DIVERSIDAD CULTURAL Y EMPRESAS FAMILIARES VOL.II

Mónica Colín Salgado
Alejandra López Salazar
María del Carmen Pedroza Gutiérrez

Sobre la competitividad

El término competitividad puede ser entendido como el talento de una organización para desarrollar ventajas competitivas sostenibles a partir de sus recursos y capacidades, logrando mantener y mejorar su participación en el mercado, obteniendo resultados financieros superiores al promedio de la industria a la que pertenece la empresa (Porter, 1994; Rubio y Aragón, 2002; Álvarez, 2003; Rebeil, 2006).
La competitividad como objeto de estudio, ha sido abordado a partir de cuatro enfoques teóricos: el enfoque de la teoría económica en los niveles macro y micro que la integran, el enfoque institucional, el enfoque regional y territorial y finalmente el enfoque estratégico (Arroyo, Arroyo y Berumen, 2003). El enfoque estratégico -bajo el cual se efectúo la presente investigación- implica una dinámica en la que los recursos tangibles e intangibles de las organizaciones se aprovechan de forma eficiente para la construcción de capacidades organizacionales, mismas que tras alcanzar una condición inigualable por las organizaciones competidoras se llegan a  transformar en competencias centrales.
Este enfoque centra su atención en las estrategias que siguen las  empresas para obtener ventajas competitivas, considerando su papel determinante en la competitividad de la empresa. Es importante mencionar que este enfoque comparte elementos de análisis con el enfoque económico de la competitividad, la diferencia entre ambos, estriba en que el análisis económico de la competitividad explica las condiciones, tanto tangibles e intangibles como micro y macro que influyen en la competitividad  de las empresas, siendo precisamente esta última la unidad de análisis, y el enfoque estratégico se centra en las acciones que llevan o pueden llevar a cabo las empresas para llegar a ser competitivas, considerando necesariamente para estos efectos, las circunstancias económicas en las que se desarrollan las empresas. Estos enfoques se interrelacionan de forma que uno estudia las condiciones económicas a nivel macro y micro y, a partir de estas la empresa aplica las estrategias pertinentes para los propósitos que pretende lograr.
Porter (1991) es considerado un referente importante en este enfoque, sus aportes se relacionan con el logro de ventajas competitivas que se desarrollan en función de la estrategia competitiva que la empresa adopte. La comprensión de la competitividad de las empresas, se relaciona con la actuación de la competencia en los sectores en que incursionamos actualmente y en los que proyectamos introducirnos, en dos aspectos primero en aquello que los motiva y las medidas que pueden tomar en contra de nuestra organización y la búsqueda de la manera en que podemos responder a las mismas que apuntale su posición para competir en el futuro.
En opinión de Mata, Fuerst y Barney (1995) y Barney (2007) la práctica de las estrategias propuestas por Porter se relacionan con la transformación de las ventajas de posición estática hacia la creación de ventajas dinámicas, de esta forma se ha vuelto relativa la importancia de la tecnología, la calidad, el costo bajo, el posicionamiento y el servicio, mientras que por el contrario, la velocidad de reacción ante los cambios y la capacidad para desarrollar nuevas ventajas competitivas a partir de estrategias innovadoras, entre otros aspectos, han adquirido mayor importancia.
El enfoque estratégico u organizacional se relaciona con la administración estratégica y por tanto adquiere un carácter de enfoque de posicionamiento, pues se considera que las empresas en su contexto ocupan un espacio específico en el mercado y de acuerdo a los enfoques tradicionales de la administración estratégica, su crecimiento se relaciona con el desplazamiento de un competidor a una segunda posición en el mercado (Mintzberg y Quinn, 1993; Mintzberg, 2000; Porter, 1992).
Por otro lado, la teoría de los recursos y capacidades, en ésta se supone que el logro de la competitividad encuentra sus bases en los recursos con que cuenta cada organización (Barney, 2007; Hitt, et. al., 2004), entonces con los recursos como base, se requiere del talento de los administradores para combinarlos y darles sentido a través de una estrategia que permita generar ventajas competitivas, estas últimas concebidas en el mismo sentido que propuso Porter (1991).
Hitt, Ireland y Hoskisson (2004) señalan que entre los recursos que considera esta teoría, son las personas la principal fuente de las ventajas competitivas, y que el medio ambiente de los negocios, ejerce una influencia para su desempeño y desarrollo de sus capacidades.
Barney (2007) indica que las ventajas competitivas ven limitada su duración temporal, de tal suerte que el estratega deja de cuestionar la posibilidad de que aparezca una imitación de la ventaja lograda y, se interese por saber el tiempo en que esta sucederá, este autor indica que en parte se debe a la existencia de la ley de la oferta y la demanda en el sentido de que el encarecimiento de un bien genera el interés de otros proveedores por generarlo.
De esta forma Hitt, et. al. (2004) identifican la existencia de tres factores que permiten sostener la ventaja competitiva por un lado la velocidad con que las competencias centrales, que en función de los cambios del entorno, se vuelven obsoletas; y por otro lado, la existencia de posibles sustitutos de la competencia central y la posibilidad de que esta sea imitable.
La existencia de estos factores desgraciadamente no son las únicas dificultades que enfrentan las organizaciones para desarrollar capacidades centrales, la toma de decisiones estratégicas eficaces y la velocidad para efectuar cambios, son determinantes en su competitividad, estos procesos requieren de una  capacidad especial que se estimula a partir de la creación de un ambiente organizacional propicio para el aprendizaje organizacional y la experimentación.
El desarrollo de capacidades centrales requiere del análisis del medio ambiente tanto externo como interno a las organizaciones. El análisis del entorno externo le permite identificar aquello que la empresa podría hacer,  mientras que el análisis del ambiente interno aquello que en realidad puede hacer (Hitt, 2004). A partir de del análisis de las tendencias del ambiente externo, esta teoría indica la viabilidad de la identificación de las capacidades que requiere una empresa para ser competitiva. La identificación de los recursos y capacidades que se poseen y su contraste con las identificadas en el entorno, permite apreciar la brecha entre la posición real y la deseable para cada empresa y, a partir de esta formular las acciones pertinentes para cerrarla (López, 2004).
Cada empresa es apreciada como un conjunto de recursos, capacidades y competencias heterogéneos y diferenciados de los que poseen otras organizaciones, donde los más importantes son aquellos duraderos difíciles de identificar y comprender, calificados por López (2004) como imperfectamente transferibles. Esta conjunción, entonces, no es igual ni se combinan de la misma forma aun en empresas del mismo tamaño que pertenecen a un sector en específico, esta selección tanto de los elementos señalados como de la forma en que se combinan es necesaria sobre todo tomando en cuenta que no todos los recursos o capacidades producen ventajas competitivas (Hitt, et. al. 2004; López, 2004).
La diferencia en tanto en la posesión de recursos, capacidades y competencias como en la forma de combinarlos, conduce a las empresas hacia diferentes posiciones de mercado y resultados financieros obtenidos. En este sentido Hitt, et. al. (2004) señalan la importancia de los patrones de interacciones entre personas y grupos que son afectados por las decisiones estratégicas, la eficacia, calidad y  la velocidad con que las estrategias y las decisiones son llevadas a la práctica.
En el diseño y ejecución de las estrategias es común la ocurrencia de errores, lo que ha llevado a observar la existencia de condiciones que afectan la toma de decisiones en relación con los recursos, capacidades y competencias centrales, entre las que sobresalen los conflictos internos de la organización. Las dificultades en este sentido indican la existencia de dificultades a nivel de relación interpersonal del administrador y las personas que son afectadas por la toma de una decisión, pues tanto la teoría de los recursos y capacidades como los aportes de Porter se fundamenta en los conocimientos, ideas, habilidades, actitudes y experiencia de los trabajadores de todos los niveles sin prestar atención a la existencia de relaciones interpersonales e incluso familiares en la organización.
La falta de atención a las relaciones interpersonales y especialmente hacia las relaciones familiares, suponen la existencia de dificultades tanto en el diseño como en la implementación de estrategias cuando éstas se contraponen a los intereses familiares en su conjunto o a nivel individual.

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