BREVE HISTORIA DE LAS IDEAS ECONÓMICAS

Guillermo Luis Luciano

John maynard keynes 1883 / 1946

Haremos un apretado repaso de algunas ideas para poner en contexto el aporte de Keynes.
Hemos visto que, cuando un grupo dentro de la sociedad logra encaramarse en su conducción, no sólo administra el poder en su beneficio, sino que además, establece un conjunto de valores e ideas que validan esta situación.
En la mayoría de las sociedades antiguas los gobernantes eran tales y sucedían a sus antecesores, en merito a que su poder emanaba de Dios y por lo tanto era incuestionable, incluso en muchas de ellas los gobernantes se constituían directa e inmodestamente en el Dios.
Cuando en el medioevo se instalaron los valores del cristianismo,  la ideología la aportaron los sabios escolásticos que se encargaron de establecer, en orden a la fe católica, que el motivo de la existencia humana era la salvación, y que el plan divino asi como  establece un orden en la naturaleza física del universo, también lo hace en la sociedad.      Que existe en ésta un orden natural  que debe ser descubierto, respetado y acompañado por los hombres, y dado que este orden natural de la sociedad permanece oculto a los ojos profanos a diferencia del orden de la naturaleza que es evidente, tiene que ser revelado por especialistas: que son casualmente los que tienen la responsabilidad de conducir al conjunto en este cometido o sea los clérigos encargados de la custodia del conocimiento teológico.  
Esta visión del mundo se establece con tanta fuerza que nos detendremos por un instante en ella para confirmar su vigencia.
Adam Smith, terminada la hegemonía clerical del medioevo, era profesor de Filosofía Moral.    
Como ya hemos dicho, esta materia contenía cuatro disciplinas a saber: Jurisprudencia, Economía Política, Ética y Teología Natural.  
El objeto de esta última era desentrañar las leyes de funcionamiento del universo, lo que hoy se conoce como Astrofísica, pero fíjense que el nombre con el que se designaba a esta disciplina en la época de Smith, contenía una clara valoración iusnaturalista, resabio del medioevo, y  Adam Smith no era precisamente un hombre piadoso, se negaba a dar clases de religión dominicales como era de rigor en su carácter de profesor universitario,  y además había tenido la audacia irreverente para su tiempo, de solicitar a las autoridades de la Universidad de Glasgow licencia para no iniciar sus clases con las pertinentes oraciones.       
Los conceptos morales cambian más lentamente que las estructuras sociales que los generan, quizás esta anécdota de Smith confirme esta apreciación.
Después del medioevo, el cisma protestante, se encargó de validar moralmente los objetivos de la nueva clase social que se encaramaba en el poder.      
Hacer dinero dejó de ser contrario al plan divino.
Muy por el contrario, Lutero estableció que en la lucha por la obtención de riquezas, el hombre no solo mejoraba su mundo particular, sino también, el entorno que lo rodeaba.
Pero sobre todas las cosas el quiebre del orden medieval significó el reemplazo del paradigma que organizaba la sociedad.
La Salvación del Alma dejó de ser el motor de las acciones de los hombres, y el otrora denostado beneficio se instaló como centro de inspiración de la historia concreta.
Hecho este largo introito nos adentramos en analizar el rol de Keynes en la historia de nuestra ciencia.
Para el inicio de la escuela Neoclásica había sido necesaria una dramática revolución conceptual: desplazar el eje de la ciencia de la Teoría del Valor reemplazándolo por El Dinero, e intentar transformarla entonces en una ciencia casi exacta al incorporarle la herramienta matemática.
En este cometido, el de desnaturalizar la economía y alejarla completamente de su contenido ético, les fue muy util transformar el sujeto económico en una máquina de placer estimulada únicamente por la posibilidad de alcanzarlo o sea detrás la utilidad que le prestan las cosas.
Entonces sí, la herramienta matemática propuesta por los neoclásicos adquiría solvencia.
Esto, como ya hemos dicho, obedecía al objeto de no cuestionar el orden social vigente sino consolidarlo.
Los preceptos neoclásicos establecían la no intervención del Estado en los asuntos económicos, como el sinequanon del sistema, llevando al paroxismo las formulaciones de A.Smith.
Por supuesto que una vez más hay que ubicarse en el tiempo para ver que lo que era una esperanzada pero estéril expresión de deseos en Smith, se constituía en una cínica negación de la realidad en los neoclásicos
Esta norma, tenía a la luz de la evolución del capitalismo un nuevo significado.
A principios del siglo XX ya se perfilaban los grandes oligopolios que gobernarían la economía, y sus contemporáneos no podían desconocer la manipulación de la realidad socio-económico-política que hacían.
Sin embargo nada decían de estos manejos, solo se escandalizaban cuando el Estado intentaba frenar los abusos de los grandes operadores o proteger a los más desguarnecidos.
Un ejemplo para ilustrarlo:
John Pipermont Morgan, fundador y presidente del gigante financiero que hasta hoy lleva su nombre,  J.P. MORGAN, en una reunión de su directorio a principios del siglo pasado, expulsó de su empresa a su equipo completo de asesores jurídicos, porque estos le habían informado que una operación financiera que pensaba hacer no era legal.
Furioso y a los gritos les anunció:
 “… yo no contrato abogados para que me digan que lo que quiero hacer es ilegal,
¡Necesito abogados que hagan que sea legal cualquier cosa que yo quiera hacer!”
Era evidente que la no intervención en la economía por parte del Estado  ya no significaba conservar impoluta la competencia, sino que era un precepto destinado a garantizar la impunidad de los grandes operadores económicos, que se resistían obviamente a que nadie regulara sus acciones.
Pero como dijo alguien por allí: “… es imposible hacer entender a alguien algo, cuando gana su sueldo precisamente no entendiendo”
Al igual que Malthus, y salvando las distancias, Keynes había advertido, en circunstancia de la crisis económica mundial iniciada en 1929,  que en realidad no funcionaban los mecanismos automáticos de ajuste que conducirían en cualquier situación la economía a su optimo desempeño.
Sus detractores respondieron que funcionar funcionaban, solo que a veces lo hacían en el largo plazo.
Entonces Keynes acuñó su frase célebre: ….”a quien le importaba el largo plazo si en ese entonces  todos estaremos muertos”.
Demostró, además, que en determinado momento la economía se instalaba en equilibrios no deseados, donde reinaba el desempleo y la parálisis de la actividad, sin que se desencadenasen espontáneamente los remedios a esa situación, y ninguna mano invisible pusiese las cosas de nuevo en su lugar.
La importancia del discurso keynesiano no radica tanto en su propuesta, sino en que logró instalarla en la historia concreta y cambiar los parámetros teóricos.
Hemos destacado reiteradamente que es difícil en la historia de las ciencias sociales encontrar argumentos completamente originales, la mayoría de ellos fueron expresados de algún modo por  alguien con anterioridad.
Pero lo que hace importante a quien finalmente se apropia del concepto es su capacidad de instalarlo en la historia concreta, lograr que sus congéneres y contemporáneos acepten debatirlo.
De los análisis microeconómicos de los neoclásicos, definitivamente interesados en obtener: la curva de indiferencia de bigudíes punzó en Burkina Faso, Keynes traslada el eje del debate a los grandes agregados económicos que manejan la economía mundial, inaugurando de ese modo la macroeconomía
Y lo logró por la autoridad que emanaba de su estricta formación académica y la notoriedad social, propia de su circunstancia personal y de su éxito económico.
Aristócrata inglés, hijo de Neville Keynes, profesor de Economía en Cambrigde, educado en el prestigioso Eton College, había demostrado tempranamente una excepcional habilidad para ganar dinero, amasando una notable fortuna especulando con inversiones bursátiles y deslumbrando a sus compatriotas con agudas observaciones.
Por ejemplo anticipándose a los motivos que llevaron Europa a la segunda guerra mundial con su libro: Las Consecuencias Económicas de la Paz.
El hecho de que alguien tan exitoso y respetable pusiera los preceptos teóricos en remojo, fue lo que le dio entidad a sus postulados y los instaló en el debate público.
En definitiva la herejía de Keynes estaba en sostener que en determinadas circunstancias, no solo no funcionaban los mecanismos automáticos sino que el Estado debía intervenir para resolver la situación planteada.
La resistencia a los postulados Keynesianos, venían por un lado de parte de los guardianes de la ortodoxia y por otro de los barones de la industria que gobernaban la economía y veían un gran peligro en que el Estado metiera los dedos en un territorio que ellos manejaban a su gusto y que les proporcionaba enormes ganancias a las que no renunciarían.
La circunstancia de la segunda guerra mundial, eximió a la Teoría Keynesiana de demostraciones teóricas.   
El gasto del Estado en la adquisición de pertrechos bélicos puso a funcionar los mecanismos de la economía de EEUU, llevándola a niveles de actividad desconocidos y haciendo obvios los, hasta entonces, teóricos postulados de Keynes.
Muchos políticos actualmente aman a Keynes, y no precisamente por su opción sexual, lo que ocurre es que siempre les ha venido de maravillas la tesis keynesiana.
Porque si de las recesiones se debe salir emitiendo y gastando moneda, esto significa que el Estado tiene carta blanca para hacerlo, y esto se presta para desarrollar acciones asistencialistas y populistas, tan eficaces en las gestiones electorales, sobre todo en los países pobres.
Es habitual escuchar a dirigentes de variada ideología acordar con facilidad en la necesidad, bajo determinadas circunstancias,  de implementar políticas keynesianas o definirse como keynesianos.
Es comprensible que entre las dos opciones: tener los bolsillos flacos y no poder responder a las demandas sociales, ó: los bolsillos llenos y conquistar dadivosamente voluntades, que los decisores políticos tomen la segunda opción.
Para los que quieran adentrarse en los conceptos teóricos, pueden leer Teoría General del Empleo,  el interés y el dinero, aunque honestamente debo decir que su lectura no es fácil para el profano, porque Keynes, de gran formación teórica, utiliza un lenguaje estricto y académico.
De cualquier manera, debemos reconocer que el aporte teórico de Keynes, provocó un mas que oportuno aggiornamiento de la Teoría, le dio oxigeno al sistema económico de occidente por casi un siglo, desde su aparición hasta iniciado el tercer milenio, en que resulta jaqueado por la crisis de las hipotecas basura, también llamadas mortgage-backed security, -como es tan elegante denominarlas-, de los EEUU, en el marco del fenómeno iniciado en la segunda mitad del siglo XX, que aquí llamamos la financiarización.

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