BREVE HISTORIA DE LAS IDEAS ECONÓMICAS

Guillermo Luis Luciano

La moral: esa casquivana impostora

Una reflexión acerca de la actitud con la que hay que aproximarse a los hechos del pasado, ya sean situaciones concretas, actitudes personales y grupales, conceptos filosóficos, ideas, valores etc.
Es habitual que emitamos juicios acerca de conductas, personas, doctrinas filosóficas, o sucesos ocurridos con anterioridad a nuestro tiempo, analizándolos con la óptica que otorga el conocimiento de los hechos consumados, y la perspectiva que da el saber la forma en que efectivamente ha evolucionado la moral social.
Tenemos que diferenciar moral de ética: la primera trata los valores efectivamente aceptados mientras que la ética es la disciplina que los analiza a través de concepciones filosóficas, tratando de determinar la corrección de sus postulados.
Es más común de lo deseable, que al contemplar actitudes o sucesos,  los juzguemos duramente a la luz de los criterios morales vigentes en nuestro momento cultural y moral y no con los que dieron marco temporal a los sucesos referidos.
Es imposible comprender la verdadera naturaleza de los acontecimientos o de los postulados de teorías elaboradas en períodos anteriores a nosotros, sin adentrarnos en el espíritu y en las circunstancias de sus protagonistas.
Joseph  A. Schumpeter,  consigna una expresión alemana para este hecho: Seit-Geist, que literalmente significa espíritu-tiempo, y que nosotros conocemos comúnmente como espíritu de la época.
Como ejemplo genérico de la necesidad de tener en  cuenta el espíritu de la época para comprender hombres, circunstancias y eventos, basta con que nos detengamos por un momento a considerar la evolución de los valores morales en la sociedad.
Lo que hoy es un valor aceptado, ayer pudo haber sido un antivalor incuestionable.  
La pena de muerte, la usura, la esclavitud, la opción sexual de las personas, la superioridad de género del hombre sobre la mujer, el racismo, la pederastia, el integrismo religioso, etc.,  son conceptos que nos permiten testimoniar esta afirmación.
Al analizar la evolución del pensamiento científico en general incluidas las teorías sociales y económicas, con esta actitud, nos vamos a permitir maravillarnos con la evolución del pensamiento humano y testimoniar que la transformación de la sociedad para mejor, solo se produce cuando sus miembros, más sabios y capacitados ejercen su intelecto en pro de este objetivo.
Generación tras generación los valores aceptados se modifican; es un lugar común de la literatura universal, que los padres se quejen de las conductas “indecorosas” habituales de sus hijos, y también es muy significativo que cada uno de nosotros sienta profundamente que el paquete de valores y normas en las que confiamos y tratamos de ajustar su conducta es definitivamente el mejor de todos los posible.
Generalmente nadie duda que lo que considera como correcto no sea correcto, y no solo lo norma para si sino que trata de imponerlo en su entorno y sucesores.
Esta es la fuente inagotable de los conflictos generacionales, pero las conductas humanas se van modificando de generación en generación, generalmente en forma casi imperceptible, y también, en ocasiones, en forma dramática.
Al extremo que lo que hoy podemos considerar valores absolutos hace algunos años eran antivalores y viceversa.
Si no pensemos en instituciones como la esclavitud o la pederastia practicadas por los griegos.      Y tantas otras que han sido aceptadas como propias e inamovibles de valores morales permanentes y que han ido cambiando incluso hasta sus antípodas, con el paso del tiempo.
Esta apreciación de ninguna manera pretende incurrir en una reflexión antropológica, solamente consideramos necesario señalarla para poder hacer análisis correctos de lo ocurrido en el pasado.
Si no, sería muy fácil despreciar a Aristóteles por sus ideas esclavistas, o denostar a Adam Smith por haber creído que la competencia crearía un mundo mejor.
Y podríamos hacer una interminable lista de nombres del pasado a los que miraríamos con conmiseración por no acordar con valores aceptados hoy, porque hemos caído en la habitual trampa: que las normas y preceptos a los que adherimos nosotros son el resultado final de la evolución de la moral social humana, y no solo eso, sino que también es más grave señalar lo que muchos piensan: que son definitivos.
Y proponiendo un ejemplo contundente, si existen valores a los que se considera permanentes son los valores religiosos.    
Pero detengámonos aquí por un instante para verificar como estos son modificados por los intereses económicos en cada período histórico.
Mas adelante hablaremos del quiebre dramático que ocurre en la doctrina cristiana cuando transita de la concepción Tomista acerca de la inmoralidad del afán de acumular riquezas vía las actividades comerciales o financieras, a las nuevas ideas que impone Lutero, sobre que el progreso económico individual acompaña el plan Divino porque implica mejoras en todo el entorno de quien lo obtiene.
Pero quizás el ejemplo más significativo lo da el catolicismo, su oración sagrada: el Padre Nuestro, única dictada por Dios a su hijo Jesús de Nazareth, se rezaba (cuando el que escribe estas letras era niño):

 

......”perdona nuestras deudas  así como nosotros perdonamos a  nuestros deudores”.

Pero obviamente esta exhortación después de la financiarización del mundo ocurrida en la segunda mitad del siglo XX, no era para nada del agrado de los usureros y banqueros, con gran influencia en la jerarquía católica, entonces lograron el terrenal milagro de cambiar la palabra de dios y el padre nuestro se reza hoy de la siguiente manera:

 

.....”Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”...

De este modo quedan bien custodiados los sacrosantos intereses (retribución del capital) que vienen a ser la eucaristía del capitalismo.
Estas afirmaciones, lo mismo que otras en este texto, no están hechas con ánimo polémico, solo aspiran a correr algunos velos que nuestra presente estructura cultural ha construido en función de la sempiterna ambición de quienes controlan la sociedad de perpetuarse en su rol.

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