DIVERSIDAD CULTURAL EN LAS CUESTIONES PSICOLOGICAS

Isaura Arreguin Arreguin

Desarrollo

Han pasado ya un par de años desde el centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir que con el segundo sexo vendría a poner sobre la mesa interrogantes que aun hoy, después de tantos años siguen y seguirán teniendo vigencia. ¿Qué es ser mujer? ¿Qué pasaba con las mujeres en el siglo XX  y que pasa ahora, en el XXI? Y la pregunta que nos hacemos desde hace ya tiempo ¿Hemos cambiado la forma de vernos y sentirnos mujeres a 100 años de la revolución mexicana y 200 de Independencia? ¿Podemos hablar de independencia, por ejemplo, para las mujeres en México? 
Es en torno a estas y otras interrogantes que surge el presente trabajo, no solo para abordar una pregunta histórica o histérica acerca del significado de ser mujer; confiando en que Freud y otros tantos autores desde el psicoanálisis irán dando luz a este camino que emprendemos, junto con la revisión literaria de diversas autoras; abordaremos teorizaciones respecto de la  construcción de subjetividad femenina a partir de la teoría psicoanalítica dando cuenta de que estas formas de construcción son atravesadas hoy día por la modernidad y fenómenos inherentes a ello, el abordaje de la mujer como sujeto en la historia para poder situarse en un lugar de propia construcción en esta época, un lugar de productividad, salud psíquica, descubrimiento etc.
Es en este terreno precisamente, donde el psicoanálisis nos brinda un camino para desentrañar, entender y hacer consciente que, si bien la modernidad nos exige o nos invita a cierto tipo de vida, la crianza, el inconsciente o el deseo puede marcarnos otra ruta sumamente diferente.
La investigación de temas de género no se ha agotado, si bien existen gran cantidad de ellas, resulta importante abordar el tema de la mujer desde la psicología clínica ya que el momento histórico por el que atravesamos es distinto y cada vez trae a la práctica clínica conflictivas distintas, dentro de ello, el lugar que tiene la mujer en este mundo globalizado. Resulta importante continuar hablando de la mujer y sus condiciones de vida, contrastando lo que ha sido de la feminidad hace  años para llegar al momento actual, frente a la posmodernidad. Intentando encontrar una respuesta a las interrogantes del sentido de vida, significado de ser mujer y construcción de feminidad, no todo está dicho acerca de este tema.
Falta aún comprensión de lo femenino, los cambios que ha habido en la condición de ser mujer, en específico en nuestro país, son significativos, apertura al mundo laboral, académico, cargos públicos de importancia en manos de mujeres, posibilidad de desarrollo y crecimiento, por mencionar algunos; aún así, considero no se han agotado las palabras para aprehenderlos, por ello la trascendencia de estudiarlos y dar cuenta de las maneras en que las mujeres viven su feminidad, así como las ambigüedades, contradicciones que les son familiares, no alcanzan a ver o se proponen atravesar.
Está de sobra mencionar a las mujeres que han atravesado ya por cuestionamientos similares; dentro de la literatura nacional y extranjera habremos de echar mano para dar cuenta de ello, Rosario Castellanos en “Mujer que sabe latín”, habla de algunas mujeres cuyas historias particulares son muestra de una lucha constante por un nombre y un camino propio. La misma Castellanos habla de su conflictiva al encontrar un lugar y una actividad propia en la que desempeñarse, elegir la filosofía, literatura, no sin antes sentirse perdida y dudosa sobre el propio camino; enamorada, posteriormente desilusionada pero siempre enamorada, a pesar de ello, decide trabajar, no importando el estado anímico en que se encontrara, impartiendo conferencias, dando cátedra, decidida  a continuar con la meta que se había propuesto.
Ahora entonces habrá que ahondar un poco más en el tema; la construcción de la identidad femenina, desde la concepción psicoanalítica podemos hablar de la importancia que tendrán las identificaciones infantiles, además de la influencia que sobre estos rubros tiene la cultura y el contexto social, sociedad que con las características particulares de la modernidad y perdida de rumbo, borramiento de ideales, ley y lugares entonces, propicia a que la mujer se vea obligada a identificarse y desidentificarse con su propio género, con lo masculino y así, ser mujer se vuelve un concepto cada vez más ambiguo,  complicado y complejo.
La idea de feminidad se confunde entre un feminismo radical de queja contra los hombres y se deja de lado la importancia que este concepto tiene en la historia como propuesta de liberación, autoconocimiento, comprensión, desarrollo e investigación de la feminidad.
Como podría mencionarlo Rius, en “El feminismo de las mujeres (RIUS, 2010)”, la sexualidad se convierte en la única herramienta de control de lo femenino como respuesta a la desigualdad, a falta de donde echar mano para tener un lugar en la vida, en lo social y encontrar una identidad, se puede hacer uso del sexo, convertirse en mujer “liberada” del yugo masculino, que ella misma ha fomentado y bajo el cual ha educado la mas de las veces a sus hijos, la mujer deja de ser la adquisición del hombre, el trofeo, para volverse dueña de su sexo, pero al final de cuentas para emplearlo como mecanismo de control.
Es así, como el feminismo es visto o percibido como absurdas formas de “liberación” culpando al hombre de encasillarla en un lugar determinado, finalmente no se trata de lucha de los sexos, el género masculino a su vez atraviesa por conflictivas propias de la modernidad en donde tendrá que cuestionarse sobre su propia existencia y lugar, esto no es solo un trabajo de las mujeres. Probablemente la respuesta a tal conflictiva está en el conocimiento y reconocimiento de estas diferencias para poder tomar un lugar, una postura y proponerse hacer un cambio.
En estos tiempos de modernidad y globalización, la sociedad de consumo se vuelve encargada de ayudar en el proceso de construcción de identidad, hay una imposibilidad de pensar y pensarse como individuo autónomo, el vacío que pueda tener la propia existencia es llenado de objetos inútiles que adormecen la angustia por ese hueco.
Existen algunas interrogantes en el aire respecto de las condiciones que construyen la identidad femenina y masculina respectivamente, aunque el propósito de este trabajo es indagar sobre la segundo cuestión.
La cultura impone tanto a mujeres como a hombres, modelos, leyes e ideales particularmente femeninos, y a título personal resulta intrigante el por qué seguir con tanta gana dichos modelos; al encontrarnos realizando revisiones bibliográficas al respecto hemos encontrado datos bastante particulares, en algunos, como la lectura de Rius, en La Revolución Sexual De Las Mujeres, se hace mención a tiempos prehistóricos en los que por cuestiones de sobrevivencia, se dividen las funciones de sobrevivencia de las tribus, siendo los hombres quienes se dedicaran a la caza, a la obtención de alimentos y las mujeres, por otra parte, se dedicarán al cuidado de los hijos, la recolección de frutos y actividades vinculadas a la protección y cuidado de los demás.
Si bien estas costumbres son primitivas, y tienen su origen en la necesidad de sobrevivencia, son modelos que todavía podemos encontrar en nuestro tiempo, con lo anterior no quiero decir que esté bien o mal, solo resalto la existencia y permanencia de dichos modelos o ideales que de una o de otra forma han tenido modificaciones pero, manteniéndose como fundantes de la estructuración psíquica femenina.
Tomando como punto de partida dichos modelos primitivos de estructuración social, hagamos ahora la pregunta ¿Cómo fue y es percibida la mujer desde entonces? Lucie-Anne Skittecate ayuda un poco a resolver esta pregunta tomando como referencia el mito de Edipo, en el que se hace alusión constante a los personajes masculinos, dejando de lado la visión y sentir del personaje femenino Yocasta de quien se ocupa en su trabajo “Los silencios de Yocasta” (Skittecate, 1991), haciendo reflexiones sobre la concepción de lo femenino, y la dilemática que existe para las mujeres en el momento de construir la subjetividad.
Dentro de la historia, las mujeres han sido percibidas desde dos polaridades, la nutricia, bondadosa, protectora y por el otro lado la persecutoria, devoradora, castrante; al adentrarnos en las lecturas no podíamos dejar de cuestionar el porqué de tal dicotomía que no encontramos en las constituciones de masculinidad, pareciera que el origen de esta conflictiva se encuentra en las construcciones que comienza a hacer una mujer sobre su propia existencia, desde niña, escuchando una serie de historias, cuentos y leyendas que ayudaran a formarse un ideal, los roles culturales que son esperados por los otros, pero lo más importante la relación que establece con su propia madre, figura que se volverá trascendental en las construcciones de subjetividad.
El vínculo primario del recién nacido con quien le sostiene la vida se vuelve fundamental y para su estructuración psíquica, vinculo de completud necesario para el sostenimiento de la existencia del nuevo ser y  de satisfacción para la madre, esta relación diádica, simbiótica de vital importancia, en un punto del desarrollo debe romperse para poder entonces dirigirse hacia otros lugares y otras miradas que tendrán vital importancia también; la hija, fusionada con la madre, completa en ella y con ella, se separa para constituirse así como un sujeto independiente, separado, con deseo propio teniendo claro está, como referente siempre este primer vinculo,  bien, para el desarrollo y la vida, es necesario este corte, esta separación que de lo contrario podría volverse terrorífica, la niña entonces, en este caso, se separa de su madre y se ve entonces dirigiendo su atención y afecto al padre, relación prohibida claro está; hablamos del Edipo, momento decisivo para todos los individuos femeninos o masculinos.
Es entonces como se va trazando la confusión respecto de lo femenino, la hija, al verse en un primer momento en esta relación diádica con la madre, que es percibida como “buena” nutricia, es posteriormente  vista como rival, “perseguidora” y finalmente como figura a la que habrá que semejar para obtener un amor como el anhelado en aquellos momentos. Son estos recorridos los que complican la constitución de lo femenino, al parecer en momentos, todo es confuso y pareciera que lo femenino se construye sobre percepciones de amor – odio – persecución; probablemente entonces esta que las mujeres se construyen subjetividad en estas dos polaridades, siendo en ocasiones cuidadora, fuente de lo mencionado anteriormente y en otros como la perseguidora, madre devoradora. 
A través de la historia se ha tratado de descifrar lo femenino, haciendo comprensible lo incomprensible, misterio incluso para las propias mujeres, y entonces ¿De qué manera se construye como sujeto una mujer si en la historia es villana y heroína? 
Pareciera que el conflicto se vuelve fundante y necesario sin embargo, ya que es a través de este conflicto la mujer podrá construir la propia historia de sí misma, teniendo en cuenta las múltiples conflictivas a las que nos estamos refiriendo.
Existen muchas teorías acerca de lo que es ser mujer, como se constituye y se juega el deseo y la identidad, algunos psicoanalistas sugieren que la niña, decepcionada del primer amor, o sea la madre, idealiza al padre y entonces, inhibirá sus emociones; tanto niños como niñas, deben pasar por el momento que he venido mencionando, el Edipo, en el que la madre es percibida con estas dos caras; dicha separación, ya hemos dicho que se vuelve más conflictiva para la niña que se ve obligada a identificarse con quien es su “rival”, Freud nos habla entonces de la envidia del pene; pero ¿Por qué la niña envidia el pene, si en contraste con el niño, ella posee un sexo interno, con el cual puede gozar y también puede dar a luz? La respuesta a esta interrogante está en la cultura y en el lenguaje.
Ya hemos hablado un poco de la constitución del género femenino y masculino, del como lo femenino en la antigüedad se instaura sobre la necesidad de sobrevivencia y cuidado de los hijos, situación que ha venido perpetuándose y también desde la mitología como  lo femenino es visto desde la dicotomía antes mencionada, y en contraste lo masculino es ensalzado y alabado desde las ideas de fortaleza, valor, competitividad etc., en palabras de Freud la supremacía masculina tiene que ver con la mitología del asesinato del padre primitivo, que sitúa a la mujer en un lugar de  silencio, de incompleto. Y ahora, una adivinanza citada en un texto que resulta sumamente pertinente para abordar el siguiente punto:
Un padre, al conducir a su hijo a la escuela, provoca un accidente grave que produce inmediatamente su muerte. El hijo herido, es llevado al hospital. Cuando éste llega a la sala de operaciones, el cirujano declara al verlo: “No puedo operarlo porque es mi hijo”. ¿Cómo es esto posible?
Las posibles respuestas en el texto van desde la idea de amantes, padres sustitutos, padrinos, etc., pero la idea que difícilmente viene a colación es que se trate de la madre.
“Esto prueba el peso del lenguaje, que no tiene en cuenta el término cirujana, y nuestra dificultad, aun siendo mujeres, o feministas, en pensarnos positivamente” (Skittecate, 1991)
La supremacía de lo masculino sobre lo femenino, no es solo una cuestión de comparación física,  biológica y cultural, es también, como lo diría Lacan, un hecho de lenguaje; no solo del cómo se construye y  constituye un individuo, sino también del cómo se habla de sí mismo, de la propia historia y lo que se percibe y significa de esa historia.
Además de lo femenino como dicotomía también tenemos lo femenino como necesidad, necesidad de otro que complemente, satisfaga y sostenga ¿similar a ese vínculo primordial acaso?
Para lo anterior, Gilles Lipovetsky aporta importantes argumentos para continuar con nuestras reflexiones:
“En las sociedades modernas, el amor se ha impuesto como un polo constitutivo de la identidad femenina. Asimilada a una criatura caótica e irracional, se considera que la mujer se halla predispuesta por naturaleza a las pasiones del corazón” (Lipovetsky, 2007)
Habrá que cuestionarnos lo anterior entonces, el porqué de esta “imposición” si es que así puede llamársele ya que para tomarlo en el sentido literal de una imposición habría que situar a la mujer en el lugar de victima lo cual me parece todo menos apropiado y real; si bien hemos discutido ya un poco acerca de las ideas sociales e individuales respecto de lo femenino, no podemos perder de vista las decisiones que las mujeres en determinados momentos de la historia han tomado, desde la antigüedad en quedarse en casa al cuidado de los hijos, posteriormente con el cambio global y la revolución sexual llegar al atreverse a descubrir y experimentar su sexualidad; y contrastar con la época moderna, en la que las mujeres se encuentran frente a la posibilidad de realizar un proyecto de vida distinto a los anteriores, en el que lo profesional se ve altamente implicado, o por el otro lado una historia familiar; las mujeres ahora eligen entonces entre una vida productiva en el terreno de lo profesional y también tener familias, parejas, una vida que desde algunas perspectivas podría estar encontrada con lo anterior.
Entonces, si lo femenino se ha construido desde estas perspectivas culturales, sociales, familiares, individuales e incluso de lenguaje, resulta una labor compleja poder abarcar la concepción de lo femenino.
Para hablar de lo femenino desde la perspectiva Freudiana, hay varios elementos que llaman nuestra atención desde el que pareciera que decide no hacerse cargo del tema y dejarlo en manos de los poetas y demás escritores, tal parece que Freud da cuenta de la complejidad de este tema, de los ires y venires que se proponen en la constitución de lo femenino  y probablemente le falta tiempo y gana de dar una respuesta.
Al ver las historias de mujeres como las que se han venido mencionando y autores que hablan respecto de ellas, no podemos dejar de pensar entonces, ¿Qué es lo que se necesita? No queremos decir con ello que la mujer no deba casarse o no deba tener hijos, eso tiene que ver con una elección y determinación personal, pero si creemos que lo anterior no debería ser lo único que dé un estatus de mujer realizada. Cada día que pasa, confiamos más firmemente en el hecho de  que no hay un feminismo, que no hay una sola concepción de mujer y de lo femenino, la respuesta a esta pregunta de ¿Qué es ser mujer? Es una construcción personal, no solo hay que educar a las mujeres, hay que llevarlas a pensar, pensar en sí mismas o pensarse y construirse a sí mismas y que esta pregunta sea contestada a partir de la propia experiencia, como bien lo dijo ya Beauvoir.
Comodidad o conformidad, estas dos palabras surgen al momento de encontrarnos realizando este trabajo, no como ataque o confrontación, simplemente una duda o cuestionamiento sobre la condición de algunas mujeres mexicanas en la actualidad al respecto de sus vidas y decisiones. Cuál es el camino que habrá de seguir una mujer en nuestra sociedad con tantos vestigios de una educación tradicionalista, machista, contrastando con los requerimientos de un mundo moderno, consumista, que exige vivir rápido, vivir ahora.
¿Podemos hablar de modernidad en nuestro país? La idea de vivir una vida cómoda, tradicional, contrasta con la idea moderna de las relaciones rápidas, sin compromisos, y es inevitable que las mujeres se confronten ante la historia que les ha precedido, ante su historia familiar y el cuestionamiento personal sobre lo que se quiere en la vida.
Culturalmente la idea de lo femenino tiene dos vertientes una nutricia y la otra terrorífica, habría que continuar indagando un poco más sobre estas construcciones y concepciones ya que, si bien el vínculo primordial con la madre se vuelve factor fundante y fundamental para la construcción de subjetividad, hay también que dar cuenta también de un pasado histórico, de un pasado cultural que atraviesa las historias de hombres y mujeres y sobre todo, la elección que de manera individual puede hacerse al respecto del deseo propio y el camino que habrá de elegirse.

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