LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS EMPRESAS: MODELO DE TRES DIMENSIONES PARA SU ESTUDIO

Manuel de Jesús Moguel Liévano

2. Aspecto financiero y cognitivo.


El segundo componente de la dimensión gobierno corporativo es el aspecto financiero y cognitivo, en nuestra opinión, los dos recursos más importantes al iniciar una organización, conjuntamente con los diversos tipos de energía que consumirá, en muchos casos de fuentes no renovables, así  como la energía humana presente en el factor trabajo del personal.
El aspecto financiero en el estudio del GC goza de una posición privilegiada a la par del componente estructura y regulaciones. De hecho, los estudios desde el enfoque económico y jurídico traslapan fronteras con el enfoque financiero, como se observa en la revisión de las leyes de sociedades mercantiles y de mercado de valores, entre otras. Trata temas como la propiedad, inversión y capital, gestión financiera, participación accionaria (shareholders, stockholder,  stakeholder), inversión socialmente responsable (ISR), riesgo y rentabilidad.
            El aspecto cognitivo, no es aventurado afirmar, es un elemento que ha recibido una atención marginal en el estudio del GC, sin embargo su presencia es de vital importancia toda vez que una organización nace de una iniciativa, o una idea, de una o más personas y su desarrollo reclama la suma de la voluntad y conocimientos de esas personas. Su análisis se realiza desde el enfoque managerial en los temas de autoridad, liderazgo, poder, comportamiento humano, toma de decisiones, planeación estratégica, trabajo en equipo y la experiencia de los miembros.
            A continuación se profundiza en el análisis de estos dos conceptos.
1) Aspecto financiero.
El tema del gobierno de la empresa se desarrolla principalmente en el seno de la literatura financiera, donde es objeto de gran atención por parte de juristas, economistas, politólogos, sociólogos, y especialistas de ciencias de la gestión (Charreaux y Wirtz, 2006).
Su estudio puede encontrar fundamentos en la obra de Berle y Means La moderna corporación y la propiedad privada (1932), inspirada en el análisis de las características del binomio propietarios-gerentes y gerentes-propietarios realizada por Chandler durante el siglo XIX en sus trabajos sobre management, al tiempo que iniciaban las grandes corporaciones existentes a la fecha (Clark, 2005).
            El libro hace notar dos tipos de conflicto de intereses. Primero, cuando el propietario es gerente a la vez (owner-manager) de una empresa privada y ésta alcanza un crecimiento importante, concentrando poder económico, de toma de decisiones, el control de la firma, el manejo discrecional de los valores financieros, de la gestión y la información financiera; surge entonces la necesidad de separar la propiedad del control. En este caso los accionistas (shareholders), hacen el doble papel dueño/gerente, adoptando una postura de gran actividad.
            Segundo, la separación de la propiedad y el control, acarrea consecuencias diversas: se evita el problema de la concentración de poder; la organización recurre al mercado de valores, se expande la propiedad mediante la aparición de los stockholders; surge el directivo y gerente profesional; tiene lugar un nuevo conflicto de intereses entre los propietarios (shareholders y stockholder), los directivos y gerentes, quienes ahora ejercen el control; nace la organización abierta o “cuasi-pública” y el capitalismo colectivo. El shareholder asume una actitud pasiva.
Los términos shareholder y stockholder son sinónimos, significan ser propietario o dueño de acciones de una compañía. Según Berle y Means los stockholders han negociado su posición legal de propietario privado por el papel de receptores de rentas de capital y son vistos como un grupo disperso59.
Siguiendo la fuente consultada, shareholder, es cualquier persona, compañía u otra institución propietaria o dueña de al menos una acción en una compañía. Tienen el potencial de los beneficios si la compañía prospera, pero tienen la posibilidad de pérdida si la compañía decae. El Stockholder es un individuo u organización que es dueño de títulos/valores (acciones) comunes o acciones preferentes en una corporación.
            Los organismos y comisiones que analizan el sistema de GC, es importante destacar, como el Informe Cadbury (1992), el Informe Winter (2002) y la OCDE por medio de la Metodología para evaluar la implementación de los principios sobre gobierno corporativo (2006), así como los autores Charreaux (1996, 2004) y Wirtz (2002), utilizan únicamente al término shareholder para referirse a los propietarios de la firma.
Jensen y Meckling (1976) utilizan el término stockholder ampliamente en su estudio de la “Teoría de la agencia”, mientras que Fama y Jensen (1983) lo utilizan  escuetamente, en su análisis acerca de los derechos residuales en las corporaciones “abiertas”.
            La Teoría de la agencia viene a constituirse en una pieza fundamental en el análisis financiero del GC, como lo indica el nombre del artículo donde se propuso: Teoría de la firma: comportamiento gerencial, costos de agencia y estructura de la propiedad, haciendo contribuciones en la teoría de los derechos de propiedad, las finanzas y la economía.
De acuerdo con Jensen y Meckling, la firma es una “caja negra” operada para reunir las condiciones marginales con respecto a los insumos y resultados y de esa manera maximizar los beneficios, o más exactamente, el valor líquido. En relación con los derechos de propiedad, matizan la importancia de la especificación de los derechos individuales para determinar el destino de los costos y las retribuciones entre los participantes en cualquier organización.
Definen una relación de agencia como un contrato bajo el cual una o más personas (el principal) contrata a otra persona (el agente) para realizar cualquier servicio a su nombre, que implica la delegación de alguna autoridad al agente para tomar decisiones.
Definen los costos de la agencia de la siguiente forma: a) los gastos de control por el principal, b) los gastos de garantías por el agente, y c) pérdidas residuales.
Estudian el efecto de la participación externa sobre los costos de agencia, comparando la conducta de un gerente cuando es dueño del 100 por ciento de los derechos residuales de la firma, con su conducta cuando vende una porción de esos derechos a participantes externos.
El análisis económico-matemático de las relaciones de agencia lo realizan mediante supuestos permanentes y temporales, representando mediante gráficas el valor de mercado los gastos del gerente sobre los beneficios no monetarios y el valor de la firma y la riqueza.
Mediante la integración de los conceptos de los costos de la agencia asociados con los derechos externos de la firma, tanto de deuda como de participaciones, proponen una teoría de la estructura de la propiedad corporativa, identificando las siguientes variables:
a) participación interna (del gerente),
b) participación externa (de alguien externo a la firma), y
c) deuda (de alguien externo a la firma).
Los costos de la agencia, concluyen los autores, son tan reales como cualquier otro costo, y su nivel depende, entre otras cosas, de las leyes comunes reglamentarias y del ingenio humano en la concepción de los contratos.
El modelo de análisis de gobierno corporativo sobre los controles de los costos de la agencia  de Jensen y Meckling, según Rosé (2006), reduce la responsabilidad del gerente a la sola maximización del interés de los accionistas, es decir, minimizar los costos de la agencia o de transacción para maximizar la utilidad (Levy y Sahut, 2006), acorde con la propuesta de Friedman (1970) “hay solo una responsabilidad de la empresa: usar sus recursos en actividades encaminadas a maximizar sus beneficios, en la medida en que observe las reglas del juego, es decir, que actúe dentro de la libre competencia, sin engaño ni fraude” (citado en Argandoña, 2007).
A la inversa, el modelo de los stakeholders de Freeman (1984) hace del manager el garante del interés de todas las partes interesadas en la firma, admitiendo la posibilidad de reducir el retorno sobre la inversión de los accionistas (Rosé, 2006).
            Según Charreaux (1997) ya sea dentro de la teoría de la agencia o dentro de la teoría de los costos de transacción (Williamson, 1985), el consejo de administración –con la obligación de contar con un comité de auditoría para las empresas cotizadas–, se encarga de representar los intereses de los accionistas.
            Por su parte, la OCDE en la Declaración de los principios de gobierno corporativo (1999, reformados en 2004), establece diversas disposiciones relacionadas con la protección de los intereses de los accionistas, la transparencia y la situación financiera, a través de un fundamento legal, reglamentario e institucional, previo análisis costo/beneficio para evitar la sobrerregulación. Entre los principales derechos de los accionistas consigna el de asegurarse métodos para registrar su propiedad y ceder o transferir acciones.
            Los inversores en valores, continúa, ostentan determinados derechos de propiedad. Las acciones permiten al inversor participar en los beneficios de la sociedad y obtener un trato equitativo entre los demás de su categoría. Los Principios deben fomentar la cooperación entre sociedades y las partes interesadas con vistas a la creación de riqueza y empleo, y facilitar la sustentabilidad de empresas sanas desde el punto de vista financiero.
Dentro de la estructura global de GC, los aspectos específicamente financieros, son la entrada para que los Consejos fijen la política financiera y supervisen su implementación, incluyendo el uso de los controles financieros y los procesos.
En otro orden de ideas, un sistema de GC, según O’Sullivan (2000), moldea a quienes toman las decisiones de inversión en las organizaciones, que tipos de inversiones deben hacer, y como los beneficios de las inversiones deben ser distribuidos (citado en Charreaux, 2004).
            Charreaux, hace un análisis del sistema nacional de gobierno corporativo, formado por el conjunto de leyes civiles dirigidas a proteger los derechos de los inversionistas. El sistema financiero, apunta, juega un papel central en el crecimiento económico y la prosperidad; y debe promover la acumulación de capital y la innovación (Beck et al, 2000).
            Dentro de la perspectiva financiera, continúa, la eficiencia depende de la protección de los derechos financieros del inversionista contra los intentos de expropiación por parte de los gerentes o de los propietarios dominantes.
            Desde el modelo financiero basado en la protección de los intereses de los propietarios, concluye Charreaux, las teorías de gobierno corporativo han evolucionado hacia modelos más complejos, involucrando todas las partes interesadas y atribuyendo la mayor importancia a los aspectos productivo/cognitivo de la creación de valor.
La inversión socialmente responsable (ISR).
Hoy día, uno de los temas de mayor influencia dentro del aspecto financiero del gobierno corporativo en el análisis de la responsabilidad social empresarial, es el surgimiento de las inversiones socialmente responsables, con creciente aceptación en los mercados financieros europeos y norteamericanos.
            La ISR es una temática estrechamente ligada al comportamiento ético de los actores financieros y su práctica tiene sus orígenes de manera similar a la RSE en Estados Unidos durante el siglo XVIII, cuando los inversionistas de la época en base a sus creencias y valores autorregulaban sus decisiones para invertir en uno u otro sector económico. 
            En este contexto, los cuáqueros norteamericanos rehusaron invertir en dos de los mercados más rentables del momento: el armamento y el comercio de esclavos (Ballet y De Bry, 2001). Siguiendo el ejemplo de los cuáqueros, numerosas asociaciones religiosas han prohibido las inversiones en empresas donde los beneficios resultan en acciones de pecado, como el sector del alcohol, tabaco, juegos de azar, la pornografía (Le Saou y Serret, 2006).
            En 1928 el Pionner Fund of Boston propone excluir las inversiones financieras de las actividades económicas juzgadas como inmorales, siendo considerado como el primer fondo del género ético (Le Saou y Serret, 2006). En la misma línea de interés, el Federal Council of Churches of Christ in America, adoptó un texto insistiendo sobre las cuestiones en relación con la moralidad de las condiciones de producción más que sobre los productos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, continúan los autores, la ISR se desarrolla en respuesta a las nuevas demandas de grupos sociales de orígenes diversos, como la defensa del medio ambiente, la lucha contra la discriminación racial y las malas condiciones de trabajo, las catástrofes ecológicas tanto en el aspecto nuclear como del petróleo; y en la presente década, los grandes escándalos financieros como Enron, Worldcom, Tyco, Parmalat, etc., contribuyen a reforzar esta tendencia.
            Pérez (2003) ubica las primeras manifestaciones de la ISR en Estados Unidos durante los años sesenta a partir de la toma de conciencia de la opinión pública y sobre la base de las motivaciones políticas y religiosas de la contradicción moral que puede representar la posesión de acciones y las prácticas comerciales de las grandes empresas en los países pobres.
En las décadas de los años setenta y ochenta se fortalece la inclinación por la ISR de parte de los inversionistas mediante la campaña contra el sistema Apartheid en Sudáfrica, y otros sistemas de gobierno similares en el mundo.
            El Social Investment Forum (Foro de Inversión Social), promotor de la ISR en Estados Unidos, la define como "la integración de valores personales y preocupaciones sociales en las decisiones de inversión" (Álvarez, 2007).
Las inversiones socialmente responsables “son aquellas que a los tradicionales criterios financieros agrega criterios sociales y medioambientales” (De la Cuesta, 2005).
Entre los productos de la ISR están los fondos de inversión de minoristas, institucionales y solidarios.
Le Saou y Serret (2006) distinguen la siguiente tipología de ISR:
1) El activismo societal (relativo a la sociedad). Conjunto de acciones de los inversionistas preocupados por la RSE, con el objeto de orientar el comportamiento de la empresa hacia un nivel de responsabilidad social y medioambiental más elevado.
2) Las estrategias de filtraje de fondos. Estimulan al inversionista a elevar a un mismo nivel sus objetivos financieros con el respeto de los códigos éticos, así como el respeto a los derechos fundamentales y del medio ambiente, en inversiones socialmente responsables.
3) Las inversiones en la comunidad o inversión solidaria. En este tipo de ISR, el desempeño de la inversión está en segundo plano en las preocupaciones de los inversores. Entre ellas sobresale la labor de la Obra Social de las Cajas de Ahorro en España60, así como el sector de los microcréditos con el Grameen Bank de Muhammad Yunus, en Bangladesh.
Los criterios usados en la aplicación del filtro ético suelen estar basados en acuerdos internacionales (OIT, OCDE, ONU, UE). Puede haber razones mínimas excluyentes que se identifican con lo generalmente rechazable por la sociedad (armamento, narcotráfico, drogas, pornografía infantil); otros más complejos responden a requerimientos de un grupo social determinado (contaminación ambiental, energía nuclear, tabaco, tráfico de armas). Se valora la empresa en función de sus respuestas por medio de políticas, procedimientos y sistemas de gestión a las necesidades de sus grupos de interés (De la Cuesta, 2005).
Los fondos invertidos en portafolios con criterio de ISR están obteniendo mayores beneficios que las inversiones tradicionales. Según el informe del Foro de Inversión Social, siguiendo a Álvarez (2007), los recursos invertidos en fondos ISR en Estados Unidos se incrementaron un 258 por ciento durante la década de 1995 a 2005. Actualmente representan cerca del diez por ciento de los activos invertidos en los mercados financieros y existen alrededor de 100 fondos de ISR.
Hay evidencias para pensar que los inversionistas en los países industrializados, cada vez más están valorando las cuestiones como reputación, legitimidad, buen gobierno, códigos de ética, desempeño sustentable y la atención por los grupos de interés, y el ánimo de los directivos para gestionar estos activos con la finalidad de atraer nuevos capitales.
Dado el auge de las inversiones socialmente responsables, durante la última década han surgido organizaciones especializadas en proporcionar asesoría a quien desee invertir en empresas con criterios de ISR. Principalmente en Europa y Estados Unidos existen agencias de análisis y calificación, cuyo trabajo consiste en recopilar la información del desempeño sustentable de las empresas cotizadas, clasificarlo de acuerdo a criterios de los organismos internacionales y vender la información a los interesados.
Se denominan agencias de calificación extrafinanciera, agencias de notación social o agencias de rating, algunas analizan la oferta de productos financieros con criterios de ISR disponibles en el mercado para ofertar al público inversionista. Los antecedentes están en las agencias Moody’s y Standard & Poors, quienes durante el siglo veinte generaron la confianza de los inversionistas calificando títulos de empresas, gobiernos e instituciones financieras, colaborando en el desarrollo de los mercados de capitales.
Actualmente se encuentran agencias de calificación ética e índices bursátiles en los mercados de ISR, las más representativas, según De la Cuesta (2005), son las siguientes:

  1. Agencias de calificación ética o extrafinanciera. Entre las que se encuentran:

- Kinder, Lydenberg, Domini & Co; e Innovest, en Estados Unidos,
- EIRIS (Ethical Investiment Research and Information Services), y Core Ratings, en el Reino Unido,
- Vigeo, en Francia61, y
- SIRI (Sustainable Investment Research International Group),
2) Índices bursátiles de sustentabilidad. Entre ellos destacan:
- Domini 400 Social Index, Calvert Social Index, y Dow Jones Sustainability Group Index, en Estados Unidos,
- FTSE 4 Good, en el Reino Unido, y
- ASPI, en Francia.
En Europa se encuentra el EUROSIF (European Social Investment Forum) o Foro Europeo de la Inversión Social, creado en 2001 por cinco SIF (Social Investment Forum) de Francia, Italia, Alemania, Holanda y Reino Unido, con el propósito de promover la práctica y el desarrollo de la inversión sustentable y responsable. Hoy día incluye más de 60 miembros, entre ellos fondos de pensiones, entidades financieras, instituciones académicas, asociaciones de investigación y ONG’s.
Las agencias de notación social o calificación extrafinanciera han recibido críticas en relación con la transparencia de sus metodologías, principalmente en la conciliación de los intereses de los stakeholders, la definición de los indicadores que deben variar de acuerdo a la cultura, trabajan con reportes anuales, o bien el problema de detentar una real legitimidad e independencia de criterios para calificar a las empresas sobre cuestiones sociales, éticas y medioambientales (Le Saou y Serret, 2006).
La intermediación financiera, los bancos, entre ellos, juegan un papel importante en el otorgamiento de créditos en el contexto de la ISR. Algunos comienzan a adoptar criterios para evaluar los comportamientos socialmente responsables de las empresas, favoreciendo así a las empresas más comprometidas con la RSE.
La inversión tradicional ética, se observa en esta sección, tiene sus fundamentos en los aspectos morales y de creencias religiosas y se centra en la exclusión de ciertos sectores económicos del portafolio de inversiones. Durante los últimos años el concepto de ISR ha evolucionado a una visión integral, al incorporar criterios económicos, medioambientales y sociales en la evaluación de los sectores y empresas, sin excluir a nadie, observando en el comportamiento socialmente responsable de las empresas un valor agregado con beneficios en el corto, mediano y largo plazo.
2) Aspecto cognitivo.
El aspecto cognitivo en el estudio del gobierno corporativo es un tema que comienza a llamar la atención de forma más insistente en el análisis organizacional, si consideramos que una empresa nace de la idea de una o más personas y su desarrollo reclama la suma de la voluntad y conocimientos de esas personas. Su análisis se realiza desde el enfoque social y managerial en los temas de autoridad, liderazgo, poder, comportamiento, toma de decisiones (racionalidad limitada), planeación estratégica, trabajo en equipo y la experiencia de los miembros.
Según Charreaux y Wirtz (2006), el conocimiento de las teorías cognitivas de la firma comprenden diversas corrientes, entre las cuales destacan:
a) la teoría del comportamiento (Simon, 1947) considera a la firma como una coalición política y una institución cognitiva, adaptándose mediante el aprendizaje organizacional;
b) la teoría económica evolucionista (Nelson y Winner, 1982) donde la firma es definida como una entidad agrupando las actividades de manera coherente, un repertorio de conocimiento productivo y un sistema interpretativo, que privilegia la competencia; y
c) las teorías de la estrategia fundada sobre los recursos y competencias que encuentran principalmente su origen en la teoría del crecimiento de la firma de Penrose (1959).
No son pocos los autores que señalan la capacidad y experiencia como una de las características más deseables entre los miembros de un consejo directivo, así como suficientes conocimientos en el sector económico en que participa la empresa y una sólida formación en finanzas (Pound, 2000; Pérez, 2003; Green, 2005; Ploix, 2006).
            De hecho, la mayoría de los informes y códigos que se han elaborado en relación con la regulación del sistema de gobierno corporativo (Cadbury, Vienot I y II, Olivencia, Winter, Aldama) y los principios y declaraciones sobre GC elaborados por la OCDE, la OIT, la ONU y algunas ONG’s, contienen amplias alusiones a los atributos de saber/hacer y saber/actuar de los miembros del gobierno de la empresa. Máxime los códigos de conducta, de buen gobierno y de transparencia, dirigidos directamente al aspecto de comportamiento de los miembros.
            En el prefacio de los Principios de Gobierno Corporativo de la OCDE (2004), Donald Johnston, el Secretario General, establece lo siguiente: “nuestros esfuerzos también contribuirán al desarrollo de una cultura de valores en el ámbito del comportamiento profesional y ético, del cual dependen los mercados que funcionan correctamente”.
            El estudio del aspecto cognitivo puede permitir dos vertientes de análisis: desde el lado de los conocimientos, ya sea racional/profesional, intuitivo o empírico; y desde el enfoque del comportamiento, incluyendo las dimensiones emocional, moral y ética. En este último caso los fundamentos teóricos provienen de la psicología, la sociología y la ética.
            El sistema de gobierno corporativo, se explica en secciones previas, es objeto de estudio básicamente desde la perspectiva legal, económica y financiera, sin ignorar el interés demostrado por estudiosos de los campos sociales y organizacionales durante las últimas dos décadas, en que se inscriben los trabajos de los informes, códigos, principios y recomendaciones, la mayoría de índole voluntario, emanados de organismos diversos.
            No obstante el carácter eminentemente económico/financiero del trabajo fundador de Berle y Means, con la propuesta de la separación de la propiedad y el control (1932) y de Jensen y Meckling con la teoría de la agencia (1976), ambos implican situaciones de capacidades, conocimientos y conducta corporativa que abren la posibilidad de análisis desde el terreno social y psicológico, donde encontramos ya algunos acercamientos.
            Uno de los problemas subyacentes en los trabajos citados es el conflicto de intereses en torno de los dueños/gerentes, en el primer caso, del principal y el agente en el segundo caso. El conflicto de intereses es uno de esos aspectos de la práctica organizacional que muchos critican y muy pocos tratan de evitar, tanto en las organizaciones privadas como públicas, con las consecuencias de pérdida de legitimidad, reputación, confianza y muchos otros atributos considerados como activos intangibles actualmente.
En opinión de Mizruchi (2004), Berle y Means escribieron sobre un pequeño grupo de personas sentado a la cabeza de las grandes organizaciones con el poder de construir y destruir comunidades, generar productividad y bienestar, pero también capaces de controlar la distribución de ese bienestar, sin consideraciones para quienes los eligieron (los stockeholders) o para esos de quienes dependen, el gran público.
Muchos sociólogos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, continúa Mizruchi, como Bell, Darhendorf y Parsons, consideraron que la separación de la propiedad y el control fue un elemento precursor del actual aumento de la democracia, contribuyendo a su expansión. Además, pensaban que al ampliarse la propiedad podría devenir en la descomposición del capital, percibiendo un nuevo sistema de sociedad “postcapitalista” o capitalismo popular.
El “modelo de hombre” subyacente entre los economistas de la agencia y del enfoque organizacional, sostienen Donaldson y Davis (1991), es el de un actor racional con interés personal en maximizar su propia ganancia económica, el de un individuo calculando costos y beneficios y así buscar obtener recompensas y evitar los castigos, especialmente financieros, modelo del tipo llamado Teoría X de McGregor (1960).
Están presentes también otros “modelos de hombre” originados en la psicología y sociología organizacional. Aquí el actor organizacional es concebido como un ser motivado por una necesidad de logro, ganar satisfacción intrínseca a través del desarrollo exitoso del trabajo exigente, ejercer la responsabilidad y la autoridad, y de esa forma, obtener el reconocimiento de pares y jefes (McClelland 1961; Herzberg et al. 1959), sin omitir que se encuentran en juego cuestiones como ego, autoestima y prestigio, además que los motivos de los individuos son percepciones de índole personal.
Estas consideraciones teóricas, en opinión de los autores, exponen un punto de vista alternativo en la teoría de la agencia, que proponen llamar Stewardship theory, en la cual el gerente quiere hacer un buen trabajo, un buen administrador de los activos corporativos.
En el terreno de lo cognoscitivo, Williamson (1964), el líder contemporáneo de los costos de transacción, utilizando el supuesto de racionalidad limitada de Simon (1957), desarrolló un modelo en el cual las metas gerenciales, de las cuales, la maximización de los beneficios es una de ellas, podrían variar de acuerdo con las condiciones (Mizruchi, 2004).
Los problemas de agencia surgen de conflictos de interés entre las dos partes de un contrato, siendo casi ilimitados en naturaleza. En este terreno, tanto la investigación teórica como empírica se han desarrollado en cuatro tipos de áreas problemáticas: riesgo moral, retención de beneficios, aversión al riesgo y horizonte temporal (McColgan 2001), definiendo el comportamiento de las partes que intervienen en la relación de agencia.
A finales de los años ochenta los analistas organizacionales comenzaron a enfocarse en el papel y conducta de los consejos corporativos, presentando modelos que podrían revelar el rechazo al CEO, con modelos de las condiciones bajo las cuales los consejos tendrían más probabilidad de monitorear a los gerentes.
Según Holt y Wigginton (2002), en un mundo donde las leyes, las costumbres y los valores culturales varían tremendamente de una sociedad a otra, los gerentes no siempre pueden determinar qué constituye una “conducta apropiada”, disimulando el “síndrome del camaleón”, de tratar de mimetizarse al medio ambiente inmediato.
En relación con el trabajo experto de los integrantes del gobierno corporativo, basado en su conocimiento del sector industrial y su formación financiera, cada vez más contribuye a la actividad de la empresa en la forma de “inversiones de capital humano” o “activos humanos”, que representan el potencial de generación de valor, el stock de conocimientos y recursos competentes que, combinados con otros activos, generan servicios valiosos (Grandori y Soda, 2004),
En este sentido, cuando una persona posee un conocimiento altamente sofisticado, o cuando los recursos humanos y los técnicos son complementos estrechamente enlazados, y se dificulta encontrar la forma de recompensar sus servicios, lo más recomendable, continúan los autores, es destinar “un fajo de derechos de propiedad”, que con frecuencia son denominados “bonos” o regalías a nivel ejecutivo.
Las inteligencias múltiples en el estudio del aspecto cognitivo del gobierno corporativo.
Cuando se habla de las personas que integran el gobierno corporativo de una organización se presume que se hace referencia a individuos con una capacidad intelectual privilegiada con relación al resto de la jerarquía organizacional; con conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes de orden superior en función de la trascendencia de las decisiones que adoptan e influyen en las personas, procesos y sistemas a lo largo y ancho de la organización, con consecuencias que pueden ir desde lo excelso hasta lo desafortunado.
Son personas con una sólida formación profesional y/o empírica, conocimientos explícitos y tácitos robustos; una altura de miras de amplios horizontes; con cualidades de estratega, líder, visionario, mesiánico; racional e intuitivo/instintivo, reflexivo e intrépido; diplomático e intransigente, conscientes de su razón de ser y de su rol en la vida62.
El análisis de personas de esta naturaleza exige una lente de índole poliédrica, plural y compleja; por tal motivo se incorpora a este ensayo la propuesta de la teoría de las inteligencias múltiples (IM) y sus líneas de estudio derivadas, en el entendido que se trata de un cuerpo teórico en proceso de construcción, ya que Howard Gardner y colaboradores, continúan sus investigaciones agregando nuevas ideas a la teoría63.
            Desde esta perspectiva el autor referido propone la definición de inteligencia como “la capacidad de resolver problemas, o de crear productos, que sean valiosos en uno o más ambientes culturales”. Los psicólogos opinan que al definir la inteligencia como una capacidad, la convierte en una destreza que se puede desarrollar.
La idea de las inteligencias múltiples nace de las observaciones de que ciertas personas pueden demostrar grandes habilidades en ciertas áreas y ser totalmente neófitas en otras; es decir, hay personas que poseen un alto grado de inteligencia para ciertas cosas pero no en otras situaciones, de donde surge la pregunta ¿existe solamente una inteligencia general o estamos en presencia de varias inteligencias en una misma mente?.
A manera de anécdota se recuerda la historia de aquel vendedor analfabeta que llegó a distinguirse como uno de los mejores vendedores en su industria, o las historias de personas que durante la etapa escolar eran los peores alumnos pero que en la vida adulta eran exitosos empresarios y viceversa. De acuerdo con Gardner, tal vez el avance conceptual más importante de la teoría de las inteligencias múltiples sea la distinción entre inteligencias, ámbitos y campos.
Una vez definida la inteligencia, los ámbitos son disciplinas, ocupaciones y otras habilidades que podemos aprender y sobre las que los seres humanos somos evaluados; mientras que los campos –constructos mentales- son el conjunto de personas, instituciones, mecanismos de premiación y todo lo que haga posible un juicio sobre la calidad del desempeño personal.      
La teoría de las inteligencias múltiples parte de la idea de que en general no existen poderes mentales como la percepción, memoria y atención, sino que hay diferentes formas de percepción, memoria y cosas parecidas para cada una de las distintas facultades intelectuales, como el lenguaje, la música o visión. En su proceso de aprendizaje el individuo construye hipótesis en forma continua y con ello trata de producir conocimiento, de desentrañar la naturaleza de los objetos, como interactúan entre sí, al igual que la naturaleza de las personas, sus motivaciones y conducta.  
            Gardner y su equipo de colaboradores definen ocho grandes tipos de capacidades o inteligencias, según el contexto donde se producen: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, corporal- kinestésica, interpersonal, intrapersonal y la ecológica o naturalista. Sin embargo, como afirmamos en párrafos anteriores, esta teoría es una propuesta aún inacabada, toda vez que las investigaciones continúan y nuevas aportaciones se enriquecen la teoría de las inteligencias múltiples.
A manera de economía conceptual, toda vez que no se pretende elaborar un tratado sobre el tema, en lugar de basar este ensayo en la obra original de Gardner, me remitiré al compendio que Fournier y González (2001) llevan a cabo acerca de los ocho tipos de inteligencias múltiples64, enriquecido por los conceptos que Fernando H. Lapalma, psicólogo y exprofesor universitario y de posgrado  de la Universidad de Buenos Aires, publicó en su página de internet en enero de 2001 y consultado en septiembre de 200765.
1. Inteligencia lingüística. También conocida como lingüístico-verbal, es la capacidad de usar las palabras de manera efectiva, en forma oral o escrita.  Se manifiesta a través de la lectura, escritura, narración de historias, memorización de fechas, piensa en palabras. Los poetas, los intelectuales, los periodistas expresan este tipo de inteligencia.
2. Inteligencia lógico-matemática. Se revela en las habilidades para el aprendizaje y manejo de las matemáticas, razonamiento, lógica, resolución de problemas y manejo de conceptos abstractos. Esta inteligencia se observa en personas que optan por actividades de ingeniería, actuaría, fisicomatemáticas.
3. Inteligencia espacial. Es la habilidad para formar una inteligencia modelo de un mundo espacial y tener la capacidad de maniobrar y operar utilizando ese modelo; capacidad de pensar en tres dimensiones. Se expresa a través de la lectura de mapas, gráficos, dibujos, laberintos, imaginando cosas, visualizando espacios. Los marinos, ingenieros, escultores, arquitectos y pintores poseen este tipo de inteligencia.
4. Inteligencia musical. Es la habilidad de relacionar sonidos y silencios, armonía en ellos, poner en movimiento sentimientos e imaginación; incluye sensibilidad al ritmo, al tono y al timbre. Se manifiesta a través del canto, la composición musical, reconocer sonidos, recordar melodías, ejecutar ritmos, tocar un instrumento, escuchar música.
5. Inteligencia corporal-kinestésica. Es la habilidad para resolver problemas o crear productos utilizando el propio cuerpo en su totalidad o en parte, para expresar ideas. Este tipo de inteligencia la desarrollan los bailarines, actores, artesanos, atletas, mimos.
6. Inteligencia interpersonal. Es la habilidad para comprender a los demás e interactuar eficazmente con ellos, entender sus motivaciones, cómo trabajan y cómo trabajan en equipo. Se expresa en políticos, directores, líderes de todo tipo, maestros.
7. Inteligencia intrapersonal. Se trata de la capacidad de formarse un modelo exacto y verídico de uno mismo y de poder usarlo para operar de manera efectiva en la vida. Se desarrolla por medio del entendimiento cabal de uno mismo y se expresa en  aquellas personas exitosas que encuentran significado a la vida.
8. Inteligencia ecológica o naturalista. Se refiere a la capacidad de las personas de captar la naturaleza, sus posibilidades y problemas. La expresan las personas que se preocupan por el desarrollo de las sociedades de forma sustentable y por la convivencia con la naturaleza para asegurar un porvenir más promisorio a las futuras generaciones.
            Desde la perspectiva de las inteligencias múltiples, el análisis del aspecto cognitivo de los integrantes de los cuerpos de gobierno de las organizaciones pasa revista en más de una de estas capacidades, con mayor o menor incidencia en una u otra. Por ejemplo, es deseable una buena dosis de lecturas (y su comprensión) de temas diversos, desde los aspectos técnicos de su quehacer hasta los económico-financieros, así como una refinada comunicación por escrito y verbal.
La capacidad de manejar –de las “cuentas” se dice en el lenguaje coloquial–, es una de las habilidades más requeridas en los menesteres de los negocios, para realizar cálculos inmediatos acerca de las relaciones costo-beneficio de las decisiones, toda vez que se encuentra en juego, en no pocas ocasiones, el patrimonio de la empresa y de las personas.
            La capacidad espacial se relaciona estrechamente con la facultad de visualizase en escenarios promisorios, pensando y actuando en tres dimensiones y por decirlo de alguna manera en “tres espacios”; utilizando los conocimientos tácitos (con amplios soportes en el pasado), actuando en tiempo presente (el aquí y ahora) y proyectándose de manera futurible (con información confiable de experiencias pasadas y presentes).
Es deseable la presencia de las capacidades musical y kinestésica en el sentido de apreciar la belleza de la armonía para poner en movimiento sentimientos y emociones que alimentan el espíritu humano y pueden encontrar correspondencia en otras personas.
            Una de las grandes competencias en el perfil de los miembros de gobierno corporativo y la alta dirección se relaciona con la capacidad de relacionarse de manera asertiva y eficiente con los demás y consigo mismo, cualidades expresadas en la capacidad de conocer a los demás y a sí mismo, denominada por Goleman (2000) como inteligencia emocional, abriendo un amplio panorama en el estudio del comportamiento humano en las organizaciones y haciendo concurrir un buen  número de autores en esta línea de trabajo.
            Finalmente, una competencia de amplia aceptación entre los integrantes de un buen GC, obtenida principalmente mediante el proceso educativo desde el hogar hasta la mejora continua como persona, bajo la premisa de la educación como un sistema para la creación de conciencia, es la capacidad ecológica. Es decir, las acciones que lleva a cabo la alta dirección de manera genuina en favor de la naturaleza, sin asomo de motivos económicos o de “comprar” la voluntad de los clientes y usuarios de sus productos y/o servicios.
En relación con los conocimientos de los miembros de GC sobre las estrategias que debe desarrollar la empresa en el ámbito de la RSE, Gallez y Moroncini (2003) proponen un proceso de cuatro etapas propia de una estrategia ecológica exitosa: a) identificar las prioridades de la empresa, b) un diagnóstico de las ocupaciones de la empresa, c) definir los planes de acción medioambientales, y d) integrar los planes en una estrategia ecológica.
La inteligencia académica, manifiesta Goleman, poco tiene que ver con la vida y la  inteligencia emocional. Con base en algunos estudios, el coeficiente intelectual (CI) en el mejor de los casos, contribuye con un 20 por ciento a los factores que determinan el éxito en la vida y el 80 por ciento lo representan otras fuerzas, entre las que se encuentra la inteligencia emocional (IE). No obstante los resultados, los actuales sistemas escolares y la cultura sobreestiman las capacidades académicas ignorando la inteligencia emocional, la cual se puede considerar como una metahabilidad.
En las investigaciones sobre del pensamiento efectivo y la conducta inteligente, los científicos han encontrado que los pensadores efectivos presentan características muy propias que difícilmente se encuentran en personas de talla común. Se habla al menos de 14 atributos que distinguen a las personas de éxito y los líderes, las cuales se mencionan a continuación: persistencia, impulsividad decreciente, escuchan con empatía, pensamiento cooperativo, flexibilidad en el pensamiento, metacognición (consciencia de su propio pensamiento), esfuerzo por la exactitud y la precisión, sentido del humor, cuestionamiento y posición del problema, aplicación del conocimiento a situaciones nuevas, toman riesgos, usan todos sus sentidos, creatividad, y sentido de eficacia como pensador66.


59 Diccionario de Finanzas, www.financial-dictionary.thefreedictionary.com, consultado el 2 de mayo de 2008.

60 Como ejemplo de fondos ISR, en España “la Caixa”, a través de su filial “InverCaixa” gestiona desde el año 2005 Foncaixa 133 Socialmente Responsable, realizando sus inversiones tomando en cuenta criterios valorativos, negativos o de exclusión, apoyando las inversiones en empresas que contribuyan positivamente al desarrollo sustentable. Para ello utiliza los servicios de la compañía de índice de sustentabilidad FTSE4Good Europe. InverCaixa también gestiona desde 1999 Foncaixa Cooperación, un fondo ético y solidario pionero de la ISR en España. El Universo de valores en los que invierte se construye con criterios negativos, excluyendo sectores y/o empresas con impacto negativo en la sociedad. Una comisión de ética compuesta por representantes de la Fundación Caixa y de la gestora vigila que las empresas estén acorde con el ideario del fondo. Además, es un fondo solidario. Una parte de la comisión (0.35%) se destina a obras de carácter asistencial de la Fundación Caixa a través de su Canal Emergencia. Grupo “laCaixa”, www.laCaixa.es (sitio citado antes).

61 La agencia francesa de rating Groupe Vigeo, de responsabilidad social corporativa, mide los desempeños de las empresas en materia de desarrollo sustentable y responsabilidad social y provee esos datos a los gestores de activos. Se especializa también en realizar auditorías en responsabilidad social de empresas y organizaciones. Efectúa análisis extrafinanciero en los siguientes seis dominios: recursos humanos, comportamiento de los mercados, derechos humanos, medio ambiente, gobierno de la empresa y compromiso social. Afirma analizar más de 1500 empresas europeas, americanas y asiáticas. Cf. GrupoVigeo www.vigeo.com. Consultado 10 de enero de 2008.

 

62 De acuerdo con nuestra experiencia académica y profesional con amplios soportes teóricos en el área de las organizaciones y la administración, los fundadores de empresas llevan a cabo sus hechos apuntalados en conocimientos tácitos –cfr. la obra de Michel Polanyi The Tacit Dimensión (1967)–, referido al conjunto de conocimientos expresados en habilidades, destrezas, actitudes y otras competencias que llegan a poseer los seres humanos, los cuales es posible dominar con gran maestría mediante la práctica y la disciplina, pero que los dueños de esos conocimientos no saben explicar su origen, mucho menos saben como trasladarlos o socializarlos a otras personas, al menos no en su totalidad. Son conocidos los casos de grandes genios del siglo XX que han renunciado a la formación universitaria formal para dedicarse al desarrollo de sus intuiciones. Con el auge de las escuelas de administración, negocios, empresas, organizaciones y demás títulos afines, en las últimas décadas mucho se ha avanzado en el ejercicio del arte de dirigir organizaciones con fundamentos en tecnologías modernas que privilegian la mejora continua de personas, sistemas, procesos, productos y servicios. En concreto, los fundadores de empresas o participantes en los altos órganos de gobierno de las mismas poseen conocimientos de índole muy diversa cuyo análisis solamente es posible mediante un cuerpo teórico inter y transdisciplinario.
63 Gardner, H. (1994) Estructuras de la mente: la teoría de las inteligencias múltiples. 2ª ed., editorial Fondo de Cultura Económica, México.

64 Fournier y González (2001), Op. Cit.

65 Lapalma, F. http://www.psiconet.com/profesionales/lapalma. Enero de 2001. Consultado en la red el día 15 de marzo de 2002.

66 Costa, A. (1991) (Ed) .Developing Mind. A Resourse Book for Teaching Thinking. Alexandría, Virginia: ASCD.

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