DIVERSIDAD CULTURAL EN LAS CUESTIONES PSICOLOGICAS

Isaura Arreguin Arreguin

Cuento de locos.  Francisco Pantoja García

Instituto Tecnológico de Celaya

El siguiente artículo es una ensayo  cuento, en donde existe un encuentro de formas de actuar y de pensar,  donde se manifiesta que uno no es lo que muchas veces le han dicho, o no se quiere  aceptar el papel que representa ante una sociedad donde ellos mismos se identifican. El ensayo es resumen de varios escritos.  En él hubo una serie de “enfrentamientos” entre varios autores como: Alfred Adler, Sigmund Freud, Soren Kierkegaard, Erich Fromm, Herbert Marcuse. No es ningún enfrentamiento, es una serie de pensamientos base retomados para darles un contenido a ciertos protagonistas de este tiempo. Empecemos el cuento.      
     Qué te sucede, te ves muy vasallo, más rutinario, más tradicional, más humano, más creyente, que como siempre acostumbras. Se te nota una rigidez en tus reacciones,  como si nunca hicieras ejercicio, también esa falta de reacción frente a las situaciones a que te enfrentas; se ve esa discrepancia que te acompaña dando la impresión de que tú mismo eres un obstáculo para el camino al que te diriges.
     Te has vuelto inseguro, se manifiesta en ese sentimiento de inferioridad, en la   forma de actuar por medio de tu incompetencia, por  las estupideces que dices,  sintiéndote menos que los demás, a tal grado que si te ves al espejo  sientes que tú fealdad ha crecido. Vives en las lamentaciones, de todo te preocupas, aun cuando alardees de lo que haces o dices, es simplemente con el fin de impresionar,  en donde manifiestas que cuentas con ciertos atributos, como el tener muchos bienes, demasiadas mujeres, o conocimiento por encima de los  que te rodean.
     Siempre tratando de imponerte o imponer tus ideas, tus deseos, tus pretensiones, haciendo cosas en tú propio interés, como el criticar, opinar, mandar. Esa necedad que tienes por un lado está en constante a pego a la  incapacidad de recibir una crítica, no aceptas nada extraño que no vaya en beneficio tuyo, y por otro lado eso que siempre pregonabas que hacías, como el de  tratar de obtener lo que muchos ni siquiera lo intentan, como el soportar dolores que lindan en los extremos, tanto físicos como psicológicos, así como el de querer terminar lo que empezaste, el no detenerte a descansar, el buscar soluciones a los problemas obtenidos, pero de pronto todo cambiaba, te  dejabas llevar por temores sin sentido, como el de creer que en cualquier momento te quedarías  sin dinero, o  que te dejara  la persona a quien amabas sin que te diera  ninguna explicación, o el que pudieras sufrir un accidente sin intentar algo que lo pudiera producir.     
     Otra manifestación muy palpable, es tú agresividad, siempre te diriges contra las personas en una conducta de ataque, ya sea ofendiéndola u hostilizándola. Te gusta verte agresivo, dominador y además exigente, por medio del mandato, del engaño o la crítica. Piensas que todos los que te rodean  son igual que tú, en donde te sientes engañado, dominado, despreciado o humillado.
     Lo que menos haces notar en tú conducta  son las cuestiones sexuales,   evitas que la  privacidad  se haga pública, pero así como te conozco, eres contradictorio, por un lado, sé muy bien que   tus deseos compulsivos de tener actividad sexual se salen de contexto, y por otro,  te manifiestas de una manera diferente o sea inhibiéndote,  como cuando te  aproximas a una persona del sexo opuesto y siempre tratas de  huir, o al estar en el mismo acto sexual cuando el placer está presente  lo tratas de reprimir.
     Te ves cómico cuando te veo acompañado por las frecuentes sensaciones físicas de temblor, sudor y palpitaciones cardiacas, debido a que te atemorizas por determinadas situaciones, como el estar en una determinada altura, subes a un puente por poca altura que tenga, no quieres mirar hacia abajo, ni siquiera al piso del mismo porque piensas que se va a caer, ver algún insecto o animal al que le tomaste  fobia, como las arañas o las víboras, o esas imágenes que crees ver en la noche porque te enseñaron que algo diabólico existía en el manto de la oscuridad, al igual de  las distintas supersticiones que adquiriste,  donde  inmediatamente reaccionas a eso creyendo que te encuentras en  peligro, inclusive tu  reacción es a una angustia obtenida por  riesgos imaginarios, las cuales se salen de control. Mientras que el miedo que en realidad deberías de tener o sea a esa reacción  proporcionada por peligro al que  debes  enfrentarte, en cualquier caso, en donde el peligro en realidad es evidente y objetivo, ni siquiera lo tomas en cuenta.
     Lo que no alcanzo a comprender el por qué tienes tantos remordimientos de conciencia, sabes bien que no puedes dejar de consumar una acción después de haberla iniciado, ni del valor que le des si muchas veces fracasas sobre eso, o de las  consecuencias que  puedan ocurrir. En todo lo que te sale mal es muy fácil que pierdas  el camino de lo que  hiciste. Bien sabes que el remordimiento de conciencia es una mala forma de ver las cosas. No puedes respetar aquello en lo que  has  fracasado, por el hecho de haber fracasado.
     Esa aflicción  que te cargas en ocasiones crece, se vuelve  proporcional al significado que le das a  la situación en la que te encuentras y la manera en cómo te afecta, aunque bien sabes que ignoras las razones de lo que te está provocando ese malestar. Por  las pláticas que hemos tenido, las ansiedades que sufriste en tu infancia, y todas  esas costumbres adquiridas, que se fueron manifestando en ese acoso de angustia, como el miedo a las alturas, el cruzar una calle, hablar en público, no querer ir a la escuela por las burlas que hacían contigo,  comer algo y pensar que te puede afectar, sufrir alguna depresión, sentirte incapaz en cualquier  trabajo o en lo sexual, hicieron que te volvieras irracional.
    Me acuerdo que una vez te puse de apodo el escapista, para todo lo que hacías  siempre buscabas una salida a lo que te ocurría, pero en nada has cambiado,  una forma de actuar  era tratar de encontrar un recurso para quitarte toda responsabilidad, convirtiendo tu aflicción en un temor racional, en donde no admitías que tu actitud era irracional, y  en tu necedad sentías que eras racional y de ese modo te justificabas, pero te vuelvo a mencionar, sigues sin cambiar.  
     Un argumento que te favorecía según tú, era la negación, la que no tratabas de excluirla de la conciencia, buscabas a través de un esfuerzo de voluntad, procurar vencer tus temores negándolos. Pero los múltiples achaques como ese orinar con frecuencia, el sufrir nauseas cuando viajabas, las sofocaciones que sufrías, la inquietud que te dominaba y te paralizaba por algo que no sabías, que era el proceso que debías superar no lo lograbas. Aún los sigues repitiendo.
     Como era común que no te  funcionaran las cosas,  buscabas otro camino, que normalmente era equivocado, como el refugiarte  en el alcohol, en las drogas u otro recurso que tuviera la misma función, lo que importaba era que anduvieras narcotizado para soportar lo que te ocurría, otro tipo de narcótico  que  buscaste fue ese ahogarte en lecturas vanas, en el trabajo, o el relacionarte socialmente, en donde no había un fin de semana que te embriagaras, fueras a algún antro a tratar de que pasara el tiempo, porque no sabías que hacer, el   buscar con quien convivir,  porque temías  quedarte sólo.
     El peor argumento y donde más me reí, fue cuando te escondías de la situación de trabajo, de estudio, en donde  tratabas de esquivar toda actividad que fueras a realizar, te volviste el rey de los pretextos. Veía que no podías tomar decisión alguna, siempre buscando con quien  consultar, otras opiniones en que apoyarte, dándole vuelta indefinidamente en  procurar  una solución a un determinado asunto,  tampoco podías  <fingir> despojar subjetivamente de toda importancia a la  actividad inminente que tenias. Como no sabías qué camino tomar, buscaste en la inhibición una solución, en esa incapacidad de hacer, de sentir o de pensar determinadas cosas, y donde su función era  evitar la angustia que te produciría si pretendieses hacerla, sentirla o pensarla. No tenías conciencia de la pena, ni eras capaz de superar la  inhibición mediante un esfuerzo consciente. Fue de este modo que me di cuenta por lo que pasabas, como esa  frigidez, esa impotencia, ese mutismo, la falta de concentración, o esa forma de expresarte y relacionarte con los demás. También por medio de ciertos actos que realizabas, comprendí  que  tus inhibiciones  te impedían desarrollarte, como esas ambiciones que no  podías satisfacer, o esa timidez  que se imponía para expresarte, o los pensamientos críticos que no sacabas y después comentabas. Otro punto era, el aceptar los hechos como algo inmutable, donde argumentabas que la angustia que te producía, te llevaba a una fatiga intensa, como dije antes, puras justificaciones.
     Era tanta la influencia, que cuando iniciabas una actividad, en donde el esfuerzo, la fatiga o el agotamiento se veían involucrados, no es que fueran  atribuidos en realidad al esfuerzo mismo, más bien era  por la angustia que esta provocaba, y muchas de las actividades que realizabas te entrañaban determinado sentir, que puede llevar a un trastorno, como cuando  impartías órdenes, las cuales dabas de forma tímida e ineficaz, variando el impedimento que tenías para realizar tu tarea, o que la actividad fuera malograda. Así que  cualquier cosa que hacías  con angustia se convertía en un tormento, en cambio, había momentos en que te olvidabas de ella y lo que hacías sin tenerla, era cuando alcanzabas   placer aun cuando existiera cualquier tipo de  dolor. Lo que si aceptabas, eran los factores culturales, que coincidías con las formas colectivamente aceptadas o con las ideologías imperantes en ese medio.
        Pero en tu necedad, encubrías lo que te pasaba tras sentimientos de malestar físico, como las palpitaciones y la fatiga repentina; diciendo que la hallabas escondida bajo una serie de temores que mencionabas que eran racionales y justificados y que podrían ser la fuerza oculta que te llevo a las drogas y al alcoholismo o a esa precipitación de toda clase de distracciones, las que hallaste con frecuencia, lo que causaron la incapacidad de hacer o gozar ciertas cosas, y que siempre te encontraste en ellas como factor causal de tus inhibiciones.   
     Lo que siempre has cargado, es ese sentimiento que entraña esencialmente un factor subjetivo. Tus manifestaciones evidentes como lo dije antes, el temor de adquirir alguna enfermedad, o las fobias, serán siempre un peso que lleves, como esos factores de que un peligro abrumador te acecha y el no saber defenderte frente al mismo. Algunos proceden del exterior, como ese sentir que te puede ocurrir un accidente, miedo a las tormentas, ruidos confusos, o el de adquirir alguna enfermedad incurable; otras amenazas que sufres desde tus propios impulsos, es como ya lo había mencionado, el miedo a las alturas, el de ofender o golpear a alguien; sabiendo que todos tus peligros eran  tan vagos e intangibles, y lo único que tenías era un simple acceso de angustia que residía por tú propio impulso instintivo.
     Te has vuelto tan hostil que crees que fingiendo todo va anda bien, así te abstienes de luchar, cuando deseas hacerlo, lo que cargas te lleva a esa tendencia de  humillar a quien está cerca. Eso que pasa  no resulta del temor a tu impulso, más bien es al temor a esos impulsos reprimidos que tienes, como también a cualquier impulso que te lleve a un peligro exterior que pueda producirte más pena. Caíste en un círculo vicioso, una inquietud  resultante  de una hostilidad anterior que te lleva a otra y así sucesivamente, se dejan percibir desde tú infancia, como la hostilidad de tus padres al preferir a tus hermanos, allí fue donde  nacieron tus celos,  motivo por el cual  odiaste,  sufriste en esos rechazos injustos por  el incumplimiento de promesas que te hicieron, en donde no te tomaban atención, o por las múltiples  interferencias  con tus deseos, pero lo que más te dolía, era esa continua intromisión que hacían cuando tus amigos estaban presentes, al ridiculizar tus ideas, el que te quitaran el interés por cual actividad emprendida, ya fuera artística, deportiva, intelectual, lo que llevaron a debilitar tu  voluntad. Otro punto importante fue lo que nunca se platica, la cuestión  sexual, en donde la misma curiosidad sexual te llevo a la masturbación, a esos  juegos eróticos prohibidos, y donde te privaron de varias cosas.  Mientras que tus hermanos  no se preocupaban por cierto castigo, debido a que se sentían seguro de que eran amado.
     Una de las cosas peores, es que te desarrollaste en una continua  dependencia,  en donde permaneciste sujeto a tus padres debido a que te infantilizaron hasta una edad no común, después de los veinte años,  no te volviste fuerte, valiente, independiente y capaz para poder enfrentarte a cualquier situación. Las intimidaciones continuas fueron las que te colocaron en un estado de dependencia emocional, ya que entre más indefenso permanecieras, tanto menos te atrevías a sentir o mostrar cierta oposición, reprimías la hostilidad.
     Tus continuos miedos eran provocados por las amenazas, las prohibiciones y los castigos, o las continuas escenas violentas presenciadas, acompañadas de lo que dije antes, las intimidaciones directas o indirectas. Sabiendo que eras demasiado tímido, menos te atrevías a mostrarte e inclusive a sufrir hostilidad, que además  no tenías el suficiente amor de parte de tus padres, el cual  reemplazaban con  verbo en un sinfín de palabras, en donde te manifestaban lo mucho que se habían sacrificado por ti, en tus cuidados, tu educación, etc. De esta  manera  reprimías tu hostilidad, ya que tenías  miedo de perder el poco amor que sentían por ti.
     Fue como  adquiriste un sentimiento de culpa,  factor que hizo que fueras lo que eres. Eso hizo que todo sentimiento de hostilidad u oposición se escondieran, ya que  te sentías indigno o despreciable ante ti mismo por tener algún resentimiento y hasta pensamiento contra tus padres o no estar de acuerdo con  ellos. Tanto te indujeron a sentir culpa que cuando te metieron  en terrenos prohibidos, no te atreviste a acusar a tus padres. En lo sexual y lo religioso es donde más te crearon  esa culpa, las amenazas eran continuas y los castigos expresados, esto hizo  que se te quitaran la curiosidad,  manifestando que  era sucio y despreciable al incurrir en eso, o el de contradecir las reglas impuestas por costumbre. Siempre achacándote, que eras un niño malo.
     Llego el momento en que reaccionaste contra tus padres, poniéndote en contra con ciertos actos, pero también  acompañado de esa actitud de rencor y desconfianza ante toda la gente, te aislaste, haciendo que creciera esa  angustia al mundo exterior. Dejaste de creer en el aprecio, en el querer, en el interpretar de un modo erróneo cualquier cosa que te dijeran, todo te parecía  una ofensa, lo que no te dabas cuenta es de que  seguías tolerando con más a esa angustia que crecía.
     No encontrando salida a lo que te pasaba, recurriste a lo que  fuera, como el buscar el cariño de cualquier modo,  pensando que sería una forma de precaución contra la angustia; como ese  someterte a algo o alguien, como el seguir  las normas tradicionales, o la religión, o la gente poderosa, en donde buscabas sentirte obligado a ser <bueno>; lo mismo trataste de arribar al sentimiento de seguridad por medio de algún  poder o un éxito obtenido, y a través esto el de la admiración, o por medio de posesiones adquiridas, o por el recurso más difícil que era la superioridad intelectual; pero como ninguno te funciono, cuál va siendo tu sorpresa, te fuiste por el camino más fácil que fue el del aislamiento, en donde la sumisión y la complacencia mandaban, en donde renunciabas y te supeditabas a los deseos ajenos a fin de sentirte seguro, y llegar a tratar de ser <bueno>.  A esto recurriste, para encontrar esa ansiada tranquilidad, pero todo esto te llevo a otro lugar muy distinto que fue el  empobrecimiento de tú personalidad.
      Por encima de todo lo ocurrido, seguiste con la misma postura, en buscar ese deseo de ser amado, recurriendo a cualquier recurso para satisfacer ese deseo, sin importar en lo que pudieras ceder, someterte, o adoptar alguna forma,  dejando atrás esos anhelos de ambición de éxito, de poder o posesión, como el mismo aislamiento con las personas. Se te notaba  ese anhelo de recibir afecto y cariño, aun cuando el desconsuelo reinante se advertía y sentías  que el mundo te amenazaba, seguías insistiendo en eso. Dominado por la tristeza y en busca de ese cariño ajeno como medio protector, caías en constante contradicción,   configurando  una necesidad e impidiendo una satisfacción. 
     Deseabas ser querido como todos los seres,  dando como  resultado de que en la obtención de ese cariño no iba a ser un lujo, ni un placer, sino una urgencia vital, pero en esa búsqueda te alcanzo la compulsividad. A toda costa querías esa felicidad y esa seguridad en donde  se te apreciaran y te quisieran.
     Hubo un tiempo en que el desconsuelo lo manifestabas en ese ocultarte tras el desprecio o la indiferencia para con el sexo opuesto, no sabías que hacer, fue entonces que la homosexualidad te alcanzo, vedando el acercamiento al sexo opuesto. En tu necedad de obtener cariño, adoptaste una actitud de sumisión o de dependencia emocional, en la que no criticabas en nada, mostrando devoción, admiración y docilidad con quien estabas.
     No contento con lo “obtenido”, caes en la insaciabilidad, por medio de la codicia, a través de la voracidad. Buscas la forma de llamar la atención, exigiendo atención, enfadándote con todo, nada seguro te sientes que seas querido  sin tener esa satisfacción necesaria,  tu compulsividad aumentó.
     Anhelas cariño sin importar la forma de obtenerlo, de la misma manera sigues o más bien lo persigues, a tal grado que en ocasiones te apartas de todos para aferrarte a las cosas, tratando de obtener algo; en ocasiones son tan grandes tus heridas que desconfías de cualquier muestra de afecto, que llegas a pensar, con que no me hagan ningún daño con eso me conformo, así liberas parte de tu angustia acumulada y retomas al deseo de ese cariño buscado.
     Tus distintas actitudes se reducen a la insaciabilidad de búsqueda de  afecto, la necesidad del  mismo  rosa en codicia, o la falta de toda necesidad manifiesta de afecto, en una actitud general de codicia. Todas ellas regidas por los celos y la demencia de amor incondicional. Has llegado a la demanda en el afán de ser amado pese a cualquier conducta ofensiva o de buscar ese amor incondicional, el deseo de ser amado sin reciprocidad alguna. Pero siempre buscando el modo de llamar la atención para atraer ese afecto, o la sensibilidad al desprecio.
     El resentimiento que cargas, hace que no  puedas  librarte de nada, como el de  resolver algún problema, ni rechazar nada; todo te  hiere. Las personas y las cosas te  afectaba extraordinariamente, todo lo que sucede te deja huella, el recuerdo se convierte en una herida infectada. El hecho mismo de que estés enfermo constituye  una especie de resentimiento.         
    Hasta el modo de actuar del otro te ocasionaba malestar, como el de esperar a una persona por demasiado tiempo, el que te aplazaran una cita, el no estar de acuerdo con tus opiniones, el no contestarte una llamada, era ocasión para pensar que algo estaba en contra con tu persona, ese rechazo te ocasionaba disturbios como el irritarte, el repudiar, lo que te volvía rencoroso, deprimido o simplemente sufrir sin creer no conocer el motivo. El rechazo te orillaba hacer una serie de actos que parecían ridículos, se avivaba ese sentimiento de angustia, cayendo en un círculo vicioso que se   reducía; como volver a caer en la angustia,  en ese buscar el cariño, o esa demanda de amor incondicional y exclusivo necesarios. Caías en contradicción, reaccionando de tal forma que, cuando no se cumplían tus demandas tu hostilidad se intensificaba, pero también reprimías la misma hostilidad por el miedo a perder el afecto, exacerbabas en la angustia, y buscabas con exageración la seguridad. Todo era un continuo retorno a lo mismo, protegerte de la angustia creadas y de las nuevas angustias ocasionadas. Resumiendo.          
      El miedo es tu sombra, los peligros se te “agrupan”  como esas fuerzas de la naturaleza, sientes una hostilidad por opresión, te parece que todo es injusto, te sientes forzado por depender de alguien, sufres frecuentemente de frustraciones. Pero eso no termina, como eres tan supersticioso, tan creyente, no sabes que debes hacer con los demonios que cargas, los tabúes que no comprendes. Es común en ti que los temores los soslayes protegiéndolos a través de los tabúes, de tus ritos que frecuentas y en las costumbre adoptadas. No queriendo quedarte sólo, te gusta  compartir esos temores ya que no sabes cómo quitártelos, eres igual que los que van a las cantinas, nunca van solos no quieren ser los únicos  borrachos, tú dependencia es tan excesiva que si no tienes la aprobación o el cariño de quien te rodea, te vuelves tan sensible que te sientes herido y dejas de hacer varias cosas que normalmente habitúas, como ese dejar de hablar porque te critican; alejarte de las personas pensado que de ese modo te desquitas; traer el pasado para argumentar, para defenderte, o para atacar; ponerte en contra de todo; o ser hipócrita  mostrándote demasiado amable en “ayudar”, pensando que actúas bajo compulsión, y no por ser espontaneo.
     Todo esto es  tú  forma de llamar la atención, pero, se han  preguntado con quien he estado hablando, pues con nadie, soy yo mismo. ¿O serás tú?

El Loco

 

     La psicología representa prácticamente la medida de la limpieza o de la suciedad de la raza…Y cuando ni siquiera se es limpio, ¿cómo se va a tener profundidad?
     Catalogan de  loco a ese ser que es diferente. A que me refiero de diferente, a ese que no piensa igual que la mayoría (costumbres, hábitos, creencias),  al que se esfuerza por ser el mejor en su especialidad (quien llega a límites extremos de soportar por el común de la gente), aquel que no socializa del modo en que todos lo hacen (cuando su tiempo lo ocupa en su preparación tanto intelectual como físico), quien va más rápido que los otros, el que va delante de los demás, el que no convive, el que no toma alcohol, ni se droga, los que no se desvelan, los silenciosos, los cautelosos, los pacientes, los fuertes, los estudiosos, los que no están de acuerdo contigo.
     Este ser es entendido no como enfermo psicológicamente (aunque algunos creen que sí), sino simplemente como una forma de desviación cultural, semejándose a cualquier hombre salvaje. Algo como un personaje enajenado sacado de alguna novela de terror, que después es recluido en algún sanatorio psiquiátrico.
     Por el simple hecho de no seguir ciertas reglas, por tomar las cosas por lo que son, o a las personas por otras; el ignorar lo que sus amigos hacen y no tomarlos en cuenta, aceptando a extraños. Por invertir los valores establecidos, por desenmascarar ciertos actos y ponerles otra  mascara. En el no creer en nada de lo que se dice, únicamente en lo que  se haya vivido,   
      La percepción cultural establecida ha englobado a esos locos porque no ven ellos que son iguales, ni actúan conforme a los actos de la mayoría. Mientras que estos locos sólo diferencian a los demás en la medida que no conocen la diferencia; hay algunos que  se encuentran en un extremo poco usual, ese que reencuentra parentesco con las cosas,  similitudes dispersas, discursos más profundos, o borra en su lenguaje la distinción de los signos.
     Es un margen del saber que separa a los seres, los signos, las similitudes y como para limitar su poder. El loco en ocasiones junta todos los signos y los llena de semejanza. Estos locos oyen otro discurso, a veces sin palabras, simplemente actos, movimientos, enlaces, esfuerzos, aquí no existe el discurso de motivación, es el acto en su máxima expresión. Están en los límites, en donde todo parece extraño y atractivo para ser experimentado, en ese espacio lleno de identidades y de diferencias.                         
     Todo lo que aumenta o disminuye, ayuda a entorpecer o aumentar  el poder activo de nuestro cuerpo, a entorpecer o aumentar el poder pensante mediante una idea de esa cosa.  Ten cuidado que tu esfuerzo no rebase el límite de lo que “está establecido”, ya que de otro modo te van a tomar como loco.
     El esfuerzo es una sensación de placer y displacer, que aumenta la excitación, para que esta se siga manteniendo y aumentando, es necesario de la constancia, dejemos que está  llegue al extremo y se viva lo que otros nunca lo van hacer, lo que jamás van a experimentar y menos conocer. 
     Y tú, qué clase de loco eres?

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