Tesis doctorales de Economía


DISTRITO TURÍSTICO RURAL UN MODELO TEÓRICO DESDE LA PERSPECTIVA DE LA OFERTA. ESPECIAL REFERENCIA AL CASO ANDALUZ

Francisco José Calderón Vázquez

 

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II.4 .- La planificación turística en el espacio rural

Parece claro que la enseñanza básica de los apartados anteriores va a ser la cuidadosa planificación, conditio sine qua non, de las actividades turísticas en el medio rural, como requisito previo a su implementación.

La decisión de emplear el turismo como tal instrumento de desarrollo socioeconómico en áreas desfavorecidas, es particularmente complicada, porque el turismo rural a pesar de su gran potencialidad, no es la panacea para la solución de los problemas económicos de las áreas de baja renta. Asimismo, en el Capitulo I se evidenció que el turismo no sólo produce impactos positivos sino que también puede conllevar toda una serie de efectos desfavorables. Este carácter bifronte del turismo, en el sentido de que produce simultáneamente efectos beneficiosos y perjudiciales, fuerza a que el desarrollo turístico este guiado por un plan de acción minuciosamente definido y planteado. En tales coordenadas, la planificación es el instrumento que posibilita la optimización de los efectos favorables y la minimización de los desfavorables. Por tanto, la calidad de la planificación va a determinar el éxito y la longevidad de cualquier área territorial receptora, por lo que el tiempo, esfuerzo y recursos destinados a la planificación, deberían ser considerados inversiones esenciales (McIntosh, Goeldner, Ritchie, 1999)

II.4.1.- Azimuts del Turismo Rural: Consideraciones y orientaciones básicas

De los apartados anteriores parece desprenderse con claridad que el turismo rural debe seguir una serie de principios esenciales o mejor de puntos cardinales de orientación en su implementación y desarrollo, principios que como tales azimuts puedan orientar y guiar en todo momento la gestión de dichos procesos, una representación grafica de tales principios orientadores se encuentra en la figura II. De tales azimuts se deriva el esquema operativo que debiera seguirse en la construcción del turismo rural.

Fuente: Elaboración Propia.

El turismo rural debería focalizar sus esfuerzos en la calidad, puesto que no puede concebirse un turismo rural en un entorno degradado o masificado, ya que en el peculiar entramado del turismo rural la motivación fundamental de los flujos de demanda no es otra que el conocimiento, descubrimiento y familiarización con el genius loci del territorio entendido este como activo patrimonial en todas sus dimensiones (natural, cultural, étnico, gastronómico, artístico, etc.) de ahí que la calidad ecológica del entorno ambiental sea un factor esencial en la competitividad de un destino turístico rural, de donde se deriva la necesidad de implantar una estrategia de Sostenibilidad en la planificación, implantación y gestión del mismo. Igualmente el consumidor turístico rural presenta normalmente una cierta sensibilidad hacia el deterioro ambiental, siendo consciente y consecuente de su influencia sobre el medio y del tipo de actividades a realizar no agresivas para el contexto medioambiental.

La Sostenibilidad, como tal principio rector del desarrollo turístico, implica la necesaria planificación del turismo en el medio rural, lo que significa la utilización de las metodologías de planificación turística, evaluando de forma significativa los impactos sociales y ambientales de los actividades turísticas rurales para que las mismas se adecuen a la filosofía de un turismo sostenible que explote los recursos sin degradarlos (Reguero, 1994).

Por tanto la planificación aparece como referente inevitable en el proceso de desarrollo turístico, si bien y tal y como establece Gunn (1994) la planificación consta de dos fases básicas, el diseño y la elaboración del plan por una parte, y la implementación y aplicación del mismo por otra. Siendo imprescindible de cara a una planificación eficaz la ultimación de ambas fases, de lo contrario los documentos podrían transmutarse en simple papel mojado. La evidencia empírica recomienda no plantear la Planificación del Turismo en espacios rurales desde una perspectiva puramente sectorial o meramente territorial, es decir sin tener en cuenta a otros sectores económicos (agropecuario, agroindustrial, comercio, servicios, construcción, infraestructuras o transportes) las comunidades locales, los agentes políticos e institucionales, o los agentes socioeconómicos territoriales, en definitiva la planificación no puede omitir a la realidad territorial. Tampoco puede eludir a las propias empresas turísticas que son el agente básico de desarrollo turístico. Si tales condiciones previas no son atendidas ello podría significar la irrealidad de la planificación y su consiguiente inaplicación, cosa por desgracia bastante frecuente y que explica, aunque no justifica, ese cierto descrédito de los planes de desarrollo (Gunn,1994).

Siguiendo a Crosby (1996) la planificación turística en el espacio rural debe responder a una doble finalidad, por una parte desde una perspectiva territorial debe definir cuales sean los objetivos y prioridades de desarrollo socioeconómico del territorio en cuestión, teniendo en cuenta el contexto ambiental. Por otra, debería establecer los medios necesarios para la consecución de dichos objetivos. Crosby va a acentuar lo difícil y complejo del proceso planificador, puesto que para este autor la planificación supone imponer limites al desempeño del libre mercado, por lo que la confrontación entre intereses públicos y privados puede ser un lugar común. Asimismo, la planificación supone costes, no solo económicos, que deben ser asumidos por los agentes territoriales, cosa no tan fácil ni simple. Igualmente las dificultades técnicas y la complejidad del proceso de auditoria y diagnostico que acompañan a la planificación suponen obstáculos de relieve.

Para Bote Gómez (1990) la planificación debe responder a tres condicionamientos básicos: En principio el plan debe avanzar el futuro, como tal instrumento de prognosis debe venir precedido de un análisis exhaustivo donde se exponga el conjunto de relaciones de la actividad turística con los restantes sectores económicos así como las características del turismo en dicha localización. En segundo lugar el plan debe constituir un espacio de consenso donde todos los agentes territoriales involucrados en la actividad turística, dispongan de un espacio de participación, reflexión y discusión para la elaboración del plan. Finalmente, el plan debe establecer un cuadro marco de programación donde se delimiten una serie de grandes líneas estratégicas, desplegadas a su vez en una secuencia de programas y proyectos que las desarrollan.

Inskeep (1994) considera que la planificación turística debe responder a la exigencia de establecer un enfoque de desarrollo sostenible en el diseño e implementación de las actividades turísticas. Dicho enfoque supone la gestión sostenible y preservación de los recursos naturales y culturales de la zona en cuestión, para su uso presente y futuro como tales atractivos turísticos y su disfrute para la comunidad local.

Para Bordas (1994) que sigue la metodología “cluster” de M. Porter (1985, 1987), la planificación debe ser una suerte de guión de desarrollo turístico cuyas líneas directrices implican tanto al sector público como al sector privado. A través de la planificación se genera el marco adecuado que permita a las empresas turísticas de cada cluster (independientes, pequeñas y con visión parcial del mercado) lograr niveles superiores de ventajas competitivas. Esta reflexión es sustancialmente importante en un sector como el turístico dominado por la preponderancia de la Pyme, es decir por la fragmentación y atomización empresarial, la visión parcial que tienen los pequeños y medianos prestadores del servicio puede corregirse mediante una planificación estratégica que establezca un entorno favorable a la creación y consolidación empresarial y facilite la consecución de ventajas competitivas comunes (Porta y Valls, 1996) Porta y Valls (1996) definen a la planificación estratégica turística desde una perspectiva funcional, como la planificación que establece el modelo de desarrollo a largo plazo que las comunidades y las instituciones desean para el territorio, modelo de “sostenibilidad” que debe promover la rentabilidad de las inversiones privadas, la rentabilidad social y económica, medioambiental, en una perspectiva de colectividad.

Para dichos autores el contenido estratégico de la planificación se traduce en:  Definición de un marco para el desarrollo armónico del territorio donde se establezca una jerarquía de prioridades de actuación  Visión temporal del largo plazo  Evitar comportamientos reactivos a la demanda que provocarían un crecimiento desordenado  Estructurar las actuaciones públicas de manera que se superen los obstáculos para el desarrollo turístico y se posibilite la aparición de nuevas oportunidades de negocio.

Mill y Morrison (1985) consideran que los contenidos estratégicos de una planificación parten de la capacidad de los recursos propios para ser transformados en productos competitivos en relación a la demanda existente. De ahí que Porta y Valls (1996) citando a Tocquer y Zins incluyan la identificación de los mercados como elemento prioritario, junto a la definición de objetivos operacionales, la determinación de los instrumentos de control y a la capacidad de emprender las acciones en el esquema de la planificación estratégica turística.


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