PROPUESTA DE CAPACITACIÓN DE EDUCACIÓN AMBIENTAL NO FORMAL PARA LA COMUNIDAD DE SAN ANDRÉS, LA PALMA, PINAR DEL RÍO

Aida Guadalupe Sánchez Santamaría
lupe05@sum.upr.edu.cu

1.3 Fundamentos pedagógicos y didácticos generales de la educación ambiental no formal

Para poder dar respuestas a las problemáticas ambientales  no basta con la incorporación de temas ambientales en el currículo, tratado en la educación ambiental formal, es necesario además, que exista una preparación de toda la población, que les posibilite conocer y comprender cuáles son los problemas y como dar solución a estos, que conlleve a una toma de conciencia que permita un cambio de actitud hacia el medio ambiente.

En relación con la ubicación de la educación ambiental en el contexto de la pedagogía contemporánea, la tarea no es sencilla, las propias definiciones estudiadas suelen denominarle: proceso, proceso educativo, proceso educativo permanente, enfoque educativo, nueva dimensión del proceso educativo, disciplina integradora, enfoque educacional, práctica educativa, alternativa pedagógica y, es definida recientemente, como un modelo teórico, metodológico y práctico, que trasciende el sistema educativo tradicionalista y alcanza la concepción de medio ambiente y de desarrollo.

La educación ambiental constituye un instrumento privilegiado que instituye una nueva ética que puede se abordada por la pedagogía desde tres ámbitos: la educación formal, utilizada en el ambiente escolar, la educación informal, espontánea, no estructurada, que se promueve en la cotidianidad y la educación no formal, que propicia los procesos educativos al margen de la escuela, favoreciéndolos en lo cognitivo y valoral.

La función pedagógica de la educación ambiental está centrada en: favorecer la dinámica particular de los sistemas naturales (como filosofía propia);  inculcar una nueva ética como parte de la cultura ambiental (programa axiológico); y el cambio de actitudes (su objetivo).

Un problema sustancial en la pedagogía es precisamente su puesta en práctica, cómo hacer que funcione a través de los educadores, sean éstos formados en pedagogía o no, trátese de la educación formal o la no formal. En otras palabras, cómo hacer posible que esta complejidad, pedagogía y medio ambiente, estén articulados, surtan efecto y formen individuos y sociedades críticas, autocrítico, creativas e integrales.

Consideraciones Pedagógicas:

 

La Educación Ambiental como estrategia para el desarrollo tiene la misión de contribuir a elevar la calidad de la vida de los seres humanos en la medida que alcanza el desarrollo de valores, modos y estilos de vida más compatibles con la realidad ecológica de cada entorno y del planeta en general.  Debemos hacer una educación que responda precisamente a esa realidad global y local compleja, dando adecuada respuesta a sus problemas, entre ellos el de la crisis ambiental.

Roque (1998), plantea que las realidades que caracterizan nuestra época, exigen una pedagogía (ambiental) como ciencia de la Educación (ambiental), que de respuesta a las crecientes necesidades sociales.

Gran parte de lo que se reclama a la Educación Ambiental y a la  Pedagogía Ambiental es precisamente, la formación de valores tales que determinen en los individuos concretos y en la sociedad, actitudes de rechazo y procederes activos, en la lucha por la evitación creciente y acelerada de la destrucción irreversible de nuestra base natural de vida.

Según la teoría histórico-cultural elaborada por L. Vigosky, el problema epistemológico de la relación sujeto-objeto del conocimiento se resuelve a partir de la consideración de que existe una relación dialéctica sujeto-objeto de interacción, y de transformación recíproca iniciada por la actividad humana y mediada por el contexto sociocultural.

De manera que el sujeto cognoscente participa activamente en la construcción del conocimiento a partir de un mundo de significaciones (intereses, necesidades, sentido, información, conocimientos anteriores, valores) con el mundo exterior (el contexto sociocultural).

El enfoque pedagógico constructivista  contempla el aprendizaje a partir del desarrollo de experiencias significativas en el individuo, derivadas de la interacción dialéctica entre el conocimiento y la experiencia, esto es, entre los procesos internos y el ambiente.

 (Novo, 2005) plantea al respecto que aunque no puede afirmarse que este enfoque esté presente en la totalidad de las experiencias de educación ambiental no formal que tienen lugar hoy día, sí que parece probado que, mayoritariamente, preside los procesos que se llevan a cabo en este ámbito, ya que, por lo general, se suele partir de los conocimientos que ya tienen las personas que se incorporan a dichos procesos.

Así, la teoría constructivista postula el Aprendizaje Significativo como un proceso interno de construcción del conocimiento, donde el individuo participa activamente relacionando los nuevos conocimientos con los anteriores. En suma, el modelo constructivista propicia una mayor disposición para la adquisición de nuevos conocimientos, el desarrollo de competencias para resolver problemas, además de dotar a los individuos de confianza en sus propias habilidades para transformar su realidad individual  y social.

A consideración de la autora de esta tesis y teniendo en cuenta los objetivos de la educación ambiental, nada puede sustituir la mejor comprensión de un problema ambiental que aquella práctica educativa que busque por todos los medios la sensibilización directa del individuo con la problemática en cuestión, al ser observada en su contexto, y poder aplicar sus conocimientos en función de construir nuevos saberes, que lo lleven a la solución de los problemas locales y a una mayor participación en la gestión ambiental.

En el ámbito pedagógico, el medio ambiente siempre ha tenido menor o mayor presencia por sus múltiples fuentes de conocimientos y ejemplos para crear una concepción científica del mundo. “En el camino el énfasis en aprender sobre el medio ambiente fue pasando a aprender en el ambiente y, hoy se enfatiza el aprender para el ambiente, que aborda también los dos anteriores pero enfatiza una actitud productiva hacia el entorno.”

Se enfatizan aquí tres elementos importantes para la educación ambiental: aprender sobre, en y para el ambiente. En tal sentido aprender sobre el ambiente presupone el entendimiento de conceptos, leyes y principios de la naturaleza, es decir, no hay implicación directa en el entorno. En cambio, el aprendizaje en el ambiente advierte la necesidad de poner al individuo en contacto directo con el medio natural y tomar de él las vivencias necesarias, por lo que la integración de estos dos saberes contribuye a que el individuo actúe para el ambiente, para establecer relaciones armoniosas, de cuidado y conservación y no solo conocerlo.

Se trata de un nuevo entendimiento de las relaciones del ser humano con el entorno: la concepción de la naturaleza no como una fuente inagotable de recursos a nuestro servicio sino como un ecosistema frágil que tiene sus propias exigencias que hay que respetar en nuestro propio interés.

La nueva visión pedagógica considera que no basta con enseñar desde la naturaleza utilizándola como recurso educativo si no que hay que educar para el Medio Ambiente, hay que presentar y aprender conductas correctas hacia el entorno, no sólo conocerlo.

El concepto de Educación Ambiental expresa que es un proceso para toda la vida del individuo, una dimensión que considera los procesos integrados entre si y no aislados de los procesos educativos, su carácter integrador, no limitado a la protección de la naturaleza sino al desarrollo sostenible, dejando claro además la existencia de tres procesos interdependientes pero que en realidad se dan integrados en uno solo: la educación, la instrucción y la formación.

La peculiaridad que distingue la educación es la formación de valores, la instrucción (la construcción y producción de conocimientos),  lo que constituye las bases para el proceso de formación de hábitos y habilidades, con lo que se dan las condiciones para el desarrollo de capacidades.

En su análisis (Roque, 2003) plantea que la instrucción ambiental cultiva un pensamiento ambiental, a partir de un sistema de conocimientos que permite la comprensión de las complejas interrelaciones entre los seres humanos, la naturaleza y la sociedad, basados en los aportes de la ciencia y la tecnología.

El contenido de la instrucción debe abordar el tratamiento de la problemática ambiental para explicar sus causas y consecuencias, considerando su carácter sistémico y la influencia e interdependencia de factores de diversa naturaleza que hacen muy complejo el sistema ambiental, cuya comprensión requiere del análisis interdisciplinario de contextos espacio-temporales y afectivos.

La formación ambiental propicia el desarrollo de hábitos y habilidades que se traduzcan en competencias en los individuos y grupos sociales, que les permitan participar eficazmente en los procesos económicos, políticos, sociales y culturales a partir de una gestión ambiental que contribuya, desde diferentes posiciones tanto como ciudadano, como miembro de una familia, de una comunidad, como profesional, o como dirigente de cualquier sector y nivel, al desarrollo sostenible del país.

 La formación de valores ambientales se basan en un pensamiento crítico y en el desarrollo de la responsabilidad individual y colectiva, para dar respuesta adecuada a las consecuencias de las decisiones/acciones, y el deber de participar en la solución de los problemas ambientales, los cuales por su carácter sistémico son de interés social.

Un recurso didáctico en la educación ambiental no formal es la propia comunidad, ámbito donde además de encontrarse infinidad de recursos capaces de generar aprendizajes (espacios naturales, museos, bibliotecas, etc., técnicos, profesionales) surgen sus propias experiencias, las problemáticas ambientales que permiten contextualizar la acción educativa y su transformación.

La comunidad se define como una unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento o función común, con conciencia de pertenencia, situados en una determinada área geográfica, en la cual la pluralidad de personas interaccionan más intensamente entre sí que en otro contexto.

La comunidad es un organismo social influenciado por la sociedad de la cual forma parte, y a su vez funciona como un sistema, más o menos organizado, integrado por otros sistemas, las familias, los grupos, los líderes formales y no formales, las organizaciones e instituciones, que interactúan, y con sus peculiaridades definen el carácter  subjetivo de la comunidad e influyen de una manera u otra en el carácter objetivo, en dependencia de su organización y posición respecto a las condiciones materiales y espiritual donde transcurre su vida y actividad.

La Comunidad rural está  determinada por la relación estrecha de las personas a la tierra, sus cultivos y al cuidado del ganado. Esta relación fija como fundamental el sentido de pertenencia, el arraigo y apego a la tierra, a sus productos. Como regla, predominan  familias más numerosas. Generalmente, la comunidad rural es menor en población y mayor en extensión territorial que la urbana; las relaciones son más solidarias y personales y, en consecuencia, el control social es más fuerte. La forma rígida de la familia patriarcal, en el sentido histórico, cede paso a relaciones más flexibles y en algunos casos están en proceso de desintegración y adopción de formas más actuales de convivencia familiar.

 En cada una de las instituciones donde se desarrollan actividades de educación no formal se desarrollan programas  y proyectos los cuales deben implicarse en el contexto, con un ámbito de vida, que plantea las necesidades y retos a los cuales debe responder la comunidad educativa.

Uno de los presupuestos teóricos para la elaboración de la propuesta planteada en este trabajo tiene como uno de los referentes principales la concepción de la especialista española María Novo (1995) al plantear que los proyectos y programas en cualquiera de los casos ya sea educación formal o no formal deben cumplir una función organizativa, permitiendo la planificación de la acción educativa, por lo que deben ser abiertos, flexibles,  y susceptibles de ajustes y cambios.
Novo (1995) expone las pautas para el diseño de proyectos y programas de educación ambiental en el siguiente gráfico, el cual puede ser adaptado a las exigencias de los diferentes contexto educativos.

La educación no formal incluye una adecuada sistematización metodológica. Al diseñar actividades de educación ambiental no formal para niños, jóvenes, adultos, familias, grupos de campesinos, amas de casa, estudiantes, hay que tener bien claro en los programas, el objetivo, la utilización de las herramientas adecuadas, los métodos a emplear, ya sean participativos o no participativos, los medios por los cuales el mensaje puede ser más efectivo y adecuado al público al que se dirige, la evaluación de nuestras prácticas educativas pues estas nos servirán como  instrumento de medición para lograr los objetivos de la educación ambiental.

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