Tesis doctorales de Economía


DISTRITO TURÍSTICO RURAL UN MODELO TEÓRICO DESDE LA PERSPECTIVA DE LA OFERTA. ESPECIAL REFERENCIA AL CASO ANDALUZ

Francisco José Calderón Vázquez

 

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III.3.2.- La formación en la empresa turística

Siguiendo a Andrés Reina (2001) la finalidad de la formación es capacitar a los individuos para que éstos puedan realizar adecuadamente una tarea o trabajo determinados, derivado de un cambio tecnológico, de nuevos métodos de organización o gestión del trabajo, o bien de que el propio trabajo a realizar sea nuevo e innovador, o bien que se trate de favorecer la promoción social del trabajador.

La relación entre Formación y Educación es de recursividad sistemática: el subsistema formación se incluye en el sistema educación que lo engloba y comprende, pero el subsistema Formación se define al ceñirse al estricto ámbito laboral y profesional. En este sentido, la materia de la formación es especifica puesto que pretende dotar de ciertos conocimientos y habilidades a los destinatarios de la formación, de manera que estos resulten aptos para realizar apropiadamente las tareas y actividades constitutivas de su trabajo (Tarragó, 1994)

Como en cualquier sistema la interacción esta en la base de la construcción del sistema educación, por lo que la interrelación e la reciproca influencia entre la totalidad y los componentes es la norma, siendo la relación directamente proporcional: así a medida que mayores y mejores sean los niveles de educación de un individuo su capacidad para asimilar y metabolizar conocimientos, técnicas y valores será mayor, por lo que la formación impartida tenderá a ser más efectiva y productiva en este tipo de individuos. Asimismo la formación impartida a un individuo influye en sus niveles educativos, ya que al aumentar estos podrían mejorar posteriores situaciones de aprendizaje (Andrés Reina, 2001)

Componente fundamental del subsistema formación es el aprendizaje, puesto que todo proceso formativo implica un proceso de aprendizaje, que va a constituir el núcleo central de la actividad formativa, puesto que como consideran autores como Folley (1991) y Casse (1991) el sentido de la formación es provocar el aprendizaje, para tratar de lograr un cambio en determinados aspectos de la conducta del destinatario del proceso formativo.

Siguiendo a Buckley (1991) el aprendizaje sería “el proceso por el que los individuos adquieren conocimiento, técnicas y actitudes a través de la experiencia, la reflexión, el estudio o la instrucción”. Normalmente el proceso de aprendizaje implica un cambio permanente en la conducta del individuo, por lo que la medida del aprendizaje radica en que se aprecie una diferencia significativa y consolidada en la conducta del individuo en diferentes momentos temporales (Robbins 1987; Tarin 1997)Fuente: Elaboración Propia

La formación abarca el conjunto de procedimientos con el que la organización empresarial pretende el incremento, la dotación o el mantenimiento de las competencias profesionales de su personal que posibiliten a los sujetos receptores de dicha formación una eficaz realización de las tareas a su cargo. Cualquiera que sea la circunstancia donde se produce (Traslados, ascensos, perfeccionamiento de funciones, integración grupal, adaptación al cambio tecnológico, satisfacción personal, etc.) el objetivo final es incidir en la conducta del empleado de manera que éste contribuya mas eficazmente a la consecución de los objetivos de la organización (Andrés Reina, 2001).

Sole y Vallhonesta (1994) definen a las competencias profesionales como el conjunto de conocimientos, técnicas, aptitudes y habilidades directamente útiles y aplicables en el puesto de trabajo. Dichas competencias se concretizan en lo que dichos autores denominan el “saber hacer”. Las competencias representan la aptitud de una persona para llevara a cabo eficazmente un oficio, función o determinadas actividades que contribuya eficazmente al logro de los objetivos organizacionales. Siguiendo a Andrés Reina (2001), un empresario solo destinara recursos, esfuerzos y tiempo a actividades que contribuyan a lograr los objetivos empresariales, no constituyendo la formación una excepción a dicha regla. Por tanto en el contexto de la empresa el objetivo general de la formación será producir competencias en los empleados que contribuyan a la eficacia y excelencia empresarial. Se plantean una serie de objetivos intermedios para el logro de los objetivos generales como son la actualización, perfeccionamiento y mantenimiento de las competencias profesionales; la expansión de las competencias profesionales para la promoción y el desarrollo profesional; el logro de las aspiraciones personales y profesionales que actué sobre las actitudes y motivaciones que fundamentan la conducta del trabajador.

Para Le Boteref (1993) a través de la formación la empresa incide en lo que sus recursos humanos saben y desean saber, sus niveles educativos y sus capacidad de aprendizaje, sus aspiraciones y ansias de progresar, ya a nivel individual, ya al interior de la organización empresarial. Asimismo con la formación se incide en la identificación del trabajador con la empresa y por tanto en la integración en la organización. Todo ello hace que la formación se configure como un instrumento necesario para un desarrollo eficaz de la actividad empresarial y para alcanzar los objetivos organizacionales.

En el contexto cambiante de la actualidad, con una escena mundial dominada por las corrientes globalizadoras el dinamismo y la competitividad empresarial están adquiriendo un protagonismo cada vez mas decisivo en los esquemas empresariales; este contexto agresivo exige disponer de un capital humano cada vez mas cualificado, dotado de un nivel de conocimientos cada vez mas perfeccionados tanto cualitativa como cualitativamente, conocimientos necesariamente actualizados.

En una situación de mutación constante el nivel básico de conocimientos adquiridos a partir de la formación inicial viene rápidamente desbordado, y otro tanto sucede con el conjunto de conocimientos derivados de la experiencia profesional que resultan insuficientes para abordar situaciones o circunstancias no vividas anteriormente. Ante dicho panorama la formación debería ser un proceso continuo que abarca la totalidad de la vida del individuo (Andrés Reina, 2001)

Constituye un lugar común en la literatura académica la consideración de la formación como un elemento fundamental en el proceso de consecución de mayores niveles de productividad en cualquier sector de actividad económica, de ahí, que se entienda como lógica la secuencia: Niveles mas altos de educación del capital humano implican mayores niveles de productividad que suponen mayores niveles de renta, y una mejora en la distribución equitativa del dicho incremento en el mismo (Becker, 1983)

Asimismo cuanto mayor sea el nivel de cambio tecnológico en el sector económico empresarial de referencia, mas importante cuantitativa y cualitativamente hablando será el rol de la formación, puesto que es la encargada de suministrar los imputs necesarios para la configuración del capital humano y para la acumulación del mismo.

El sector turístico en la actualidad es paradigmático de las anteriores reflexiones, los recursos humanos de la empresa turística deben presentar un perfil dual, incorporando por una parte un componente operativo-tecnológico, que les permita afrontar con ciertas garantías los retos derivados de la innovación tecnológica, verdadera “constante” del sector en las dos ultimas décadas. Por otra deben poseer un alto componente humanístico-relacional, imprescindible en un segmento de actividad del terciario, donde el contacto continuo y la interacción con el cliente conforman la esencia del mismo. Parece claro que este componente debe venir apoyado por una serie de aptitudes y actitudes personales tendentes a la relación.

A su vez los crecientes requerimientos de habilidades laborales may complejas exigen una creciente necesidad de instrucción y formación en el puesto de trabajo por lo que el binomio altos niveles educativos mas formación continua comienza a configurarse como el camino a seguir. Ello se deriva de la siguiente secuencia: el incremento de la formación en el capital humano mejora la especialización de este factor productivo, que gracias a la formación logra adaptarse con mayor flexibilidad a procesos productivos de creciente complejidad, incrementando la productividad de la empresa y contribuyendo al crecimiento del segmento de actividad turística. De ahí que la combinación buenos niveles educativos con formación continua, se entienda como vía para alcanzar mejores resultados económicos (Sancho, et al,1998)

Dada la importancia estratégica del Sector turístico para tantos teritorios, y el creciente despegue de modalidades como el Turismo Rural de amplia proyección en tantas áreas de la Unión Europea, ya en la Comunidad Autonómica de Andalucía, parece importante proceder a una reflexión en materia de formación turística que acompañe a la planificación y programación realista de los recursos existentes. No es baladí el hecho de dotar a los recursos humanos del sector de las capacidades y recursos que posibiliten una mejor capacidad de respuesta a las expectativas de una muy exigente clientela cada vez mas informada y sensibilizada respecto a requerimientos y calidades del servicio.

Por ello la mejora cualitativa y cuantitativa de los productos turísticos y en consecuencia la mejora de su competitividad depende tanto de la idoneidad de los recursos e infraestructuras físicos como de las capacidades profesionales de los trabajadores, puesto que en el sector turístico la principal fuente de negocios es la interacción con el cliente, el contacto permente, en otras palabras la dimensión relacional del servicio turístico (Bondar, 1990) Resulta cuando menos curioso el hecho de que a pesar de la sustancial importancia del turismo en todos los ordenes, se haya tradicionalmente calificado a las profesiones relacionadas con la actividad turística, como periféricas, infravalorándolas con una consideración peyorativa como tales especializaciones secundarias o de tercer nivel, sin grandes niveles de profesionalización ni preparación (Sancho et alia 1995).

Ello bien podría derivar de la elevada descoordinación que tradicionalmente se ha dado en los estudios turísticos, situación que ha limitado las posibilidades de desarrollo de la carrera profesional para los que acceden a un puesto de trabajo en el sector (Sancho Pérez, 1998)


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