ÉTICA Y CIENCIA

Isabel Pérez Cruz

Título: Una visión de la ciencia y su relación con la ética, en Mario Bunge

Autora: Lic. Adianez Fernández Bermúdez

Correo: afernandez@ucf.edu.cu

Mario Bunge (Buenos Aires, 21 de Septiembre de 1919). Físico, filósofo y epistemólogo argentino, además de humanista. Es reconocido también por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis y la homeopatía, además de sus contundentes críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo, el posmodernismo, la hermenéutica y el feminismo filosófico. Tal vez su obra más importante son los ocho tomos de su Tratado de filosofía básica (Treatise on Basic Philosophy).

Interesado en la filosofía de la física, Bunge comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata, graduándose con un doctorado en ciencias físico-matemáticas en 1952. El tema de su tesis doctoral versó sobre El Spin del Electrón Relativista. Allí, y en la Universidad de Buenos Aires, fue profesor de física teórica y filosofía desde 1956 hasta 1963 cuando, insatisfecho con el clima político de su país, tomó la decisión de emigrar. Por unos pocos años enseñó en universidades de México, Estados Unidos y Alemania. En 1966 se instaló en Montreal, Canadá, donde enseña en la Universidad McGill desde entonces.

Sus intereses son tan diversos como amplia su obra, que se sitúa en la intersección de la filosofía con la ciencia y abarca la filosofía general (ontología, lógica, epistemología, semántica y ética) así como aplicada (física, biología, psicología y ciencias sociales), sin eludir consideraciones a la filosofía de la lógica y las matemáticas como fundamento no sólo del quehacer científico sino también filosófico. En este sentido ha sido fundador de la Sociedad para la Filosofía Exacta[], que procura precisamente emplear solamente conceptos exactos, definidos mediante la lógica o la matemática. Intenta combatir de esa manera la ambigüedad y la imprecisión característica de los filósofos postmodernos (especialmente hermenéuticos).

Su posición crítica está balanceada por sus aportes originales y por el planteamiento de caminos de "reconstrucción" filosófica.

Su libro La ciencia, su método y su filosofía (1960), donde introduce las bases del método científico y su aplicación en el campo del saber, ha llegado a ser un clásico en su género. Pero si se desea obtener una perspectiva profunda de su concepción filosófica sin pasar por el extenso Treatise, posiblemente la opción más recomendable sea su manual La investigación científica, publicado por primera vez en inglés en 1967, cuya traducción ha sido reimpresa con correcciones por Siglo XXI Editores de México, en el año  2000.

Mario Bunge ha sido honrado en varias ocasiones con doctorados honoris causa otorgados por instituciones como la Universidad de Salamanca (España) en 2003 y la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). También recibió el Premio Príncipe de Asturias en 1982.

Actualmente es Frothingham Professor of Logic and Metaphysics en McGill University, Montreal, Canadá.
Analizar la visión de Mario Bunge sobre ciencia y la relación que existe entre esta y la ética, ha sido el objetivo a seguir en estas líneas, por lo que hemos realizado el estudio en dos partes.

Concepción de la ciencia en Mario Bunge

Muy tempranamente el pensamiento latinoamericano empezó a vincular las ideas de ciencia y desarrollo, aunque no siempre de igual manera a nivel conceptual; vincularlos se hacia una necesidad, que venía prácticamente  indicada por las experiencias de los países avanzados. La idea,  de que la ciencia moderna  generaría tecnología y esta a su vez el desarrollo, contribuiría a disminuir la separación entre países desarrollados y subdesarrollados, comenzó a cobrar mucha fuerza en este tiempo. Aplicar políticas científicas y tecnológicas foráneas era recomendado por varios intelectuales locales de las primeras décadas del siglo XX y por agencias y fundaciones extranjeras.

Ya en los años 50 se advierte que, en virtud del proceso de industrialización y modernización que tenía lugar en la región, sobre todo por la euforia que respecto a ciencia y tecnología se vivía por entonces en esos países desarrollados, se cristalizó en América Latina una percepción o imagen de la ciencia que algunos autores como Salomón califican de “cientificismo”.

Basado en el movimiento que venía gestándose en la década del 50, hace que en los años 60 se revele el comienzo de un pensamiento sobre ciencia y tecnología optimista, integrador, independiente y progresista que está fundamentado en los principios de la Alianza para el Progreso.

Durante esta década se crearon muchos de los Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología, orientados a planificar, coordinar y promover las actividades de creación y transferencia de conocimiento. En la base de estos esfuerzos de institucionalización se aprecian varios factores:

Este movimiento  fracasó, pero dejó la conformación de un pensamiento auténtico, que comenzó a luchar de manera particular, donde se fueron relevando paulatinamente el espacio y la función de la ciencia en América Latina. Este pensamiento ha permitido desplazar las fronteras tradicionales  de la teoría de la ciencia, casi siempre centrada en el ser o deber ser de la práctica científica en los países desarrollados, la crítica a estas perspectivas y su sustitución por otras más sensibles a nuestro contexto, ha sido la tarea de mucho de los autores de este período que provienen de la línea de los estudios sociales de la ciencia como son: Hebe Vessuri, Oscar Varzavsky, Amilcar Herrera, Jorge Sábato, Víctor Urdiqui.

Mario Bunge, quien según Jorge Núñez Jover, es el filósofo de la ciencia  más relevante de América Latina, no se quedó al margen del debate del momento, y sin dudas hizo contribuciones importantes acerca de la concepción y desarrollo de la ciencia en América Latina , sin dejar de mencionar que tuvo sus limitantes, que también consideraremos en el momento preciso.

Este pensador durante toda  su obra ha construido y aplicado un sistema filosófico de la ciencia,  con tres soportes principales, los cuales consisten en:  materialismo, realismo y racionalismo. Con ello en mano se ha dedicado esmeradamente a  aclarar no solo problemas vinculados al desarrollo científico, sino también a los valores,  la ideología, entre otros.

Veamos entonces cual es el  rol de la filosofía de la ciencia, que esta desempeña para él en el planteamiento de una  política científica tributaria al desarrollo social.

La explicación de Bunge en este sentido  se desarrolla a  partir de tres tesis fundamentales:

Según Bunge par tal finalidad, no sirven ninguna de las filosofías de amplia difusión como el positivismo, pragmatismo, etc. El positivismo anticuado es, a su juicio, el que constituye la filosofía popular del desarrollo científico, la cual está a cargo  de proyectar una imagen del deber ser de la ciencia que hace que se privilegie  la empírea frente a la teoría, las ciencias naturales respecto a las sociales,, la ciencia aplicada antes que la pura, el regionalismo al universalismo y  finalmente postula  la conveniencia de la neutralidad filosófica de la ciencia.

Teniendo en cuenta su primer planteamiento en cuanto a que el desarrollo social, incluye un desarrollo un desarrollo científico, debemos analizar la posición filosófica que asume este autor cuando se habla de la relación existente entre ciencia – sociedad. Esta última consiste, para él, en: …“un sistema compuesto de cuatro subsistemas interrelacionados: biológico, político, económico y cultural”.

Muy importante es en este aspecto, aclarar que este autor  no le otorga un nivel jerárquico a ninguna, sino que se relacionan de manera funcional, cualquiera de ellos puede iniciar el cambio social, o sea, no es partidario ni concibe la idea de base- superestructura.

Bunge trata de evadir, mediante el enfoque de sistema, lo que él mismo denomina posiciones individualistas y globalistas, pero sin lugar a dudas, es  visible que en su obra les ofrece mayor relevancia a los individuos que a la totalidad.

En su producción intelectual no le otorga mucha importancia al resto de los subsistemas mencionados, solo el de la cultura merece especial atención, al cual le incluye la ciencia, como un elemento fundamental.

Al concepto de ciencia le ha dado varios tratamientos en toda su obra, últimamente ha expresado, para estar a tono con las tendencias mundiales, en cuanto a la relación con la sociedad: “Creo que la palabra Ciencia es ambigua: en un contexto denota un conjunto de conocimientos expresables en proposiciones y normas, en otro contexto denota un tipo de  actividad cognoscitiva; en un tercero, el sistema social compuesto por los  investigadores científicos. Los positivistas se han atenido solamente al primer significado, los pragmáticos al segundo, y los sociologistas al tercero (…) concibo la ciencia tanto como un sistema social cuanto una actividad y los resultados conceptuales de este”

En su concepción de la ciencia tienen un importante papel las distinciones analíticas entre ciencia básica, ciencia aplicada y tecnología. En las dos primeras es común el uso del método científico, pero las diferencia sus objetivos fundamentales, por ejemplo, el investigador básico trabaja en los problemas que le interesan y el aplicado se dedica a estudiar los de nivel social. La tecnología, en cambio, se dedica al diseño y ensayo de artefactos, procesos y planes de acción con la ayuda de la primera.

A pesar de esta distinción debemos decir que actualmente esto no es algo  común, pues la mayoría de los caminos que toma la ciencia pura está en función de fines sociales, la investigación, para satisfacer la curiosidad del investigador, es algo carente.

Lo prioritario en el desarrollo es el hombre; este es un ser integral que debe satisfacer necesidades de distintas índoles, siempre intervinculadas. Lo principal no es la libertad de la producción científica sino el fin social al que debe estar subordinada.

La moralidad intrínseca a la labor científica es una premisa obligada, que solamente tiene cumplimiento en un proyecto progresista de desarrollo, con la economía y la política como algo definitivo, donde la ciencia es ciencia par el pueblo, para el hombre; no un simple ejercicio de elites, solamente consumidos por el poder.

El cientificismo de corte positivista al que pertenece Mario Bunge, considera a la ciencia como una entidad autónoma que se autodetermina y donde la sociedad no pasa de ser   un marco que asegurará las condiciones propicias para el desarrollo de la ciencia, pero sin dejar de ser un fenómeno externo a ella. La actividad científica se enfoca primariamente  cerebral, vinculado directamente a procesos individuales y no un movimiento social.

Con respecto a su posición en relación con la ciencia y el vínculo de esta con la sociedad, Jorge Nuñez plantea: “El condicionamiento social de la ciencia (…) aparece insuficientemente tratado en la obra de Bunge (…) La carencia de una comprensión correcta de lo social, así como la relación de la ciencia con la sociedad, como uno de sus componentes, tienen  su obra diferentes consecuencias, entre ellas sus diagnósticos y  proposiciones sobre el desarrollo de la ciencia en América Latina”.

 Ética y ciencia en Mario Bunge

La ciencia en si misma, a la vez que por medio de la tecnología, se ha hecho presente en muchos campos: económico, político, militar, cultural, hace imposible que no se tenga en cuenta la importancia de su existencia en el replanteamiento de algunos problemas y del planteamiento de otros nuevos que buscan soluciones, y es aquí donde la conciencia ética de los científicos y el público se ha hecho patente.

Mientras la ciencia no irrumpió en la vida cotidiana, mientras mantuvo su lejanía respecto de la política, de la economía (industria comercial o bélica), del poder en su triple dimensión política, económica y militar, y sobre todo, mientras no apareció ningún exceso del cual sentirse responsable, el surgimiento de esta conciencia ética no hizo su aparición. Los avances de esta conciencia estuvieron determinados en gran medida, por el enfrentamiento a situaciones que exigían una creatividad axiológica, como fueron los retos.

Cuestionamientos como ¿es éticamente neutral la ciencia?, ¿se corrompe, por el poder?, ¿serán correctos los códigos morales establecidos para la investigación científica?, entre otros aparecen constantemente en el libro “Ética, Ciencia y Técnica” de Mario Bunge, que dedica a un análisis crítico de la relación entre estos tres aspectos.

Una de las tesis fundamentales que se trata en este trabajo  de Bunge, es la referente a la corrupción de la ciencia en función a la sumisión de esta al poder, (económico, político o militar).
la ciencia puesta al servicio de la destrucción, la opresión, el privilegio y el dogma- fuerzas armadas, trusts, partido so iglesias- puede ser muy eficaz y hasta creadora en cierto respectos limitados (...)no absolvamos entonces, a los científicos que ayudan a empujar a sus semejantes a la guerra, a la miseria, a la opresión o  a la conformidad con un dogma cualquiera: son más responsables  que sus empleadores: contribuyen ala corrupción de nuestro tiempo”…

Desde tiempos anteriores hasta la actualidad constituye uno de los principales problemas de la ciencia y de su basamento  moral, el provecho que pueda tener cierto conocimiento producido y el fin con que pueda ser utilizado,  este es  manejado y pirateado por “científicos –administradores” o “gerentes de la ciencia” como dice Bunge, con el propósito de obtener facilidades para las  instituciones que administran.

La influencia que el  poder ejerce sobre el quehacer científico, se da como reducción, en diferentes grados, de la autonomía que pueda generarse una vez que la investigación se desencadena. Tampoco se puede olvidar que a veces responden también al interés político o económico de algún grupo social.

La búsqueda de la verdad en la actividad científica, hace que los científicos se auto impongan una norma de conducta recta.

Según Mario Bunge la actividad científica debe estar  regida por la adquisición y afianzamiento de hábitos o actitudes morales, las cuales el distingue como:

Estas cinco virtudes refuerzan el compromiso de cada uno de los investigadores, pues no es  un código impuesto, sino que surge de algo interno y  auto impuesto que responde  a la dinámica de la investigación y no a un reglamento externo.

Hay que tener en cuenta que ninguna de estas virtudes se cumplen cuando se realiza una  investigación en beneficio de fuerzas destructivas si esto ocurre, entonces estaríamos cayendo en un corrupción interna del científico.

Otra de las tesis fundamentales de esta obra de Mario Bunge, es el carácter público u oculto de la producción científica, referente a esto plantea:…“la misión de la ciencia no es acatar sino innovar, no es ocultar sino descubrir”…
 
A pesar de que la ciencia secreta pueda dar grandes resultados hay que tener en cuenta que en un proceso donde se pueda intercambiar libremente y criticar, y donde los intereses sean bienes comunes, es necesario que esta asuma un   carácter público.

No se pone en duda que los científicos puedan o no dirigir, controlar, y a la vez producir en un investigación para solucionar los problemas sociales, sino que se debe explotar todo el conocimiento y posibilidades que brinda el trabajo abierto y la reciprocidad grupal.

En América Latina la concepción sobre la ciencia y la tecnología como formas de pensamiento, conocimiento y acción se presenta como universal, independiente de los contextos socio históricos  en que estas se insertan. Dicha concepción  se va a ver vinculada  a la filosofía de inspiración positivista que penetra a principios del siglo XX y continua hasta hoy.

El cientificismo, de corte positivista, provoca en Mario Bunge, una visión de la ciencia como un ente director y autónomo, que se autodirige y determina independientemente de la sociedad, y esta va solamente a servir de medio para su realización.

A pesar que en su concepto de ciencia, referenciado al inicio del trabajo, se pone en consonancia con lo que actualmente está en el boom del asunto, como es la relación directa entre ciencia y sociedad, sabemos que su posición es muy clara, o sea,  en cuanto a la prioridad que le otorga a la ciencia como parte de uno de los subsistemas que integran la sociedad (la cultura), al cual le sede cierta relevancia.

En cuanto a la relación ética y ciencia, hay que resaltar la importancia que le atribuye este autor al tema relacionado con  la corrupción de la ciencia en  función de servir al poder, sea económico, político, social o militar, aclarando que esta debe estar en beneficio del investigador, en el caso de lo que él denomina ciencia básica, o de la sociedad, cuando habla de ciencia aplicada.

La honestidad intelectual, junto al coraje , independencia, justicia y amor por la libertad, son valores que declara como guía de la actividad científica de todo investigador.

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