Tesis doctorales de Economía


LA GESTIÓN COMPARTIDA UNIVERSIDAD-EMPRESA EN LA FORMACIÓN DEL CAPITAL HUMANO. SU RELACIÓN CON LA COMPETITIVIDAD Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Ana Mercedes Díaz de Iparraguirre



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2.7.1- Universidad:

En una muy anticipadora visión, Peter Drucker (2003), calificó nuestra era actual, como la sociedad del conocimiento, y los economistas, desde hace más de una década, giraron sus ojos, hacia la innovación, como fuente de competitividad de las naciones. Ambos enfoques auguraban exigencias crecientes para las universidades en el intento de responder a retos sociales y empresariales de un alcance y entidad difíciles de prever. Ahora bien, uno de los retos más acuciante, será con toda seguridad la búsqueda de un crecimiento sostenible, que aleje de graves agresiones la habitabilidad del planeta, la desigualdad o limitaciones relevantes para el estado de bienestar. Habrá que reinventar una nueva revolución industrial con parámetros energéticos y funcionales muy diferentes y una agricultura ambiental sostenible que vele rigurosa y eficazmente por el medio ante la presión de una población creciente y una actividad económica claramente devastadora, lo cual requerirá iniciativas conjuntas y coordinadas entre científicos, empresarios políticos y la sociedad en general.

En vista de lo anterior, la sociedad en general, reclama una participación muy activa de las instituciones universitarias, como una herramienta capaz de introducir cambios muy profundos en el alcance y enfoque de nuestra actividad docente e investigadora, o la imprescindible eficiencia en el acceso o distribución de la información, la capacidad de desarrollar instrumentos tecnológicos muy potentes en campos muy diversos del saber.

En este contexto, los artículos 1,2 y 3 del Título de las disposiciones fundamentales de la Ley de Universidades (1970), se expresa que el objetivo fundamental de la Universidad, es la búsqueda del conocimiento (investigación científica, humanística y tecnológica), así como, el desarrollo y cultivo de las artes. Por otra parte, la institución universitaria no puede conformarse con ser un ente formador de profesionales; ha de extender su campo de acción y fuerza orientadora hacia todas aquellas áreas que de una forma u otra afectan al país, sus recursos o sus habitantes. Se entiende además, que ella, ha de ser fundamentalmente una institución dinámica y difusora de conocimientos que propenda al acercamiento del hombre y sus valores trascendentales. Asimismo, la extensión debe concebirse como un vínculo permanente entre la Institución Universitaria y su ámbito exterior, que permita un flujo constante de información sobre las características, necesidades y potencialidades de su entorno, de forma tal, que su marcha esté guiada hacia la solución de todo problema dentro de su área natural de influencia, sin perder por ello su sentido universalista.

En este sentido, Rincón (1995), expresa que:

“Esta simbiosis entre la Universidad y su medio, debe propender a una participación activa, dinámica y crítica de la comunidad a la cual va dirigida,…, comprenda su realidad y aporte por si mismo soluciones, metas y vías de acción, aplicables a situaciones concretas”. (pág.30).

En este sentido, Ontiveros y Elberg (1970), indican que “La Universidad sólo podrá obtener respuestas integradas y críticas a las interrogantes a las que está sometida por su permanente búsqueda de la verdad………, logre eliminar el enclaustramiento y ……, cuando participe y sea factor determinante en el permanente cambio histórico social” (pág.13).

En este contexto, Millán (2003), señala que el Sistema Nacional de Educación Superior tiene como propósito fundamental consolidar un contexto socio-cognoscitivo, fundamentado en una cultura de cooperación entre las instituciones y programas de educación superior, que supere los enclaustramientos institucionales, y promueva la participación de toda la sociedad en el conocimiento y sus aplicaciones.

De manera que se puede afirmar que las Universidades constituyen actualmente la entidad social y educativa fundamental para la producción de conocimientos. Es decir, “La Universidad es una fábrica de conocimientos, que acumula y transmite información y crea conocimientos del más diverso tipo.” Correa (1996) (p.30). Por ello, las Universidades deben estar atentas a la necesidad de cambio que exige la sociedad, sobre todo en aquellas universidades de corte tradicional, a fin de que asuman el reto planteado por las exigencias del mundo científico y tecnológico, y puedan dar respuestas a las comunidades académicas y a la sociedad en general.

En relación con este último planteamiento, Amangi (1990), señala que: “La Universidad es el lugar que condensa y materializa el deseo fundamental de conocimiento de la humanidad.”(pág.14). Es por ello, que la Universidad se consolidó, convirtiéndose progresivamente en la institución más elevada de los sistemas educativos, asumiendo como función en la organización social, la de dirigir el cultivo y la transmisión de conocimientos, con el fin de formar profesionales, tecnólogos e investigadores que dirijan la creciente estructura social. En este sentido, la Universidad promoverá la articulación de conocimientos científicos, tecnológicos, sociales y humanísticos que la sociedad requiere para lograr desarrollo económico, social y cultural conforme a las prioridades locales, regionales o nacionales.

Es evidente entonces, que las universidades, tendrán que jugar un papel mucho más activo y decisivo en el desarrollo de la economía, el crecimiento de las empresas y la obligación social de asumir nuevos compromisos con las comunidades, a través del desarrollo, de nuevas fórmulas de aprendizaje como: La formación continua, adulta, reciclaje, paquetes formativos digitales multimedia. Pero sobre todo, buscando nuevas formas de relaciones entre las universidades, empresas y gobierno. Bajo esta óptica, la interacción entre la Universidad y la Empresa, debe generar incentivos que contemplen beneficios, tanto a los integrantes de las universidades y de las empresas, que les permita satisfacer en primer término, sus necesidades económicas, sociales y profesionales, y en segundo término, alcanzar un equilibrio entre la vida personal y profesional. Sin olvidar que en muchos aspectos, deben medir sus actividades y proyectos, en un ámbito de colaboración internacional y de competitividad.


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