Tesis doctorales de Economía


LA GESTIÓN COMPARTIDA UNIVERSIDAD-EMPRESA EN LA FORMACIÓN DEL CAPITAL HUMANO. SU RELACIÓN CON LA COMPETITIVIDAD Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Ana Mercedes Díaz de Iparraguirre



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CAPÍTULO I. EL CONTEXTO

Planteamiento del Problema

Los cambios sociales y tecnológicos por los que atraviesan los países han suscitado cambios sustantivos en la organización económica, en el mundo laboral y en la concepción y desarrollo de los procesos productivos. Estas transformaciones han ocasionado modificaciones en cuanto a la naturaleza y funciones de las actividades productivas y, en consecuencia, de las competencias que deben poseer los trabajadores para responder a las demandas cualitativas que exige el mundo de la producción y de los servicios, para alcanzar los niveles de productividad, rendimiento y eficacia necesarios y disponer de las condiciones de competitividad requeridas por los mercados nacionales e internacionales.

En vista de ese proceso de cambio constante en que se haya sometida la realidad socioeconómica, el conocimiento juega papel importante en las actividades de las empresas, donde la formación pasa a ser un factor estratégico y clave en el desarrollo de las competencias de sus trabajadores para lograr los objetivos propuestos. Por lo tanto se requiere que las empresas definan y actualicen los perfiles de sus trabajadores para fortalecer su competitividad y promocionarlos profesional y socialmente.

Así pues, la formación y las instituciones que se encargan de cumplir esta función deben estar orientadas, fundamentalmente, a responder en forma eficiente y eficaz a las demandas reales, económicas y sociales de la comunidad, para preparar personas que posean las capacidades que les permitan insertarse de manera crítica y creativa, en la actividad productiva, proporcionando a la sociedad el capital humano que los países requieren para su desarrollo.

En ese mismo sentido, la Universidad es la orientadora e impulsora principal de las tareas que deben cumplirse a fin de lograr plenamente los cambios sociales y económicos que se necesitan para alcanzar completamente el desarrollo del individuo. La Universidad como institución al servicio de la sociedad, que genera y transmite conocimiento, presenta ciertas peculiaridades a nivel organizativo, para dar respuesta a sus funciones docentes e investigadoras, con el apoyo de los servicios generales, por ello, se afirma que la educación tiene un papel estratégico que cumplir en el desarrollo integral del hombre.

Es evidente que la Universidad no está aislada de su entorno. El sistema universitario está insertado en un contexto político, económico y social, tanto en el ámbito de cada país como en el ámbito internacional; por ello se ve en la necesidad de ir modificando sus estrategias, sus prioridades, sus planteamientos, en definitiva, su modelo de organización, de gobierno y de gestión, para responder de forma más coordinada, competitiva y con calidad.

Así mismo, la Universidad como factor difusor y transformador de valores, debe servir como guía promotor, para que se generen nuevos enfoques en la educación como alternativa de desarrollo social, cultural y ético que igualmente, sirvan para el desarrollo de capacidades y destrezas indispensables para la competitividad del aparato productivo y laboral. Por consiguiente, la Educación y la generación de conocimientos se convierten en un instrumento crucial para enfrentar el desafío en el plano externo que es la competitividad.

De igual forma, Pérez Carlota (1991), señala:

”La competitividad plantea la necesidad de aprender a vivir en ambientes cambiantes, y aún más, la necesidad de que las empresas asuman el desafío de orientar sus estrategias para pasar de un sistema de producción intenso en energía y materia prima a una producción intensiva en información y en conocimientos”.(pág.16)

En este sentido se puede afirmar que la economía de un país se construye sobre la base de la competitividad de las empresas que operan en su interior y en la expresión de sus voluntades por competir. De acuerdo con Porter (1993), cuando se habla de ventaja competitiva se debe pensar, que ésta se construye en el país sobre la base de cuatro características que constituyen el ambiente en el cual luchan las empresas locales:

1. La situación de los factores de producción.

2. Las condiciones de la demanda de los bienes y servicios que producen.

3. Las industrias que se encuentran relacionadas y el apoyo que obtienen.

4. La estrategia de las empresas, sus estructuras y competencias.

En efecto, se puede decir, que la competitividad de una empresa refleja las exitosas prácticas gerenciales de sus ejecutivos, pero también reflejan la fortaleza y eficiencia de la estructura productiva de su economía, y la estructura de sus inversiones en capital. Igualmente, refleja la robustez y dinamismo de su sistema educativo, la amplitud y calidad de la infraestructura científico –tecnológica y otros factores de los que la empresa puede favorecerse.

Con relación a lo anteriormente expuesto, Porter M. (obi.cit.), establece que la educación podría vincularse con la competitividad de la empresa y sus fases de desarrollo, a través de tres aspectos:

a) La educación como un factor no separado de la producción.

b) La educación como el criterio de aprender – haciendo.

c) La educación como relación mutua entre tecnología, capital humano y condiciones económicas.

Significa entonces que para el autor esta competitividad implica conocimientos, tecnología, manejo de información y destreza, es decir, significa elevar la calidad de los centros educativos y la formación de los recursos humanos, el desarrollo científico, el progreso técnico y la acumulación de información , por lo que se requiere priorizar las inversiones en educación, tecnología e investigación incorporándolas así a la actividad productiva.

De igual manera, Porter (1993), indica que existen dos aspectos fundamentales a considerar en torno de la competitividad de una nación: por un lado, la intervención del Estado como ente regulador de las políticas del mercado laboral, y por el otro, las empresas y las instituciones educativas, orientando éstas últimas sus pensa hacia la búsqueda de elementos que permitan la integración del sector productivo con el sector educativo.

Con relación a ello, el Banco Mundial sostiene:

“… se debe buscar una educación integral que asegure la adquisición de conocimientos significativos y el desarrollo de capacidades que permitan al estudiante universitario participar en la realidad social de la que es parte activa y frente a la cual se desempeña, no sólo como experto en el conocimiento de un ámbito específico, sino como un ciudadano competente”.

En ese sentido, es necesario invertir en una mayor formación y en el desarrollo del Capital Humano, así como en el establecimiento permanente de instituciones educativas que respondan eficientemente y en forma oportuna a las necesidades que presenta el sector productivo. Es por ello, que se hace necesaria la participación universitaria dentro de los procesos de producción y transferencia de conocimientos que el país demanda, en pro del desarrollo de la sociedad en general.

Al respecto podemos señalar una investigación realizada por Espinosa (1999), en la Universidad del Zulia denominada “La relación Universidad – Sector Productivo”, que nos permite sustentar lo afirmado por el Banco Mundial. En dicho trabajo se realiza un análisis comparativo de la relación del sistema educativo venezolano con el sector productivo, y en el que se advierte sobre la importancia sincrónica de estos sectores como actores determinantes en el ámbito socioeconómico de la nación. Los resultados de esta investigación revelan que el sistema educativo venezolano se encuentra desvinculado del sector productivo, destacando, además, que las empresas tienen la necesidad de crear programas de capacitación para desarrollar su Capital Humano por lo que deben recurrir a la capacitación exógena de sus empleados para satisfacer requerimientos de formación y cumplir con sus objetivos planteados.

Igualmente, en otro estudio realizado por el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) (1997), relacionado con el capital humano y la competitividad en las organizaciones venezolanas, se pudo observar que uno de los propósitos del estudio, fue determinar, mediante un diagnóstico, la importancia que tiene el nivel educativo del personal que ingresa al campo laboral y las políticas de capacitación y desarrollo de personal que tienen para las empresas seleccionadas para esta investigación. En el diagnóstico se determinó que mientras más bajo es el nivel educativo de la fuerza laboral, las empresas tienen que invertir mayor tiempo, esfuerzo y dinero para elevar su nivel de efectividad y facilitar a los trabajadores los conocimientos para desarrollar las destrezas requeridas por las tareas que deben realizar.

En este contexto, las Instituciones de Educación Superior (IES), deben seguir las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (1998), para que en consulta y coordinación con distintos sectores vinculados a su ámbito, elaboren “una nueva visión” de sus objetivos, tareas y funcionamiento, de cara al nuevo siglo. Para lo cual deberán plantearse:

• Apoyar la diversificación a través de todos los medios disponibles pero, garantizando la calidad de los programas y las instituciones.

• Reexaminar las relaciones entre la educación superior y la sociedad civil, de manera particular, entre la Universidad y la Empresa.

• Generar relaciones constructivas entre el Estado y la Universidad como requisito para el proceso de transformación de la educación superior. Estas relaciones se deben establecer bajo el respeto a la libertad académica y autonomía institucional.

• Construir espacios donde la Universidad imparta una formación de alta calidad que conduzca al desarrollo económico y social.

Como consecuencia de ello, se plantea que la Universidad debe realizar una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia, para que sus actividades se dirijan, según lo recomendado por la UNESCO (1998), a crear, asimilar y difundir el saber, mediante la investigación y la enseñanza. Por lo que debe relacionarse con su entorno para participar activamente en el cambio económico y social que se busca por medio de su intervención. En este sentido, la promoción de cambios y transformaciones estarán caracterizadas por la difusión de conocimientos desde las universidades, es decir, bajo las formas de acuerdos e intercambios de las partes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la

Cultura (UNESCO) (1998), plantea igualmente que la Universidad, como ente generador y difusor de conocimientos, está obligada a cambiar no sólo en dirección de la internacionalización de sus funciones y productos, sino que debe ser receptora de las expectativas y demandas de sus entornos inmediatos y participar en los procesos de desarrollo sustentable y en la resolución de los problemas inmediatos de ese entorno. Por todo lo dicho, es necesario que los institutos de educación superior consideren nuevas formas de aprendizaje, currículos modernos y dinámicos, para que, desde el escenario de la misión de transferir conocimientos, puedan contribuir con la sociedad para la formación de profesionales que comprendan su entorno y sean capaces de contribuir al desarrollo efectivo de la sociedad.

De igual manera, el sector productivo se ha visto en la necesidad de requerir de las instituciones de educación superior conocimientos y técnicas que puedan incorporarse a la producción de sus bienes y servicios que, a su vez, permita generar conocimientos nuevos capaces de convertirse en instrumentos fundamentales que satisfagan las necesidades socioeconómicas del entorno inmediato y contribuyan a un crecimiento económico sostenido del país. En atención a la problemática expuesta y motivada por el proceso de transformación que se está operando a nivel laboral y educativo, la autora, indagó sobre los requerimientos de formación de capital humano en el sector empresarial y universitario y su vinculación con el crecimiento de la economía. Como resultado de ello, se realizó el trabajo investigativo: “La gestión compartida Universidad-Empresa en la formación del Capital Humano. Su relación en la promoción de la competitividad y el desarrollo sostenible”.

Todo el planteamiento anterior, llevó a la investigadora a formular interrogantes sobre las posibilidades de una interacción Universidad-Empresa para la formación del capital humano que generen competencias que permitan a las empresas el fortalecimiento de su competitividad y le dé sostenibilidad económica al país:

1. ¿Cómo puede contribuir la formación que se ofrece en la universidad y en la empresa a promover la competitividad y, a su vez, incrementar el conocimiento, las habilidades y destrezas de los trabajadores para generar desarrollo sostenible?

2. ¿Cuál es la relación de correspondencia que tienen los programas académicos de las Universidades con las necesidades de formación que presentan las empresas y otras comunidades que rodean su entorno?

3. ¿De qué manera influyen los cambios políticos, económicos, sociales y ambientales en los programas académicos que las Universidades imparten para la formación del capital humano?

Con relación a estas interrogantes, la investigadora concretó una serie de objetivos tanto generales como específicos que sirvieron para orientar el desarrollo de esta investigación.


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