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Mario González Arencibia (CV)
Universidad de las Ciencias Informáticas
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Mitos del fin del trabajo y de la clase obrera

Como colofón de esta sección ahora se avanzará en la precisión de otros elementos que contrarrestan la tesis del fin del trabajo y de la clase obrera, a partir de reconocer, que la constatación de la reducción del empleo en esferas focalizadas, no debe servir de argumento para defender la idea de que las modificaciones en el paradigma tecnológico están produciendo un mundo sin trabajo, y mucho menos que esté desapareciendo la clase obrera.
El punto polémico de los aspectos antes tratados consiste en la interrogante acerca del futuro del trabajo y de la clase obrera en el ámbito de las TIC. Análisis que debería considerar variados puntos entre los que pudieran ser relevantes los siguientes: Que la constatación de la reducción del empleo en esferas focalizadas, no debe manejarse como patrón  para defender la idea de que las modificaciones en el paradigma tecnológico están produciendo un mundo sin trabajo, y mucho menos que esté desapareciendo la clase obrera, es importante en esta dirección valorar variadas cuestiones que contradicen esta tesis entre ellas:

Como comentario parcial de la sección III, se pueden acotar múltiples valoraciones entre ellas:
El proceso de globalización junto a los avances tecno-económicos ha transformado radicalmente las formas de división social del trabajo, la organización de la producción y las fuentes, calidad y magnitud de las desigualdades sociales, lo que ha hecho emerger una nueva estructura social en el ámbito del proletariado mucho más heterogénea con bases de formación múltiples, y donde las contradicciones entre clases y las relaciones de explotación se expresan de formas muy variadas y no siempre evidentes, siendo fetichizadas por las propias relaciones de producción capitalistas.  
Básicamente se advierte una modificación de la estructura tradicional de la clase obrera por niveles de calificación, observándose pérdida de calificación de los obreros en sus profesiones tradicionales debido a la modernización del parque industrial; cambios en el carácter de su trabajo, y el surgimiento de nuevas profesiones, que exigen de un nuevo tipo de calificación de la fuerza de trabajo. La sumatoria de esto es una polarización de la fuerza laboral con la presencia de obreros altamente calificados con predominio de trabajo mental; obreros altamente calificados con predominio del trabajo físico; obreros semicalificados; y obreros no calificados. 
Esto ha significado una diferenciación que se expresa en el incremento de la cantidad y variedad de segmentos que integran la estructura de la clase obrera, generando grupos distinguibles, lo que abarca desde su posición en la división social del trabajo hasta la unidad interna que recorre sus relaciones materiales, espirituales e identitarias. De hecho estas son premisas que al mismo tiempo profundizan los niveles de desigualdad, la cual caracteriza la medida en que dichos grupos de obreros están segmentados en estratos, es decir, unos en situación más ventajosa que otros en lo relativo al acceso al poder y bienes materiales y espirituales, lo que indudablemente implica una jerarquía.
Al contrario de aquellos autores que defienden la pérdida de la centralidad de la categoría trabajo en la sociedad contemporánea, las tendencias en curso, bien en dirección a una mayor intelectualización del trabajo fabril o a un incremento del trabajo calificado, bien en dirección a la descualificación o a su subproletarización, no permiten concluir que hay una pérdida de centralidad en el universo de una sociedad productora de mercancías. Aunque se presencia una reducción cuantitativa (con repercusiones cualitativas) en el mundo productivo, el trabajo mental cumple un papel decisivo en la creación de valores de cambio. La reducción del tiempo físico de trabajo en el proceso productivo, así como la reducción del trabajo manual directo y la ampliación del trabajo más intelectualizado, no niegan la ley del valor, cuando se considera la totalidad del trabajo, la capacidad de trabajo socialmente combinada, el trabajador colectivo como expresión de múltiples actividades combinadas. 9
En el marco planteado continúa desplegándose la creciente composición orgánica del capital que tiende a reducir de manera relativa el capital variable, aparecen nuevos valores de uso que aunque puedan no ser tangibles proceden del trabajo objetivado. En este nuevo entorno de socialización del consumo, se acrecienta el poder de supeditación del trabajo al capital, el carácter fetichista del consumo asume nuevas formas cada vez más privadas.10 Con lo que se consolida cada vez más la contradicción económica fundamental del sistema capitalista. En este ámbito la técnica del marketing directo está desplazando cada vez más el consumo de masas por lo que la publicidad se adapta tratando de acercarse más al consumidor convirtiéndose en un producto artístico. 11
El consumo intensivo y el trabajo intensivo tienden a sustituir los espacios que antes se cubrían con actividades sociales. Los cambios en el proceso de trabajo unidos a la nueva configuración del consumo invierten el tejido social del obrero colectivo, de una base ancha y escasa movilidad vertical, a una base estrecha y de capilaridad restringida.12   Tal fenómeno, está asociado a los cambios tecnológicos, los cuales modifican la antigua fábrica a nuevas escalas que rebasan los valores de uso a que estaban sometidos, resultando de ello una clase obrera menos concentrada, con una composición técnica diferenciada, pero subordinada al poder real del capital, en un marco en que se aceleran con mayor intensidad la rotación de los elementos del capital, y en que, el cambio tecnológico no conduce al fin del trabajo productivo. 
Las modificaciones en relación con el trabajo han sido significativas en el ámbito de la globalización y mucho más relevantes en las áreas del capitalismo atrasado. En este marco la flexibilidad laboral reflejada en múltiples formas e impulsada por las nuevas formas de competencia mundial, y concretada en aspectos jurídicos que eliminan la protección al trabajador, es una de las manifestaciones más recientes que asume la relación trabajo-capital.
Las transformaciones en el proceso de trabajo capitalista no necesitan una masa permanente de fuerza de trabajo a escala internacional sino de un llamado “grupo central” (core group) funcionalmente flexible para que pueda adaptarse a los cambios en la tecnología, y de un “grupo periférico” (peripherical group) numéricamente flexible para que pueda ser ajustado a los cambios del mercado. 13 El efecto es que las nuevas formas de organización del trabajo, abren nuevas incertidumbre para el obrero, lo cual se expresa en la precarización del empleo, bajo la tendencia hacia el trabajo parcial e inseguro; ello de hecho implica una novedosa conflictividad en la relación trabajo capital.
En las nuevas condiciones en que se despliega el capital se profundiza el carácter cada vez más privado de apropiación de los resultados del trabajo, lo que se expresa en las normativas del tratamiento a la inversión extranjera directa, ello tiene su expresión más concreta en la transformación de los recursos que están en manos de naciones en propiedad privada del gran capital, lo cual es el resultado de la mayor libertad de movimiento y del protagonismo que exigen las empresas transnacionales. El efecto es que se produce un traslado de los beneficios que genera el trabajo, desde el interior de naciones hacia las arcas de las grandes empresas transnacionales.
El capital pasa a la ofensiva, basada en una notable reducción de los costos y en un mayor poder de perfeccionamiento de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción y la superestructura sobre la que se levanta, cuyos aspectos en su conjunto, permiten prolongar la naturaleza orgánica del sistema. En este espacio el ámbito de lucha lo continua siendo la nación y sus agentes de transformación la clase obrera, en lo que el proletariado procedente de los países subdesarrollados constituye el eslabón más débil de esa cadena imperialista, dado el carácter desigual con que se desempeñan en los marcos de la globalización.
En términos políticos los cambios en las relaciones de poder entre el capital y el trabajo, indican una mayor fragmentación de la clase obrera. Cambio que no sólo ha sido posible por la acción de las empresas en el terreno de la economía, estos como en todos los momentos de drásticas transformaciones han estado apoyados por el Estado, por lo que el capital aprovechando la desarticulación y la desorganización del trabajador dentro de la empresa y la sociedad, coloca en su favor el espacio cedido por el Estado.
De los resultados de la relación trabajo-capital se destaca la aparición de un enorme ejército industrial de reserva, que además es de carácter global, lo que si bien brinda un amplio margen de maniobra al capital implica también problemas tanto de gestión de fuerza de trabajo como de absorción suficiente del proceso de reproducción, dándose por ello el fenómeno de crecimiento sin empleo, lo cual es una muestra más de la crisis del sistema de economía capitalista mundial. Es decir, no estamos ante el fin del trabajo sino en un contexto de crisis de las relaciones de producción capitalistas, las cuales no garantizan en proceso de reproducción de la fuerza de trabajo.
La forma en que el capital estructura su estrategia ideológica involucra métodos que no solo buscan una mejor inserción, sino lograr una posición dirigida al desarrollo de formas coercitivas encaminadas a extender la competencia a todos los niveles de la vida social, preservando su objetivo esencial: SU VALORIZACIÓN MEDIANTE LA SUPEDITACIÓN DE LA CLASE OBRERA Y DE OTROS CAPITALES, lo que significa, el acrecentamiento de los niveles de obtención de PLUSVALÍA. Por otra parte, los representantes del capital no hacen más que transitar hacia una teoría de la dominación que enmascara la noción de explotación y la subordinación del proceso de producción al de valorización.
La incapacidad de las relaciones capitalistas de producción para proporcionar empleo en condiciones de justicia y equidad, así como, de las políticas para compensar las debilidades del sistema, produjo la elaboración de un concepto de sustitución: FIN DEL TRABAJO Y DE LA CLASE OBRERA.

Los aspectos planteados exigen de la participación activa de los gobiernos mediante la instrumentación de políticas, que frenen aquellas tendencias negativas que el capital con su política de libre mercado genera sobre el trabajo. Se requiere de la creación de nuevos modelos de participación del Estado en la economía que administren con cautela los flujos internacionales de capital, mercancías y personas. Se requiere además, del desarrollo de estrategias de cambio estructural de producción hacia las nuevas tecnologías que permita trazar el camino necesario para el reciclaje tecnológico de los trabajadores estimulando la inversión en este terreno. Las potencialidades de las nuevas tecnologías bien dirigidas podrían conducir a una sociedad más justa; es importante pensar en que el futuro del mundo del trabajo todavía puede cambiar, en la actualidad este se mueve sobre la base de la acción del mercado liberalizado, el cual tiende a acentuar la contradicción trabajo-capital.   

1 Harribey,  Jean-Marie. El fin del trabajo: de la ilusión al objetivo. Archivo disponible en: http://www.clacso.edu.ar/~libros/neffa/2harri.pdf. p. 2.

2 FCO. Javier García Díaz; Diego Arenas Gavilán, Jesús García Sánchez. Importancia y evolución del mercado de las TIC: su impacto en la sociedad.  Economía Industrial No. 337, España 2001 p. 159.

3 Freeman, Christopher y Luc Soete. Cambio Tecnológico y empleo. Una estrategia de empleo para el siglo XXI, Madrid 1994 p. 82.

4 Departamento de Estudios. La Economía digital en Chile,. Editorial. Cámara de Comercio de Santiago,  Abril del  2000 p. 14.

5 Citados por Freeman, Christopher y Luc Soete. Cambio Tecnológico y empleo. Una estrategia de empleo para el siglo XXI, op. cit. p. 82.

6 Departamento de Estudios. La Economía digital en Chile op. cit. p. 15.

7 Por ejemplo reparar una central telefónica no difiere de reparar un equipo fabril microelectrónico. Campillo, Marcia y Enrique de la Garza. ¿Hacia donde va el trabajo humano?. Nueva Sociedad N. 157 Septiembre-octubre, Caracas 1998 p. 49.

8 Harribey, Jean-Marie. El fin del trabajo: de la ilusión al objetivo. Archivo disponible en: http://www.clacso.edu.ar/~libros/neffa/2harri.pdf. p. 2

9 Ver: Ricardo Antunez,, Adeus ao trabalho?, Ensaio sobre as metamorfoses e a centralidade do mundo do trabalho, ed. Cortez/ed. Unicamp, San Pablo.l 1995.

10 Ver: Michael A. Lebowitz. Beyon Capital. St. Martin´s Press, New York 1992 pps. 31-34, 141-142, ver además de Alain Lipietz. The Enchanted World.. London: Verso 1982, pp.. 24-40 y 153-154

11 En 1985 los gastos de publicidad en el mundo eran de 124 470 millones de dólares y ya en 1997 estos ascendían a 282 474, se espera que para el año 2000 lleguen a 330 634 millones de dólares, sin embargo, la pregunta esta en ¿quién paga? Siendo el consumidor la víctima ya que los gastos de publicidad representan por término medio, el 15% del precio de venta del producto. Ver: Sophie Boukhari. Publicidad: el arte se abre paso. En: Correo de la UNESCO, Paris diciembre de 1998 p. 33.

12 Edur Velasco Arregui. Op. cit. p. 267.

13 A. Sivanandan. Rules of Engagement. En: News Statesman & Society, 28 abril de 1989 p. 29. Citado por Pedro Monreal González. Estados Unidos-América Latina: una nueva agenda económica para el nuevo siglo. En: Cuadernos de Nuestra América, La Habana Vol. VII No. 14 1992 p. 97.

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