Tesis doctorales de Economía

 

APROXIMACIÓN A LA INCIDENCIA DE LA INDUSTRIA VINÍCOLA
EN EL DESARROLLO ECONÓMICO DEL VALLE DE GUADALUPE (MÉXICO) Y LA MANCHUELA (ESPAÑA)

 

Leandro Sánchez Zepeda

 

 

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III.3.4. Comparación entre la vitivinicultura del Valle de Guadalupe y La Manchuela

El Valle de Guadalupe y La Manchuela son dos territorios que han quedado rezagados en los procesos de desarrollo de sus correspondientes países. Ambas han sufrido un importante proceso de descapitalización humana y su futuro económico es cada vez más dependiente de factores exógenos. La despoblación y el envejecimiento demográfico que se viene observando desde hace décadas obligan a plantear nuevas vías de acción para que estos espacios no lleguen a situarse en una situación de “no retorno” desde el punto de vista económico. Las ventajas comparativas que ambos espacios presentan desde el punto de vista geoclimático para el cultivo del viñedo es lo que nos lleva a considerar a la vitivinicultura como una de las actividades con mayor capacidad para liderar un proceso de desarrollo económico basado en un mejor y mayor aprovechamiento de sus recursos endógenos que les permita adaptarse con éxito al actual contexto nacional e internacional de creciente competitividad y globalización. A continuación se señalan las principales semejanzas y diferencias en los sectores vitivinícolas de ambos espacios a fin de corroborar su potencial y déficit para impulsar procesos de desarrollo endógeno.

Las similitudes entre la vitivinicultura de ambos espacios son notables. Desde el punto de vista geofísico, tanto el Valle de Guadalupe como La Manchuela son territorios con notables ventajas para el cultivo de la vid. Ambos están situados en la denominada Franja Mundial del Vino. Sus tierras son apropiadas para el viñedo incluso en condiciones de baja pluviosidad. Su climatología mediterránea, costera o continental, resulta óptima para la obtención de una uva de calidad sin precisar de tratamientos fitosanitarios excesivos.

Por otro lado, la vitivinicultura es una de las principales actividades económicas de ambos espacios y cuenta con gran tradición. Ello ha permitido la existencia de una cultura técnico-productiva peculiar y una identificación social con el viñedo que resulta esencial para abordar un proceso de desarrollo endógeno a partir del mismo. La producción, aunque muy superior en La Manchuela, sobrepasa la masa crítica para que sus efectos sobre el crecimiento económico de ambos territorios sean significativos. Prueba de ello es el peso de sus caldos en los mercados nacionales e internacionales, con una tendencia de moderado crecimiento y diversificación.

Otro punto coincidente es la aparición en las últimas décadas de una mentalidad empresarial emprendedora que contrasta con el conservadurismo tradicional de viticultores y bodegueros de ambas comarcas. Hay una fuerte concienciación de la necesidad de reorientar tanto la producción como la elaboración en pos de una mejora de la calidad del producto final. Hasta tiempos recientes, sobre todo en La Manchuela, la mejora de los caldos como arma competitiva había quedado al margen. Ahora la tesis de que sin vinos variados y de calidad no hay futuro para el sector es de aceptación generalizada. De ahí el importante esfuerzo inversor y modernizador desde el punto de vista tecnológico realizado en ambos espacios, así como el mayor esmero y actualización en técnicas y prácticas de cultivo, la reestructuración varietal y el recurso a personal especializado (enólogos) en el proceso de vinificación.

También hay coincidencia en el reconocimiento de la importancia de la comercialización, lo que ha llevado a la creación de la D.O. Manchuela y la adopción de estrategias comerciales más agresivas, sobre todo por los bodegueros del Valle de Guadalupe. Todo ello ha propiciado la creciente aparición de economías internas y externas a las explotaciones vitícolas y a las bodegas transformadoras.

En términos de organización empresarial, aunque se han producido avances en cuanto a modernización de la gestión, todavía hay un largo trecho por recorrer. En el caso del Valle de Guadalupe los principales retos derivan de la necesidad de abandonar el individualismo empresarial de cara a la obtención de economías de escala en el aprovisionamiento de inputs y comercialización del producto. En La Manchuela los obstáculos a superar son la profesionalización de la gestión y el asociacionismo de cara a la homogeneización de las distintas calidades de vinos y a su comercialización. La reducción de costes derivadas de las mejoras organizativas pendientes constituye otro factor fundamental para la competitividad de sus caldos, especialmente para los del Valle de Guadalupe.

En cuanto a las diferencias entre la vitivinicultura de los espacios analizados, tres son las más significativas. La primera hace referencia a la estructura organizativa empresarial. Las bodegas del Valle de Guadalupe están constituidas en empresas privadas particulares mientras que en La Manchuela la mayoría son empresas cooperativas. Este hecho es consustancial a los mayores volúmenes de producción por bodega de La Manchuela, lo que favorece la obtención de economías de escala más elevadas y una mayor reducción de costes de producción que en las bodegas del Valle de Guadalupe. Por contra, las dificultades para homogeneizar las calidades de uva y vinos y para planificar las estrategias de inversión, reorientación productiva y comercialización son mayores en las bodegas manchuelas.

La segunda de las diferencias está relacionada con las subvenciones recibidas por las bodegas en España. En México no perciben subvención alguna por parte de organismos supranacionales ni por el gobierno en sus distintos ámbitos. En España, la ampliación y/o modernización de bodegas, adquisición de equipos y tecnología, recibe una subvención que puede llegar hasta el 35 por ciento de la inversión. El arranque de viñedos y reestructuración varietal también da derecho a ayudas procedentes de la Unión Europea. En México la autofinanciación y el recurso al crédito bancario son las únicas fuentes para acometer procesos de inversión. En el caso de recurrir a financiación ajena, las bodegas asumen una carga financiera adicional por amortización del capital y pago de intereses. Con todo su principal problema no es éste sino el acceso a la financiación ajena. Al ser la mayoría de las bodegas microempresas no cubren las garantías requeridas por los bancos y quedan fuera del financiamiento. En suma, las dificultades de las bodegas mexicanas para abordar procesos de modernización tecnológica, gestión o comercialización son más elevadas que en La Manchuela. Ello les obliga a un esfuerzo adicional para ser competitivas y poder penetrar y consolidar su posicionamiento en los mercados.

La tercera de las diferencias atañe a los costes de producción. En México, el gobierno grava fiscalmente la producción de vino con una tasa del 25 por ciento. Ello, unido a los altos costes de producción que poseen las bodegas al procesar cantidades de uva bajas y apenas poder obtener economías de escala, repercute sustancialmente en el precio del producto final. En La Manchuela, como en el resto de España, la producción de vino tiene una tasa fiscal cero -es el único país de la Unión Europea que mantiene este tipo- y las posibilidades de obtener economías de escala son mayores, lo que permite a sus bodegas producir a menor coste que en el Valle de Guadalupe bajo la premisa de que los costes salariales fueran idénticos, lo que no sucede ya que son menores en México.

En definitiva, para ambas comarcas la actividad vitivinícola se ha convertido en los últimos años en un factor clave para impulsar el desarrollo endógeno. Existen las condiciones empresariales, socioeconómicas, tecnológicas y culturales mínimas en ambos entornos para que los conglomerados industriales de bodegueros y empresarios vitivinícolas lideren un proceso de desarrollo endógeno significativo.

Dichos conglomerados cuentan con un recurso natural, la uva, con importantes ventajas competitivas derivadas de su ubicación geográfica y climatología. Precisan obtener un producto diferenciado dada la competencia en los mercados nacionales e internacionales. Tal diferenciación sólo puede obtenerse vía calidad de los caldos, diversificación de la gama e imagen.

En el caso de los vinos de La Manchuela quizás quede todavía un leve margen para la competencia en precios, pero sería contraproducente diseñar estrategias basadas principalmente en tal factor pues sus ventajas en costes derivadas de la menor fiscalidad están condenadas a desaparecer en un plazo de tiempo no muy lejano pues suponen un diferencial competitivo respecto al resto de industrias vínicas de la Unión Europea.

El avance de las relaciones interempresariales y entre empresas e instituciones locales, la mayor integración con otras actividades industriales proveedoras de insumos y, sobre todo, terciarias (comercio y servicios turísticos), el mejor aprovechamiento de instalaciones, tecnología y capital humano endógeno, y la apuesta decidida por la I+D+i en un marco de sostenibilidad medioambiental son los aspectos vinculados al desarrollo endógeno que más se precisa potenciar tanto en el Valle de Guadalupe como en La Manchuela. Con todo, a nuestro entender, dichos aspectos pasan por la consideración de la calidad como la variable estratégica clave para impulsar el desarrollo endógeno basado en la vitivinicultura en ambos territorios.

De ahí que en el próximo capítulo planteemos un modelo econométrico para medir la calidad de los caldos tintos y concluir si las comarcas analizadas están en disposición o no de adoptar una política estratégica centrada en su utilización como base competitiva para incrementar sus cuotas de mercado.

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