EL DESARROLLO DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN ALEMANIA: 1980-2009.

Vilma Spengler Calderín

1.6- El SPD, los sindicatos y la clase obrera.

No es posible hablar de la existencia del SPD, como formación política sin hablar de las organizaciones obreras y viceversa. Por ello se hace necesario referir brevemente esta relación, para lo cual fue imprescindible retornar a los primeros años de la postguerra.
Después de la derrota de los nazis, los capitalistas vinculados a ellos se hundieron, En múltiples empresas   han sido los equipos obreros los que, todo lo más dirigidos por jefes subalternos, han atendido durante un año o dos a lo más urgente: descombro, reconstrucción, etc.  De ahí… ley aliada de sobre los consejos de empresas.1 Este tipo de organización espontanea comenzó a extenderse de manera grupal y aislada, la clase obrera alemana intentó reorganizarse pero los aliados entorpecieron sus intenciones, por un lado estuvieron los intentos de politización de los soviéticos, por otro la oposición francesa al reagrupamiento de los sindicalistas, tuvieron que esperar a la creación de la trizona que propició la extensión  de la corriente unitaria; el 12 de octubre de 1949 se funda la Confederación de los Sindicatos Alemanes “Dachverband der Gewerkschaften in Deutschland” (DGB), A partir de entonces el sindicalismo alemán presentaba los rasgos distintivos de su nueva potencia: prácticamente única, la federación se caracteriza por su independencia de opiniones y por sus métodos reformistas.2
Los sindicatos alemanes se mantuvieron independientes del partido, pero mantuvieron una estrecha relación que se reforzó en las dos décadas siguientes, este fue un periodo de grandes logros para la clase obrera alemana apoyada en sus luchas por el SPD, a su vez el partido contó siempre con el voto mayoritario de los afiliados a la DGB. El capitalismo alemán se convirtió en referencia de cómo debían ser la relaciones entre los trabajadores, la empresas y el estado. Esto no fue un fenómeno nuevo en la sociedad alemana, su legislación laboral se remonta al periodo de Bismarck y Guillermo II, salarios bajos pero prestaciones sociales; lo mismo con el nacionalsocialismo, bloqueo de los salarios pero desarrollo de las obras sociales, vivienda, etc. “Trabajo por la alegría”; eso mismo ocurrió desde 1949.
En los años 60 el promedio del índice de desempleo en Alemania fue de 1,3%, en el primer quinquenio de los 70 fue de 1,8% y se elevó a 3,9 % en el segundo quinquenio de los 70, producto de la primera crisis petrolera, a pesar de ello durante toda la década los índices de desempleo se mantuvieron por debajo de 5,0%, Alemania logro mantener el Estado de Bienestar, respaldada por una economía rentable y competitiva. Para los años 80 con los nuevos vientos de neoliberalismo la situación comenzó a cambiar, las empresas presionaban a los sindicatos, querían la colaboración de estos para convencer a los trabajadores de la necesidad de flexibilizar la jornada laboral y los salarios, para lograr una mayor rentabilidad y el máximo posible de ganancias, de lo contrario tendrían que desemplear a gran número de trabajadores, este fue el comienzo de los chantajes tan comunes hoy en Alemania.
En 1984 la situación se puso candente y los sindicatos convocaron a la huelga, algunos sectores escenificaron... la batalla más grande de la historia de la post guerra alemana3 por las dimensiones de las huelgas y su combatividad. Hubo que recurrir a un mediador, el elegido fue una figura prominente de la socialdemocracia Georg Leber, había sido líder sindical y ministro de defensa entre 1972 y1974, por lo que los trabajadores aceptaron su mediación, logró que ambas partes llegaran a un acuerdo, que se llamó, Acuerdo Leber por el mediador. El mismo consistía en una reducción de la semana laboral y contar con mejores posibilidades para la flexibilización de la jornada. En los años siguientes, el debate sobre este tema siguió en el centro, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que Alemania había logrado la estabilidad económica y social, comenzando por el pleno empleo y muchos otros derechos de los trabajadores, esto la convirtió en una sociedad equilibrada, que sirvió  de espejo para otras naciones.
Durante la década de los 90 la situación se hizo aún más compleja, la reunificación con el este y el derrumbe del campo socialista, pusieron otro elemento que sería una tuerca en manos de las patronales, la existencia de una potencial mano de obra barata y calificada, por lo que el temor al desempleo creció. A fines del año 1995, IG-Metall el más grande e influyente de los sindicatos alemanes efectuó su XVIII Congreso, en él se propuso a las patronales congelar los salarios de los trabajadores si ellos congelaban los despidos. Esta propuesta se reafirmó con el acuerdo firmado entre la DGB y las patronales, apoyado por el entonces Canciller Helmult Kohl a inicios de 1996, donde se acordó disminuir en un 30% la ayuda a los desempleados, estudiar las disposiciones sobre las pensiones (estas eran consideradas muy elevadas), y una disminución de los impuestos que pagaban las empresas, entre otras medidas, ninguna favorable a los trabajadores. Los sindicatos se convirtieron, quizás inconscientemente en aliados de la burguesía alemana, que ni frenó los despidos, ni creó nuevos puestos de trabajo, como habían prometido. Engañados o pagados, lo real es que comenzó así un larga lista de concesiones y traiciones. El SPD contrario a lo que había hecho en los años precedentes no levantó un dedo, a pesar de que la mayoría de los directivos sindicales son miembros de su partido, al igual que la mayoría de los trabajadores afectados por estas medidas impuestas de conjunto por los sindicatos, las patronales y el gobierno. Los sindicatos vendieron su capacidad negociadora y en vez de ser los defensores de los trabajadores, fueron quienes los maniataron con el apoyo o la indiferencia del SPD, pasaron de representantes de los trabajadores, a colaboradores del capitalismo alemán. Las décadas de los 80-90 fueron de un lento pero constante desmantelamiento del Estado de Bienestar y de perdida de la estabilidad laboral. Sobre este fenómeno afirmaron Markus Promberger y Rainer Trinczek:
...20 años de debate y política sobre la jornada laboral se destacan dos cosas: una que el tema en general ha cobrado trascendencia; la discusión de la jornada de trabajo ha desatado una dinámica que en los años setenta apenas si hubiera sido imaginable. La otra es que hay, dentro de este debate cada vez más amplio, coyunturas específicas de temáticas asociadas: a partir de la segunda mitad de la década de los setenta, y de cara al shock de la primera recesión profunda de la posguerra, se acabó la idea de una economía de bienestar y de pleno empleo; en este contexto, la dimensión de asegurar el empleo se planteó como el punto medular en el debate sobre la reducción de la jornada laboral. Esto fue válido hasta la segunda mitad de los años ochenta, con un creciente interés por la aplicación (y adaptación) de la reducción y flexibilización de la jornada de trabajo a nivel de las empresas.
Al haberse implantado una especie de "electo de familiarización" con la alta proporción de desempleo estructural. Al haber conseguido el IG Metall asegurar el acceso a la semana de 35 horas y con ello "poner su grano de arena" para el abatimiento del desempleo en el transcurso de la discusión en torno a la flexibilización se puso cada vez más claro que los sistemas de jornada laboral –por mucho tiempo considerados como "naturales" e inmutables –eran completamente modificables4.
Pero las modificaciones que en un principio parecieron favorecer a los trabajadores, pues supusieron una disminución del desempleo, en realidad llevaron a un empeoramiento de su  situación y a la pérdida de sus conquistas en aras de una mayor productividad; la mejor forma de hacerlo fue abaratando por todas las vías posible la mano de obra, usaron el miedo al desempleo, el chantaje y las amenazas para “persuadir” a los trabajadores, a eso sumémosle la reducción de los subsidios por desempleo, las ayudas y las prestaciones que caracterizaron la neoliberalización de la sociedad alemana. En 1990 la tasa de desempleo era de 6,4%, en 1995 era de 9,4% y en 1998 cuando los socialdemócratas llegaron al gobierno, la tasa de desempleo era de un 11,1%.

1Andrè Piettre. Obra citada. Pág. 380.

2Ídem.  Pág. 382.

3Markus Promberger y Rainer Trinczek. La Política de Jornada Laboral Como Estrategia de Aseguramiento del Empleo: Reducción y Flexibilización de la Jornada de Trabajo en Alemania. Estructura y desafíos del (Des) Empleo. Revista latinoamericana de estudios del trabajo.  Año 2.  No. 2. 1996. Pág.112

4Markus Promberger y Rainer Trinczek. Obra citada, Págs. 121 y 122.

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