BREVE HISTORIA DE LAS IDEAS ECONÓMICAS

Guillermo Luis Luciano

Después de miles de años se propone un nuevo paradigma

Jesús de Nazareth

Inspirador de muchas fraternidades religiosas erigidas por los seguidores de su doctrina, algunas lo consideran el hijo de Dios hecho hombre, otras un profeta más.
Aquí sólo trataremos de analizar las implicancias socioeconómicas de su discurso, específicamente su revolucionaria propuesta de cambio de paradigma de la sociedad humana.
En un mundo que desde el fondo de los tiempos  había sido organizado a partir del ejercicio de la autoridad, o sea implícitamente, de la desigualdad, él proclama: “Amaos los unos a los otros”, es decir, propone el reemplazo del paradigma de la autoridad por el del amor.
Para algunos creyentes sonará herético referirlo a Jesús de Nazareth como oferente de un cambio de paradigma social, pero si nos permitimos un poco de libertad en el pensar seguramente compartirán conmigo esta estimulante perspectiva, sus primeros discípulos lo recibieron como el Mesías que venía a liberar al pueblo de Israel, y posteriormente como él redentor de todos los hombres.
El mensaje de Jesús y su doctrina, que proclama la salvación eterna, el perdón de los pecados, pero sobre todas las cosas, la igualdad de todos ante los ojos de Dios, fueron rápidamente adoptado por los sectores más pobres de la sociedad de su época.                  
En primera instancia fue la religión de los esclavos, de los postergados, de los humildes.
No era para menos, ponía los valores ancestrales patas para arriba (....) los últimos serán los primeros en el reino de los cielos “.
Detengámonos por un instante a considerar lo que significaba después de miles de años de sumisión, voluntaria o forzada de los unos a los otros, que alguien con su carisma, proclamase que todos los hombres eran iguales.
No solo daba por tierra la concepción de las diferencias naturales entre esclavos y amos sino que sentaba las bases, para la aparición, casi dos mil años después, de teorías igualitarias de organización social.
Su discurso replantea por primera vez en la historia el paradigma social, esto es: si ya no hay esclavos, entonces quien es el que realiza el esfuerzo para la obtención del excedente social?                      
Y si no hay seres naturalmente superiores en dignidad, entonces: ¿como asignamos el resultado del esfuerzo social entre los hombres?
Si bien la naturaleza social del hombre parece bastante rígida, teniendo en cuenta que las instituciones humanas se modifican más rápidamente por lo formal que por lo real, también pareciera ser que a medida que la moral social se va modificando, la conciencia social no retrocede y los valores que se van incorporando en el acervo de los hombres solo se modifican para mejor, aunque su vigencia real, tengan los altos y bajos propios del devenir histórico.
A partir de Jesucristo, la conciencia social se modifica irreversiblemente; ya nada legitimará como en el pasado la sumisión humana, de ahora en adelante pensadores y filósofos tendrán que incorporar en sus análisis y pensamientos, los nuevos valores morales que se han difundido velozmente entre las mayorías.
Pero, no es tan fácil ni tan veloz la transformación social necesaria para el establecimiento real de los nuevos aires igualitarios, que los espíritus de los postergados asumen instantáneamente al conocerlos
La forma de producir, de comerciar, las interrelaciones sociales, los ordenamientos jerárquicos de la sociedad, las conveniencias entrelazadas, la ignorancia, el control de la fuerza, la tradición y la costumbre, entre otras realidades  hacen que la organización social se modifique lentamente, porque, como tan brillantemente lo describiera Giuseppe Tomási di Lampedusa20 quienes tienen en cada período histórico el control de la sociedad saben que   (...)  algo tiene que cambiar para que todo siga igual.
O como dicen los franceses: plus ça change plus c´est la meme chose.
De cualquier manera, cuando aparecen nuevos valores morales, producto de la evolución de la sociedad humana, promueven nuevos e irreversibles estadios de conciencia social.             
Al igual que la inocencia, que una vez perdida, nunca será recuperada, los mandatos de la conciencia, en este caso la conciencia social, son ineludibles, una vez que llegan y se instalan en la mente humana, lo hacen para quedarse.
A partir de Jesucristo ya nada será igual.            
La esclavitud pasará a ser una institución forzada y amoral, y el hombre para seguir usufructuándola deberá asumir su condición hereje, o modificar formalmente su ropaje moral, para poder “asimilarla” sin mayores conflictos.
El modo de producir los alimentos no se modifica: hay que poner un hombre detrás de un  arado, detrás de un buey, lo que si se modifica es la justificación moral: antes era esclavo, ahora es siervo, antes obedecía un mandato ancestral, ahora se ajusta al plan divino que lo ubica en esa tarea.
¿Que diferencia real existe entre la esclavitud y la servidumbre?     
Mucho podremos discurrir al respecto, incluso es probable que si retrocediésemos en el tiempo y enfrentásemos a un siervo y a un esclavo nos harían ver rotundas diferencias, pero desde nuestra conciencia social actual, sabemos que son distintas formas del mismo hecho: la sumisión.
En la justa distribución de los alimentos, su metáfora de la distribución de los panes, abre un universo de perspectivas que fascina a quienes escuchan su menaje.
Las implicancias de su doctrina en la sociedad de su época son mucho mayores que las que hoy percibimos.
Si todos los hombres eran iguales, entonces nadie tenía la obligación natural de proveer a otro hombre.
La base conceptual de la sociedad de entonces se funda en que algunos nacían para gobernar y muchos para ser esclavos desaparecía.
Una nueva era se avecinaba, ya no era posible el mundo como hasta ese momento, pero tampoco había medios para que fuera diferente, no aparecían simultáneamente desarrollos tecnológicos que hiciesen posible esta nueva visión.
Y en el inicio de este nuevo tiempo a los hombres reunidos para su conocimiento primero procuraba saciarles el hambre físico, el del cuerpo, el que se sacia con comida, en un gesto que iba más allá de una necesidad circunstancial.    Era la indicación de su magisterio que enseñaba que alimentar el cuerpo era un requisito imprescindible para la existencia misma del grupo social, y que la satisfacción de este requisito excedía la competencia de las responsabilidades individuales: era una necesidad social.
De alguna manera instalaba en el inicio del discurso ético - religioso, una responsabilidad que las sociedades precedentes reconocían también como prioritaria: en la génesis misma de la organización social humana esta la resolución de lo alimentario. 
Lo que en realidad no cambió en ese momento fue la forma de producir los bienes
Simultáneamente al nuevo discurso ético que proponía un nuevo paradigma, no se modificaba el modo físico de la producción de bienes.
Al no haber cambios en la tecnología no hay cambios en las relaciones sociales, por lo tanto es imposible que las relaciones sociales se modifiquen sustancialmente.
Y mal que les pese a los detractores de Marx, tenemos que rendirnos ante la evidencia por él revelada, que las relaciones sociales se construyen a partir de la forma de producir los bienes que necesita la humanidad en cada período histórico.

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