EL SISTEMA MONETARIO-FINANCIERO INTERNACIONAL COMO OBSTÁCULO PARA EL DESARROLLO

Jhon Freddy Caicedo Caicedo

Dinámica general de los sistemas monetarios hasta la primera mitad del siglo XX

El sistema monetario internacional influyó en la política macroeconómica y en los resultados de tres periodos:

Desde 1870 hasta la actualidad, se han utilizado diversos esquemas organizativos del Sistema Monetario Internacional (SMI). Históricamente los sistemas monetarios internacionales han tenido características múltiples; entre ellas principalmente están las diferencias en el grado de flexibilidad cambiaria. Hace más de cien años, el sistema monetario internacional era el patrón oro internacional. En este sistema el oro constituía el activo de reserva internacional y su valor se fijó con las paridades que los países especificaron. Esta decisión de apoyar las divisas con un activo de reservas internacionalmente aceptable (el oro) ayudó a fomentar tanto el intercambio relativamente libre como los pagos.

Desarrollo del patrón oro

En los años del patrón oro (1870-1914 y 1925-1931), la clave del SMI radicaba en el uso de las monedas de oro como medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. Los bancos centrales nacionales emitían monedas en función de sus reservas de oro, a un tipo de cambio fijo, pues expresaban su moneda en una cantidad fija de oro, aunque a su vez pudieran establecer cambios con la plata o algún otro metal. Esto estimulaba el desequilibrio inicial entre países que tenían oro y los que no lo tenían, aunque con el tiempo el sistema tendió a ajustarse. La cantidad de dinero en circulación estaba limitada por la cantidad de oro existente. En un principio la masa monetaria era suficiente para pagar las transacciones internacionales, pero a medida que el comercio y las economías nacionales se fueron desarrollando, se volvió insuficiente para hacer frente a los cobros y pagos. Si las exportaciones de un país eran superiores a sus importaciones, recibía oro (o divisas convertibles en oro) como pago, y sus reservas aumentaban, provocando a la vez la expansión de la base monetaria1 .
El aumento de la cantidad de dinero en circulación corregía automáticamente el desequilibrio haciendo crecer la demanda de productos importados y provocando inflación, lo que encarecía los productos nacionales reduciendo sus exportaciones. Si el comercio exterior del país era deficitario, la disminución de las reservas de oro provocaba contracción de la masa monetaria, reduciendo la demanda interior de bienes importados abaratando los productos nacionales en el exterior. Pero el sistema tenía también serios inconvenientes. El país cuyo déficit exterior provocaba contracción de la masa monetaria sufría una fuerte reducción de su actividad económica, generalizándose el desempleo. Los países con superávit podían prolongar su privilegiada situación "esterilizando el oro," impidiendo que el aumento en sus reservas provocase crecimiento en la circulación monetaria e inflación. De ahí que los principales países abandonaron el patrón oro durante la primera Guerra Mundial, para financiar parte de sus gastos militares imprimiendo dinero. A consecuencia de la guerra, la fuerza de trabajo y la capacidad productiva se redujeron considerablemente, lo que hizo subir los precios. El recurso generalizado, al gasto público para financiar la reconstrucción, provocó procesos inflacionistas, agravados por aumentos de la oferta monetaria. La vuelta al patrón oro tras la guerra agravó la situación de recesión mundial. 2

El sistema de los años entreguerras (1918-1939)

Los países abandonaron el patrón-oro durante la Primera Guerra Mundial y financiaron parte de sus masivos gastos militares imprimiendo dinero. Además, la fuerza de trabajo y la capacidad productiva se redujeron bruscamente a causa de la guerra. Como resultado de esto, los precios subieron en todas partes al concluir la guerra en 1918. Algunos países experimentaron una inflación desbocada cuando sus gobiernos intentaron ayudar al proceso de reconstrucción a través del gasto público. Estos gobiernos financiaron sus compras simplemente imprimiendo el dinero que necesitaban, tal y como habían hecho anteriormente durante los periodos de guerra. El resultado de todo ello fue un fuerte aumento de la oferta monetaria y en los niveles de precios.
Los Estados Unidos volvieron al patrón-oro en 1919. A principios de los años veinte, algunos países suspiraban, cada vez más, por la relativa estabilidad financiera de la era del patrón-oro. En 1922, en una conferencia en Génova, Italia, un grupo de países, que incluía a Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, acordaron la vuelta al patrón-oro y a la cooperación entre bancos centrales para alcanzar los objetivos internos y externos, dándose cuenta que la oferta de oro podía resultar  inadecuada para satisfacer las necesidades de reservas internacionales. La conferencia de Génova propuso un patrón de cambio-oro parcial, en el que los países pequeños pudieran mantener como reserva las monedas de los países grandes cuyas reservas internacionales consistirían únicamente en oro. La depresión que acompañó el retorno al patrón-oro en Gran Bretaña, había sido pronosticada por Keynes y otros, pero tenía precedentes con más de un siglo de anterioridad; el retorno de Gran Bretaña al patrón-oro con la paridad que prevalecía antes de las guerras napoleónicas, había originado una recesión sostenida y profunda. En ambos casos, la vuelta a un tipo de cambio, que había quedado obsoleto por aumento de precios ocurridos durante la guerra, representaron una revaluación de la libra esterlina frente a las otras monedas, cosa que desvió la demanda hacia productos no británicos. El estancamiento de Gran Bretaña en los años veinte, acelero la decadencia de Londres como centro financiero líder en el mundo. El debilitamiento económico de Gran Bretaña resultó un problema para la estabilidad del restaurado patrón-oro. Las reservas británicas de oro eran limitadas y el persistente estancamiento económico del país no contribuía a inspirar confianza en su capacidad de hacer frente a sus obligaciones exteriores.
El comienzo de la Gran Depresión en 1929, fue acompañado de bancarrotas bancarias en todo el mundo. Gran Bretaña se vio obligada a abandonar el oro en 1931, cuando los tenedores internacionales de libras (incluyendo varios bancos centrales) perdieron la confianza en el compromiso de mantener el valor de la moneda y comenzaron a convertir sus depósitos de libras en oro. Ocurre lo que se llamó la desintegración económica internacional.
Durante la depresión, muchos países renunciaron a sus compromisos de patrón-oro y permitieron que sus monedas flotaran en los mercados de divisas. Los Estados Unidos abandonaron el patrón-oro en 1933 pero volvieron a él en 1934, después de haber bajado el precio del dólar en oro desde 20,67 dólares a 35 dólares la onza troy. Otros países volvieron también a una cierta forma de patrón-oro tras una devaluación. Estas “depreciaciones competitivas” fueron emprendidas por los países con la esperanza de conservar el oro y cambiar la demanda mundial hacia sus productos. Un daño económico aún mayor fue ocasionado por las restricciones en los pagos internacionales, que proliferaron en ese momento debido a que los países desanimaron las importaciones y se esforzaron a mantener la demanda del propio país. El arancel Smoot-Hawley3 impuesto por los Estados Unidos en 1930, tuvo un efecto muy perjudicial sobre el empleo de los otros países. La respuesta de éstos al arancel estadounidense, incluyo contramedidas comerciales restrictivas y acuerdos preferenciales entre grupos de países. Las barreas arancelarias y la deflación en las economías industrializadas de América y Europa, condujeron a un repudio de deudas internacionales, particularmente en los países iberoamericanos, cuyos mercados estaban desapareciendo.
A comienzos de los años treinta, la economía mundial se fue desintegrando cada vez más en unidades nacionales relativamente autárquicas. Las fuertes turbulencias continuaron en los mercados mundiales hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939, pese a algunos movimientos limitados a favor de la cooperación económica internacional a finales de los años treinta. Pero este camino, al reducir las ganancias del comercio exterior, supuso un alto coste para la economía mundial y contribuyó a ralentizar la recuperación, que todavía no se había producido en muchos países en 1939.
Todos los países hubieran estado en una situación económica mejor en un mundo con comercio internacional más libre, suponiendo que la cooperación internacional hubiera permitido que cada país preservara su equilibrio externo y su estabilidad financiera sin sacrificar los objetivos internos de su política. Fue la comprensión de este fenómeno lo que inspiró el diseño del sistema monetario internacional de posguerra, el acuerdo de Bretton Woods.4


1 Paúl Krugman y Maurice Obstfeld: Economía Internacional: teoría y política, Editorial Mc Graw-Hill/Interamericana de España S.A, tercera edición, 1995  Cap.19, p.633.

2 Ibídem

3 Ley de Aranceles de 1930 en ingles, (The Tariff Act of 1930), conocida como la Ley Hawley-Smoot, fue una ley emitida por el republicano y presidente de los Estados Unidos Herbert Hoover el 17 de junio de 1930, propuesta por los senadores republicanos Reed Smoot y Willis C. Hawley, con el fin de elevar los aranceles estadounidenses de los productos importados, para mitigar los efectos de la Gran Depresión iniciada en 1929 Dicha ley elevó de manera dramática los aranceles, o sea los impuestos de importación, sobre 20 mil productos. El resultado del Estatuto arancelario fue exactamente contrario al que pronosticaban los políticos que lo habían impulsado. Lejos de aumentar la producción local por el cierre de las fronteras a los productos extranjeros, se produjo un verdadero colapso. Si bien los primeros efectos de la Ley Hawley-Smoot beneficiaron a corto plazo a las industrias estadounidenses y a los campesinos de ese país, con el transcurso de los meses se apreció que las represalias arancelarias del resto del mundo perjudicaban el comercio internacional y particularmente la exportación de productos estadounidenses, causando perjuicios a su industria. De igual forma, el deterioro de la economía de EEUU como resultado de la Gran Depresión tornó inefectiva la barrera arancelaria formada para defender los precios de productos agrícolas, en tanto éstos continuaron disminuyendo al no crecer la demanda. El comercio internacional mundial cayó en más de 60 por ciento entre 1929 y 1934. Ésta fue una de las razones por las que la recesión de 1930 se convirtió en una verdadera desintegración económica internacional cuya depresión económica provocó una caída del 50 por ciento en la economía de Estados Unidos.

4 Ibídem, pp. 647,648

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