Tesis doctorales de Economía


EFECTOS DE LA EDUCACIÓN Y EL EMPLEO, EN LA DINÁMICA DE LA POBREZA EN LOS HOGARES DEL PERÚ: 2001-2005

Reucher Correa Morocho



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1.2.4. Mediciones de la pobreza en el Perú

Se sabe que existe una abundante literatura teórica sobre la medición de la pobreza. Esta literatura incluye la discusión sobre como medir los estándares de vida o el estándar mínimo aceptable en los individuos. Sin embargo, para el Perú, se han presentado sobretodo diferentes estudios de la distribución del ingreso, sobre pobreza han sido menos los análisis.

Basándonos en los datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) para los años 2001, 2002, 2003 y 2004 y además considerando el estudio de Casas y Yamada (2005), y la investigación “Medición de impacto en el nivel de vida de la población del desempeño macroeconómico para el período 2001- 2004”, del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP). Hemos obtenido:

Pobreza, Empleo y Remuneraciones (Análisis de las Encuestas Nacionales de Hogares)

En los últimos tres años se ha experimentado un buen desempeño macroeconómico. El PBI per capita obtenido en el 2004 ha sido 8.7% mayor al conseguido en el 2001. Asimismo, la inflación promedio anual fue de 2.5%. Estos indicadores se han conseguido en un contexto de reducción del déficit fiscal al 1.1% del PBI en el 2004 y récord de acumulación de reservas internacionales. Pero, ¿Cómo han impactado estos resultados macro en el bienestar de las familias peruanas?

Según estimaciones del INEI y el BCR, el ingreso nacional disponible per capita y el consumo privado per capita se han incrementado en 8.7% y 5.7%, respectivamente, entre el 2001 y 2004. Sin embargo, de acuerdo a las Encuestas Nacionales de Hogares (ENAHO), representativas a nivel nacional, los ingresos y gastos promedio per capita de las familias peruanas se han mantenido constantes en términos reales para el mismo periodo (los promedios muestrales han aumentado 0.5% y 0.4% respectivamente entre el cuarto trimestre del 2001 y el cuarto trimestre del 2004 , aunque estas variaciones no son estadísticamente significativas).

Las ENAHO son instrumentos adecuados para estimar de manera pormenorizada los gastos e ingresos de los estratos bajos de la población pero tienden a subvaluar los gastos e ingresos de los estratos más altos quienes evaden responder a los cuestionarios de manera sistemática . Por ello es usual que se presenten discrepancias entre los niveles y tendencias de las cuentas nacionales y sus equivalentes promedio en las encuestas de hogares. No obstante, las ENAHO cumplirían razonablemente bien el propósito de registrar el proceso de “chorreo” del crecimiento macro a los ingresos y gastos de los estratos bajos, si lo hubiere. En la Tabla Nº 5 mostramos la evolución de los gastos mensuales reales per capita por deciles entre el 2001-IV y el 2004-IV. Se observan crecimientos importantes en los gastos reales desde el decil más bajo (primero) hasta el sexto decil de la distribución. Así por ejemplo, el primer decil ha experimentado un crecimiento estadísticamente significativo de sus gastos per capita reales de 30.2% mientras que el segundo decil ha obtenido un incremento significativo de 19.3% en la misma variable. De hecho, los gastos per capita del 50% de familias de más escasos recursos del país han crecido en promedio 11.7% en términos reales entre el 2001 y 2004. Este crecimiento ha sido de 23.4% en el caso del 20% más pobre de la población , .

La tabla Nº 6, indicamos la evolución de los ingresos mensuales per capita reales entre el 2001-IV y el 2004-IV por deciles. La tendencia es muy similar a la mostrada por la distribución de gastos per capita: ha habido crecimientos importantes en los ingresos hasta el cuarto decil.

Así, los ingresos per capita del primer y segundo decil han crecido significativamente en términos reales en 33.1% y 17.1% respectivamente. De hecho, los ingresos per capita del 40% de familias de más escasos recursos del país han crecido en promedio 10.6% en términos reales entre el 2001 y el 2004.

Este crecimiento ha sido de 21.5% en el caso del 20% más pobre. De esta manera, la desigualdad en la distribución de los gastos e ingresos de los hogares, capturada por las ENAHO ha disminuido en los últimos tres años. Los coeficientes de Gini de gastos e ingresos se redujeron de 0.44 a 0.41 y de 0.52 a 0.50, respectivamente.

En lo que resta del análisis de las encuestas de hogares, se toma como eje a los gastos del hogar debido a la similitud en la evolución de los gastos e ingresos y dado que la pobreza se calcula oficialmente con la variable de gastos.

El Gráfico Nº 2 resume el comportamiento de los gastos entre el 2001-IV y 2004-IV para todos los percentiles de la distribución, lo que se conoce como la curva de incidencia del crecimiento. La tendencia es monotónicamente decreciente con crecimientos positivos en los gastos reales hasta cerca del 60% de la distribución y crecimientos mayormente negativos en el resto superior de la distribución. Dado que las familias en pobreza extrema y crítica alcanzan hasta el tercer y sexto decil de gastos, la evolución estimada de gastos hace muy probable que se registren disminuciones significativas en la pobreza extrema pero no en la pobreza crítica.

Este desarrollo se puede apreciar más claramente en el Gráfico Nº 3 que muestra las distribuciones acumuladas de población ordenadas por el gasto real per capita en el 2001-IV y en el 2004-IV medido a soles constantes del 2003. Asimismo, el gráfico incluye como líneas verticales los valores promedio ponderado de las líneas de pobreza extrema y pobreza crítica a soles del 2003. El porcentaje de población acumulada hasta la línea de pobreza extrema es claramente inferior en el 2004 (curva continua) que en el 2001 (curva discontinua). Sin embargo, el porcentaje de población acumulada hasta la línea de pobreza crítica prácticamente es el mismo en ambos períodos.

Efectivamente, nuestros cálculos de evolución de la pobreza indican que la incidencia de la pobreza extrema (Tabla Nº 7) ha caído significativamente entre el 2001-IV y el 2004-IV de 24.4% a 20.0% explicada fundamentalmente por la reducción ocurrida en las áreas rurales (de 51.3% a 39.0%). A su vez, la incidencia de la pobreza extrema se ha mantenido inalterada en las áreas urbanas (alrededor del 9.9%) .

Mientras tanto, la incidencia de la pobreza crítica (Tabla Nº 8) se redujo ligeramente pasando de 54.8% en el 2001-IV a 54.1% en el 2004-IV, aunque esta variación no resulta estadísticamente significativa . Esta relativa constancia a nivel nacional esconde patrones divergentes en las zonas rurales y urbanas. Mientras que la pobreza crítica se redujo significativamente en las zonas rurales, de 78.4% a 71.2%, aumentó de manera no significativa en las zonas urbanas de 42% a 44.9%.

La razón detrás de este patrón divergente se puede apreciar a través de las curvas de incidencia del crecimiento para las zonas rurales y urbanas en el Gráfico Nº 4. Mientras que todos los percentiles de gasto en las zonas rurales experimentaron crecimientos en sus gastos reales entre el 2001 y 2004; en el caso de las zonas urbanas, sólo se encuentran crecimientos positivos en los dos primeros deciles de la distribución. Todo el resto de percentiles urbanos experimentaron descensos reales en su nivel de gastos.

Una forma complementaria de evaluar la pobreza es con el déficit calórico de la población peruana, concepto al que podríamos denominar “pobreza calórica”. El porcentaje de la población peruana con un consumo aparente de calorías por debajo de los requerimientos internacionales mínimos aceptables se situó en 33.3% en el 2001-IV y se ha incrementado a 35.0% en el 2004-IV, aunque esta variación no es estadísticamente significativa. Al igual que en el caso de la pobreza monetaria crítica, se han registrado retrocesos en las zonas urbanas y avances en las zonas rurales del país. Así, la pobreza calórica urbana se ha incrementado significativamente de 26.2% en el 2001-IV a 31.9% en el 2004-IV. Mientras tanto, la pobreza calórica rural ha disminuido en términos estadísticamente significativos de 46.6% en el 2001-IV a 40.6 en el 2004-IV. (ver Tabla Nº 8.(a))

En términos de regiones geográficas, las reducciones significativas de pobreza monetaria han ocurrido en la Sierra y la Selva (vet Tabla Nº 9 y Tabla Nº 10). En el primer caso, la pobreza extrema cayó de 45.6% a 37.9% entre el 2001-IV y el 2004-IV, mientras que la pobreza crítica se redujo de 72% a 67.9%. En el segundo caso, la pobreza extrema disminuyó de 39.7% a 23.8% mientras que la pobreza total se redujo de 68.7% a 57.4%. Por su parte, el aumento de la pobreza monetaria se concentró en la Costa que soportó un aumento de 39.3% a 43.7% en su incidencia de pobreza crítica (la pobreza extrema en la Costa aumentó de 5.8% a 6.6%, variación que no resulta estadísticamente significativa).

En el caso del déficit calórico por regiones geográficas (Tabla Nº 10.a), se registraron retrocesos en la Costa y mejoras en la Sierra y Selva. Así, la pobreza crítica aumentó en la Costa significativamente de 21.9% en el 2001-IV a 29.9% en el 2004-IV, mientras que disminuyó en términos estadísticamente significativos en la Sierra de 45.9% a 41.8% y en la Selva de 44.2% a 36.4% en el mismo período de análisis. Nótese que en el caso de estas muestras trimestrales de hogares, no se puede descender a dominios geográficos más específicos que sean representativos estadísticamente incluyendo el caso de Lima Metropolitana .

La Tabla Nº 11, nos presenta información sobre el crecimiento promedio de los gastos per capita por regiones geográficas que es consistente con la evolución estimada de la pobreza.

Los hogares urbanos y de la Costa han tenido una disminución de sus gastos promedio, aunque no significativos en términos estadísticos, mientras que los hogares rurales y los de la Selva y Sierra han experimentado crecimientos reales en sus gastos per capita (los dos primeros de manera muy significativa estadísticamente).

A través de la Tabla Nº. 12, nos aproximamos a la naturaleza económica detrás de las variaciones de gastos registradas entre el 2001-IV y 2004-IV, ordenándolas por el sector económico del perceptor de mayores ingresos en el hogar. En este caso, los hogares con elevados crecimientos de gastos son aquellos que dependen principalmente de la agricultura, pesca, minería y hoteles y restaurantes (crecimientos de 16.9%, 10.8%, 26.5% y 7.7% respectivamente), aunque sólo en el primer caso se logra pasar la prueba de significancia estadística. En cambio, hubo un estancamiento en los gastos que dependen principalmente de la construcción y comercio. Asimismo, se registraron caídas importantes en los hogares que dependen fundamentalmente de los sectores de manufactura, transporte, servicios diversos, inmobiliarias y administración pública (disminuciones de 4.0%, 3.3%, 3.9%, 22.3% y 13.0% respectivamente), siendo las dos últimas evoluciones significativas en términos estadísticos.

La Tabla Nº 13, se aproxima a la evolución de los gastos dependiendo del máximo nivel educativo del perceptor de mayores ingresos del hogar. A nivel nacional agregado, encontramos crecimientos significativos en los gastos en los hogares con perceptores de baja educación (hasta primaria) (incremento de 6.4%) mientras que los hogares con perceptores más educados han experimentado caídas en sus gastos (entre 3.6% y 12.1%), en este último caso con significancia estadística. Esta tendencia es consistente con la naturaleza fundamentalmente rural de la reactivación de gastos. Más aún, al desagregar estas variaciones por sectores urbanos y rurales, apreciamos que la caída de gastos en los sectores urbanos se generalizó prácticamente para todos los niveles educativos (siendo estadísticamente significativa para la educación superior universitaria), mientras que el incremento de gastos en los sectores rurales ocurrió en todos los niveles educativos alcanzados (siendo significativa para todos los casos salvo el nivel superior no universitario).

¿Cuál es la contrapartida en el mercado laboral de las tendencias registradas en los gastos e ingresos de la ENAHO? La Tabla Nº 14, revela sugestivas variaciones en la estructura del empleo a nivel nacional entre el 2001-IV y 2004-IV, algunas de las cuales son significativas estadísticamente. Se ha experimentado un incremento significativo en la proporción de la fuerza laboral ocupada (de 95.0% a 95.6%) que tiene como contraparte una caída proporcionalmente importante en la tasa de desempleo abierto a nivel nacional (de 5.0% a 4.4%). Asimismo, se ha reducido en un punto porcentual el subempleo visible –personas que laboran menos de 35 horas semanales de manera involuntaria- (de 11.1% a 10.0%). Sin embargo, se ha incrementado en casi un punto porcentual el subempleo invisible – personas que trabajan a tiempo completo pero que perciben menos de la canasta básica alimentaria (de 56.5% a 57.3%). Estas tendencias han permitido incrementar levemente la proporción de la fuerza laboral adecuadamente empleada de 27.5% a 28.3% (estas dos últimas variaciones no resultan significativas en términos estadísticos).

La Tabla Nº 15, convierte esta estructura de empleo a nivel nacional en números absolutos e indica un incremento estimado de 1,721,645 empleos entre el cuarto trimestre del 2001 y el mismo periodo del 2004 (14,5% de crecimiento en la población ocupada). Este crecimiento porcentual ha superado ligeramente al incremento de 13.8% en la fuerza laboral (4.4% de crecimiento promedio anual de la PEA). Asimismo, se generaron 571,012 empleos adecuados adicionales (17.0% de crecimiento) y 1,105,636 empleos de bajos ingresos (15.5% de crecimiento).

La Tabla Nº 16, da cuenta de otros indicadores del mercado laboral estimados con la ENAHO. El promedio de horas diarias trabajadas se ha mantenido relativamente estable en 9.1 entre el 2001-IV y el 2004-IV. Asimismo, la remuneración promedio por hora se ha mantenido en 3.8 soles. El grado de asalariamiento se ha reducido ligeramente de 39.7% a 38.9% mientras que el grado de informalidad habría aumentado de 57.8% en el 2002-IV a 60.4% en el 2004-IV.

(a) La Variación medida para el grado de informalidad es entre el 2004 y 2002

La Tabla Nº 16.a, muestra la evolución del ingreso per capita promedio de los hogares desagregado por fuentes. La primera fila indica que los ingresos laborales promedio (que representan el 60% del total de ingresos del hogar) se han mantenido prácticamente constantes en términos reales en los últimos tres años (-0.2% de variación porcentual entre el 2001-IV y el 2004-IV), lo cual es consistente con la evolución del número promedio de horas trabajadas y de la remuneración por hora recibida mostrada en el cuadro anterior. Lo que más destaca de la Tabla Nº 16.a es el incremento de 115.6% en el monto recibido por donaciones públicas durante el período de análisis. El análisis de la distribución de beneficiarios de este incremento se realiza más adelante en la sección de acceso a programas de asistencia alimentaria. Este incremento en las donaciones públicas ha permitido compensar las reducciones observadas en los pagos por especie y autoconsumo, ingresos por rentas y transferencias corrientes recibidas dentro del país.

El Gráfico Nº 5 indica que ha existido crecimiento en el empleo formal urbano en 11 de las 16 ciudades principales del país y que en tres de ellas la tasa de crecimiento del empleo formal entre noviembre del 2001 y noviembre del 2004 ha superado los dos dígitos: Ica (47.9%), Trujillo (27.2%) y Piura (19.5%).

Problemas con la realización de las encuestas de sueldos y salarios formales del MTPE impiden tener una serie histórica completa de datos, observándose una ausencia total de información prácticamente para todo el año 2002 (Gráfico Nº 6). No obstante, los niveles remunerativos observados en el 2004 son mayores en términos reales a aquellos prevalecientes en el 2001.

Los sueldos promedio de los ejecutivos se ha incrementado en 15.9% en términos reales entre junio del 2001 y junio del 2004. Por su parte, los sueldos y salarios reales promedio de los empleados y obreros se han incrementado en 4.3% y 7.7% respectivamente para el mismo periodo.

El Gráfico Nº 7 muestra que se han experimentado tasas de crecimientos en las remuneraciones de dos dígitos para los ejecutivos de Cerro de Pasco, Ica, Cuzco, Lima y Tarapoto; los empleados de Huaraz, Iquitos, Pucallpa, Cajamarca y Pasco, y en el caso de los obreros de Cuzco, Huánuco, Chimbote, Cajamarca, Pasco y Tumbes.

Otras estadísticas de bienestar: acceso a educación, salud y programas sociales

La ENAHO permite evaluar otros indicadores de mejoras en el bienestar tales como el acceso a la educación, salud y los programas de asistencia social. En el caso de la salud (Tabla Nº 17), el porcentaje de personas que manifiestan padecer alguna enfermedad o malestar crónico se ha mantenido prácticamente inalterado en los últimos años (16.5% en el 2002-IV y 16.7% en el 2004-IV). No obstante, habría una mejoría estadísticamente significativa en el caso de los pobres extremos : el porcentaje de éstos con enfermedades crónicas se redujo de 11.9% en el 2002-IV a 10.4% en el 2004-IV. La desagregación urbano-rural y por regiones geográficas nos permite establecer que han existido mejoras en el indicador para todos los grupos rurales pobres y no pobres, en la Sierra y, en menor medida en la Selva, mientras que se han experimentado desmejoras en los grupos pobres no extremos y no pobres urbanos y en la Costa.

En relación a los indicadores de educación, la tasa bruta de asistencia escolar de niños y niñas entre 3 y 16 años de edad se ha mantenido inalterada en términos globales alrededor del 85% en los últimos años, pero se ha reducido significativamente en las familias en pobreza extrema pasando de 79.7% en el 2001-IV a 75.2% en el 2004-IV (Tabla Nº 18). En el caso de las familias en pobreza no extrema ha habido un ligero incremento de 85.2% a 85.6% que no resulta significativo en términos estadísticos. En cuanto a la tasa neta de asistencia escolar (asistencia en el grado correspondiente a la edad normativa), se ha observado un leve avance de 74.4% en el 2001-IV a 75.1% en el 2004-IV que tampoco resulta significativo. Los educandos provenientes de familias en pobreza extrema han registrado una caída no significativa en su tasa neta de asistencia escolar de 64.4% en el 2001-IV a 62.1% en el 2004-IV. Mas bien, los pobres no extremos habrían aumentado ligeramente su asistencia neta de 75.0% a 75.9% en el mismo período de análisis. La asistencia neta ha tenido un avance importante a nivel inicial pasando de 50.6% a 54.6%, tendencia positiva que también se registra para los pobres no extremos.

Este es el único caso significativo en términos estadísticos. En el nivel de educación primaria habrían habido retrocesos entre el 2001-IV y el 2004-IV, disminuyendo la asistencia neta de 91.8% a 90.5%, con una caída fuerte para el caso de los pobres extremos (de 89.9% a 86.5%). En el nivel de educación secundaria se habría registrado un avance de 66% en el 2001-IV a 67.3% en el 2004-IV, con un incremento en la tasa de asistencia neta para los pobres extremos de 42.2% a 47.1% para el mismo período.

En el caso de indicadores de atraso escolar, medido como dos o más años por encima de la edad normativa para cada grado (Tabla Nº 19), a nivel global encontramos una evolución positiva: la tasa de asistencia con extra-edad ha disminuido significativamente de 24.6% en el 2001-IV a 21.6% en el 2004-IV, tendencia que también se registra para el caso de los pobres no extremos. Las mejoras cuantitativamente más grandes han ocurrido en los niveles de educación inicial y secundaria. En el primer caso, la tasa de asistencia con extra-edad se ha reducido de 14.5% a 11.7%, aunque la variación no resulta estadísticamente significativa, y la tendencia es generalizada en alumnos pobres y no pobres. En el segundo caso, la tasa de asistencia con extra-edad se han reducido significativamente de 32.2% a 26.0% en el mismo período de análisis, con avances también generalizados entre educandos pobres y no pobres.


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