MULTICULTURALISMO Y MERCADOS. Pásele Marchanta.

Carmen Castrejón Mata
Alejandra López Salazar

EL COMERCIO JUSTO COMO FACTOR PARA EL DESARROLLO SUSTENTABLE. EL CASO DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES DE CAFÉ DE OAXACA Y CHIAPAS, MÉXICO.

Laura Leticia Laurent Martínez
Jorge Loza López
Enrique Laurent Martínez

 

“… no necesitamos caridad, no somos mendigos.
 Si nos pagan un precio justo por nuestro café, podemos salir adelante sin la caridad.
Ya no somos más el juguete del poder económico anónimo que nos tiene oprimidos”
Isaías Martínez, UCIRI, México.

 

Resumen

El presente trabajo pretende mostrar que la práctica del comercio justo aplicado con éxito, puede ser factor para el desarrollo sustentable de las comunidades de pequeños productores  de café en los estados de Oaxaca y Chiapas, México.
El comercio justo está ligado de manera inherente a los cultivos orgánicos que, enfocados a cuestiones de salud, son sumamente recomendables. Tanto a nivel del producto mismo, como del cuidado del medio ambiente a través de la desintoxicación de los terrenos cultivables, los beneficios son manifiestos.
El trabajo se basa en experiencias de pequeños productores del sector cafetalero que, ubicados en regiones poco comunicadas, han logrado vender su producto en los mercados europeo, japonés y estadounidense con excelentes resultados. En todos los casos estos productores han seguido la práctica del comercio justo, es decir, incluir en la composición de sus costos la parte ambiental, eliminar intermediarios, recibir un pago justo por su trabajo y aplicar una prima adicional al desarrollo social. Tener un producto de óptima calidad implica que sea aceptado por los mercados internacionales en función a tres características: su condición de orgánico, su precio por encima del de productos similares y el papel de los consumidores, conscientes y convencidos de la ventaja que representa el que el producto sea pagado justamente al productor, además de aceptar pagar una prima adicional para desarrollo social.
Este trabajo describe una forma de comercio en donde el productor, el distribuidor y el consumidor juegan, por igual, papeles claves en el proceso, permitiendo que todas las partes intervengan en el desarrollo de un comercio que cuida, además, la salud de los consumidores y la economía de los productores y protege su hábitat y el medio ambiente en general.

Palabras clave: comercio justo, café, certificadoras internacionales, consumidores conscientes, pequeños productores, prima para desarrollo social.

 

Para efectos de este trabajo, el comercio justo se entiende desde una doble perspectiva: por un lado, el pago de un precio justo por el producto que elabora el fabricante y la disposición del consumidor a pagar un precio por encima de la media; por el otro, se reconoce el derecho del productor a tener una vida digna y a conservar el medio ambiente en comunidades marginadas, combatiendo la degradación ambiental. Este es el caso de 3 millones de personas que viven alrededor de la industria del café en México y se encuentran en regiones con altos índices de pobreza y sin sustentabilidad ecológica.
De aquí una pregunta: ¿es realmente el comercio justo una alternativa para disminuir las diferencias económicas entre los actores del mercado y para mejorar las condiciones de vida de comunidades marginadas?
Para dar respuesta a esta cuestión, el trabajo se divide en dos partes. La primera expone la forma de cultivo del café con énfasis en la sustentabilidad ecológica y, a continuación, la práctica del comercio justo en los productores de café de los estados de Oaxaca y Chiapas, México.
Se expone una cuestión que permite entender mejor el propósito del trabajo, ¿por qué no existen productores de vino pobres? Los productores de vino no se caracterizan por tener bajos ingresos. No comparten la experiencia de muchos otros pequeños productores que, dentro de la economía internacional, juegan papeles de igual o mayor importancia. Los vitivinicultores han desarrollado una economía próspera y, en algunos casos, sorprendentemente rica. En terrenos relativamente pequeños, con una excelente calidad de cultivos, un proceso de producción cuidadosamente realizado y una buena mercadotecnia, han logrado empresas competitivas a nivel mundial y para las cuales el comercio justo se da de manera natural, es decir, los consumidores reconocen la calidad del producto y están dispuestos a pagar precios altos, incluso en ocasiones estratosféricos, por saborear un buen vino.
A nivel mundial, el consumo de café ronda alrededor de los 7 millones de toneladas, según datos de la FAO (2010); de los cuales se exportan 70,000 millones de dólares a Europa, Estados Unidos y Japón; mientras que por el mismo café los países productores obtienen ganancias de 6.000 millones de dólares (El café más sano, 2010). Esto da un ejemplo de la grave desigualdad dentro del comercio del café, donde los intermediarios son los que acceden al grueso del beneficio. Alrededor de 80% de la producción mundial es destinado a la exportación y esto lo posiciona como el primer producto alimentario de origen tropical intercambiado en el mundo (Rápale, 2005). Sin embargo, la mayor parte de ese porcentaje es café en verde, es decir, sin tener un proceso de transformación. En otras palabras, el pequeño productor vende su café cuando ni siquiera se ha iniciado el proceso de tostado, complemento para lograr un buen café. El vino se vende embotellado y llega a los segmentos adecuados a cada bolsillo, es un producto terminado. Sin embargo, el café se vende a granel sin haber iniciado su proceso final. Los resultados explican en parte la diferencia entre los ingresos de unos y otros productores. Los vitivinicultores son ricos; los caficultores pobres.
La franja de cultivo del café se encuentra perfectamente delimitada al norte y sur del Ecuador, en ella se produce el mejor café del mundo y corresponde en su mayoría a países de América Central y del Sur, las Antillas, África y Asia. En esta franja se encuentran países predominantemente agrícolas y en su mayoría pertenecientes al llamado Tercer Mundo, por lo que las condiciones de comercialización y las fluctuaciones del precio del café, causan graves desequilibrios en sus economías.
La diferencia en la productividad reside en el modo de cultivo. Brasil, por ejemplo cuenta con terrenos planos para sus plantaciones lo que le permite el uso de maquinaria para la recolección de la cereza del café, esto no solo agiliza la producción sino que la abarata. El aspecto negativo de esta técnica es que todo el café es recolectado de una vez y no respeta la maduración natural del fruto; al juntar granos verdes, rojos y excesivamente maduros, se obtiene una menor calidad de café. En cambio, en regiones como los Altos de Chiapas en México, es imposible el uso de esta tecnología, primeramente porque el terreno es demasiado accidentado como para que funcione y en segundo lugar el presupuesto es insuficiente. Esto hace que la recolección sea de manera artesanal,  es decir grano por grano a mano. La época de cosechas llega a durar hasta tres meses y en éstas se involucra casi toda la comunidad: los niños suspenden las clases, las mujeres sus labores y los hombres sus actividades cotidianas. Obviamente los costos de producción son más altos y como resultado se tiene un café de mayor calidad pero en franca desventaja ante los precios ofrecidos por los grandes productores.
En 2010 Brasil ocupó el primer lugar, seguido de Indonesia, quienes conjuntamente con Colombia y Vietnam cultivan casi 50% del total (FAO, 2011). Como primer productor mundial con 35 millones de sacos anuales equivalentes a 30% de la producción de arábica y 18% de la de robusta, Brasil se ve afectado por periodos de sequías y heladas, que alteran los precios internacionales del café. Entre los factores climáticos que afectan el cultivo del café pueden citarse también los incendios, huracanes o las excesivas lluvias.
Las otras naciones de América Central y del Sur, productoras de café arábiga, son México, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Colombia, que dan al mundo algunos de los cafés más reputados. En las Antillas; Jamaica cultiva, en las pendientes volcánicas del Saint John’s Peak, el café más caro del mundo, el mítico Blue Mountain.
En África, Etiopía y Kenia figuran en un buen lugar entre los productores de arábigas, al igual que Costa de Marfil, Uganda y Camerún en menor escala; y se encuentran también cafés excepcionales en las islas del Pacífico como Hawaï, o en Papouasie-Nueva Guinea.
A excepción de Brasil, que destina un tercio de su producción al mercado interno, y en menor escala Colombia, el resto de los países productores exportan la casi totalidad de su producción.
Del total de café de exportación, 60% parte hacia Europa y 24% hacia América del Norte; siendo los principales importadores: Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón e Italia (www. demanda del café). Cinco empresas dominan la comercialización del café: Nestlé, Kraft, Sara Lee, Tchibo y Procter & Gamble (Scielo), las cuales compran más de la mitad del total de granos de café del mundo.
En la actualidad el café se disputa con el té la categoría de ser la bebida más consumida a nivel mundial después del agua, y ocupa el primer lugar como producto agrícola más comercializado y el segundo como materia prima, muy lejos del petróleo (Massia, Rombouts y Blanc 1995) pero por encima del trigo, el acero, el azúcar y el cacao. Este mercado se lo disputan 75 países productores, repartidos en tres continentes con una producción mundial de siete millones de toneladas de café en verde (Angeli 2009), equivalentes a 117 millones de sacos. 
Cada día en el mundo se beben 1.4 miles de millones de tazas (Massia y otros, 1995), dos de cada tres habitantes consumen café, especialmente en Europa y América del Norte. En algunos países el consumo alcanza el 94% de la población y se cumple la regla de que más fuerte es el frío más se consume café, más cálido es el clima, menos se consume.
La Unión Europea en general abarca más de 40% de las importaciones mundiales de café, siendo en específico Alemania el segundo consumidor de café a nivel mundial con el 15% de la producción total (cifra 1997). Japón ha estado incrementando su consumo de manera constante.
Existen dos tipos de café: el arábiga y el robusta, de hecho Brasil domina el mercado  del arábiga que comprende dos tercios de la producción total y que se cotiza en la bolsa de valores de Nueva York; Indonesia y Vietnam, por su parte, dominan el robusta, que representa un tercio de la producción mundial y que tradicionalmente se ha cotizado en Londres. Desde 1880 se presenta este esquema que controla la cotización del café, sin apenas considerar los costos de producción y las condiciones de los pequeños productores que en casi todos los países viven en condiciones precarias.
El mercado del café es muy fluctuante y fuertemente influido por las condiciones climatológicas predominantes, el estado de las cosechas, la evolución de los gustos e incluso  la inestabilidad política y social de algunos países productores.
Se encuentra sometido a  dos mercados: el spot, en el cual se compra y se vende el café día a día; y el mercado de futuros, en el que se toman opciones para entregas posteriores y que sirve para reducir las fluctuaciones del mercado real. Éste es entre 15 a 20 veces más importante que el spot, lo que equivale a decir que cada grano de café se intercambia de 15 a 20 veces antes de su venta propiamente dicha.
Los vendedores de café en verde son en su mayoría productores privados, agrupaciones de productores o cooperativas, pero existe un gran número de intermediarios, a nivel local, regional o nacional, así como organismos públicos de Estado, que comercializan directamente su café, como en Kenia, Etiopía o Tanzania.
Por su parte los compradores pueden ser negociantes, importadores de café o torrefactores, o simplemente inversionistas cuya vocación es especular con el precio del producto, comprando barato y vendiendo caro. Esta situación provoca grandes desequilibrios, sobre todo cuando el café pesa mucho en la economía del país productor, como es el caso de Uganda y Burundi, que realizan 70% de sus exportaciones gracias a este producto. Para estos países la menor caída del precio del café  representa un desastre económico y social.
|Lo anterior ha generado en estos países una cada vez mayor pobreza, la proliferación de cultivos ilícitos, abandono de las plantaciones, éxodo hacia las ciudades o hacia otros países, como en el caso de México y Guatemala. En el mundo se calcula que existen aproximadamente 120 millones de personas que de manera directa o indirecta están ligados al cultivo del café, en su mayoría jornaleros o pequeños productores.
México ocupa el sexto lugar  como productor de café, después de Brasil, Indonesia, Vietnam, Colombia y Guatemala. Su superficie cultivable asciende a poco más de 756,000 has. y su producción en el año 2000 (FAO 2002) alcanzó la cifra de 353,999  toneladas métricas, involucrando a casi medio millón de productores. No obstante su consumo per cápita es de los más bajos, llega apenas a 1.4 kg al año, cuando algunos países europeos rebasan fácilmente diez veces esa cifra.
En lo que respecta a café orgánico, el número de hectáreas destinadas a estos cultivos asciende a 93,039 hectáreas (Manuel Amador, Hugo Valdés y Jaime E. García), lo que hace a México el primer productor de café orgánico a nivel mundial con unas 70,000 toneladas.
En México, los cafetales se encuentran en la mitad sur del país, en altitudes comprendidas entre 400 y 1700 msnm. Allí se cultivan el caffea arábica y el caffea canephora, comúnmente conocidos como arábiga y robusta; dentro del arábiga destacan principalmente las especies de Typica, Bourbon, Mondo Nuovo, Catura y Maragogype. La variedad Typica, conocida como café criollo, se caracteriza por su gran calidad y fue introducida a nuestro continente y específicamente a México, en el siglo XVIII. El Bourbon es cultivado principalmente en Chiapas, originario de la isla Bourbon en África, destaca por su gran calidad y llegó a México procedente de Guatemala a través del Soconusco. El Mondo Nuovo es originario de Brasil, es un híbrido de porte alto y gran calidad. Originario de Brasil es también el Maragogype, que aunque se cultiva poco tiene gran demanda en  mercados especiales. Produce un grano de gran tamaño.
Es a partir de este escenario que domina la producción y comercialización del café, que se comienza a desarrollar una tendencia para producir un producto que se diferencie del común para sacarlo de los precios internacionales, lo que se logra a través de los cultivos biológicos u orgánicos, es decir, aquéllos que eliminan cualquier elemento químico en su proceso, ofreciendo al consumidor la garantía de que en su elaboración sólo se utilizaron elementos naturales.
Esta tendencia se inicia en la década de los ochenta, cuando algunos países desarrollados estimularon esta práctica para producir algunos cultivos tropicales. Algunas organizaciones no gubernamentales (ONG’s) y grupos religiosos fomentaron los cultivos orgánicos para complementar y diversificar la demanda ya existente en el exterior (Gómez 2000), lo que ocurrió en regiones indígenas y áreas de agricultura tradicional de los estados de Chiapas  y Oaxaca; más tarde se extendió a otras zonas del país. De esta manera se abastecía un mercado en temporadas específicas de un producto que incrementaba su demanda.
De hecho fue la Finca Irlanda en el Soconusco, Chiapas, la primera en cultivar café orgánico. Después la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI) en 1983 fue la primera organización campesina en iniciar ese cultivo. Más tarde, en 1986, los indígenas de la Sierra Madre de Mototzintla (ISMAN) se iniciaron con el apoyo de UCIRI (Trápaga y Torres, 1997).
Cuando el producto en cuestión enfrentaba crisis económicas agudas, tal como ocurre con el café, el interés de producir de manera orgánica era mayor. Las fluctuaciones que ocurrían en este producto arrastraban su precio internacional por debajo de su costo de producción. Por ejemplo en 1999 el precio se fijó debajo de los 45 dólares por quintal, es decir 46 kg, cuando el costo de producción oscilaba en 80 dólares por quintal. En 2001 y 2002, años de crisis mundiales del café, el quintal fluctuaba entre 20 y 25 dólares.
Es por ello que entre 1996 y 2005, la superficie destinada a producir café orgánico pasó de 19,040 has. a 147,137 has (CIESTAAM 2005), alcanzando el 51% de toda la superficie destinada a cultivos orgánicos.

¿Qué es el comercio justo?

La producción del café presenta un grado de dificultad que supera al de muchos cultivos. Comenzando con la ubicación de los cafetales que, a diferencia de los viñedos, se localizan en los lugares más recónditos e inaccesibles. Para que se entienda más claramente el proceso de producción y comercialización se hace un extracto de una reflexión que se presentó en el coloquio “Comercio justo y Café: ¿rebelión o necesaria evolución?”, organizado por el “Cercle de l’Art du Café”, en Marsella, Francia en noviembre de 2001: “…un cafetal, un arbusto, produce por año aproximadamente dos kilos y medio de drupas, llamadas más comúnmente cerezas. Estos dos kilos y medio dan quinientos gramos de café verde que dan cuatrocientos gramos de café tostado. Con estos cuatrocientos gramos de café tostado, se podrán hacer cincuenta espressos, vendidos a un euro cincuenta, o sea un ingreso de 75 euros. Sobre estos 75 euros el productor obtendrá cincuenta céntimos. ¿Usted dijo justo?... ¡Cincuenta céntimos de euro por producir un kilo de café verde! Cincuenta céntimos para cubrir la compra de granos o estacas. Esperar cinco años para ver la primera cosecha. Mantener la plantación, desyerbar, cortar, asegurar una sombra eficaz, regar si es necesario, luchar contra las enfermedades…
La cosecha, sea mecánica como en el caso de Brasil o a la mano como en algunas comunidades mexicanas, en donde solo las cerezas rojas perfectamente maduras son recolectadas, hace la diferencia en la calidad de un buen café. Diferencia de calidad, pero también de rentabilidad, un precio de risa para el recolector: ¡un dólar por día en Haití!  Pero ahí no se concluye, para estar seguro de obtener un buen café hay que tratarlo durante seis horas, considerando además que los beneficios se encuentran a menudo distanciados de las plantaciones y hay que transportar el producto en la espalda del productor o a lomo de mula.
Dos son los métodos de tratamiento: en seco, en donde se pierde calidad; y el método húmedo que da un café perfecto pero requiere de varias manipulaciones y hasta cien litros de agua por kilo de café en verde. Y luego para dejarlo listo para exportar hay que limpiarlo, separarlo de granos inservibles, etc. y finalmente empacarlo en sacos, y todo esto ¡por cincuenta céntimos el kilo!...”
En 1988 en la sierra de Oaxaca, México, se produce un acontecimiento que cambiará la forma de ver los intercambios entre Norte y Sur, al cuestionar un pequeño productor de café las ayudas que  organismos internacionales otorgan a la agricultura de países pobres y reclamar un comercio más justo, mas que una ayuda humanitaria.
Este hecho genera una tendencia emergente que consiste en desarrollar una filosofía que convenza a los consumidores de que tienen una responsabilidad para con los productores. Es un sacerdote holandés, Frans van der Hoff, que radica de tiempo atrás en Oaxaca, quien fortalece el movimiento que ya se conoce a nivel mundial como “Comercio justo” ó “Fair Trade” ó “Commerce Équitable”, filosofía que busca que el productor sea pagado de tal manera que el precio de su producto le alcance para satisfacer sus necesidades básicas y contribuya a la conservación del medio ambiente y al desarrollo  social de su comunidad.
Frans van der Hoff (2005), en su libro “Excluidos hoy, protagonistas mañana”, plantea cuatro componentes del comercio justo:
1.- El principio económico básico del mercado justo es el cálculo integral de los costos de la producción tomando en serio que es el campesino el que realiza la producción.
2.- El comercio justo es una producción sustentable desde un punto de vista social; se refiere a la integración social del costo real de la producción.
3.- El comercio justo es una producción sostenible desde un punto de vista ecológico, o sea, la incorporación de los gastos medioambientales de la producción.
4.- Un cuarto elemento del mercado justo es la relación, lo más directa posible, del productor con el consumidor.
Se necesita pues la participación del consumidor, y su convencimiento de que debe reconocerse la labor del productor, para que el comercio justo funcione. Y para que esto ocurra es necesario hacer llegar el producto al segmento correcto, con una calidad fuera de discusión, con lo que el precio pasará a un segundo término en la toma de decisión.
Van der Hoff funda la organización no gubernamental Max Havelaar (Espacio Comercio Justo 2006), la cual pone en contacto directo a pequeños productores del Sur con torrefactores del Norte; siendo sólo un sello, es decir, Max Havelaar no compra ni vende café, pero de esta manera intenta detener el mercado especulativo al eliminar a los intermediarios. Los importadores o torrefactores se aprovisionan directamente con los caficultores o  las cooperativas.
Las características (la otra orilla 2008) que deben tener los pequeños productores que deseen pertenecer a la organización, son las siguientes:

  • Una superficie máxima de ocho hectáreas para sus cultivos
  • La aplicación de reglas dictadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
  • Una justa retribución a sus salarios
  • Un reclutamiento sin discriminación racial, sexual, política o religiosa
  • Un régimen democrático al interior de las cooperativas
  • El respeto del medio ambiente
  • La garantía de un café de gran calidad

En contrapartida se garantiza a los pequeños productores un precio mínimo por su producto, cualquiera que sea su cotización en la Bolsa de Valores. En caso de alza de las cotizaciones, el precio aumenta en la misma proporción, pero en caso de baja los precios se sostienen al precio de garantía. Dentro de ese precio existe una prima que es aplicada directamente al desarrollo social de la comunidad. Estas primas se destinan al financiamiento de escuelas, equipos de salud, material agrícola o a satisfacer otras necesidades comunitarias, en función a las decisiones que los propios productores organizados en asamblea toman.
El café Max Havelaar cuesta de 10 a 15% más caro que el café tradicional, pero el productor mejora su ingreso en casi 70%. Actualmente este sello  permite vivir a 300 cooperativas y cinco millones de personas en 40 países. Agrupados en cooperativas los productores son más solidarios y más fuertes para resistir a las presiones de los intermediarios.

El café Max Havelaar tuvo un éxito inmediato, alcanzando una penetración de mercado del 5% en Suiza, 3% en los Países Bajos y 1% en Alemania. ¿Porqué se da ese éxito casi inmediato, aunque modesto en el gran contexto de la comercialización del café a nivel mundial? Tal parece que el gran reto del Comercio justo consiste en pasar de un intercambio desigual entre Norte y Sur, a un comercio equitativo que ayude a los más débiles. El Comercio justo se desarrolla desde hace varios años en un contexto donde los consumidores, cada vez mejor informados y vigilantes, se hacen extremadamente sensibles a los efectos desastrosos de la globalización económica. Las continuas crisis alimenticias (fiebre aviar, vacas locas, fiebre aftosa…) ponen en cuestión a la agricultura fundada sobre la búsqueda de la rentabilidad máxima. Los consumidores buscan una alimentación sana, respetuosa de la naturaleza; yendo todavía más lejos, pues muchos de ellos, molestos por el desequilibrio económico mundial, vigilan el origen de los productos y sus condiciones de elaboración. Por primera vez esta toma de conciencia del desequilibrio del comercio mundial no es pasiva, los consumidores están convencidos de que las condiciones pueden cambiar si ellos se convierten en consumidores actores, y el comercio justo les da esa posibilidad. La compra equitativa es una decisión de la sociedad, que implica que en lo individual se esté dispuesto a pagar un poco más caro los productos procedentes de los países más pobres.
El comercio justo es una asociación comercial fundada en el diálogo, la transparencia y el respeto, cuyo objetivo es lograr una mayor equidad en el comercio mundial. Contribuye al desarrollo sustentable ofreciendo mejores condiciones comerciales y garantizando los derechos de los productores.
Actualmente los productos son de toda índole: agrícolas, vestidos, artesanías, textiles, juguetes, vino, etc. El movimiento del comercio justo ofrece más de 2,500 productos diferentes a los consumidores. Cada día consumimos productos importados, tales como arroz de Tailandia, café de Tanzania, vino de Chile, bananas de Costa Rica, azúcar de las Filipinas.
A  través del comercio justo, el productor logra obtener un ingreso digno que refleja el valor real de su trabajo y le permite impulsar sus propios medios de desarrollo comunitario y comercial. A cambio, el consumidor obtiene un producto de alta calidad integral (calidad física, social, cultural y ecológica) a un precio razonable mientras brinda apoyo al desarrollo sustentable del productor.
El comercio justo no es caridad, sino la elección consciente por parte del consumidor para compensar de manera justa al productor en el momento de realizar una compra. No obstante, existen varias debilidades en la práctica del comercio justo. En primer lugar muchas cooperativas que participan en este sistema, no venden mayoritariamente su producto en ese mercado. En México, organizaciones tales como Tzeltal – Tzotzil, que agrupa a 198 productores de los municipios de Pantelhó, Chenalhó, Chalchihuitán, San Juan Cancuc y Simojovel, todos pertenecientes a los Altos de Chiapas, venden en el mercado convencional, si bien sus exportaciones se realizan a países como Alemania, Bélgica, Suiza y Holanda; aunque también producen miel que sí colocan en el mercado de comercio justo en su totalidad. Tal parece que aunque el comercio justo busca estabilizar el mercado, los pequeños caficultores siguen teniendo problemas para encontrar compradores permanentes. Adicionalmente las cooperativas deben casi obligatoriamente pertenecer a alguna red para poder comercializar. Es el caso de Majomut con COMPRAS, una cooperativa de los Altos de Chiapas que agrupa a más de 1,700 familias de las etnias tzeltal y tzotzil. Sin embargo, al usar a una comercializadora se pierde el contacto directo con el comprador final y consecuentemente con el consumidor, que debería ser una de las características del comercio justo.
Fair Trade Labellig Organizations Internacional (FLO) ha establecido una serie de criterios que deben aplicarse obligatoriamente, tanto a nivel de pequeños productores como de trabajadores y organizaciones. En términos generales se mencionan los lineamientos que rigen estos criterios:

  • En el área de desarrollo social, se exige a los pequeños productores que cuenten con una estructura organizativa que tenga la capacidad de hacer llegar el producto al mercado.
  • Las decisiones deben tomarse de manera colectiva y darse a conocer los resultados de forma transparente a todos los miembros de la organización.
  • Conceder derechos sociales y seguridad a los trabajadores, incluyendo el que no haya prácticas discriminatorias en lo concerniente al empleo, que no exista trabajo infantil o cualquier tipo de trabajo forzoso, libertad sindical y para establecer contratos colectivos, condiciones de trabajo superiores a las legales y suficientes en materia de seguridad y de sanidad.
  • Dar facilidades para que los trabajadores administren directamente la prima adicional del comercio justo.

En lo referente al desarrollo económico, los criterios aplicables son el pago de un precio mínimo y de una prima adicional. El primero garantiza que se cubran los gastos de una producción sostenible. El segundo permite inversiones para mejorar las condiciones de vida de la comunidad en materia de salud, educación, medio ambiente, economía y otros.
Los criterios económicos exigen a los compradores un anticipo financiero denominado pre - financiamiento, cuando es solicitado por los productores. Con este financiamiento se permite a los pequeños productores el acceso al capital y promociona la iniciativa empresarial, facilitando el desarrollo económico de comunidades rurales completas.
Otro de los propósitos de los criterios de comercio justo es la preservación del medio ambiente a través de prácticas agrícolas que reducen o eliminan los agroquímicos, manejan adecuadamente los residuos y mantienen la fertilidad del suelo y del agua, si bien la certificación orgánica no es exigida. La composición de los costos para la producción orgánica debe estar incluida en los precios mínimos de comercio justo. En 2006 1,5 millones de trabajadores y agricultores de 58 países de África, Asia y América latina se beneficiaron del comercio justo. La diversificación de productos es un factor importante que beneficia a los productores, pues aún en casos como el café, producto ya certificado, el cultivo de otros productos supone la oportunidad para diversificar su producción y ser menos dependientes de un solo cultivo. La producción de una gama de productos, que incluso pueden ser complementarios en su cultivo,  asegura un mercado más amplio e incrementa la rentabilidad. Por otra parte, las cadenas de supermercados optimizan el logo de comercio justo cuando ofrecen una variedad de sus productos.
El éxito del Comercio justo depende de la toma de conciencia del consumidor y su solidaridad con el pequeño productor. Al comprar un producto de Comercio justo, el consumidor no sólo consigue un artículo de alta calidad, sino también un producto que integre la sustentabilidad económica, social, cultural y ecológica de los productores.
La solución para un reparto justo de la riqueza no puede venir ya del Estado ni de la cooperación para el desarrollo, aunque éstos aporten ayuda importante. La solución sólo puede estar en un modelo de mercado diferente. Por eso nace el Comercio justo.
El Comercio justo es un tipo de comercio que surge de una nueva relación, libre, directa y honesta entre tres nuevos sujetos económicos: los productores, los consumidores solidarios y los intermediarios sin ánimo de lucro
El productor asociado: se une en cooperativas con un proyecto solidario de economía social alternativa como medio de transformación de la sociedad en diversos países
El consumidor solidario: es consciente del poder de su consumo para elegir determinados productos elaborados con dignidad por productores asociados.
El mediador-facilitador sin ánimo de lucro: contribuye a difundir en los países desarrollados, los productos y mercancías elaboradas por los productores asociados sin ánimo de lucro y con intención de favorecer el Comercio justo.
“El Comercio justo es, consecuentemente, un enfoque alternativo al comercio convencional internacional. Es una asociación de comercio que busca un desarrollo sostenible para los productores excluidos y desfavorecidos. Busca proveer unas mejores condiciones comerciales a través de campañas y sensibilización” (definición consensuada por las estructuras dirigentes del Comercio justo europeo: EFTA, NEWS, IFAT y FLO)
El aspecto medular del Comercio justo consiste, pues, en que se paga al productor asociado un sobreprecio que puede oscilar entre un 10 o un 15% por encima del precio de mercado mundial. El precio justo es negociable. Debe cubrir todos los costos de producción, incluyendo los costos ambientales y sociales, a fin de asegurar a los productores una vida digna. Un precio justo para el productor no implica necesariamente un precio elevado para el consumidor.
Como se ve, el comercio justo ha jugado un papel importante en el desarrollo de las comunidades, pero tal vez su mayor contribución, dice Ana Isabel Otero Rance (2005), “no sea el pago de un precio justo en sí, que siempre será insuficiente, ni la prima adicional que finalmente se dispersa entre los muchos miembros de una comunidad, sino la experiencia de pertenecer a una cooperativa y dar un valor agregado a su producto, así como el desarrollo de su capacidad para administrar y comercializar directamente a nivel local o en el extranjero, lo que incrementa su autoestima y confianza”.
En la práctica, la forma como mejor ha funcionado esta filosofía es en las cooperativas de productores. Como ejemplo tomaremos el caso de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI).  En ella se concentran superficies cultivables destinadas al café, la mayor parte de las cuales pertenecen a empresas familiares propietarias de sus tierras o teniéndolas en renta. Todos los integrantes de la familia trabajan, y las mujeres juegan un papel importante en la producción, aún a pesar de ser discriminadas. Conjuntamente con el cultivo del café, se tienen cultivos de otros productos que ayudan a la economía familiar. El resultado es que, a pesar de que en ocasiones haya malas cosechas de café, la subsistencia de la comunidad queda asegurada. Pero también se logra proteger a las plantas de café con cultivos de plantas más altas, que las protegen dándoles sombra.
La organización en cooperativas también permite hacer frente a los problemas que se presentan, por ejemplo, afrontar a los intermediarios que intentan acaparar las cosechas, conseguir transportación más económica, enfrentar deudas que para un campesino sería difícil hacerlo sólo.
Ellos deben determinar cómo resolver problemas de producción y de comercialización, hasta la exportación misma del producto. La negociación con los torrefactores de manera directa, eliminando intermediarios es un factor clave.
Desde que ellos se inscriben en organizaciones como Max Havelaar, su producto debe ser comercializado en las condiciones especiales que ésta indica. Por su lado, el torrefactor que quiere ostentar la etiqueta de comercio justo, debe comprar directamente al productor. Evitar a los intermediarios refuerza la posición de los pequeños productores.
La prima pagada al productor además del precio, que puede llegar de 10% a 15%, permite invertir en la infraestructura de la cooperativa, privilegiando los aspectos sociales y ambientales. Los miembros de la cooperativa deben decidir colegiadamente la manera de reinvertir esos recursos extras. Sus prioridades incluyen la salud, la educación, la protección del medio ambiente, el desarrollo de proyectos de ecoturismo y la protección de su identidad cultural, ente otras.
Max Havelaar garantiza un precio mínimo al producto, a fin de evitar las oscilaciones del mercado. El arábiga es pagado mejor que el robusta, aproximadamente en un 12%. Así, aunque el precio internacional del café se desplome, como ocurrió en 2001, el productor continúa recibiendo el mismo precio. Pero en caso de que el precio aumente, el productor recibe esos recursos adicionales.
Otra ventaja de ostentar la etiqueta Max Havelaar, lo constituye la presión que ésta ejerce sobre los torrefactores para comprometerse en relaciones comerciales durables y establecer contratos por varios años. Esto permite garantizar una seguridad al productor para que, aún en épocas de malas cosechas, no recurra al abandono de los cafetales y al cultivo de otros productos, o en el peor de los casos a la emigración.
El Comercio justo y los productos orgánicos son indisociables, ya que éstos por su característica de estar exentos de sustancias químicas, son sinónimos de una mejor salud a la vez para los productores, el medio ambiente y los consumidores. Una de las aplicaciones de la prima adicional la constituyen las inversiones necesarias para pasar de la cultura tradicional a la cultura biológica. Sólo el productor que está seguro de continuar vendiendo su producto en el futuro próximo y siempre a un precio mínimo, se puede permitir dar el paso hacia los cultivos orgánicos.
Otro aspecto a considerar es el pre-financiamiento. Normalmente los productores son pagados sólo después de la cosecha. Los intermediarios acaparan en ese momento el producto y lo pagan a precios muy por debajo del precio internacional. En ocasiones los productores han contraído deudas con el intermediario o dependen de él para el transporte, lo que los obliga a aceptar el precio que les propone. Para competir con los intermediarios, la cooperativa debe igualmente pagar a la entrega del producto. ¿Pero cómo podría hacerlo si no ha recibido el pago del torrefactor? El sistema bancario no considera sujetos de crédito a los productores, por lo que ese camino está cerrado. Es por eso que una de las condiciones para pertenecer a la red de Max Havelaar, es pagar por adelantado una parte del monto del contrato firmado con el productor, el 60% es lo normal. El restante es pagado contra entrega. “Para muchos productores este modo de financiamiento es tan importante como el suplemento que reciben de Max Havelaar por su café”, dice van der Hoff (La Aventura del Comercio Justo 2002).
Existen otras ventajas. Trabajar con la cooperativa permite almacenar el café por más tiempo que a título personal, lo que redunda en el aprovechamiento de las alzas del producto que se dan generalmente después de la cosecha. Los costos fijos inherentes a la cosecha, transportación y preparación del producto se reparten y absorben más fácilmente. Pero, sobretodo, rompen el círculo vicioso de la dependencia.
Una vez recibido concluido el proceso de la recolección y comercialización del producto, los cooperativistas se reúnen en asamblea para tomar decisiones respecto a la aplicación de la prima para desarrollo social. Allí se plantean las diferentes alternativas y se priorizan las necesidades de la comunidad.
La experiencia muestra que las decisiones colegiadas tomadas en asamblea han funcionado. Aún a pesar de las diferencias de criterios, los cooperativistas han logrado concretar avances interesantes en sus comunidades. Tienen la posibilidad de elegir su desarrollo por medio de un modelo democrático llevado a cabo por la cooperativa.
Algunas aplicaciones son:

  • La creación de un sistema bancario que financia a los pequeños productores a tasas muy bajas, consiguiendo cubrir sus necesidades básicas de recursos, sin  tener que recurrir a la banca oficial en donde, de entrada, no son sujetos de crédito.
  • La creación de centros educativos en donde se imparten materias relacionadas con los cultivos orgánicos, enseñando a los productores cómo sanear sus terrenos y conseguir los estándares que les permitirán obtener la certificación internacional que conceptúe sus productos como  orgánicos.
  • El uso de transportes comunes que optimicen el traslado de sus productos es otro logro obtenido. Gracias a ello han dejado de depender de terceros y sus cosechas son rápidamente trasladadas a los beneficios y a los puertos de salida para sus exportaciones. Pero igualmente ha tenido logros para el transporte de personal, ya que a la fecha cuenta con dos líneas de autobús.
  • El establecimiento de centros de salud que atiendan a la comunidad, sobre todo considerando que, en muchos casos, el acceso a los centros oficiales es difícil debido a la topografía del terreno. Destaca un programa dental ambulante que ha ayudado mucho a la población.
  • El turismo ecológico es otra opción para la aplicación de la prima adicional, así por ejemplo UCIRI ha construido cabañas que albergan principalmente a turistas extranjeros y organiza tours ecológicos en la región.

Consideraciones finales

Una de las alternativas para lograr reducir las desigualdades entre los países del mundo desarrollado y los que se encuentran en vías de desarrollo, es la práctica del comercio justo. Indudablemente que por ahora es una aportación modesta al problema, pero en la medida en que sea una práctica corriente el reconocimiento del trabajo de los pequeños productores y la aceptación de pagar un precio mayor para apoyar a esas personas, los resultados incidirán positivamente en la reducción de la brecha entre ricos y pobres.
Las relaciones entre los países deben mejorar. Cada vez son mayores las discrepancias económicas y sociales, no solo entre países de diferentes continentes, sino incluso entre regiones de un mismo país. No podemos quedar indiferentes ante este problema que atañe a todos. Tarde que temprano, y al parecer ya estamos inmersos en ello, las consecuencias de estas diferencias nos están alcanzando: precios de minerales y especialmente del petróleo, están por las nubes. Escasez de alimentos provocada tanto por el uso de bioenergéticos como por el consumo de una cada vez mayor población a nivel mundial. Desequilibrios en el planeta, que se reflejan en cambios climáticos que, paulatinamente, están cambiando incluso la vocación agrícola de los países.
Este trabajo intenta hacer un llamado para rescatar a los pequeños productores, cualquiera que sea su producto, planteando una nueva forma de hacer comercio. Intenta también convencer a los consumidores de todo el mundo, especialmente los de los países ricos, para que reflexionen sobre las condiciones de esos productores y estén dispuestos a apoyarlos comprando en mejores condiciones sus productos. Intenta hacer conscientes a los pequeños productores que sólo con calidad se logra posicionar un producto en los segmentos de mercado adecuados. Que la calidad se logra no sólo trabajando bien sino conservando el medio ambiente, lo que redundará en beneficio de todos.
El trabajo colectivo, con estrategias bien definidas, con pleno convencimiento de lo que se pretende lograr y con una buena dosis financiera, redundan en avances concretos que benefician a toda la comunidad. No es aceptable esperar todo del sector gubernamental, hay que buscar el bienestar por uno mismo. En todos los ámbitos: social, educativo, económico, de la salud y de la conservación del medio ambiente, se pueden hacer mejoras financiadas por la propia comunidad. Pero para ello se requiere el concurso de todos los actores del comercio: productor, distribuidor y consumidor. Remunerar adecuadamente los esfuerzos de los productores, pagar para conservar el medio ambiente cuando todavía es tiempo y a bajo costo, estar conscientes como consumidores que el planeta es el mismo para todos y que tarde o temprano todos pagaremos los daños causados.
Además de la pregunta clave ¿es realmente el comercio justo una alternativa para reducir las diferencias económicas entre los actores del mercado?, podemos formular otras cuestiones como las siguientes:
¿Es aplicable el comercio justo en todos los casos?
¿Hasta dónde los consumidores están dispuestos a pagar un precio más alto por un producto en cuya elaboración se remuneró adecuadamente a los productores?
¿Está consciente el productor de que al elaborar productos de calidad, obtiene mayores beneficios?
¿Está consciente el productor de la conveniencia que implica respetar el medio ambiente? ¿Lo está el consumidor?
¿Está preparado el productor para comercializar sus productos en los mercados en donde se reconozca su calidad?
¿Garantiza el comercio justo el desarrollo social de las comunidades de productores?
¿Existen cambios notables en las comunidades en donde se paga una prima adicional para desarrollo social?
¿Es el comercio justo un primer paso para que los intercambios internacionales se efectúen en condiciones más equitativas?
¿Qué aportaciones puede hacer el comercio justo al comercio internacional?
¿Quedará siempre el comercio justo como la práctica de una minoría?
Quedan estos cuestionamientos para posteriores investigaciones y para reflexionar en lo que podemos aportar tanto como productor como consumidor.
Para finalizar, citamos a Frans van der Hoff, en un coloquio celebrado en Marsella, Francia, en noviembre del 2001, que llevó como título “Commerce équitable et café: rébellion ou nécessaire évolution?: “El mercado justo no es una rebelión comparable a un levantamiento, es una manifestación contra la mala operación del sistema económico corriente…. El mercado justo no es una evolución necesaria, sino una corrección urgente. Cambiemos algunas reglas: la integración de los costos de la producción, la regeneración de la fuerza de trabajo y el costo del medio ambiente hacen parte integrante del precio del producto….  Pero queremos ser emprendedores, emprendedores sociales que no tienen miedo a una ética fundamental: el hombre, la mujer en primera  línea. El mercado debe estar a su servicio”.

Bibliografía

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Blanc JP, Bréaud O y Massia P. (2003), “Commerce équitable et café, rébellion ou nécessaire évolution?, Ed. L’Hartmattan, París.
Gómez L., Gómez M., Schwentesius R., “Las perspectivas de la agricultura orgánica en México”, CIESTAAM 2002.
Massia P., Rombouts H. y Blanc J.P (1995). « La Passion du Café » Ed. Artis – Historia, Francia.
Montagut X. y Vivas E. (2006) “¿Adónde va el Comercio justo”, ed. Icaria Ed, Barcelona.
Rápale D, (2005), « Café & Commerce Équitable », Malongo, Francia.
Roozen N, van der Hoff F. (2002), »L’aventure du commerce équitable », Ed. JC Lattés, París.
Van der Hoff F (2005).  « Nous ferons un monde équitable » ed. Flammarion, París.
Van der Hoff F (2005). “Excluidos hoy, protagonistas mañana” ed. Impretei, México.

Revistas electrónicas

Otero Rance A, “Conclusiones al Comercio justo en México: una evaluación”, 2005, http://vinculando.org/comerciojusto/mexico_chiapas/conclusiones.html
Webb A, (9 de marzo 2006)‘How fair is fairtrade?’, BBC Money Programme, http://http://news.bbc.co.uk/1/hi/business/4788662.stm
Weitzman H., (8 septiembre 2006)‘The bitter cost of “fair trade” coffee’, Financial Times,  http://www.ft.com/cms/s/d191adbc-3f4d-11db-a37c-0000779e2340.html

Direcciones electrónicas

www.fao.org/docrep/007/y5143s/y5143s0v.htm
http://www.infoaserca.gob.mx/fichas/ficha04-CafeInternacional.pdf
Peña Jiménez A., Neyra González L., Amenazas a la biodiversidad, http://www.conabio.gob.mx/conocimiento/estrategia_nacional/doctos/CAP5.PDF, p.160
www.vinculado.org/orgánicos, México como abastecedor de productos orgánicos, Gómez M.A., Gómez Tovar L., Schwentesius R. Febrero 2003.
http://www.sica.gov.ec/cadenas/cafe/docs/produccion_mundial.pdf
El café más sano, http://www.fao.org/AG/esp/revista/0607sp1.htm, 2010
http://espaciocomerciojusto.org/index.php?option=com_content&task=view&id=56
http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0120-35922006000100008&script=sci_arttext&tlng=es
http://www.monografias.com/trabajos35/demanda-del-cafe/demanda-del-cafe.shtml#primer
http://www.fairtrade.net/
http://www.ifat.org/
http://lta.reuters.com/article/businessNews/idLTAN1846893020071218?sp=true
http://www.redcafe.org/variedades%20caf%E9.htm
Fuente: Comisión Nacional para el conocimiento y uso de la biodiversidad (CONABIO).
Fuentes: Banco Mundial 2003, CDI 2000, CIEPAC 2004, CONAPO 2005, ECOSUR 2003,  INEGI 2005.
Fuente: Secretaría de Desarrollo Social del Estado de Chiapas, 2005.
Fuente: CONAPO 2005.
http://laotraorilla.blog-city.com/reglas_del_comercio_justo.htm
Fuentes: CDI 2000, CIEPAC 2001, El Universal 2007.
Fuente: Estado de Chiapas.
http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lec/cepeda_g_c/capitulo1.pdf. Trápaga y Torres 1997, “La agricultura sustentable vs convencional”

Fuentes: 2001, Comunicación e Información de la Mujer AC, (CIMAC) 2004, Cuarto Poder 2008, Secretaría de Desarrollo Social del Estado de Chiapas 2003, La Jornada 2003.
Fuentes: CIEPAC 2001, INEGI, Secretaría de Desarrollo Social del Estado de Chiapas 2003.
Fuentes: INEGI 2005, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Subirán, La Jornada 2007, UNICEF.


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