ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

CAPITULO I
1. Extraño mundo sin orientación ni brújula: Los tiranos en los viajes de Gulliver.
           

Gulliver había viajado por muy lejanas tierras, como las de Liliput, donde sus habitantes eran del tamaño de su dedo meñique.  Había desembarcado después de una tormenta, en Brobdignag, donde se encontró con hombres del tamaño de los cerros, por lo que fue necesario acondicionar la cuna de una muñeca para que pudiera pasar la noche.  Había arribado a varias islas, entre ellas Laputa, que era una isla voladora, en completo movimiento que flotaba en el cielo, por lo que fue necesario subirlo con poleas, para poder llegar a piso firme.  Pero de todos estos extraños lugares y extraños habitantes, ningunos eran de tan extrañas costumbres como los tiranos, que habitaban en la misma tierra donde Gulliver había nacido; como le relataba a su querido amigo, del país de los Houyhnhnms, que lo escuchaba con gran atención.
       Los houyhnhms tenían forma de caballo y poseían hermosas cualidades: eran hospitalarios, benevolentes, amistosos y prudentes, por lo que Gulliver se encontraba  tranquilo y contento con ellos, pasando una feliz, larga y placentera estancia en su país, como el mismo nos lo cuenta:
      “Conforme yo iba progresando en la lengua houyhnhms, con mucho gusto, puede hacer un relato que satisfaciera la gran curiosidad de mi amigo. Sobre mi lugar de origen, quería saber todos los detalles.  Mis dudas eran grandes en cuanto a si me sería posible explicarme con claridad respecto algunos asuntos de los cuales los houyhnhms no podía formarse ideas, pues en su país yo no había visto nada similar para usar a manera de ejemplo o comparaciones. Sin embargo, no escatimaría ningún medio y me esforzaría por expresarme lo más claramente posible, recurriendo a ciertas semejanzas entre cosas y situaciones, pidiéndole hu que me ayudase cuando viese que me faltaba el vocablo adecuado.
      Le expuse lo mejor que pude la situación y el estado del mundo; las respuestas que recibía de mí a todas sus preguntas sobre las diversas materias, se convertían en un fondo inagotable de conversación.  Pero nada más voy a consignar la sustancia de lo que tratamos  poniéndolo en el mejor orden posible, sin atender al tiempo u otras circunstancias, con tal de no apartarme un ápice de la verdad.  Mi único temor estriba en que no sé si podré hacer justicia a los argumentos e ideas expuestos por mi amigo que habrán de resentirse necesariamente por mi falta de capacidad, así como de la traducción a nuestro bárbaro idioma.
      Le dije que había nacido de padres honrados, en una tierra que se hallaba muy lejos de su país, la cual estaba dominada por los tiranos. Le relaté la prolongada guerra a que los tiranos se lanzaron, en la cual todavía se empeñan y aparecen comprometidas las más grandes potencias.  A sus requerimientos, hice un cálculo de que en su curso ya habían muerto un millón de personas y quizá sucumbido cien o más ciudades, e incendiado o hundido barcos por cinco veces ese mismo número.
      No pude evitar el mover ligeramente la cabeza y dejar dibujarse en mi rostro el horror y la tristeza. Y como  la guerra no me era desconocida, le describí los cañones, culebrinas, mosquetes, carabinas, pistolas, balas, pólvora, espadas, bayonetas, batallas, sitios, asedios, retiradas, ataques, minas, contraminas, bombardeos, batallas navales, barcos hundidos con un millar de hombres dentro, veinte mil hombres muertos en cada bando, gemidos de moribundos, miembros volando por los aires, humo, ruido, confusión, muertos por aplastamiento bajo las patas de los caballos, huidas, persecución, victoria, campos cubiertos de cadáveres que sirven de alimento a perros, lobos y aves de rapiña: pillaje, despojo, estupros, incendios y destrucción. Le aseguré que yo había visto hacer volar a cien que quedaron cercados, y otros tantos en un barco; y que había contemplado cómo caían  desde las nubes, despedazados, los cuerpos de las víctimas, con gran exaltación de los tiranos.
      Me preguntó cuáles eran las causas o motivos corrientes que hacían que un país fuese a la guerra enfrentándose a otro.  Le contesté que eran innumerables, pero que sólo mencionaría algunas de las más importantes. 
       A veces la ambición de un tirano, que cree no tener nunca bastante tierra y gentes sobre quien gobernar; otras, la corrupción de los ministros, que comprometen a su señor en una guerra para sofocar o desviar el clamor de sus súbditos contra su mala administración.  La diferencia de opiniones ha costado muchos miles de vidas.
      Algunas veces las diputas entre dos tiranos se suscitan por ver cuál de los dos despojará a un tercero de sus dominios, y sobre los cuales ninguno de ellos tiene el menor derecho. Hay ocasiones en que un tirano riñe con otro por miedo de que el otro riña con él.  A veces entra en una guerra porque el enemigo es demasiado fuerte, y a veces porque es demasiado débil. 
      Una causa que justifica a perfección una guerra es la invasión de un país cuyos habitantes acaban de ser diezmados por el hambre, destruidos por la peste o divididos por las banderías.  Es justificable para un tirano mover a guerrear al más íntimo aliado cuando una de sus ciudades está enclavada en un punto estratégico para él, o una región o territorio que haría sus dominios más redondos y completos.
      Es una práctica frecuente que cuando un  tirano pide la ayuda de otro para defenderse de una invasión, el favorecedor, cuando ha expulsado a los invasores, se apodere de los dominios y mate, encarcele o destierre al tirano a quien fue a ayudar.  Los vínculos de sangre o matrimoniales son una frecuente causa de guerras entre tiranos, y cuanto más próximo es el parentesco, más grande se hace la tendencia a pelear.
       Las naciones pobres están hambrientas y las naciones ricas las quieren saquear; la miseria y la riqueza estarán siempre en discordia.  Por esas razones, el oficio de mercenario es el de un tirano asalariado, entrenado para matar a sangre fría, en el mayor número que le sea posible, a individuos de su propia especie que nunca le ofendieron.
       Asimismo existe una especie de tiranos miserables  que alquilan sus tropas a las naciones más ricas por un tanto diario a cada hombre, de lo cual guardan para su provecho tres cuartas partes, y en esa forma obtienen la mayor parte de sus haberes; tales son algunos en muchas partes del mundo.
            Existe la costumbre que cuando algún súbdito, descubre alguna tierra desconocida, ésta pertenece a la Corona.  Por lo que un tirano  envía fuerzas a esa nación, donde considera que las gentes son pobres e ignorantes, por lo que puede legítimamente matar a la mitad de ellos y esclavizar a las restantes para  supuestamente  “civilizarlas” y “redimirlas” de sus bárbaros sistemas de vida.  Como lo hicieron sobre americanos semi desnudos.
        Por ejemplo: una banda de piratas es arrastrada por la tempestad no se sabe a dónde; por fin un grumete descubre tierra desde el mastelero; desembarcan para robar y saquear; encuentran un pueblo inofensivo que les reciben con amabilidad; toman de él formal posesión en nombre de su tirano; erigen como señal un tablón podrido o una piedra; asesinan a dos ó tres docenas de indígenas, y se llevan consigo, por la fuerza, a una pareja como muestra; regresan a su patria y obtienen el perdón.  Aquí comienza un nuevo dominio, adquirido con título de derecho divino.  Se envían barcos a la primera oportunidad; se expulsa o se destruye a los naturales; los  torturan para obligarlos a declarar dónde tienen su oro; se concede plena autorización para todo acto inhumano y lascivo, y la tierra despide vaho de sangre de sus moradores.  Y esta execrable cuadrilla de carniceros, empleada en aquella piadosa expedición, viene a ser una colonia  moderna, destinada para convertir y civilizar a un “pueblo idólatra y bárbaro”.
       Mi amigo me escuchó con grandes muestras de inquietud en su semblante, había duda e incredulidad, son cosas tan poco conocidas en aquel país.  Iba a continuar mi relación con nuevos detalles, cuando mi amigo me pidió callar, no podía creer posible que existiera un animal como el tirano, que fuera capaz de llevar a cabo todos aquellos actos tan viles que le había descrito.
        Añadió que ya me había oído hablar demasiado sobre ese horrible asunto de la guerra tanto en ésta como en otras ocasiones, y existía otro tema que la causaba cierta perplejidad: el dinero.  Me costó trabajo poder explicarle el uso del dinero, el material de que estaba hecho y el valor de los metales.  Que cuando un tirano lograba atesorar una cantidad de este metal, podía comprar,  las mejores casas, grandes extensiones de tierra, las comidas y bebidas más costosas,  por tanto, los tiranos  nunca creían poseer bastante para gastar o atesorar, según fuesen sus inclinaciones al despilfarro o a la avaricia.  Le expliqué cómo los tiranos se apropiaban del fruto del trabajo de los pobres, siendo estos últimos en proporción de diez mil a uno con relación a los primeros; que la gran mayoría de la gente se veía obligada a vivir en forma miserable, trabajando diariamente por pequeños salarios, para que unos cuantos viviesen en la opulencia.  Me extendí en estos y otros muchos detalles encaminados al mismo fin.  De ahí se derivaba, fatalmente, que nuestra gente, en gran número, se encontraran en la necesidad de buscar un medio de vida en la mendicidad.  Pero mi amigo continuaba sin entenderme, ya que partía del supuesto de que todos los animales tenían derecho a una participación en los rendimientos de la tierra, y mucho más aquellos que superan numéricamente sobre todos los demás. Intenté aclararle dándole algunas ideas sobre la ambición del poder y de riquezas.
            Todo esto me vi forzado a describirlo, poniendo ejemplos y haciendo suposiciones.  Después de lo cual, como sí su imaginación hubiera recibido el choque e impresión de algo jamás visto ni oído, alzó los ojos asombrado y lleno de indignación. No encontraba palabras equivalentes en su idioma que pudiesen expresar el significado del dinero, la avaricia, la guerra, el poder, el gobierno y mil cosas más, por lo que tropecé con grandes dificultades casi insuperables, para dar a mi amigo una idea de lo que quería decirle. 
        Pero como él poseía un entendimiento excelente y despierto, desarrollado por la observación y buen discurso, llegó por fin a un conocimiento suficiente de lo que es capaz de hacer un tirano en los lugares del mundo que nosotros habitamos.  Ya había tenido antes ocasión de discurrir con mi amigo sobre la naturaleza del Gobierno en general,  pero al haber mencionado por casualidad la palabra Presidente, me pidió, poco después, que le informase a qué especie de tirano me refería en especial con aquel apelativo.
        Le respondía que el tirano que iba a describirle, era un ser exento de alegría, amor, piedad,  que no tiene  sentimientos, solo  un imperioso y  violento deseo de riquezas, poder y títulos.  Emplea y aplica sus palabras a todos los conceptos, menos para indicar cuál es su propia opinión, nunca dice la verdad sino que trata de probar con múltiples y  confusas palabras, que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según su conveniencia. Como durante toda su vida ha tenido inclinación a ir contra la igualdad y la  verdad, va ser para él  necesario favorecer el fraude, la humillación y el perjurio; con lo cual ha conseguido confundir y ofuscar totalmente la esencia de la verdad y la mentira, la razón y la sinrazón.
             Para que alguien pueda elevarse y alcanzar el cargo de  tirano Presidente, existen tres métodos: el primero, traicionar y desprestigiar a su predecesor; el segundo, saber usar con prudencia de una esposa, una hija o una hermana; el tercero, mostrar en asambleas públicas un celo furioso contra las corruptelas de la Corte.  Aunque casi siempre preferirán a este ultimo; porque aquellos celosos críticos, siempre resultan ser los subordinados más rendidos a la voluntad y a las pasiones de su señor Presidente. Como estos tiranos tienen todos los empleos a su disposición, se  mantienen en el poder corrompiendo a la mayoría de un Senado o un Gran Consejo, y por último, valiéndose de un expediente llamado Acta de Indemnidad –cuya naturaleza expliqué a mi amigo-, quedan a salvo y se aseguran de cualquier revisión o ajuste de cuentas que pudiera sobrevenir, y se retiran de la vida pública cargados con los despojos de la nación.
       El palacio del  tirano Presidente, es un seminario donde otros se educan en el mismo oficio.  Pajes, lacayos y porteros, por imitación de su señor, se convierten en tiranos de sus jurisdicciones respectivas, y aprenden a distinguirse en tres importantes componentes: embuste, altanería y soborno.  De esa manera estas cortes subalternas graduadas en corrupción y desvergüenza, llegan después de diversas etapas a ser sucesores de su señor.
        Cuando le aseguré que los tiranos eran los únicos que gobernaban en mi tierra, mi amigo declaró que iba más allá de lo que pudiese concebir.  Me dijo que se daba cuenta de que mi disertación había llenado su mente de angustia e inquietud por aquellas cosas que hasta entonces le habían sido desconocidas.
        Es fácil para nosotros los que viajamos por países remotos, rara vez visitados inventar descripciones de animales maravillosos, así de mar como tierra, siendo que el fin principal de un viajero debe ser el lograr hacer seres  mejores y más sabios, perfeccionando sus criterios y sus juicios por medio de los malos y los buenos ejemplos derivados de aquellos relatos que se refieren a lugares y seres extraños  diferentes.      
          Así amables lectores he tratado de hacerles una narración fiel y verídica de mis viajes, que duraron dieciséis años y más de siete meses; y en la que no me he cuidado tanto de la galanura de su presentación, como de ajustarme siempre a la verdad.  Hubiera podido tal vez asombrarte con extraños cuentos inverosímiles; pero he preferido relatar llanamente los hechos, usando del modo y estilo más sencillos”.
Gulliver

Pocos días después de la aparición del libro “Los viajes de Gulliver”, noviembre de 1726, el poeta John Gay le escribe a su gran amigo Jonathan Swift:
“Hace algunos días que salió publicado el libro sobre los viajes de un tal Gulliver; y a partir de entonces se ha convertido en el tema de todas las conversaciones. La edición completa se ha vendido en el espacio de una semana, y nada resulta tan divertido como escuchar los diferentes comentarios y juicios que ha provocado. No hay quien no haya leído esta obra con verdadero placer o interés. La voz pública desliza y desearía que el autor del libro fueras tú; pero me han informado que el librero declara no saber absolutamente nada. El entusiasmo por leerlo es enorme. Todos los políticos están de acuerdo en que, si bien es verdad que en él no se pueden hallar alusiones satíricas personales,  en general todos han sido tratados con  gran  severidad.
Algunas gentes  encuentran en cada página alusiones veladas, pero inconfundibles; y es más que probable que las nuevas ediciones, que no tardarán mucho en publicarse, vendrán acompañadas de notas en las cuales se aclarará lo que Gulliver  quiso  decir maliciosamente, en tal o cual párrafo.
Nuestro amigo Harcourt, hace grandes elogios de este libro; pero opina que en algunos pasajes se ha ido demasiado lejos. Hay quienes han desaprobado totalmente la obra, no hay que sorprenderse ante su desagrado, pues ellos se destacan en forma notable dentro de esa fauna de tiranos.
 Espero con emoción noticias tuyas…”
2. Tirano y su hada madrina
Entre esta fauna de tiranos, procedentes de mundos extraños, incomprensibles, sin razón, ni orientación, ni brújula, esta el personaje de un cuento, escrito por Joseph C. Vincent Marqués.
   “Dicen que aquellos que nacen en luna llena, cuando en ningún lugar de la tierra sopla el viento y los lobos no aúllan porque tienen faringitis, reciben el don inapreciable de tener una hada madrina, que les concede un deseo cada diez años.
 Al cumplir diecisiete años, Tirano se internó por primera vez en el bosque al encuentro de su hada madrina. La encontró bromeando con unas flores a las que cambiaba de color en medio de sus risas y a pesar de sus protestas.
- Hola, Tirano, ¿cuál es tu deseo?
- Quiero ser poderoso
- Ya lo eres
- Quiero decir todo un hombre poderoso, un auténtico hombre poderoso.
- ¿Y eso en qué consiste, Tirano?
- Quiero ser un gran guerrero.
El hada madrina lo convirtió en un gran guerrero. Durante años Tirano  derrotó ejércitos, rindió fortalezas inexpugnables, mató hombres de todos los colores y tamaños.
Pero cuando volvió a encontrarse con el hada lo encontró triste.
- No estoy seguro de que eso sea ser un hombre poderoso, un auténtico hombre poderoso, madrina.
- ¿Cuál es entonces tu deseo?
- Quiero tener mucho poder, quiero que todos me obedezcan.
El hada lo convirtió en un hombre muy poderoso dotándole de gran riqueza, con lo que Tirano se hizo de un ejército de empleados, que sólo le obedecían a él.
Diez años después acudió cabizbajo a la cita con su hada madrina.
- No estoy seguro que eso sea tener un auténtico poder.
- ¿Cuál es entonces tu deseo?
- Quiero ser un hombre prestigioso y poderoso.
El hada se lo concedió, lo envió a estudiar a prestigiosas universidades pero a Tirano no le interesaba aprender, solo quería poder para corromper,  lo que le gustaba era utilizar su astucia para juntar y dividir,  para comprar y sobornar, así como la indiferencia suficiente para no sentir jamás escrúpulos.
Diez años después, el hada madrina lo encontró en el bosque con barba de tres días, sin comer y deprimido.
- Te has adelantado a la cita.
- Estaba inquieto. No estoy seguro de que ser un hombre prestigioso sea lo que distingue al verdadero hombre poderoso.
- ¿Qué quieres que te conceda?
- Quiero ser un conquistador, quiero que las mujeres se acerquen a mí.
- El hada madrina suspiró, podrías haber pensado eso hace veinte años, me hubiera resultado menos difícil que ahora, pero vale.
Cuando se alejaba, Tirano oyó que le llamaba el hada.
 ¡Ah! Tirano, supongo que también querrás ser muy fogoso y sexualmente poderoso y todo eso. Antes de que me lo tengas que pedir dentro de diez años más, te lo concedo ahora.
Marchó Tirano  agradecido y antes de salir del bosque encontró a una bella campesina que al verle suspiró y dejó caer el cántaro de leche que portaba, y se iniciaron así diez años en los que Tirano aprovechó de cuanta doncella encontró, pero a todas hizo infeliz y causo tristeza..
Años después el hada madrina lo encontró verdaderamente cabizbajo, delgado, por los días de ayuno.
- Esperaba verte contento esta vez.
- Es que todavía no me siento un verdadero hombre poderoso.
- ¿Qué quieres pues ahora?
- Eso, ser verdaderamente poderoso.
- Yo quiero ser todo un hombre poderoso, un hombre auténticamente poderoso.
Mira, ¿por qué no te olvidas de eso? Has matado, has reprimido,  has causado dolor, miedo, tristeza y me has estado molestando, para que te convierta en un verdadero hombre poderoso. Y no has sido feliz. Puedo concederte que seas feliz y puedas hacer feliz a los demás.
No quiero ser feliz. Lo que quiero es ser un verdadero hombre poderoso.
Pues, mira estoy harta de tu torpeza, de tu desorientación, de tu falta de brújula,  corazón y razón, y aunque sea tu hada madrina jamás me volverás a ver”.

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Por: Miguel Ángel Sámano Rentería y Ramón Rivera Espinosa. (Coordinadores)

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