BREVE HISTORIA DE LAS IDEAS ECONÓMICAS

Guillermo Luis Luciano

Teoría de las ventajas comparativas


Smith había construido un teorema de evidente solidez, acerca de las ventajas que tenía que cada país se especializara en producir aquellos bienes para los que estaba mejor dotado, relativamente.
Ricardo llevó este análisis hasta el límite, diciendo que no sólo era conveniente la especialización a favor de aquellos bienes para los que los países estaban mejor dotados, sino que aún en el caso de un país que carecía de ventajas relativas en ningún producto respecto de otro país, el diferencial productivo interno del propio país en cuestión hacía ventajoso para él especializarse en el bien favorecido, siempre y cuando aplicase esa aptitud relativa al comercio con otros países.        
Estas teorías son definitivas para la historia de las colonias, especialmente de las colonias de América.
Los españoles obligaban a las suyas a comerciar exclusivamente con la madre patria.
Cuando Inglaterra se lanza al mundo buscando materias primas y mercados para resolver los mayores volúmenes de su recién inaugurada manera de producir: la máquina, encuentra un escollo en las disposiciones coloniales españolas.
Su ejército imperial entonces no buscaba necesariamente tomar el control político de las colonias españolas en América, lo que le hubiera exigido un esfuerzo innecesario en función de lo que quería lograr, lo que hizo fue  propiciar la independencia de éstas para alcanzar el objetivo deseado a través del mecanismo del mercado, en la nueva dimensión en que este se iba insinuando por las razones apuntadas, entonces buscó y encontró en las colonias sectores interesados en beneficiarse con la gestión local de este intercambio comercial.
Surgieron  los grupos económicos locales ligados al comercio con Gran Bretaña, que simultáneamente se apoderaron de las rentas de aduanas, tomando en consecuencia, el control político de las colonias en una afiatada connivencia con Inglaterra.    Además este país proveyó la ideología que justificaría este sistema vincular, a través de la lógica impecable de los postulados de Ricardo.
En Argentina, quienes se integraron a este sistema fueron los sectores ligados a la explotación agropecuaria, bautizados por la historia como la oligarquía.
El momento culminante  de esta relación se verifica en el Río de la Plata en 1930, cuando el vicepresidente argentino Julio Argentino Roca (h); y Walter Runciman, presidente del British Board of Trade, concretaron el famoso tratado que lleva sus nombres
Acordaron un pacto donde se otorgaba status especial a las carnes argentinas en Gran Bretaña, pero cediendo a ésta privilegios desmesurados que la obligaban y condicionaban, liberando de impuestos a los productos ingleses que ingresaban al país y simultáneamente contrayendo el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales que compitiesen con los de origen británico.
Esta condición fue planteada expresamente para posibilitar el contrabando y la subfacturación de las exportaciones, evadiendo de este modo, controles e impuestos que hubieran limitado los intereses ingleses que operaban en el sector cárnico.  
Esa situación fue oportunamente expuesta y denunciada por Lisandro de la Torre, quien, a raíz de su enérgica acción para la defensa de los intereses  argentinos fue mandado asesinar por un sicario pagado por los titulares de esta espuria conjunción de intereses, en el propio senado de la Nación, atentado que finalmente cobró la vida de su compañero de banca, Enzo Bordabehere, configurando uno de los crímenes  mas expuestos de la influencia colonial inglesa en nuestro país.
Un dato poco divulgado por la historia es que para poder demostrar la doble contabilidad de los frigoríficos ingleses, una real para sus mandantes británicos y otra  falsa para los organismos recaudadores argentinos, Lisandro de la Torre se valió de los libros del único frigorífico que había escapado al control de   los capitales ingleses:          el Frigorífico Gualeguaychú.
Después de la primera guerra mundial 1914-1918 la ganadería argentina tuvo una crisis de graves consecuencias para los productores ganaderos.
La respuesta que dió la dirigencia  de Gualeguaychú, fue reunirse y con el apoyo del gobierno provincial, fundar la  “Sociedad Anónima de Abastecimiento Urbano Saladeril y Frigorífica Gualeguaychú”, posteriormente Frigorífico Gualeguaychú SA.
Fue una industria genuinamente nacional, que benefició a su región, pero por sobre todo  permitió ser espejo de otras plantas industriales, dado que su manejo contable era prístino y ajustado a derecho, de acuerdo con las leyes argentinas.
Cuando se firma el pacto Roca-Runciman en 1933 ya era una empresa consolidada y muy activa en el mercado de exportaciones de carne.
De la Torre se basó en los libros de contabilidad de este frigorífico para demostrar desde su banca de Senador de la Nación, la estafa que estaban cometiendo los frigoríficos ingleses al erario público, revelación que pagó con su vida.
Volviendo al tema, La Teoría de Las Ventajas Comparativas, entonces pasó a ser un formidable instrumento ideológico de justificación de la acción colonial.
Fue necesario un siglo de intercambio para que quedara demostrado que los bienes industriales tenían la capacidad de ser transados con evidentes y crecientes ventajas relativas respecto de los bienes primarios.
A esta situación se la conoce como la Teoría del Deterioro de los Términos del Intercambio y significa, en esencia, que cada vez son necesarias mayores cantidades de bienes primarios para obtener los mismos bienes industriales, con el agravante de que aquellos se agotan y éstos se producen con cada vez menores costos, por el desarrollo tecnológico.                      
Al igual que el modelo Smithiano, esta teoría deslumbraba, por su lógica inapelable, (demostración matemática incluida), aunque en la práctica no se verificaba, realidad que era ignorada en el discurso oficial del sistema económico al no compadecerse con los intereses del sector dominante.
Fueron necesarios dos siglos de debates para que se demostrase que los países productores de materias primas, debían aportarlas en forma creciente e inequitativa quedando condenados a la miseria crónica a manos de los países que lideraban el desarrollo tecnológico.                                    
Retomando la observación de Smith acerca de los beneficios de la especialización en la fabricación de alfileres28, y como citáramos también, por Jenofonte, se extendían ahora, por el desarrollo de Ricardo  a toda la sociedad.
La seductora lógica de estas argumentaciones pesarán hasta el presente en el debate económico.    Los círculos académicos primero y los ciudadanos ilustrados después, la repetirán hasta nuestros días con la seguridad propia de quien manifiesta una verdad revelada.    
Tercermundistas voces, entre las que destacamos a los economistas estructuralistas, se alzaron para  denunciar este fenómeno, aunque como hemos dicho anteriormente, salirse de la ortodoxia no paga. 
Pero, volviendo al párrafo inicial de este capitulo, la concepción que finalmente colapsaría la Teoría Clásica, se trasladaba de autor en autor sin objeciones y sin investigar completamente sus implicancias: la Teoría del Valor  Trabajo.
Habría que esperar el detonador Marxista para que estallara la bomba que significaba exacerbar este argumento hasta sus últimas consecuencias.
Generación tras generación de pensadores sociales, habían tomado la teoría del valor trabajo, pero todos la habían instalado en un orden social que ni por asomo intentaban cuestionar.  
Las cosas eran así, y las instituciones de la propiedad privada absoluta, la autoridad política y la religiosa, tenían suficiente entidad como para que a nadie se le ocurriese refutarlas.    
A nadie se le hubiera ocurrido por ninguna razón que las cosas pudieran ser diferentes, o se pudiera objetar la naturaleza del poder.
Habría que esperar que se aceptaran nuevos valores, la movilidad social, la incertidumbre, el laicismo filosófico, y la aceptación incondicional del matrimonio pagano entre la ciencia y la técnica, para que estuvieran dadas las condiciones históricas para la aparición de Marx.  
El desprejuicio de Ricardo lo llevó a cuestionar, por primera vez, los mecanismos de distribución de la riqueza, en una época en que cuestionar la propiedad privada era mas que una blasfemia.
Su libertad intelectual, propia de un hombre que se ha construido a si mismo con seguridad, determinación y absoluto éxito le permitieron, poner en debate por primera vez un tema que por sus implicancias ideológicas era tabú, y nadie más que él hubiera osado insinuarlo en su época, sin ser inmediatamente denostado.
Desde su temprano retiro rural se dedicó a escribir sus reflexiones en su mansión campestre que se erige espléndida hasta el día de hoy.        De hecho fue esta el regalo de bodas que ofreció la actual reina de Inglaterra Isabel II a su hija Ana, en ocasión de su primer matrimonio.
Terminó tempranamente su vida, no sin antes dejarnos el legado de sus extraordinarios aportes a la teoría económica.

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