la posibilidad del individuo de orientarse por ideas y convicciones internas.

Sin embargo, la formación de la autovaloración no ocurre de manera espontánea. El autoconocimiento presupone el conocimiento de otras personas. La comunicación con los coetáneos y los adultos aporta experiencias y valoraciones de los demás que influyen en la valoración de sí. Al referirse al problema de la formación de la autovaloración G. Roloff65 afirma que la misma no aparece en la adolescencia, sino que adquiere en esta etapa un nivel superior. La autovaloración, como dimensión valorativa dinámica de la autoconciencia, comienza a gestarse paralelamente a la misma aproximadamente al final del segundo año de vida con el conocimiento de su yo corporal y se extiende hasta la adultez; va transitando desde el análisis y valoración de aspectos físicos, exteriores, hasta el del comportamiento, rendimiento y aspectos interiores o particularidades de la personalidad.

En este proceso se transita desde un acatamiento pasivo de la valoración externa, que toma los criterios valorativos fundamentalmente de las normas y valores que tienen vigencia en el grupo en que se desenvuelve el niño, hasta que los juicios ajenos se convierten en valoraciones internas, reelaboradas y asimiladas según criterios personales. Las primeras autovaloraciones son inestables, fluctuantes y con un alto grado de parcialidad, pero deben llegar a ser más estables, objetivas y equilibradas en la adolescencia tardía y la juventud, para continuar perfeccionándose en la edad adulta y durante toda la vida en un proceso de autoeducación y autotransformación constante de la personalidad.

En el caso de los educandos cubanos de preuniversitario, cuyas edades oscilan entre los 14 y 18 años, es de esperar un nivel cualitativamente superior en el desarrollo de la autovaloración que el alcanzado en años anteriores. Este período puede considerarse de tránsito de la adolescencia a la juventud, pues los límites etáreos establecidos por la mayoría de los estudiosos de estas edades66 son convencionales y se interceptan parcialmente. En esta etapa están ocurriendo cambios fisiológicos, sociológicos y psicológicos que tienen su influencia en el desarrollo de la autovaloración.

En el aspecto fisiológico, los relacionados con la maduración sexual, el crecimiento corporal y el desarrollo intelectual inciden en la capacidad y necesidad de conocerse a sí mismo, sus cualidades y propiedades personales. En lo sociológico, la progresiva separación de la familia y la creciente influencia del grupo determinan en la comparación de los criterios autovalorativos con la valoración exterior. El ajuste de su valoración en función de las opiniones de los demás, de los resultados que alcanza en sus actividades y de la propia observación de su conducta, hace que el individuo vaya rectificando su manera de actuar sobre la base de estas exigencias y de los modelos ideales a que se aspira67.

Atendiendo a las particularidades psicológicas, se considera que en esta etapa ocurre la toma de conciencia de sus cualidades personales y de determinados sistemas de autovaloraciones ético–sociales. Esta toma de conciencia se manifiesta al comparar el nivel de sus pretensiones con el resultado obtenido, y en la comparación social que se produce al confrontar las opiniones que sobre él tienen los demás68.

Es una etapa donde se observa una ampliación gradual de la estabilidad y adecuación de las autovaloraciones con una mayor incidencia en la regulación de la actividad. El hecho de que se produzca el paso más importante hacia una orientación de la conducta basada en la autovaloración, en detrimento de la valoración por parte de los demás (a pesar de que convive también una gran sensibilidad a éstas), puede relacionarse con ciertas peculiaridades de la personalidad como: el deseo de libertad, de independencia, de autoeducación y su inclinación a meditar y reflexionar sobre sí mismos. La función reguladora adquiere su expresión autoeducativa y le brinda la posibilidad de proponerse metas dirigidas al autoperfeccionamiento. Por esta razón, los profesores de la educación preuniversitaria deben promover el desarrollo de la autovaloración con mayor intensidad que en grados anteriores.

Los educadores han de tener en cuenta además que en este período de la vida, la opinión y valoración de los compañeros adquiere gran valor, incluso más que la de maestros y padres, y que las formas de valoración social pueden conducir a la deformación de la autovaloración sobre el desempeño escolar: el predominio del elogio puede provocar sobrevaloración y el abuso de la crítica propicia la subvaloración. Un equilibrio entre la crítica y el elogio puede contribuir a que en esta etapa el educando eleve su conocimiento de sí en correspondencia con los patrones sociales establecidos y comprenda la necesidad de autovalorarse adecuadamente.

La autovaloración en la actividad docente puede considerarse un subsistema de la autovaloración general, como mismo esta última es un subsistema de la personalidad. En los estudios realizados por O. González sobre los problemas del desarrollo de la autoconciencia y la autovaloración, se destaca que esta formación psicológica, como fenómeno complejo, incluye los diferentes aspectos de la personalidad del sujeto y los resultados que alcanza en los distintos campos de su actividad. Refiere que puede hablarse de la existencia de una autovaloración en sentido general y de autovaloraciones parciales, en las que se reflejan la forma de actuar del individuo en un aspecto específico. En este sentido señala que no necesariamente existe una relación directa entre un tipo y otro de autovaloración, aunque es lógico suponer que en la medida en que la personalidad se integre, sus autovaloraciones con respecto a actividades o esferas distintas se hagan también más congruentes. O. González añade que el carácter de estas relaciones entre las autovaloraciones parciales ha sido poco estudiado y que los trabajos realizados se centran en el estudio de algunos tipos de autovaloración parcial69.

Al respecto también se ha expresado P. Rico70, cuyos trabajos abordan la autovaloración en la actividad docente, centrando su atención en el control y evaluación de los trabajos que realizan los escolares primarios. En las investigaciones de A. I. Lipkina, se estudia la autovaloración de estudiantes de cuarto y octavo grados sobre su rendimiento docente y su influencia en el éxito de las tareas intelectuales71. Por su parte la presente investigación estudia directamente la autovaloración de los educandos de preuniversitario, pero no la influencia de la misma en el rendimiento docente, sino por el contrario, la contribución a su desarrollo a través de una alternativa didáctica.

Aunque formar integralmente al futuro bachiller presupone un adecuado nivel de desarrollo de su autovaloración en los diferentes campos de su actividad, se hace énfasis en la autovaloración de los educandos sobre su desempeño escolar, porque es la actividad docente la principal en estas etapas de la vida del educando cubano y porque en ella operan también como una totalidad orgánica, las tres formas fundamentales de la actividad humana (cognoscitiva, práctica y valorativa). El educando valora constantemente la realidad objetiva donde está incluido él, es decir, valora lo que conoce y se incluye a sí mismo en ese proceso. Las propias condiciones de organización y estructuración de la actividad docente brindan la oportunidad de una formación más efectiva de la autovaloración y de otros aspectos de la personalidad, posibilidad que no siempre es aprovechada por los docentes.

La importancia de una autovaloración adecuada sobre el desempeño escolar requiere para su comprensión del conocimiento de algunas manifestaciones de la inadecuación. La sobrevaloración se caracteriza generalmente por un nivel de aspiración relativamente alto, que impulsa al educando a querer destacarse siempre por encima de los demás. Cuando no logra sus propósitos generalmente manifiesta reacciones inadecuadas ante el fracaso que pueden llegar a la agresividad, el sujeto no tiene un conocimiento verdadero de sus cualidades positivas y negativas. Por esto no reformula sus metas en correspondencia con sus posibilidades, no subordina lo individual a lo social, es egoísta, autosuficiente y generalmente tiene bajo nivel autocrítico.

La subvaloración se caracteriza por un nivel de aspiración relativamente bajo, causado por una exageración de sus cualidades negativas y pobre conocimiento de sus cualidades positivas. El educando que se subvalora maximiza sus fracasos y minimiza sus logros, lo que limita la creatividad, el paso de lo actual a lo potencial y el planteamiento de metas objetivas; fomenta la inseguridad en sí mismo, el sentimiento de inferioridad, el pesimismo, la poca persistencia ante las dificultades o la indecisión.

En el caso específico del bachiller, una autovaloración adecuada sobre su desempeño escolar contribuye a lograr la autodeterminación que necesita para enfrentar los estudios superiores en correspondencia con sus posibilidades reales. Por el contrario, la inadecuación conduce a conflictos en las relaciones interpersonales e intrapersonales, provocados por los rasgos distintivos de la sobre y la subvaloración, que perjudican el buen desarrollo de su personalidad. De igual forma, ambos desajustes autovalorativos, que limitan la elección consciente de la futura profesión, impiden que el bachiller sienta, piense y actúe en correspondencia con los valores de la Revolución.

En el ámbito escolar se destacan, además de los estudios anteriormente referidos, las investigaciones de A. Labarrere sobre la autorregulación metacognitiva en la solución de problemas72 y los trabajos de G. Roloff sobre la motivación de la actividad docente y la autovaloración del escolar73. L. Rafael Martínez y J. Montero Ramírez estudiaron su relación con el mejoramiento del proceso comunicativo en educandos de nivel medio74. La investigación realizada por P. Mori Saavedra75, demostró que una mejor autopercepción del desempeño escolar determina una mejor autovaloración global y que ambos influyen en el rendimiento académico. Sin embargo, de acuerdo con la exploración realizada, ninguna de las investigaciones consultadas aporta una alternativa didáctica para su estimulación en la educación preuniversitaria.

En otros ámbitos se ha comprobado también el efecto positivo de una autovaloración adecuada: ejemplo de ello son las investigaciones realizadas en Psicología del deporte, que han demostrado que los atletas de mejor adecuación en su autovaloración alcanzan mejores rendimientos en las competencias76. O. D´Angelo ha investigado su influencia en la autodeterminación y en la autorregulación del proyecto de vida77.

Al analizar el papel de la autovaloración en la formación integral de la personalidad, se considera que un educando que autovalore adecuadamente su desempeño escolar puede desarrollar todas sus potencialidades para desenvolverse plenamente no solo en la vida escolar, sino también en la vida social y familiar, asimilando la experiencia de sus errores para el autoperfeccionamiento. Un educando con autovaloración adecuada sobre su desempeño escolar se caracteriza por: una correcta actitud ante el estudio y el trabajo, un elevado nivel crítico y autocrítico, exigencia consigo mismo, persistencia, fuerza de voluntad, optimismo, seguridad, confianza en sí mismo, adecuado nivel de autorreflexión, independencia y buenas relaciones interpersonales.

Muchas de las cualidades anteriores han sido identificadas como características de la personalidad asociadas a la creatividad78, por que el educando con una autovaloración adecuada sobre su desempeño escolar tiene las potencialidades para manifestarse como una persona creativa. Investigaciones realizadas ya han demostrado la estrecha relación entre los niveles de expresión de la creatividad y el grado de adecuación de la autovaloración79.

Todo lo referido anteriormente alrededor de esta formación psicológica de la personalidad afirma la importancia de accionar sobre su desarrollo en las jóvenes generaciones. Se trata de fundamentar una alternativa sustentada en una concepción didáctica que permita lograr una influencia directa en la autovaloración del educando sobre su desempeño escolar, como una vía para influir en la autovaloración global y en el proceso de formación integral de su personalidad, lo que requiere profundizar en las causas de una autovaloración inadecuada.

En sus estudios sobre la valoración, J. R. Fabelo Corzo ha identificado tres causas principales de la inadecuación de la misma: un reflejo cognoscitivo falso o incompleto del objeto, un reflejo incorrecto por parte del sujeto de sus propias necesidades e intereses y una elección inadecuada del patrón valorativo con el cual se compara el objeto valorado. También este autor plantea que éstas pueden ser consecuencias de otras causas80. Al llevar este análisis a la autovaloración del educando sobre su desempeño escolar, la autora de esta investigación considera que entre las posibles causas de la inadecuación pueden encontrarse:

 Un bajo nivel de autoconocimiento.

 Un desconocimiento de la necesidad de tener una autovaloración adecuada.

 Un desconocimiento de las exigencias o normas establecidas para un buen desempeño escolar.

Estas a su vez pueden ser provocadas por un insuficiente tratamiento didáctico al problema de la autovaloración en la escuela, así como por insuficiencias en la educación familiar. En lo referente al proceso de enseñanza-aprendizaje, el docente debe buscar alternativas que le permitan contribuir a erradicar las tres causas mencionadas y evaluar sistemáticamente el nivel de desarrollo de la autovaloración alcanzado por sus educandos a partir del diagnóstico integral.


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