ESTRATEGIA EDUCATIVA QUE CONTRIBUYA A LA PREPARACIÓN DE LOS TRABAJADORES SOCIALES EN LA ATENCIÓN A LOS NIÑOS Y JÓVENES

Armando Marcelino Pí Crespo

CAPÍTULO I

 CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL TRABAJO SOCIAL Y LA PREPARACIÓN DE LOS TRABAJADORES SOCIALES EN LA ATENCIÓN A LOS NIÑOS Y JÓVENES CON ALTERACIONES DE LA CONDUCTA.

En el presente capítulo se abordan los principales referentes teóricos del trabajo social en Cuba, consideraciones teóricas generales sobre las alteraciones de conducta en niños y jóvenes, así como la preparación de los trabajadores sociales  en la atención a los niños y jóvenes con alteraciones de la conducta.

1.1 El Trabajo Social en Cuba: profesionalización y práctica.
El Trabajo Social es una actividad profesional que en cada situación concreta se perfila desde las condiciones que le señala la realidad y las asignaciones que son propias de la profesión. En nuestro país se integra orgánicamente a la práctica de transformación de nuestra sociedad como estrategia de integración social.
Desde Cuba el Trabajo Social, dada la particular experiencia de la construcción de nuestro socialismo, tiene el reto de producir una conceptualización y una práctica que aporten contenidos y formas de intervención profesional superadores de los procesos de exclusión y marginalización sociales. Para Cubaes, como praxis política, un componente esencial de la estrategia de desarrollo humano liberador de nuestra sociedad en sus diversas  dimensiones, ámbitos y escalas.
Desde el punto de vista de su institucionalización y profesionalización el Trabajo Social en Cuba se encuentra en un proceso de expansión, a consecuencia de los cambios producidos a partir de la década de los 90, con la intención de formar un profesional más capacitado, con herramientas que lo hagan más que un “visitador”, un transformador e investigador del contexto social.
Se entiende por profesionalización el “proceso mediante el cual son calificados los miembros de una profesión para la posesión y utilización de prácticas, conocimientos y habilidades, para proveer servicios, adhiriéndose a valores y a un código de ética”.
Para el caso cubano, se hace evidente la necesidad de la existencia de esta profesión a partir del impulso dado por el estado al trabajo social a partir de los años 90. Sin embargo se hace necesario para su comprensión una referencia a la evolución de la profesión a partir de su etapa fundacional.
El trabajo social surge como práctica asistencial, como producto del impulso de los hombres por ayudar a sus semejantes, fruto no de un análisis teórico, sino con un sentido empírico, asociado fundamentalmente a la ayuda a los “más necesitados”.
Los antecedentes del Trabajo Social en Cuba son similares a los antecedentes de la  profesión en otras partes del mundo. Es importante destacar la labor desplegada, durante la época colonial, por la iglesia católica y otras asociaciones benéficas (asociaciones de inmigrantes, fundamentalmente de España y asociaciones obreras) con vistas a socorrer a las personas en desventaja social, sin que se le diera importancia a la preparación especial de quienes la desarrollaban.
En tal sentido y teniendo en cuenta la necesidad de dotar a las personas que trabajaban en organizaciones benéficas y filantrópicas de algunos conocimientos que les permitiera enfrentar con mayor rigor la labor de asistencia social, se fundó en 1938, el Patronato de Asistencia Social, por iniciativa de la “sociedad Lyceum”, que bajo el lema “Crear una escuela de Servicio Social” aglutinó las fuerzas necesarias para incidir en las instituciones responsables de hacer cumplir este objetivo. Esto contribuyó a la apertura de la Escuela de Servicios Sociales en el año 1943. En esta primera etapa la profesión estuvo vinculada fundamentalmente a la actividad empírica, centrada en lo esencial en el sector de la salud con un débil respaldo por parte del estado.
Una segunda etapa se inicia en la década del 60, hasta el comienzo de la década del 90. Este período, especialmente en los momentos iniciales del triunfo de la revolución, constituyó una inflexión en el desarrollo de la profesión, determinada por los profundos cambios estructurales que se promovieron en el país en esos años y el proceso de institucionalización que  se venía gestando. Según Urrutia (2004) las características más sobresalientes del Trabajo Social en esa época fueron:

La tercera etapa se ubica a comienzos de la década del 90, como consecuencia de la crisis que enfrenta la sociedad cubana en este período, lo que supone enormes desafíos al Trabajo Social. Asumir estos desafíos llevó al perfeccionamiento de la profesionalización del Trabajo Social  en el país. Esta nueva etapa está orientada a la búsqueda de una mayor integralidad e identidad profesional, siendo sus principales características:

Como consecuencia de la crisis de los 90, conocida como periodo especial, el país se enfrenta a una grave crisis económica que tiene consecuencias en el plano social, aflorando un conjunto de problemas sociales y otros que se venían gestando desde años anteriores, siendo la juventud  el sector poblacional más afectado por la disponibilidad de empleos y de oportunidades de inserción educativas. El país ante la acumulación de problemas sociales asociados a esta crisis tenía el gran reto de brindar alternativas de educación superior y empleo a estos jóvenes. Se inician así varios programas sociales entre los que se destaca en el año 2000 las Escuelas de Formación de Trabajadores Sociales . El Programa nace con una concepción clara de las prioridades en cuanto a segmentos poblacionales y a la necesidad de comprobar, cuantificar, detectar si las políticas sectoriales trazadas en el país estaban teniendo los impactos esperados, pues la sociedad tanto a  nivel micro como macro social estaba dando signos que ponían de manifiesto el surgimiento de problemas sociales inéditos y la reaparición de un conjunto de ellos, resueltos en décadas anteriores. Los objetivos fundamentales de estas escuelas fueron:

La intencionalidad es formar un trabajador social integral, que supere la sectorialización existente, y permita que estos profesionales cuenten con una fuerte base sociológica, en correspondencia con el carácter sociohistórico en que se desarrollan y que les permita un adecuado entrenamiento teórico y metodológico para poder afrontar su actividad práctica con mejores resultados.
La formación deberá articularse con la práctica, y esta última deberá ir abandonando paulatinamente su carácter asistencialista tradicional y proyectándose hacia la potencialización de la investigación, aspecto ausente de la práctica profesional de los trabajadores sociales del país, así como incorporar otras funciones que en la actualidad se realizan de forma limitada. 
Coincidimos con ( Muñoz, Urrutia, 2004) cuando plantean: “se deberá trabajar por una mejor articulación entre educación-investigación-práctica, pues la educación en los últimos años ha dado muestras de que puede actuar como factor dinamizador de la profesionalización, máxime cuando se cuenta como en el caso de Cuba con un estado socialista interesado en favorecer el cambio”. El Trabajador Social aumenta su conocimiento de la realidad social mediante la investigación para tratar de modificar las prácticas sociales que crean desigualdad e injusticia social.
El trabajo social se enfrenta a las barreras, desigualdades e injusticias existentes en la sociedad. Responde a las crisis y emergencias, así como a los problemas personales y sociales de la vida diaria. Utiliza una variedad de experiencias, técnicas y actividades consecuentes con su centro de atención holístico en las personas y sus entornos. El marco de intervención del trabajo social, al igual que el de otras profesiones, está vinculado a un conjunto de problemáticas sociales que rodean la relación del individuo con el medio social, incluyendo procesos de socialización, instituciones, estructura social; así como la relación entre los individuos entre si, entiéndase tanto al nivel de sus relaciones objetivas, como a nivel de su subjetividad; por esa razón, el trabajador social en su práctica se vincula directamente a las condiciones de vida de los hombres y mujeres, sobre todo, cuando éstas aparecen como obstáculos para la integración del individuo a la sociedad y para la satisfacción de las necesidades, individuales y de grupo, incluyendo tanto aquellas de carácter primario, como otras que pueden tener que ver más con la esfera de las relaciones espirituales, en dependencia de la sociedad de que se trate.
“Las intervenciones incluyen el asesoramiento, el trabajo social de casos, el trabajo social con grupos, el trabajo de pedagogía social y el tratamiento y terapia familiar, así como los esfuerzos para ayudar a las personas a obtener servicios y recursos en la comunidad. También incluyen la dirección de organismos, la organización comunitaria y la participación en la acción sociopolítica para influir en la política social y en el desarrollo económico. El centro de atención holístico del trabajo social es universal; pero las prioridades de la práctica del trabajo social variarán de un país a otro, y con el tiempo, en dependencia de las circunstancias culturales, históricas y socioeconómicas”.
El Trabajador Social es un profesional de la acción social que tiene una amplia comprensión de las estructuras y procesos sociales, del cambio social y del comportamiento humano, que lo capacita para:

No cabe duda que, se ha producido un proceso de revitalización del Trabajo Social, cuyo punto de partida es la voluntad política del Estado, que a través de sus políticas, programas sociales y otras acciones complementarias asume la responsabilidad de trabajar en función de solucionar los problemas sociales que surgen de las condiciones presentes y pasadas recientes. Lo anterior, supone indiscutiblemente una reflexión acerca de la profesión, su objeto, sus funciones y sus métodos de intervención; la profesionalización y la institucionalización; una reevaluación de las concepciones y de las prácticas; un mayor entendimiento del papel de los trabajadores sociales como agentes de cambio y de transformación de la sociedad; la búsqueda de vías de cooperación y consenso interinstitucional y entre el estado y la sociedad en su conjunto, entre la comunidad y los intereses privados, en función de realizar acciones públicas que beneficien a la mayor cantidad de personas, sin perder la perspectiva de lo específico e individual.
Importante también resulta, el reconocimiento que ha ganado el trabajador social como un actor significativo en la implementación de los nuevos programas y estrategias, que en el inicio del siglo XXI en Cuba, vinieron a complementar las políticas sociales diseñadas para preservar la concepción de desarrollo integral llevada adelante por la Revolución desde sus primeros años. Resulta una experiencia única en el contexto Latinoamericano el papel que juega el Estado en el impulso al Trabajo Social y la conmoción que el accionar de estos trabajadores ha producido en las comunidades, potenciando el incremento de las oportunidades en la atención a individuos, familias, grupos, independientemente de que no sean satisfechas todas las expectativas.

No obstante, se hace necesario orientar el desarrollo profesional de los trabajadores sociales desde la convergencia de la labor que realizan en la comunidad y la sistematización de ésta científicamente, ser los verdaderos protagonistas del trabajo social en los contextos comunitarios cuando se interactúa con trabajadores de diferentes organizaciones y organismos, hacer conciencia sobre la forma de trabajo en equipo como eslabón esencial en la labor social, que sea expresión de convergencia de las diversas especialidades y organizaciones involucradas, con un accionar unificado, donde el sujeto demandante del trabajo social sea el centro de toda la atención que se lleve a  cabo. Se precisa entonces, de un trabajador social capacitado en aras de una mayor integración en esta labor, preparado para enfrentar los disímiles problemas de los sectores sociales más vulnerables del país, trabajar con los sujetos como un todo, posibilitando atacar las causas de los problemas que generan las disfunciones sociales, y por tanto priorizando la labor de prevención desde los niveles primarios de nuestra sociedad.

1.1.2. Consideraciones teóricas generales sobre las alteraciones  de conducta en niños y jóvenes.

Las alteraciones de la conducta constituyen actualmente en nuestro país una línea fundamental de investigación social. Aunque se ha logrado esclarecer muchos problemas medulares en esta entidad, es preciso que los especialistas unifiquen criterios en cuanto a la definición, ya que como se ha planteado se utilizan muchas nomenclaturas en el ámbito internacional, además, existen diversos criterios que deben ser analizados con detenimiento.
Con el objetivo de dar a conocer algunas de las concepciones sobre esta problemática, se impone el análisis de ideas al respecto.
Alteraciones de la conducta: “…desajustes en el área volitiva afectiva: hiperactividad, agresividad, timidez evidenciado en las relaciones que establece con sus coetáneos de manera general, devienen marcadas alteraciones conductuales que de no recibir un tratamiento pedagógico adecuado por parte del docente se convertirían en trastornos de la conducta en la personalidad del individuo”.
Serra Mestres, minimiza el sistema de acciones a realizar al concebirlas solo por parte del docente, creemos importante pensar en familiares, instituciones comunitarias y trabajadores sociales.
El  Decreto Ley 64 del 1982 ha posibilitado un reanálisis del concepto. El concepto plantea lo siguiente: Desviaciones que se presentan en el desarrollo de la personalidad de los menores, cuyas manifestaciones conductuales son variadas y estables, esencialmente en las relaciones familiares, escolares y en la comunidad. Estas desviaciones tienen como base fundamental las influencias externas negativas asociadas o no a condiciones internas desfavorables.
Considero que la pérdida o detrimento de la capacidad conductual de un niño o joven determinados por condiciones internas y por la interacción con el ambiente, ocasiona desviaciones en el desarrollo de la personalidad.
Aquí se precisa la influencia básica y determinante del aspecto social en el desarrollo de la personalidad y su incidencia tanto en el aprendizaje como en las relaciones de comunicación social con otras personas. Se valoran los problemas en la actuación del niño y del adolescente como consecuencia de la relación que existe entre las condiciones internas y el medio.
Otros estudios cubanos de las afectaciones de los niños y jóvenes con alteraciones de la conducta han permitido plantear que son alteraciones variadas y estables de la esfera emocional volitiva como consecuencia de la interrelación dialéctica de factores internos y externos, originando esencialmente dificultades en las relaciones interpersonales y en el aprendizaje escolar.
Desde el punto de vista sintomatológico las manifestaciones características de las alteraciones conductuales más frecuentes en los niños y jóvenes  son:

  1. Conducta agresiva. (Agresivos)
  2. Conducta intranquila. (Hiperactivos)
  3. Conducta retraída. (Tímidos)

Conducta agresiva: implican problemas de desajuste en las relaciones sociales, con una comunicación defectuosa, sin aceptación de las reglas socialmente impuestas. La conducta tiende a ser hostil, surge en momentos requeridos y no requeridos sin capacidad de autocontrol, generalmente estas agresiones son destructivas para las personas cercanas y para el propio sujeto.
El glosario Cubano de psiquiatría (1980), caracteriza a esta manifestación como “una rebeldía hostil, manifiesta o encubierta, actitud pendenciera, agresividad verbal y física, espíritu de venganza y destrucción, frecuentes exaltaciones y robos solitarios. Son mentirosos, gustan de molestar a otros niños con bromas crueles. Generalmente carecen de aceptación y disciplina constante por parte de los padres”

La agresión de niños y jóvenes  puede ser de tres formas diferentes:

Conducta intranquila: en este caso hay dificultades en el autocontrol de niños y jóvenes, generalmente se caracteriza por una actividad motriz excesiva, que le produce dificultades en la atención, el respeto a las reglas, produciendo dificultades escolares, así como en sus relaciones familiares y sociales, puesto que este tipo de niños y jóvenes  suele irritar y molestar a los demás por su  intranquilidad.
A este tipo de conducta se le denomina conducta hiperactiva, déficit de atención con impulsividad o hiperactividad. Este tipo de niños y jóvenes presentan mucho movimiento que les ocasiona desorganización en su actividad, disminución de la productividad y pérdida de objetivos. Generalmente son alegres, eufóricos, les gusta cambiar constantemente de tarea, les gustan las actividades que implican movimiento y ejecución. Suelen ser poco persistentes, indisciplinados, torpes, con baja tolerancia a la frustración.
Estas manifestaciones se acompañan de consecuencias secundarias como: dificultades académicas por su falta de atención, en ocasiones, su lenguaje es torpe, hay aceleración del pensamiento, entre otros aspectos.

Conducta retraída: se refiere a los niños y jóvenes que mantienen una conducta pasiva, de aislamiento y casi siempre pasan inadvertidos ante los demás, aparentemente sin dificultades emocionales y comportamentales. Generalmente, su temperamento  los caracteriza por ser tranquilos, serenos, ante dificultades tienden a reprimir su conducta.
Estos niños y jóvenes son débiles en su conducta, subordinados, sin iniciativa propia, requiriendo la ayuda de los demás, sus relaciones interpersonales son escasas, es difícil interactuar con ellos, son temerosos, al parecer nada les entusiasma, su rendimiento es insuficiente. A estos  les cuesta trabajo tener amistades, ser aceptados por otros, no suelen comprender su forma de ser, encontrando compañeros que abusan de su indefensión y otros que los ignoran.

Una peculiaridad que tiene el sistema cubano para atender a los niños y jóvenes con alteraciones de conductas es que las medidas que se adopten no están dirigidas sólo a ellos, sino también a los padres o las personas responsables de estos y a los organismos, órganos e instituciones del Estado, con el propósito de que todos contribuyan al mejor tratamiento de los mismos.

Las investigaciones realizadas en nuestro país para caracterizar el medio familiar de los niños y jóvenes con alteraciones de conducta concluyeron: que la dinámica familiar  presenta indicadores negativos, como unión conyugal disuelta, relaciones familiares malas o regulares, nivel sociocultural bajo, vivencias familiares traumáticas, ausencia de modelos positivos, carencia afectiva y padres con falta de autoridad.

1.1.3 Consideraciones generales acerca de la preparación de los trabajadores sociales en la atención a niños y jóvenes con alteraciones de conducta.

Los trabajadores sociales, formados por las universidades cubanas, tienen la máxima responsabilidad de hacer cumplir los fines y objetivos, con que fue creado el Programa de Formación, en la práctica cotidiana de su ejercicio profesional. Los trabajadores sociales están llamados a ejercer el liderazgo que se corresponde con su encargo social para orientar a la población en los servicios que requieran, actuar como mediadores facilitando las relaciones interpersonales e interinstitucionales en la localidad y, sobre todo, en el acompañamiento solidario y afectivo a las personas y familias en momentos de adversidad.
El programa de formación estableció el modo de actuación del trabajador social y los dotó de conocimientos científicos que emanan de disciplinas de las Ciencias Sociales y de herramientas para estimular la participación de personas o grupos en el mejoramiento de sus condiciones y calidad de vida, así como de capacidades y habilidades para el acercamiento al ser humano como objeto y sujeto de trabajo y para la creación de proyectos de transformación social. Todo ello requiere de una alta sensibilidad humana, solidaridad, sentido de justicia social, pensamiento creativo y el dominio de las herramientas con que han sido habilitados.

“Si bien los trabajadores sociales están desarrollando una labor muy importante y de mucha sensibilidad humana aún existen insuficiencias en su preparación para acometer de forma eficiente las tareas sociales que les corresponde. Esta preparación, a nuestro juicio, es imprescindible pues el trabajador social debe cumplir una serie de funciones en el desempeño de su labor profesional entre las que se destacan” :
-  Función rehabilitadora: comprende al trabajador social cooperar en la rehabilitación de las facultades desmedidas del hombre, los grupos y las comunidades
Función asistencial: corresponde al trabajador social atender los hechos que puedan provocar la insatisfacción de las necesidades básicas. De igual forma, entra el  surgimiento de problemática social. Significa anticiparse a lo que va a ocurrir y preparar programas y acciones contra la eventualidad.
Función de protección Social :Corresponde al Trabajador Social, crear , desarrollar, incrementar e incentivar la protección  de los sectores más desamparados de la sociedad, recurriendo a las formalidades jurídicas de la seguridad social, a los recursos disponibles, al replanteamiento de servicios y tipos de beneficiarios.
-  Función educativa: Corresponde al trabajador social, desarrollar los valores colectivos de cooperación, la solidaridad, la moral, el respeto mutuo, la participación social y la gestión popular en la toma de decisiones.
Función organizadora: Corresponde al trabajador social, darle sentido y estructura a los programas de bienestar social, implementando, adecuando y facilitando la coordinación de actividades y proyectos.
Función Promocional: Corresponde al Trabajador Social  implementar  y desarrollar  programas de: Capacitación social: para la introducción de nuevos valores y la asimilación de nuevos conocimientos tendenciales para asumir nuevas funciones o para la preparación hacia el cambio.
La profesión de trabajador social es una labor que implica preparación dado el  papel del Trabajador Social como figura pública, cuya razón de ser, es el contacto permanente con personas necesitadas de orientación y atención. De ahí la necesidad de adquirir las herramientas teóricas metodológicas que le permitan a estos profesionales identificar necesidades y problemas en el ámbito comunitario y proponer líneas de trabajo que contribuyan a su solución, así como a los principios que han de orientar el trabajo social con la comunidad y sus miembros, y también los valores que a de portar y transmitir un trabajador social cubano para poder desempeñar su labor en cualquier circunstancia.
Al culminar en el año 2010 la Escuela de Formación de Trabajadores Sociales,  se crea el Centro de Capacitación Nacional para los estudiantes egresados  del Programa de Formación de Trabajadores Sociales. En el centro se reciben capacitaciones sobre diferentes temas sobre la metodología del trabajo social, es de ahí donde surgen los lineamientos de trabajo con la familia.
En el centro se organizan diferentes actividades que contribuyen a la preparación de los trabajadores sociales, tales como:

La integración de las acciones de preparación, organizada por el centro de capacitación nacional y las acciones desarrolladas en el, fortalece la calidad de la preparación de trabajadores sociales y contribuye a mejorar sus normas de comportamiento ético, estético y  una mayor preparación político- ideológica.
Los talleres de sistematización de experiencia del trabajador social, que se realizan en la comunidad, son actividades que se organizan en el municipio posibilitando la  preparación continua del  trabajador social. A esta actividad se invitan familiares que han sido atendidos por el trabajador social, con el propósito de compartir sus experiencias acerca del trabajo realizado por ellos.
La autopreparación es otra de las vía de preparación de los trabajadores sociales, esta se evalúa por los resultados de su trabajo. De ahí de la necesidad que el trabajador social se auto prepare en los temas que va a intervenir, para ello debe identificar bien el problema.
De forma general este es el sistema de preparación concebido para su preparación, no obstante, de acuerdo a los disímiles aspectos tratados en su práctica profesional le son necesarios temas especializados que requieren el apoyo de psicólogos, pedagogos, sociólogos y otros profesionales que unidos den solución a los problemas en el ámbito familiar, escolar, comunitario o social.

Una de las prioridades a enfrentar en la práctica profesional es la atención a niños y jóvenes con alteraciones de la conducta.  Es importante conocer que la infancia y la juventud es una etapa de la vida del ser humano donde se definen las principales características de su desarrollo, tanto físico como psíquico, se producen los principales aprendizajes básicos para su futuro desempeño personal y social. Sin embargo, es la etapa de la vida en que más desprotegido se encuentra y depende de los demás para alcanzar una salud física y mental adecuada.
En tal sentido se necesita la atención coordinada del trabajador social junto a psicólogos, educadores y otros para interactuar en equipo multidisciplinario en este sector tan vulnerable de la población.

El trabajador social en sus visitas de terreno al núcleo familiar aporta información de las condiciones en que ha transcurrido la vida de estos niños y jóvenes, el tipo de influencia recibida, las características del medio familiar y social y conformar la historia social.  La determinación de la acción social no depende únicamente de cuáles y de qué tipo han sido las influencias que han recibido, debe ir más allá, a la repercusión que estas han tenido en ellos. Para tales fines se hace necesaria la tecnificación de los trabajadores sociales en aspectos técnicos y de carácter educativo.
Para estas sesiones se debe establecer previamente la necesidad más prioritaria dada la preparación y experiencia de los trabajadores sociales. Pueden ser temáticas variadas, por ejemplo, las características de la entrevista social, sus exigencias y requisitos, la observación, posibilidades que brinda este método para el conocimiento del caso, hasta otros temas más específicos, como pueden ser, por solo mencionar algunos: particularidades del desarrollo de los niños durante la infancia; líneas generales del desarrollo; causas y consecuencias de las alteraciones conductuales más frecuentes etc. Esta superación sistemática de los trabajadores sociales repercute favorablemente en su preparación, de ahí la necesidad de dominar contenidos pedagógicos y psicológicos que le sean útiles en su labor social y de apoyo a la labor clínico educativo si el caso lo amerita.

Las alteraciones de conducta de niños y jóvenes pueden ser detectadas por los padres, por la escuela y por la sociedad. Los trabajadores sociales deben conocer el proceso de estudio y diagnóstico a seguir en cada uno de los casos.
Cuando son los padres los que se preocupan por la conducta del menor la primera persona a la que acuden es al Médico de Familia.
Cuando es la escuela donde se detectan las alteraciones de conducta del niño, los padres son citados para enviar al niño al Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO) donde será atendido por especialistas, psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales, logopedas, defectólogos, que arribaran al diagnóstico de la alteración  y trataran al niño en el centro mismo o lo remitirán a una institución que corresponda.
Cuando es la sociedad la que detecta la conducta alterada y sobre todo, si se refiere a una conducta delictiva el menor, será atendido por el oficial de Menores del Ministerio del Interior,  que  lo  llevará  al  Centro  de  Evaluación,  Análisis  y  Orientación  de  Menores (CEAOM), donde  será  sometido a un estudio diagnóstico  por especialistas  competentes que consideren la atención del caso, o lo remitan para su tratamiento a uno de los tres tipos de instituciones existentes con este fin.

En el proceso de estudio se realizan entrevistas, observaciones de la conducta, estudios clínicos, aplicación de tests psicológicos, pruebas de aprovechamiento escolar y situaciones experimentales, visitas a los hogares a la comunidad, etc, lo cual permite determinar la dinámica familiar y escolar, así como las características individuales del sujeto que facilite un diagnóstico lo más preciso y objetivo posible.
Todo lo anterior se complementa con la atención a los padres, la que debe tener altos propósitos sociales y estar encaminada a sensibilizar a la familia con su responsabilidad en el desarrollo físico, mental y espiritual de sus miembros más jóvenes, pero cuando esta está dirigida a familiares y padres con problemas sociales debe ser persuasiva, debe lograr comunicación e interrelación con todos los miembros de la familia y en especial con aquellos que más inciden en la educación.
La labor con la familia, la atención directa en el hogar, constituye un aspecto priorizado del trabajador social, ya que es imprescindible la transformación de conductas y actitudes de aquellos más relacionados con niños y jóvenes. Se debe trabajar por lograr que en el hogar se refuercen hábitos y costumbres que se van formando como resultado de la influencia educativa del trabajo de los educadores
Las visitas al hogar constituyen un medio idóneo para que los trabajadores sociales brinden todo tipo de orientaciones educativas, así como demostraciones del trato adecuado a niños y jóvenes. Estas favorecen  la obtención de mayor información sobre niños y jóvenes, las condiciones en que ha transcurrido su vida, permiten hacer específicas las acciones a seguir en la atención individual, así como ejercer influencias sobre padres y familiares para transformar las condiciones sociales adversas.
La participación de los trabajadores sociales es fundamental en la atención clínico-educativa a niños y jóvenes, ya que ellos aportan la mayor información sobre las características del caso y la situación social en que se desenvuelven. Por tanto la labor social siempre va a estar conjugada con la clínico-educativa.
El análisis conjunto de los psicólogos, educadores y trabajadores sociales es una condición indispensable para el éxito de la labor clínico-educativa. La evolución del caso está ligada a la efectividad de las acciones sociales realizadas y al logro de la transformación de la conducta de niños y jóvenes y actividades de los padres y otros adultos directamente relacionadas con él. Por lo que los criterios de cada especialista no deben ser subvalorados por otro; no olvidar que corresponde al grupo de especialistas y no a nadie en particular, orientar una adecuada estrategia a seguir con el menor, así como emitir las necesarias recomendaciones y el tratamiento que más se ajuste a las características del caso.

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