BREVE HISTORIA DE LAS IDEAS ECONÓMICAS

Guillermo Luis Luciano

La economía nunca estuvo en manos de “economistas”

Es revelador tomar conciencia de que los grandes economistas, (y estamos hablando de los fundadores de la economía política), en realidad no fueron economistas, generalmente fueron filósofos, hasta que los neoclásicos travistieron la disciplina de ciencia exacta.
Desde entonces el Sistema consagra a quienes desarrollan modelos matemáticos que pretenden explicar las conductas humanas en lo económico como consecuencia de leyes económicas irrefutables, incurriendo en las mismas visiones fundamentalistas de quienes afirman que la conducta de los hombres se ajusta a la ley natural establecida por dios.
En nuestro país, (país de paradojas si los hay), se da el extremo de que los Contadores Públicos, que en realidad son depositarios de saberes técnico administrativos no científicos, controlan los colegios profesionales de ciencias económicas.
El desarrollo de nuestra ciencia superó varias etapas, la primera de ellas desde que los monos bajaron de los árboles y comenzaron a caminar en dos patas, hasta 1776 año en el que Adam Smith, publicó el tratado mencionado.
A esta etapa podríamos llamarla (tomándonos algunas libertades): de la ciencia económica no formal.
Si hacemos un inventario completo de quienes escribieron sobre economía en este extenso período, empezando por Aristóteles, (no porque sea el primero sino porque fue el que acuño la palabra: Oekonomía),  podemos hacer una enorme lista: Aristófanes, Platón, Jesucristo, Oresmes Santo Tomás, Lutero,  y tantos otros, la fila sería interminable.  
Obviamente ninguno de ellos fue economista, eran filósofos, y/o moralistas.
Detengámonos una vez más en Adam Smith. Su especialidad era lo que en su época se denominaban las ciencias morales, que abarcaban un enorme campo:    lo que hoy es la Teología, la Moral e incluso lo que en ese entonces se llamaba Teología Natural y hoy llamaríamos Astrofísica, y por supuesto que esto no es un capricho, es simplemente porque si acordamos que es la ciencia que estudia como se generan y como se distribuyen los bienes obviamente es una ciencia ético-moral.             
Estamos hablando de la maldición bíblica con que Dios expulso a Adán del Paraíso: Ganaras el pan con el sudor de tu frente.
Pero desde entonces hasta hoy, (y han pasado  varios miles de años), algunos se las han arreglado para ganarse el pan con el sudor de la frente de los otros, por eso es que ésta es una ciencia que se resuelve en un marco ético.
A esta sencilla razón se debe que quienes primero enfrentaron el interrogante fundacional de nuestra disciplina fueron filósofos.
Esto fue así hasta que se produjo el gran desbalance en la teoría con el nacimiento de la Escuela Neoclásica, por razones que ya apuntamos someramente y que luego trataremos de desarrollar.
De eso se trata: de cómo se reparten los esfuerzos y los resultados de esos esfuerzos en la humanidad.
Y es un tema tan vigente que podemos afirmar con certeza que hoy en día la distribución de la riqueza es cada vez más regresiva o sea que cada vez menos personas se quedan con una mayor parte del excedente social.
No solo es así, sino que además el hombre ha diseñado y puesto en vigencia un sistema de organización social que por primera vez en la historia humana excluye a un porcentaje significativo de sus miembros,    y a pesar de esto logra reproducirse y perpetuarse, y cuando decimos perpetuarse no lo decimos porque pensemos que éste sea eterno, dado que como vamos, quizás nos estemos acercando aceleradamente al final de los tiempos para la especie a la pertenecemos, cosa por otro lado lógica porque en la historia del universo todas las especies tienen ciclos finitos.
Hasta ahora hemos venido funcionando con las visiones y perspectivas desarrolladas en los albores de la civilización industrial, que se ha administrado como si los recursos productivos que el hombre utiliza fueran ilimitados y su reproducción y disponibilidad estuvieran garantizados eternamente.
Generalmente, las sociedades han actuado como si las consecuencias extramuros de los procesos industriales fuesen independientes de quienes los desarrollan e implementan; los que producen estos detritus que afectan severamente la vida de los demás los llaman externalidades negativas, y se desentienden de ellos.
Pero ya sabemos que no es asi y que el agotamiento acelerado de los recursos augura a corto plazo un panorama dantesco.
El petróleo, por ejemplo, y su inminente agotamiento, que podemos verificar por las guerras que se están desarrollando por su control, consecuencia de esto no es que se acabe la nafta para pasear los domingos.
El problema es la agricultura, que en la producción de los alimentos necesarios para alimentar la humanidad hoy utiliza como insumo indispensable fertilizantes elaborados con petróleo y tecnología que se motoriza en base a combustibles de él derivados, y sin petróleo la producción mundial de alimentos caerá drásticamente.
Esto no es ciencia ficción: esto ocurrirá en los próximos años, y quienes leen estas páginas muy probablemente sean testigos de los conflictos que vendrán en consecuencia.

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