DIVERSIDAD CULTURAL EN LAS CUESTIONES PSICOLOGICAS

Isaura Arreguin Arreguin

Fundamentación

En este apartado, presentamos una parte de los aspectos teóricos de las principales características del desarrollo de los niños de 6 a 12 años, etapa en la cual podemos ubicar a nuestra muestra, así como la teoría de la “subcultura criminal” que ofrece explicación al desarrollo de la conducta delictiva y,  criterios del DSM IV para enmarcar los rasgos de conducta negativista desafiante.
La Teoría de Piaget, maneja aspectos del aprendizaje, donde establece que el aprendizaje es un componente más del desarrollo cognoscitivo. El niño entre los 6 y 12 años, aprende de manera activa y elabora sus propias teorías personales de cómo funciona el mundo, además de tener motivación para modificar cuando la información no encaja en sus propias creencias.
Stenberg, (1985), incorpora otra perspectiva al concepto y establece la existencia de una “inteligencia contextual”, donde se incluye la adaptación al medio ambiente y una característica que podría llamarse “sentido común”.
Para contextualizar el aprendizaje, cobra gran importancia la influencia de los progenitores en el éxito tanto social como académico. Los padres pueden cumplir una función importante en la creación de un ambiente propicio y alentar el desarrollo de determinadas habilidades que favorezcan el éxito.
Sameroff (1993), hace referencia  que los niños que pertenecen a hogares caracterizados por problemas conyugales, conductas delictivas  o trastornos psiquiátricos de los padres, son niños que se encuentran en riesgo importante de fracaso social.
Son niños que aprenden conductas de riesgo, aquellos que:

  1. Sus progenitores no tienen ideas realistas sobre las capacidades de los hijos, les exigen más o menos de lo que pudieran presentar, y al mismo tiempo tienen magnificar expectativas para el futuro. Eso les crea inseguridad aprendida.
  2. Cuando las relaciones entre progenitores e hijos no son cálidas y afectuosas; los padres aplican estrategias de control y disciplina autoritaria o permisiva sin fijar límites a la conducta, propiciando así en el niño, sentimiento de inseguridad y no aceptación.
  3. No les escuchan o sostienen conversaciones regulares con ellos. Tampoco apoyan ni enriquecen su aprendizaje mediante respuestas acertadas a sus preguntas, tienden a mentirles o bien a no contestar.

(Hess y Holloway, 1984).

En términos generales, podríamos decir que el ambiente social propicia o no la existencia de obstáculos para adquirir tanto habilidades sociales como académicas.

En la edad escolar, la familia continúa siendo el agente socializador más importante. Sus capacidades cognitivas le permiten aprender reglas y conceptos sociales aún más complejos, sin importar si los aprenden explícita o implícitamente de la conducta de otras personas.

Crosler 1990, hace referencia al aprendizaje social de los niños escolares, mencionando que el aprendizaje social ocurre en el contexto de relaciones unas veces estrechas y seguras y otras veces generadoras de ansiedad y en algunas otras ocasiones conflictivas. En esta edad, los niños expresan un enojo menos directo contra los padres y suelen sollozar y gritar o golpear menos que cuando eran pequeños, pero lo canalizan hacia la relación con sus pares.

Es por ello que el  niño en edad escolar necesita que su conducta sea vigilada más sutilmente que antes pero al fin y al cabo vigilada. Sigue siendo importante la supervisión de los padres. Los padres por su parte, impulsan menos la autonomía y se enfocan a los aspectos de disciplina o aprovechamiento académico, por lo que el niño  aprenderá que vale en la medida de su éxito o logro.

En relación al aprendizaje de valores, Lamb y otros, (1992), relacionan el nivel de razonamiento con la conducta prosocial,  y la observancia de las reglas sociales. Los progenitores que les recuerdan a sus hijos los efectos o consecuencias de sus acciones, tienden  a interiorizar más las normas morales. Pero, por el contrario, cuando los padres se limitan a imponer su poder, los hijos tienden a no interiorizar ni las normas ni los controles.

Las relaciones con los compañeros es otro punto significativo a atender, en la medida en que en la niñez media o edad escolar, las relaciones con los compañeros permiten el aprendizaje de pautas del desarrollo hacia la personalidad. Los grupos de compañeros, en esta edad, son relativamente informales, hay pocas reglas y muestran flexibilidad en su estructura u organización. Entre los 10 y los 12 años, la relación va cobrando mayor importancia y la presión de los compañeros se vuelve eficaz. El grupo tienen entonces mejor estructura y aumentan los requisitos de pertenencia; los grupos tiende a unirse por sexo, por intereses, actividades o estilos de interacción (Macoby,1990).

Algunos investigadores han evaluado el comportamiento de aprendizaje en las relaciones sociales dentro del grupo, y demuestran que los niños tímidos y llenos de ansiedad corren el peligro constante de ser víctimas y de ser hostilizados no solo por niño “bravucones”, sino también por aquellos que no los son.  Los niños tímidos además aprenden disminuida conducta prosocial y el rechazo les causa sufrimiento. Suelen ser más solitarios y preocuparse en demasía por las relaciones sociales. Tienden a la mentira y a culpar a otros de sus desgracias. En un determinado momento, este tipo de niños podrían reducir su adhesión a las normas del grupo. (Asher,1992).

Refiriéndonos a las normas de grupo, algunos niños pueden tener conducta exagerada de adhesión a grupo. Los niños conformistas muestran sentimientos de inferioridad y suelen ser más dependientes o exteriorizar mayor ansiedad que otros niños y son más susceptibles a las sugerencias sociales relacionadas con la conducta. Les preocupa la impresión que dan a las demás personas y siempre están comparándose con sus compañeros.

Cuando la valoración del grupo es positiva, pese al tipo de conducta, entonces el niño tiene mayor probabilidad de conformarse a la presión de los compañeros aún en conductas como robar, ingerir bebidas alcohólicas o consumir drogas. Cuando se refiere a actos anti sociales, los varones están más propensos a ceder, que las mujeres ( Brown y otros, 1986).

Lamentablemente, la conformidad resulta particularmente significativa al final de la niñez, media cuando el niño comienza a dejar la seguridad familiar.  El pre adolescente suele tener una fuerte necesidad de  pertenencia, de sentirse aceptado y formar parte de un grupo, pero si el grupo no presenta características de adaptación social, el pre adolescente tendrá que ajustarse a dichas características, afectando así su desempeño social, personal y académico.

Rasgos de Conducta Negativista Desafiante, según DSM-IV  T.R.

  1. A menudo se encoleriza e incurre en pataletas
  2. A menudo discute con adultos
  3.  A menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus obligaciones
  4.  A menudo molesta deliberadamente a otras personas
  5.  A menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento
  6.  A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros
  7.  A menudo es colérico y resentido
  8.  A menudo es rencoroso o vengativo

Ahora bien, abordando el punto de vista de las teorías que explican la conducta delictiva, tenemos, que el concepto de  subcultura criminal en consecuencia no se funda solo un grupo autónomo de teorías sino que encuentra aplicación, combinando con otros elementos, dentro de un marco de teorías complejas.

Las teorías subculturales intentan explicar la desviación en términos de cultura vivida, por lo que los delitos más irracionales aparecen explicados. La delincuencia ya no es un problema sino una solución para sus protagonistas” (Torrente, 2001, pag. 55)
La teoría de las subculturas criminales niegan que el delito pueda ser considerado como expresión de una actitud contraria a los valores y a las normas sociales generales, y afirma que existen valores específicos de diversos grupos sociales (subculturas) estos a través de mecanismos de interacción y de aprendizaje en el seno de los grupos son interiorizados por los individuos pertenecientes a ellos y determinan pues su comportamiento en concurrencia con los valores y las normas institucionalizados del derecho o de la norma oficial.
Albert Cohen es el soporte teórico fundamental de esta corriente y analiza fenómenos criminales muy acotados como: delitos cometidos por bandas juveniles; infractores de extracción social desfavorable; delitos violentos; delincuencia expresiva y no instrumental.
La persona, lo que hace es escoger el sistema de valores al cual se adhiere; son las condiciones sociales, las estructuras y los mecanismos de comunicación y de aprendizaje los que determinan la pertenencia de los individuos a subgrupos o subculturas y la transmisión a ellos de valores, normas, modelos de comportamiento y técnicas aún ilegitimas.
Las teorías de las subculturas,  muestran que los mecanismos de aprendizaje y de interiorización de reglas y modelos de comportamiento que se hallan en la base de la delincuencia y en particular de las carreras criminales no difieren de los mecanismos de socialización mediante los cuales se explica el comportamiento normal.
“Las subculturas surgen como una forma de protesta contra un sistema que no les permite el logro de sus objetivos, por tal motivo crean nuevas formas culturales que les garanticen ese logro. Estas culturas surgen con personas que tienen problemas similares, por tanto, se vuelve un imperante de su cultura la solución de esos problemas comunes. Sin embargo, los bienes materiales no son el único móvil que lleva a cometer actos delictivos”  (Viera, 1998).

La teoría de la subcultura se centra en el fenómeno del pandillismo, es decir, se orienta a la explicación del comportamiento delictivo en grupos económicamente bajos. Establece que “La banda toma los valores que la sociedad considera respetables, y los gira a su conveniencia, logra de esta manera el éxito que lees negado en la sociedad” (De la Garza, 1987).

Cloward y Onlin han hecho contribuciones considerables a la teoría de las subculturas criminales, abarcando una amplia gama de comportamientos desviados de grupos más o menos fuertemente marginados: vagabundos,  los clochar,  los alcohólicos, los drogadictos etc.; explicaron la delincuencia partiendo de la existencia de tres subculturas delincuentes, las bandas delincuentes utilitarias, bandas violentas y bandas para el consumo de drogas.

Para ellos, la existencia del reclutamiento en las bandas delictivas era lo principal, si existía este medio predominarían las bandas delincuentes utilitarias, de otra forma las violentas, en caso de fracasar, tanto en el mundo normal como en el delictivo, formaría parte de las de consumo de drogas. Si se quiere alcanzar las metas que se propone el sistema, se da una diferenciación relativa al acceso no sólo a los medios lícitos o institucionalizados, sino también a los ilegítimos (Herrero, 2005).

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