PROPUESTA DE CAPACITACIÓN DE EDUCACIÓN AMBIENTAL NO FORMAL PARA LA COMUNIDAD DE SAN ANDRÉS, LA PALMA, PINAR DEL RÍO

Aida Guadalupe Sánchez Santamaría
lupe05@sum.upr.edu.cu

CAPÍTULO I. LOS PROBLEMAS DEL MEDIO AMBIENTE Y LA EDUCACIÓN AMBIENTAL NO FORMAL EN LAS COMUNIDADES RURALES

1.1 El medio ambiente, los problemas del desarrollo, el desarrollo sostenible y el desarrollo rural sostenible

El hombre desde su surgimiento ha interactuado con el medio ambiente para satisfacer sus necesidades, pero estas han sido diferentes según los momentos históricos del desarrollo de la sociedad. Es el siglo XX el de mayores afectaciones, pues el desarrollo de la revolución científico técnica, necesario para el progreso de la humanidad provocó una mayor explotación de los recursos de la tierra y como consecuencia el deterioro creciente del medio ambiente. Por tal motivo los problemas del medio ambiente constituyen hoy una de las mayores preocupaciones a nivel mundial de cuya solución dependerá la existencia de vida en la tierra.

Una de las primeras voces de alarma sobre el grave peligro que se cernía sobre la Tierra, capaz de eliminar a la larga todo vestigio de vida fue dada por la bióloga norteamericana  Rachel Carson, en su libro, Primavera Silenciosa (1962), alertando en su obra magistral sobre el uso indiscriminado de productos químicos en forma de plaguicidas sin tener en cuenta sus repercusiones sobre todo lo viviente. La revolución verde tuvo una implicación grande en este proceso. Había comenzado entonces la batalla por ganar la conciencia de la humanidad por salvaguardar el medio ambiente en nuestro planeta.

El término “medio ambiente” se incorporó y se oficializó en la lengua española, en 1984 y es un concepto caracterizado por connotaciones filosóficas y políticas que determinan su conveniencia de mantenerlo y utilizarlo en la actualidad. En sus primeras concepciones estaba limitado casi exclusivamente al medio natural, y es partir de la década de los 60 y 70 del pasado siglo que se propone progresar en este concepto extendiéndose también a los aspectos sociales.

La Conferencia Intergubernamental sobre la Educación Ambiental, realizada en Tbilisi, Georgia, en 1977, actualizó la  evolución  lógica e histórica del  concepto medio ambiente al expresar en el informe final que: ... se ha convenido ahora en que el concepto de medio ambiente debe abarcar el medio social y cultural y no solo el físico, por lo que los análisis que  se efectúan deben tomar en consideración las interacciones entre el medio natural, sus componentes biológicos y sociales, y también los factores culturales.... Se puede inferir que la precisión y expresión de este término constituye un aporte en la filosofía ambiental, natural, cultural e histórica, por reconocer la dimensión social y humana del medio ambiente, así como todo lo creado por  el hombre. Otras definiciones muy acertadas de este concepto han sido elaboradas por especialistas nacionales y que aparecen en los documentos rectores de la actividad medio ambiental cubana.

En la ley 81 sobre medio ambiente de la República de Cuba se define como: “Sistema de elementos bióticos, abióticos y socioeconómicos con los que interactúa el hombre, a la vez que se adapta al mismo, lo transforma, y lo utiliza para satisfacer sus necesidades.”

En esta definición sin embargo se le da valor a las relaciones ecológicas y socioeconómicas, pero no incluyen el  componente cultura, presentan al hombre como un elemento biológico y no como una unidad biopsicosocial, además de referirse al medio  solo como un recurso para satisfacer sus necesidades.

En la Estrategia Nacional de Educación Ambiental de Cuba se define el medio ambiente como: “Sistema complejo y dinámico de interrelaciones ecológicas, socioeconómicas y culturales, que evoluciona a través del proceso histórico de la sociedad.”

En esta definición con la que comparte la autora,  se enfoca al medio ambiente con un carácter sistémico, procesal e histórico, e incorpora los elementos naturales y los de la sociedad: el sistema socioeconómico y la cultura.

La concepción de medio ambiente debe tener un enfoque sistémico, en correspondencia con su complejidad; un carácter holístico, de totalidad, considerando que abarca la naturaleza, la sociedad, el patrimonio histórico cultural, lo creado por la humanidad, la propia humanidad, y como elemento de gran importancia las relaciones sociales y la cultura. (Estrategia Nacional de Educación Ambiental).

El medio ambiente comienza a llamar la atención de los científicos a escala internacional  como consecuencias del deterioro de los recursos naturales que no solo pone en crisis las condiciones de vida en el planeta, sino hasta la permanencia de la vida en el mismo. Muchas han sido las reuniones, foros, cumbres, y debates que se han desarrollado internacionalmente, donde se han adoptado acuerdos y propuesta de soluciones a los problemas ambientales que ya alcanzan un carácter global pero que en realidad constituyen un paliativo al deterioro ambiental de nuestro planeta.

Coincidimos con (L. Jiménez 1996: 33) en que "la causa mayor del deterioro continuo del medio ambiente global es el insostenible modelo de producción y consumo, particularmente en los países industrializados. En tanto que en los países en desarrollo la pobreza y la degradación ambiental están estrechamente interrelacionados.

Si tales modelos resultan ahora "insostenibles" es porque se evidencia la imposibilidad de seguir manteniendo unos estilos de desarrollo que se han basado históricamente en la explotación del medio ambiente, en general, del ser humano y de las regiones periféricas del sistema mundial, en particular.

Los grandes problemas ambientales que han sido identificados hoy a nivel global son: el cambio climático, agotamiento de la capa de ozono, contaminación ambiental, deforestación, pérdida de la diversidad biológica, degradación del suelo y crecimiento demográfico. Todos ellos por su carácter global afectan a todos los países independientemente del modo de vida y del nivel de desarrollo que estos posean.

En consecuencia:

De igual manera, Fidel Castro advirtió hace 17 años en la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en Río de Janeiro, Brasil (12 de junio/1992), lo siguiente:

En el mundo de hoy, dominado por un capitalismo altamente desarrollado, las relaciones económicas y sociales que se le imponen a la mayoría de los países constituyen una verdadera amenaza a la supervivencia humana. Al respecto Fidel Castro expresó en la Asamblea Nacional del Poder Popular en 2003:

 “El decadente sistema capitalista imperialista en su etapa de  globalización neoliberal carece ya en absoluto de soluciones para los grandes problemas de la humanidad, cuya cifra de habitantes se ha cuadriplicado en apenas un siglo. No tiene porvenir posible. Destruye la naturaleza y multiplica el hambre. Nuestra experiencia noble y  humana en numerosos campos  será útil a muchos pueblos del mundo. Frente a los cambios de clima, las afectaciones al medio ambiente ocasionadas por otros, las crisis económicas,  las epidemias y los ciclones, nuestros recursos materiales, científicos y técnicos son cada vez más abundantes. La protección de nuestros ciudadanos ocupará siempre el primer lugar en nuestros esfuerzos. Nada tendrá prioridad sobre esto."

Es evidente que los problemas del medio ambiente tienen que ser resueltos  por todos los países, aunque no todos contribuyen por igual ni tienen las mismas condiciones y posibilidades para dar solución a los problemas ambientales que les afectan. Es un recurso limitado que se degrada por lo que debemos aprender a administrarlo dejando atrás la concepción que frecuentemente iguala crecimiento con desarrollo y que estimula un consumo que no es compatible con la preservación del medio ambiente. La educación es insoslayable en tal propósito, como factor de desarrollo social.

Al respecto (Bell, 2005) plantea que los indicadores que igualaban crecimiento económico y desarrollo eran el Producto y el Producto Interno Bruto per cápita, por consiguiente, desarrollarse consiste a su juicio en lograr el aumento de ingreso por persona en las áreas subdesarrolladas. Los informes del Banco Mundial clasifican aun a los países en agrupaciones que van de desarrollados a menos desarrollados de acuerdo al PIB per cápita.

Hasta la década del 1960 las concepciones hegemónicas en la explicación de propuestas para la superación del subdesarrollo podrían incluirse bajo el concepto general de teorías de la modernización.  El sustrato ideológico de estas se centraba en que las relaciones sociales capitalistas, plasmadas en la forma que las asumen en los países industrializados era y es la meta de lo que debe ser el desarrollo de los países subdesarrollados.

“La modernización es la vía de desarrollo seguida por Occidente. Una vía que, como tendencia general del desarrollo del capitalismo, se intenta imponer a los países en la ruta de un camino que los acerque a los países desarrollados. En este sentido, la modernización es un paradigma o tendencia a la universalización de las normas vigentes en los países industrializados, el proceso de cambio social a través del cual las sociedades menos desarrolladas adquieren los rasgos propios de las sociedades más desarrolladas” (Chihu; 1993:12).

Las teorías de la modernización plantean, con diversos modos y formas, un camino unilineal de desarrollo en el cual el capitalismo industrializado, al que denominan sociedad moderna, es el destino de todas las sociedades, y el análisis del proceso de desarrollo se da a partir del contraste entre sociedad moderna y las sociedades no modernas, a las que denominan tradicionales. Ese contraste es el núcleo básico de sus teorizaciones.

América Latina fue dentro de las regiones subdesarrolladas la primera en crear teorías sobre el desarrollo y el subdesarrollo: la Teoría de la CEPAL y la Teoría de Dependencia. Ambas tienen un punto de partida común y es que el subdesarrollo es el resultado del proceso mundial de acumulación capitalista. En una síntesis excesiva se puede decir que mientras los “cepalinos” apostaban por un desarrollo capitalista autónomo, los dependentistas en su versión radical se remitían a la necesidad de la revolución socialista. Cada una de esas corrientes ha tenido sus propios desarrollos (Bell, 2000).

Para la CEPAL en función de una modernización y un desarrollo es necesario un Estado fuerte que fuera capaz de implementar medidas que propiciaran los cambios perseguidos. El papel del Estado como agente del desarrollo se traducía en: creación de infraestructura que propiciara el desarrollo industrial, asumir inversiones en sectores estratégicos que propiciaran el desarrollo de otros sectores (electricidad, petróleo, etc.) lo cual implicaba la creación de un sector público para impulsar inversiones el dinamismo económico y programación económica expresada en políticas coordinadas de sustitución de importaciones, promoción de industrias (políticas de subsidios, tarifas proteccionistas, etc.)

El crecimiento económico se concibe entonces como una medida del bienestar y del progreso de las sociedades. Es decir, si en algún país, región o estado se incrementa la producción en términos generales, se considera que esa sociedad está incrementando sus niveles de progreso. En este concepto no está comprendida una explicación de la manera en que se distribuyen los resultados de la producción. Por tanto, por medio del concepto crecimiento económico, no se puede saber como se distribuyó la producción ni sus incrementos.

Existe otro concepto que sí nos informa de esa distribución. Ese concepto es "Desarrollo Económico", que es otra manera de medir el progreso y el bienestar. Desde este punto de vista, habrá desarrollo cuando se logre incrementar la cantidad de bienes y servicios, pero además cuando se tenga una mejor y más equitativa distribución de los resultados de la producción. Es en base al concepto Desarrollo Económico, que se hace un análisis de la pobreza o inequidad en la distribución. Aún cuando el concepto Desarrollo Económico es un más completo que el concepto Crecimiento Económico, es similar a éste último en el sentido de que no refleja cabalmente el bienestar y el progreso.

La actividad del hombre durante su avance en el desarrollo de la humanidad ha establecido diferentes modelos de desarrollo económico y social, con un paradigma tergiversado que establece que a mayor consumo mayor desarrollo, basando las estrategias de calidad de vida en mayores consumos energéticos, mayores gastos de recursos, mayores niveles de industrialización y mayor expansión de los núcleos urbanos, todo ello en detrimento y deterioro del entorno y el medio ambiente.

Los modelos basados en artificialización excesiva del desarrollo pone en peligro la existencia de la especie humana sobre la faz de la tierra, y lamentablemente a pesar de la conciencia mundial que existe sobre ese estilo de vida y desarrollo imperante, es inmutable la posición de los decisores fundamentales de las políticas internacionales en el cuidado y preservación del raza humana y de su medio.

No solo basta con una cultura tendiente a la preservación del medio ambiente, es importante una acción en virtud de la preservación y mejora del entorno y la salvaguarda de los recursos naturales, la actitud ante la vida debe garantizar que las estrategias y acciones tiendan a proteger los recursos naturales, pero asegurando una alta dosis de desarrollo económico y social, que tribute a una mayor calidad de vida y a la satisfacción con equidad de las necesidades fundamentales del ser humano.

Por consiguiente, es necesario tener en cuenta que existe una fuerte y compleja interrelación  entre crecimiento económico, calidad de vida  y medio ambiente. Puesto que, el desarrollo económico, en su concepción convencional, produce diversos daños al medio a corto plazo, muchas veces irreversibles, lo que entra en contradicción con los preceptos de lograr una mejor calidad de vida. Esta última, entendida: “no sólo como la satisfacción de las necesidades básicas y de cierto nivel de bienestar material, sino como el derecho a una vida digna, al pleno desarrollo de las facultades del hombre y a la realización de sus aspiraciones morales, intelectuales, afectivas y estéticas mediante la reconstrucción del ambiente” (Leff, 1994: 284).  .

Los problemas del medio ambiente rural y el desarrollo sostenible, al respecto, es común pensar que la problemática ambiental se reduce a lo meramente urbano, sin embargo en el ámbito rural existen elementos preocupantes para el medio ambiente: el deterioro de los ecosistemas y el uso sostenible de los recursos naturales.

Se hace evidente la forma irracional en que han sido utilizados determinados recursos naturales en el ámbito rural, como los suelos, que con su utilización en el desarrollo ganadero y la explotación de los bosques, han dado lugar a la existencia de importantes extensiones de suelos degradados y erosionados. El agua, importante recurso en la vida de todos los seres vivientes es también sobre explotado por el hombre, unido a los procesos de contaminación producto del desarrollo de la actividad industrial y la descarga de residuales de diferentes orígenes y naturaleza que se vierten en ríos, presas  y mares.

Se puede afirmar que medio rural es el espacio vital donde el ser humano ha realizado tradicionalmente actividades agrícolas y ganaderas. Estas actividades han supuesto una importante transformación del paisaje, como consecuencia de la utilización de los recursos naturales y de la introducción de elementos ajenos a paisaje natural, ya que el ser humano ha tenido que cubrir necesidades tanto individuales como colectivas.

Entre los problemas ambientales más frecuentes en el ámbito rural, se pueden destacar los siguientes: erosión y degradación del terreno, agricultura y ganaderías intensivas, contaminación de las aguas, pérdida de la diversidad biológica, escasez de agua potable y deterioro general de ríos y riberas, por utilización de agua para riego, así como por la existencia de cultivos intensivos en zonas de ribera, así como el vertimiento de basuras y otros residuos en las orillas de los ríos. Estos problemas  ambientales están relacionados con las intervenciones humanas  a través de la historia y se reconoce que es a partir de la segunda mitad del siglo XX donde se inicia el desarrollo de la conciencia hacia los problemas de la protección  del medio ambiente.

El informe del Club de Roma en 1972 marcó una pauta en la que por primera vez se establecieron las posibles consecuencias ambientales asociadas al crecimiento de las poblaciones y de sus estilos de desarrollo. En ese mismo año se celebró en Estocolmo, Suecia, la Conferencia  de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano la que condujo a la creación de la  Comisión  de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

La  Organización de las Naciones Unidas creó el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en 1982, y en 1983 creó la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD) también conocida como comisión Brurtland. Esta tenía la misión de realizar un estudio de los problemas ambientales vinculados a la economía internacional y los modelos de desarrollo imperantes. En 1987, esta comisión presentó su informe final denominado Nuestro Futuro Común en el que se conceptualizó el término Desarrollo Sostenible como: “un desarrollo que satisfaga las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias  necesidades”

A partir de entonces se fueron asentando los principios básicos del desarrollo sostenible, que en su vertiente ambiental son los siguientes: consumir recursos no renovables por debajo de su tasa de substitución, consumir recursos renovables por debajo de su tasa de renovación, verter residuos en cantidades y calidades asimilables por parte de los sistemas naturales, mantener la biodiversidad y garantizar la equidad redistributiva de las plusvalías.

En la  Cumbre de Río (1992), conocida también como Cumbre de la Tierra, se legitimó el concepto de desarrollo sostenible y se emitieron varios documentos, entre los cuales es importante destacar la  Agenda 21, que contiene una serie de tareas a realizar hasta el siglo XXI para detener los procesos de degradación ambiental.

En el 2002 se desarrolla en Johannesburgo, Sudáfrica, la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, convocada por la ONU. Los acuerdos finales acordados en esta Cumbre, que reunió a representantes de 191 países, incluyeron una Declaración Política, que formula una serie de principios para alcanzar el desarrollo sostenible, y un Plan de Acción en el que destacan los siguientes compromisos:

 a) reducir a la mitad en 2015 la población que vive sin agua potable y sin red de saneamiento de aguas residuales.
b) reducir, significativamente, la pérdida de biodiversidad antes de 2010.
c) recuperar, en el año 2015, las reservas pesqueras “donde sea posible” y crear, antes de 2012, una red de áreas marítimas protegidas. Este plan contempla la reducción de las capturas para devolver a niveles saludables los caladeros de pesca.
d) minimizar, antes de 2020, el impacto producido por la emisión de productos químicos al medio ambiente.

En Johannesburgo,  se reafirma la necesidad de reconducir la producción y el consumo por sendas sostenibles de forma real y renovar una alianza política por parte de todos los países para lograr un desarrollo sostenible, contando con el necesario liderazgo y firme voluntad ejemplarizante de los países ricos.

El aporte Latinoamericano y del Caribe a la Cumbre de Johannesburgo en conjunto con otros bloques regionales, así como de organismos internacionales promovió que en la declaración final de la Cumbre se incluyeran aspectos relacionados con la educación, a pesar de que esta no estaba incluida entre los temas principales a ser discutidos en este evento mundial. En este documento se expresa que: “la educación es de importancia crítica para promover el desarrollo sostenible”. Así mismo recomienda seguir poniendo en práctica el programa de trabajo sobre EDS de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible y recomendar a la Asamblea de la Naciones Unidas considerar la posibilidad de declarar un decenio de Educación para el Desarrollo Sostenible a partir del 2005.

Han transcurrido más de dos décadas desde que se conceptualizó el término Desarrollo Sostenible y a pesar de implementarse diferentes acciones encaminadas a este objetivo por muchos países y regiones del mundo nos preguntamos: ¿Será el desarrollo sostenible una utopía?, ¿Seremos capaces de resolver realmente los problemas de las generaciones presentes sin afectar la capacidad de las futuras generaciones? ¿Si se conocen los requerimientos para el anhelado desarrollo sostenible, porqué no se logran avances significativos en esta área?

El desarrollo sustentable persigue dos objetivos fundamentales: satisfacer las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer también sus propias necesidades, y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente. Lamentablemente, estamos muy lejos de la realización de esos objetivos". 

El desarrollo sostenible supone integrar la dimensión ambiental en las políticas económicas y en la toma de decisiones en todos los campos de la actividad humana.  Su objetivo es la mejora continua de la calidad de vida de los habitantes del planeta y de las futuras generaciones, preservar la capacidad de la Tierra para sustentar la vida en todas sus formas basado en los principios de democracia y en el respeto de la ley y de los derechos fundamentales, incluidas la libertad y la  igualdad de oportunidades. Asimismo, pretende garantizar la solidaridad entre los actuales habitantes y con las generaciones futuras a la vez que trata de fomentar una economía dinámica con un alto nivel de empleo, educación, protección de la salud, cohesión social y territorial, protección del medio ambiente en un mundo seguro y en paz respetando la diversidad cultural.

La expresión desarrollo sustentable es ambigua, no deja claro como resolver el problema presente y cómo resolver los problemas ambientales del futuro, pero se ha impuesto en el discurso internacional. Si bien con esta formulación se busca proteger y conservar los recursos naturales progresivamente se precisa y contextualiza su definición. Una de sus dimensiones más importantes se refiere a qué necesidades son la de los pobres y a promover valores que estimulen patrones de consumo dentro de los límites ecológicamente posibles.

 El problema mayor radica en la contradicción entre el agotamiento de los recursos naturales, la contaminación y otros efectos negativos sobre el medio ambiente y la acumulación capitalista.

Enrique Leff (2000) plantea que a pesar de que para muchos el término es ambiguo, existe un consenso de la necesidad de promover el concepto de sustentabilidad como orientación básica en la construcción de sociedades capaces de cubrir las necesidades humanas de manera  democrática y equitativa, a la vez que se preserva a largo plazo la base ambiental y la diversidad cultural de los pueblos.

A pesar de su ambigüedad, el término ha sido aceptado por la comunidad internacional como un motor de reflexión y de cambio hacia modelos más respetuosos con los recursos naturales del planeta.

El Libro Blanco de la educación ambiental en España  señala que el concepto tiene el acierto de esbozar una filosofía y de apuntar una dirección general de actuación que puede ser útil, señalando como rasgos básicos los siguientes:

Otras definiciones relacionadas con este término han sido abordadas: El desarrollo sustentable es un proceso de cambio progresivo en la calidad de vida del ser humano, que lo coloca como centro y sujeto primordial del desarrollo, por medio del crecimiento económico con equidad social y la transformación de los métodos de producción y de los patrones de consumo y que se sustenta en el equilibrio ecológico y el soporte vital  de una región.

Este proceso implica el respeto, la diversidad étnica y cultural regional, nacional y local así como el fortalecimiento y la plena participación ciudadana en convivencia pacífica y en armonía con la naturaleza, sin comprometer y garantizar calidad de vida de las generaciones futuras.

También el desarrollo sostenible ha sido concebido como: proceso de mejoramiento equitativo de la calidad de vida de las personas mediante el cual se procura el crecimiento económico social en una relación armónica con la protección del medio ambiente, de modo tal que satisfaga las necesidades de las generaciones actuales y de las futuras. (Diccionario de términos ambientales, Cuba  2000).

La autora de esta tesis comparte el siguiente concepto: el proceso de creación de las condiciones materiales, culturales y espirituales que propicien la elevación de la calidad de vida de la sociedad, con un carácter de equidad, y justicia social de forma sostenida y basado en una relación armónica entre los procesos naturales y sociales, teniendo como objeto tanto las generaciones actuales como futuras. 

La Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (UNESCO, 2001) profundiza aún más en el concepto al afirmar que "... la diversidad cultural es tan necesaria para el género humano como la diversidad biológica para los organismos vivos"; Se convierte en "una de las raíces del  desarrollo  entendido no sólo  en  términos de  crecimiento económico, sino también como un medio para lograr un balance más satisfactorio intelectual, afectivo, moral y espiritual". En esta visión, la diversidad cultural es el cuarto ámbito de la política de desarrollo sostenible.

El desarrollo sostenible es un modelo de desarrollo al que aspira la humanidad, pero esto implica un cambio sustancial en la forma de pensar y actuar de la población de todos los países. Se hace necesario por tanto el abandono de modos consumistas de vida, y de un desarrollo estratégico armónico con la naturaleza y los hombres, basados en principios de equidad y de iguales oportunidades para todos. No es posible hablar de desarrollo sostenible en un mundo unipolar, con tan marcadas diferencias económicas, sociales, con procesos discriminatorios raciales, culturales y religiosos. Será un largo camino en el cual encontraremos grandes obstáculos que vencer, pero nuestra misión será la de salvaguardar nuestro planeta como hábitat de supervivencia de las presentes y futuras generaciones.

En coincidencia con (Mateo, 2000) el alcance del desarrollo sustentable está supeditado al alcance de diferentes tipos de integración, como son: entre la sociedad y la naturaleza ( con visión del ser humano como ente social y natural); entre los niveles de escala (incluyendo lo local, regional, nacional y global); entre el territorio, la historia y la cultura (expresado en el significado espacial del desarrollo); entre lo rural y lo urbano (interpretado como la interacción y el equilibrio recíproco); entre los procesos sociales (incluye las estructuras económicas, los condicionantes políticos y las sensibilidades psíquico-culturales); además entre el planificador y los sujetos-objetos del desarrollo (logro de una planificación participativa).

Uno de los retos principales del desarrollo sostenible implica la necesidad de formar capacidades en las personas y la sociedad, para orientar el desarrollo sobre bases ecológicas, de diversidad cultural, y equidad y participación social. Para ello han de tenerse en cuenta los comportamientos, valores sociales, políticos, culturales y económicos en relación con la naturaleza. De igual forma, ha de propiciar y facilitar herramientas para que las personas puedan producir y apropiarse de saberes, técnicas y conocimientos que les permitan una mayor participación en la gestión ambiental, decidir y definir las condiciones y calidad de vida .

Se hace importante considerar como soporte fundamental la participación ciudadana con sentido de interés colectivo y la equidad como elemento fundamental del desarrollo. Se deben garantizar las condiciones para la democratización de la sociedad a escala nacional, regional y local, permitiendo y fomentando la participación de las comunidades en sus decisiones fundamentales a nivel político, social, económico y cultural.

La década de Río ha hecho que el mundo comprenda mejor que el desarrollo debe ser sostenible, que los tres pilares de éste, la protección del medio ambiente, el desarrollo económico y el desarrollo social, deben ir asidos de la mano. Debido a que cada uno de los pilares está íntegramente vinculado con los otros, la búsqueda efectiva del desarrollo sostenible requiere un enfoque equilibrado que integre los tres componentes.

El desarrollo social debe construirse como un proceso de relaciones integrales que cubra todos los aspectos que conciernen al mejoramiento de la calidad de vida. En sus inicios puede estar dirigido a la satisfacción de las necesidades básicas constituyendo un todo que es a la vez biológico, cultural, político, económico y ambiental, para extenderse luego a otros aspectos, según sean la sociedad y el tipo de calidad de vida que en ella se desee alcanzar.

Como proceso ambiental, el desarrollo social debe dirigirse a utilizar con cordura los recursos naturales cuando estos se necesiten para la satisfacción de las necesidades de la sociedad evitando al máximo su deterioro, y a conservar y enriquecer el hábitat natural en el que se desenvuelve la vida cotidiana de las personas, de tal manera que no se atente contra el bienestar y desarrollo de las futuras generaciones. Es decir, el desarrollo social debe ser un desarrollo sostenible, por lo que debe dirigirse entonces, de manera simultánea e integral, hacia todos los aspectos que conciernen a la vida humana.

Antes de abordar el término Desarrollo rural sostenible, cabría preguntarse: ¿en qué situación se enfrenta el mundo rural al reto de la sostenibilidad?

El medio rural dispone de recursos físicos, naturales, culturales, humanos y sociales que pueden contribuir, sin duda, al desarrollo sostenible de una zona. El medio rural se ha visto afectado por las transformaciones económicas que se han producido durante estas tres últimas décadas como consecuencia de la revolución de la productividad y de la globalización del mercado.

En América Latina y el Caribe, señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la situación de pobreza* alcanzó en el año 2006, el 36,5% de la población regional, mientras que la extrema pobreza o indigencia abarcaba un 13,4%. Así el total de pobres alcanzaba a 194 millones de personas, de los cuales 71 millones eran indigentes. En el  medio rural la situación de pobreza alcanzó en el propio año el 54,4% (66.8 millones de personas) y la extrema pobreza  el 29,4% (36.1 millones de personas).

La Región, con una población equivalente al 8.4% del total mundial, dispone de una dotación importante de recursos: las reservas de tierras cultivables más grandes del mundo, estimadas en 576 millones de hectáreas (ha), equivalentes al 29% de su territorio, los recursos hídricos renovables internos, constituidos por el flujo anual de aguas superficiales y la recarga de aguas subterráneas, alcanzan un total de 13,4 km³ al año, la tercera parte de los recursos mundiales y el 40% de las especies vegetales y animales del planeta (PNUMA 2000).

No obstante los procesos naturales y antrópicos han acelerado los procesos de degradación provocando la reducción de la biodiversidad, la pérdida de hábitats y de la cubierta vegetal (deforestación), la pérdida y degradación de suelos, la desertificación y la reducción, afectación y/o contaminación de las fuentes de agua. Visto del lado positivo, muchos países de la región tienen el potencial de frenar la generación de gases de efecto invernadero mediante la conservación del bosque y la reforestación, servicios ambientales que proveen sumideros al ecosistema, en este caso, depósitos de carbón y conservación de la biodiversidad, actividades que surgen como nuevas oportunidades para el desarrollo rural sostenible.

El desarrollo rural sostenible se concibe como un proceso de transformación de las sociedades rurales y sus unidades territoriales, centrado en las personas, participativo, con políticas específicas dirigidas a la superación de los desequilibrios sociales, económicos, institucionales, ecológicos y de género, que busca ampliar las oportunidades de desarrollo humano.

El desarrollo rural sostenible contempla dos aspectos importantes:

Precisamente en las últimas décadas existe en la población una mayor demanda hacia el consumo de productos agrícolas tratados con técnicas y materiales que cuiden del medio físico en el que se producen, asegurando de esta forma una mayor garantía a su salud, por la que están dispuestos a comprar el producto a un precio superior. Esto indica cuan sensibilizada está la población hacia el daño que ocasionan las prácticas contaminantes al suelo y al ecosistema en general.

La búsqueda del Desarrollo Rural Sostenible implica necesariamente la integración armónica entre producción y medio ambiente, entre políticas públicas y privadas, entre actividades agrícolas y no agrícolas, entre espacios territoriales y culturales, entre desarrollo económico, humano y ecológico.

El desarrollo sostenible en el medio rural debe incluir unas estrategias de compatibilidad, crecimiento económico y sostenibilidad del medio natural, que puedan ser evaluadas y que permitan conocer la incidencia de los impactos ambientales producidos por el desarrollo urbano local sobre el entorno natural, la corresponsabilidad local en la generación y prevención de ciertos accidentes ambientales: incendios forestales, erosión del suelo, las medidas para reducir el consumo de suelo, agua, combustible... y la generación de emisiones no deseables a la atmósfera, al suelo, agua, las políticas urbanísticas en relación con el sistema y modelo de asentamiento y su adecuación a las condiciones locales, las condiciones de crecimiento y rehabilitación, desde la perspectiva de la integración social, considerando los aspectos ambientales y sociales y su incidencia sobre el desarrollo local, los aspectos ambientales y de mejora de la calidad del entorno urbano en el diseño de la morfología urbana: edificación, red de espacios naturales urbanos y urbanización del espacio natural, las acciones de mejora del entorno vital, ambiental y sociocultural de los ciudadanos, las actividades orientadas a la adecuación ambiental global de los procesos de producción, distribución, consumo y reutilización de residuos, así como su compatibilidad con el equilibrio ambiental y sociocultural local.(Gómez, 2005)

A consideración de la autora el desarrollo rural sostenible exige tener muy presente las potencialidades y oportunidades que nos brinda el entorno para lograr un desarrollo endógeno, con la implementación de estrategias de desarrollo local que posibiliten la participación plena de los sujetos y actores sociales en la transformación y construcción de su propia realidad, que permita mejorar la calidad y el nivel de vida dentro de los límites impuestos por los ecosistemas locales, nacionales y globales. En tal sentido, se hace necesario el apoyo de los decisores de política, para  la ejecución de proyectos locales en coordinación con instituciones nacionales e internacionales, que proporcionen alternativas para hacer viable los emprendimientos productivos y comerciales de las comunidades rurales.

Por tanto, para  transitar hacia un desarrollo sostenible, es imprescindible cambios de actitud  y desarrollo de nuevas capacidades. La educación formal y no formal para el desarrollo sostenible, especialmente la referida a comunidades rurales, es un medio esencial en el logro de los propósitos de este desarrollo, que permite a los seres  humanos y a las sociedades rurales el conocimiento de la realidad y el desenvolvimiento de sus capacidades latentes.

 Es necesario reorientar la educación y la capacitación con objetivos, contenidos, métodos y  evaluación sobre los nuevos alcances del desarrollo sostenible en el medio rural, con especial énfasis en los productores, en los líderes, técnicos y profesionales que tienen en el medio rural, su escenario para el trabajo y su relación técnico, social y político.

Coincidimos con (Muñoz, 2003) que el conocimiento es hoy más que nunca, un factor decisivo en el proceso de desarrollo. En lo que respecta a la problemática ambiental, se hace indispensable en la actualidad tener un mayor conocimiento sobre nuestros recursos naturales y la propia realidad social y cultural, que haga posible, la utilización inteligente del inmenso potencial de riquezas en beneficio de toda la sociedad.

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Por: Miguel Ángel Sámano Rentería y Ramón Rivera Espinosa. (Coordinadores)

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