LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS: MODELO DE TRES DIMENSIONES PARA SU ESTUDIO

Manuel de Jesús Moguel Liévano

3. Ética organizacional.


1) Un dilema perenne: los negocios y la ética.
La práctica y el estudio de la ética, es uno de los campos del conocimiento con mayores referencias en la historia de la humanidad. Varios siglos antes de nuestra era, las civilizaciones egipcia, hebrea, mesopotámica, china, hindú, griega y muchas más, en el marco de sus dogmas religiosos, establecían disposiciones encaminadas a regular los actos humanos desde el plano de la moral, que enseña a distinguir entre lo bueno y lo malo.
Una hegemonía similar se encuentra en la actualidad y es ocasión que todavía no comprendemos del todo el fenómeno, sencillamente porque desconocemos los mecanismos del aprendizaje en el ámbito de conocimiento de lo ético/moral, que poco tiene que ver con la memoria y el razonamiento, sino con la conciencia individual y colectiva y al circunscribirse en el terreno de lo cultural, adquiere una alta dosis de relativismo.
Existe la impresión que la ética es un tema que difumina las fronteras entre el delito y el pecado. El primero, un acto punible por las leyes civiles; el segundo, por las leyes morales. En relación con la ética en los negocios, una cultura debe aprender que adquirir riquezas respetando los derechos de los demás, en el marco del desarrollo económico, no contraviene imperativos de conductas dogmáticas, como lo refiere Max Weber en una de sus obras magistrales.
Pero la ética en los negocios no debe restringirse solamente a la célebre dicotomía hebreo/romana de Dios y César; su ámbito de influencia se extiende ahora hasta alcanzar un elevado nivel de responsabilidad de los individuos y la colectividad en las sociedades industriales, de velar por la viabilidad del género humano y otras formas de vida en el planeta, cobrando mayor vigencia en la jungla del libre mercado y la competencia, en los tiempos actuales de globalización económica.
Con la aparición de las artes industriales y las primeras factorías en el siglo XVII en Inglaterra y resto de Europa inicia la actividad económica y la acumulación de capital (dinero y posesiones), en paralelo, los estudios sobre la economía, el capitalismo y sus efectos en la sociedad y en los individuos.
            Los estudios de la economía clásica han omitido toda referencia a la presencia del factor humano en las organizaciones. Es con la llegada de los sociólogos y psicólogos a estudiar el comportamiento humano y la cultura dentro de éstas, a partir de los años veinte, cuando se le redimensiona, ya no solamente como parte de la máquina. Entonces, se reconoce,  hay seres humanos trabajando al interior de las organizaciones.
La inclinación de las personas por obtener riquezas encuentra en la realización de las actividades económicas su espacio natural. Sin embargo, es preciso que el empresario, a la par de incrementar su capital, sea capaz de comprender las necesidades de sus empleados y de pensar en su bienestar y el de su familia, de pensar en las necesidades y la opinión de las partes interesadas en su empresa, así como en el desarrollo sustentable de la misma, mediante el respeto al medio ambiente. Entonces, razón económica y ética económica parecen ser compatibles, fundamento de la responsabilidad social.
Esta última idea representa un verdadero dilema no solamente para los hombres de negocios, sino también para los gobiernos y organizaciones civiles en defensa de los derechos humanos y el medio ambiente, quienes cuestionan seriamente la viabilidad de las generaciones futuras de no adoptarse medidas precautorias en relación con el respeto hacia los actores sociales y la conservación de los sistemas naturales.
En el base de esta premisa probablemente se encuentran las siguientes preguntas: ¿Es social y moralmente legítimo obtener las riquezas que mi capacidad de trabajo pueda producir?, ¿Estoy contraviniendo mis principios éticos con la acumulación de dinero?, ¿Qué lugar ocupa la posesión de bienes materiales en mi escala de valores?, ¿Soy justo con la retribución de los empleados para llevar a sus familias una vida digna y de bienestar?
Indudablemente existe una correlación intrínseca entre la acumulación de capital y la formación axiológica y deontológica de las personas, explicable solamente tomando en cuenta un factor central: el contexto cultural, dimensión un tanto ignota en la organización.
Existen precedentes relevantes en el estudio de la ética en los negocios, como el caso de los cuáqueros norteamericanos ya citados. La ética evoca antecedentes filosóficos recientes, ponderados como fundamentos en las iniciativas deontológicas que confluyen en el campo de la bioética, ética empresarial y ética ecológica; entre ellos se encuentra la obra de Hans Jonas El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (1973), proponiendo una nueva ética para la sociedad industrial y tecnológica.
En esta obra Jonas (1903-1993) compromete la materia de la ética en el terreno donde puede decidirse el futuro de la humanidad, basado en sus reflexiones a raíz de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó en las filas británicas y en las consecuencias de las bombas atómicas explotadas sobre Japón. Realiza una evaluación sumamente crítica de la ciencia moderna y la tecnología, previniendo a los seres humanos de la necesidad de actuar con prudencia ante el poder transformador de la tecnociencia.
2) La actitud ética en las organizaciones y sus consecuencias.
Durante los años 2001 y 2002 los medios masivos de informaron recreaban los escándalos financieros de grandes organizaciones norteamericanas, principalmente, tales como; Enron, una de las productoras de petróleo más importantes; Polaroid, empresa emblemática de la industria fotográfica; WorldCom, segunda compañía más grande en el campo de las comunicaciones; Xerox Company, creadora de equipos de oficinas; Merck y Johnson & Johnson líderes en el sector farmacéutico, entre otras.
Todas ellas, desarrolladoras de las más avanzadas tecnologías en su campo, tuvieron problemas en la gestión y de manejos financieros –desvíos y registros ilegales de recursos por varios miles de millones de dólares–. Los fracasos son imputables a la falta de apego a sus códigos de ética, a sus principios y sistemas de valores, afectando a la organización en los aspectos: financieros, prestigio y lo más lamentable, el despido de miles de personas.
El escándalo hizo intervenir al Presidente de los Estados Unidos en julio de 2002 para anunciar un programa de Responsabilidad corporativa, con la finalidad de reencausar la conducta de los ejecutivos y sancionar a quienes violen los códigos éticos empresariales, cometan fraudes al fisco, y en general, propicien un clima de desconfianza entre la sociedad. Ante la reincidencia de las empresas en los desfalcos financieros, se anuncia la Ley contra fraudes empresariales, a la postre conocida como la Ley Sarbanes-Oxley.
En este contexto, Charam y Ussem (2002), articulistas de la Revista Fortune, realizan un análisis de las causas de la quiebra de empresas en EEUU, asegurando que solo en el año 2001, 257 empresas –Fortune 500– cotizadas en bolsa, con 258 mil millones de dólares en activos, declararon la suspensión de pagos, rompiendo el récord del año anterior de 176 empresas y 95 mil millones de dólares. 
Continuando con los comportamientos cuestionables de los órganos de gobierno de grandes corporaciones transnacionales, Werner y Weiss (2006) publican los resultados de su investigación, desnudando las prácticas empresariales de “prestigiosas” compañías de diferentes países “altamente desarrollados”, principalmente en relación con la violación de derechos humanos, pésimas condiciones de trabajo, mano de obra barata, explotación de trabajo infantil, violación a derechos de comercio internacional, daño irreversible al medio ambiente, infracciones a los valores éticos-morales elementales, pruebas de laboratorios en seres humanos, financiamiento de conflictos bélicos en países pobres para obtener materias primas, entre otras gracias.
Como síntoma de aceptación de esta realidad, afirman los autores, los directivos de las organizaciones multinacionales, además del shareholder value (el valor bursátil de una empresa para los accionistas), ahora se privilegia el stakeholder value, valor de mercado proveniente de la aceptación de los diversos grupos de interés de su entorno, axioma bajo el cual sólo tendrá éxito la empresa que actúe en forma correcta frente a todos los grupos afectados –directa o indirectamente– por la misma; entre ellos trabajadores, directivos, sindicato, clientes, proveedores, gobierno, medio ambiente y el país en que opera.
Para bosquejar la influencia de estas compañías en el mundo, fundamentalmente en los países en desarrollo donde se establecen, los autores incluyen el análisis realizado por el Instituto de Estudios Políticos de Washington acerca de las cien potencias económicas, en razón de su ingreso por ventas en 1999, donde se encuentran más corporaciones que países.
Por ejemplo, en el lugar 23 se encuentra General Motors, en el 25 Wall-Mart, en el 26 Exxon-Mobil y Ford en el sitio 27, con ingresos superiores a los de países como Polonia, Noruega, Indonesia, Sudáfrica, Arabia Saudita, Finlandia, Grecia y Tailandia.
Acerca del comercio de productos falsificados, la ONG británica Auhentics Foundation lanzó en Bruselas una campaña contra la falsificación de productos para alertar al público que este tipo de productos rebasan el mercado de los CD’s, DVD’s, ropa y marcas famosas y pueden ir desde un automóvil deportivo hasta una botella de salsa. En palabras del presidente de la Unión Europea, “la variedad de productos falsificados ha aumentado, incluyendo juguetes, comida, aparatos electrónicos, medicinas, piezas para aviones, entre muchos miles más”, advirtiendo que la falsificación no es sólo un problema económico, sino de salud pública y de consumo, y un peligro para la vida humana67.
En el terreno de la ética de los negocios y en el contexto de la globalización y el libre mercado, una práctica arbitraria por parte de las empresas multinacionales está ocurriendo hoy día en gran número de países pobres asiáticos. Se trata de los Sweatshops, término que en español significa “fábrica donde se explota a los obreros”. Se trata del abuso a los trabajadores y la violación de sus derechos  humanos como del trabajo, que regulan tanto la ONU, la OIT, la OCDE, y diversas ONG’s, en teoría.
De acuerdo con Hartman y Denis (2006), las organizaciones multinacionales han descubierto los beneficios que pueden obtener mediante una reducción drástica de sus costos de producción, pagando salarios ínfimos y evitando las obligaciones de seguridad social en países pobres, comparado con los precios de mano de obra de los países de origen.
Sweatshops, de acuerdo con la US General Accounting Office (Oficina general de contabilidad de Estados Unidos) “es un lugar de trabajo en el cual un empleador viola más de una de las leyes de trabajo federal o del estado, o de la deontología profesional, en lo que concierne a la seguridad profesional, la salud, la indemnización de los trabajadores, las declaraciones legales”. El sindicato de empleados de la industria y textil de  Estados Unidos, lo define como “un lugar de trabajo caracterizado por la violación sistemática del derecho del trabajo codificados por las leyes internacionales o americanas”.
Actualmente existe un amplio debate entre los economistas del libre intercambio y los defensores de los derechos del hombre, aliados a los sindicatos. Según los primeros y promotores del laisser-faire, la explotación de un recurso nacional (la mano de obra a bajo precio) permite a los países en desarrollo aumentar sus exportaciones y de mejorar de esta manera su situación económica (Hartman y Denis, 2006).
Para los segundos, son numerosas las ventajas que tiene el libre intercambio, cuyos beneficios dependen de condiciones precisas, como libre circulación de la información y la aptitud de los actores a tomar sus decisiones racionalmente dentro de su interés. Pero esas condiciones no siempre están presentes en los países en desarrollo, de tal forma que, según los adversarios de los sweatshops, las premisas liberales son empíricamente falsas.
Los trabajadores pueden no tener la capacidad de tomar sus decisiones racionales cuando tiene una propuesta de empleo dentro de un sweatshop, porque  no tienen otra opción para su sobrevivencia y la de sus familias.  Aceptan solamente por su pobreza, eso no significa necesariamente su aceptación de las condiciones de mercado.
En el ámbito de la justicia laboral, continuando con Hartman y Denis, las empresas multinacionales están adoptando estrategias como la déviance (desviación) positiva con la finalidad de cumplir con las expectativas de las partes interesadas, ya sea en materia legal como ética. Además, como una maniobra de imagen pública, tanto para los consumidores como para los demandantes de empleo,
            Bajo este concepto, los empresarios regulan su conducta demostrando que pueden  cumplir los objetivos económicos de la organización, a la vez de cumplir y superar el marco de reglamentaciones protectoras de los derechos del trabajo. Se trata de una respuesta proactiva a las prácticas internacionales en el trabajo para atraerse consecuencias positivas. Es importante también que la empresa sepa informar al público de esta actitud favorable.
            Según diversos estudios, los consumidores de países industrializados revelan su preferencia por los bienes o servicios de empresas respetuosas con sus trabajadores, se preocupan por fomentar un desarrollo sustentable y manifiestan su compromiso con la RSE. Igualmente, los demandantes de empleo, cada vez más están buscando la reputación moral de la empresa.
La deviance, es importante señalar, puede ser positiva o negativa. Esto depende del grado de adhesión de los actores (grupos de referencia) a las reglas estratégicas, legales y éticas, en el sector industrial a que pertenece la empresa y del público en general.
Actualmente, las inversiones éticas o socialmente responsables se constituyen en uno de las principales orientaciones en el terreno financiero. El ahorro ético es una fórmula de inversión que, sin renunciar a la rentabilidad, permite al ahorrador dirigir su excedente hacia aquellas empresas que contribuyen positivamente a un desarrollo justo y equilibrado, o bien a los sectores sociales excluidos del sistema bancario comercial (De la cuesta, 2005).
            Los Fondos de Inversión Éticos (FIE) son instituciones de inversión colectiva cuyo objetivo es dirigir el ahorro hacia aquellas empresas que cumplan con los criterios valorativos contenidos en el ideario del fondo, para contribuir de esta forma a mejorar las condiciones de vida de la sociedad y un desarrollo sustentable del planeta. Los criterios usados en la aplicación del filtro ético usualmente están basados en acuerdos de organismos internacionales como la OIT, OCDE, ONU y ONG’s.
3) Implicaciones teóricas y empíricas de la actitud ética.
La mayoría de las asociaciones profesionales en el mundo se conforman de acuerdo a reglas éticas. Los abogados, médicos, contadores, ingenieros, y demás profesionistas, deciden respetar y hacer respetar sus postulados gremiales. En la esfera legal, las profesiones antes mencionadas –entre otras– no se pueden ejercer sin contar con la cédula profesional respectiva, acreditando la solvencia científica y moral del profesionista.
            Entonces, ¿Dónde se consignan los ordenamientos morales de la ética empresarial? La ética comercial, en palabras de Velásquez (1998), se define como “la manera de aplicar las reglas morales a la política, a las instituciones y a la conducta en el ambiente de los negocios” (citado en Bergeron, 2004). 
Los orígenes de la ética, siguiendo al autor, se encuentran en la sociedad, las leyes, las organizaciones y el individuo y la define como “el conjunto de reglas de conducta que determinan a una persona a actuar de una manera dada”. La ética organizacional, sostiene es “el conjunto de reglas de conducta interna que se fija una organización”.
Holt y Wigginton (2002) identifican las siguientes escuelas de la ética:
a) centrada en el utilitarismo,
b) centrada en los derechos morales, y
c) centrada en la justicia.
En relación con el relativismo de la ética, los estudios incorporan cuatro enfoques que pueden ayudar a explicar la ética en los negocios:
a) relativismo simple, inherente al individuo;
b) relativismo en el rol, las obligaciones morales son inherentes en lo profesional;
c) relativismo en el grupo, la moral de los individuos es determinada en contextos de grupos; y
d) relativismo cultural, la moralidad es relativa a cada cultura.
Con respecto a la organización, revisando a Dessler, Starke y Cyr (2004), el comportamiento de los directivos es un importante factor de influencia sobre las decisiones ligadas a la ética y para fomentar su acatamiento en el trabajo, es necesario acentuar el compromiso de la alta dirección, elaborar y publicar un código de ética, establecer los mecanismos para conformarse, hacer participar al personal en todos los escalones y evaluar los resultados.
La reputación de los directores del consejo es un activo altamente apreciable hoy día. La mayor amenaza es el daño potencial en su reputación y los directivos se eligen con base en su prestigio como hombre de negocios. Para la Asociación Nacional de Directores Corporativos (NACD, siglas en inglés) en Estados Unidos, un consejo de alto desempeño cuenta con gente correcta, culta, enfocado en temas, información, procesos y continuación (Green, 2005).
De acuerdo con D’Humières, et al (2005), una de las responsabilidades que adquiere una empresa al constituirse es en términos de opinión, como factor central para efectos de construir una reputación social, que a la postre deviene en una ventaja competitiva y en una carta de presentación ante los consumidores.
En relación con la cultura y los valores en los negocios, la legislación y las normas regulatorias necesitan tener sustentos ético, afirma el autor, basado en una cultura corporativa que incluya: declaración de principios éticos o de valores corporativos, proceso metódico de fomento del comportamiento deseado, un sistema amplio de envío de reportes éticos para ser investigados y plena confianza sobre los principios en la toma de decisiones.
De acuerdo con Holt y Wigginton (2002), a través de la creación del código de ética, una compañía puede enviar fuertes señales a sus gerentes y al público acerca de cómo intenta responder las cuestiones sociales.
Solamente a manera de ejemplo, el Informe Cadbury propone una serie de medidas constituyentes de un código de mejores prácticas o de conducta, aplicable a las sociedades cotizadas en bolsa, a saber: la separación de las tareas entre el presidente y el director general; un papel primordial a los administradores e independencia; un comité de auditoría compuesto por administradores externos; y constituir comités de remuneración compuesto en su mayoría por administradores externos (Charreaux, 1997).
Las nuevas filosofías administrativas con fundamento en la calidad parten de una propuesta de planeación estratégica, cuya metodología otorga primordial importancia a la formulación de la misión, visión, principios filosóficos y objetivos de orden superior, los cuales generalmente, parten de la estructura axiológica y principios éticos de los altos directivos, que hacen institucionalizar para proporcionar dirección a las acciones de todos los participantes en la organización, conformando un sistema de valores.
De Mente (1992) identifica como uno de los secretos del éxito en las organizaciones japonesas al método del Wa, cuyo principal promotor fue el empresario japonés Konosuke Matsushita (1894-1989). El Wa significa, paz, armonía, círculo; incorpora conceptos de confianza mutua, relaciones armónicas, responsabilidad colectiva, lealtad ilimitada, seguridad, libertad. Matsushita codificó su enfoque del Wa a la administración en siete objetivos: servicio nacional a través de la industria, armonía, cooperación, esfuerzo por mejorar, cortesía y humildad, ajuste y asimilación y gratitud.
Según Ciampa (1990) un programa de calidad total tiene como criterios de éxito los siguientes valores: credibilidad, claridad, confianza, y consistencia. Pascale y Athos (1983) toman los valores como objetivos de orden superior y, según ellos, deben reunir las condiciones de: significativos, duraderos y realizables.
En la mayoría de las organizaciones de los países desarrollados prevalece una conciencia ética que se refleja en la misión, los valores y los principios rectores que guían la conducta de los actores. En España, por ejemplo, se llevan a cabo estudios para determinar las iniciativas de implementación de la ética empresarial en las principales organizaciones y se funda el Foro para la Evaluación de la Gestión Ética (FORÉTICA), que tiene como finalidad promover la cultura de la gestión ética entre las organizaciones68.
La investigación recoge información acerca de la formalización de políticas éticas en documentos como misión y/o visión, valores corporativos, credos de empresa, códigos de conducta y otros instrumentos similares. La asociación diseñó la norma FORÉTICA SGE 21 para avalar aquellas empresas que responden a los parámetros de calidad ética.
Desde inicios de los años noventa asistimos a un esfuerzo permanente por mejorar el desempeño de los gobiernos corporativos de las empresas mediante la elaboración de códices de ética e informes de buenas prácticas, elaboradas por comisiones y comités integrados por grupos expertos en esta materia, a encargo de organismos nacionales e internacionales, emitiendo recomendaciones que en no pocas ocasiones llegan a constituirse en marcos de actuación de sectores económicos completos.
Entre los productos más relevantes en este ámbito se encuentran los siguientes: el Informe Cadbury (1992), en Inglaterra; el Informe Vienot I (1995) y Vienot II (1999), en Francia; el Código Olivencia de Buen Gobierno (1998) y el Informe Aldama (2003), en España; el Informe Winter (2002), por la Unión Europea.
Es así como “en el corazón de las recomendaciones del Comité se encuentra un Código de buenas prácticas, diseñado para alcanzar los necesarios altos estándares de conducta corporativa, requeridas a las empresas cotizadas en la bolsa de valores” (Cadbury, 1992).
La incorporación del plano de la moral, los valores y la ética en la organización, no es una moda ni un aspecto estético, se trata de la inscripción de un factor de agregación de valor de origen no económico en el proceso de desarrollo de la empresa, pero con un alto efecto en dicha dimensión. El analfabetismo ético en una organización puede acarrear consecuencias financieras enormes, incluso ser causa de su quebranto, como lo demuestran los casos de los fraudes empresariales en Estados Unidos durante los años 2001 y 2002, y más recientemente en 2007 y 2008, con el problema de las instituciones hipotecarias.
De acuerdo con el Instituto Ethos, uno de los principales referentes mundiales en el tema de la RSE, los aspectos a contemplar en el código ético de una empresa socialmente responsable, son las relaciones con los siguientes actores: accionistas (respeto a los minoritarios), funcionarios (selección, divergencia, jerarquía, y privacidad), clientes, proveedores, competidores, la esfera pública (órganos de fiscalización, agentes públicos y políticos), el medio ambiente, y relaciones con la comunidad (acciones filantrópicas)69.
El Libro Verde de la Comisión de las Comunidades Europeas consigna la existencia de un conjunto de organizaciones dedicadas a la elaboración, asesoramiento y puesta en marcha de los principios éticos mediante una respetable cantidad de códigos de conducta70.
            Durante la presente investigación se han encontrado un conjunto de trabajos vinculados con las disposiciones de tipo ético, provenientes de organismos internacionales, comisiones de trabajo u ONG’s, mismas que han sido reseñadas en el capítulo dos. Para omitir redundancias, en la presente sección, solamente se mencionan.
- Declaración tripartita de la OIT: Principios sobre las empresas multinacionales y la política social (1977).
- Declaración de la OCDE sobre inversión internacional y empresas multinacionales (1979).
- Business for Social Responsibility (BSR) (1992).
Corporate Social Responsibility, CSR Europe (1995).
- World Business Council for Sustainable Debelopment (WBCSD) (1995).
- International Corporate Governance Network (ICGN) (1995).
- Instituto Ethos de Empresas y Responsabilidad Social, Brasil (1998).
- Declaración de los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo de la OIT (1998).
- Global Compact y los diez Principios del Pacto Mundial de la ONU (1999).
- Norma AA1000 por el Institute of Social and Ethical AccountAbility (ISEA) (1999).
- Principios de la OCDE para el Gobierno  Corporativo (1999, reformada en 2004).
- Líneas Directrices para Empresas Multinacionales de la OCDE (2000).
- Ley sobre Nuevas Relaciones Económicas, en Francia (2001).
- European Corporate Governance Instituto (ECGI) (2002).
- Norma FORETICA/SGE 21/2002, en España.
- Ley Sarbanes-Oxley, en  Estados Unidos (2002).
- ADERSE (Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza y la Investigación sobre la Responsabilidad Social de la Empresa) (2002), en Francia.
- Ley sobre la Seguridad Financiera, en Francia (2003).
- Normas Internacionales del Trabajo de la OIT: reglas de juego para la economía global (2005).
- Declaración de los Principios Globales de la Responsabilidad del Gobierno Corporativo del Sistema CalPERS (2007).


67 Diario Milenio, México, D.F, 11 de marzo de 2008. Lanzan en Bruselas campaña contra la falsificación de productos, MILENIO.COM, consultado el mismo día.

68 En su número 463 de julio de 2001, la revista española Nueva empresa.com: management para la nueva economía, publica en su sección principal el artículo Ética en las empresas, en relación a lo que hacen las 500 más grandes empresas en España y los sistemas de evaluación de la gestión ética.

69 Publicado en agosto del año 2000, htpp//www.ethos.org.br, consultado julio de 2008.

70 Comisión de las Comunidades Europeas. www.ec.europa.eu/index, Consultado el 30 de enero de 2008.

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