ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

CAPITULO I

  1. ¿Para qué educar para la aburrición, para una sola tarea principal: la espera?

La espera es la permanente repetición, es un tiempo pasivo, sin sorpresa; no obstante el verbo “esperar” es la característica principal del modelo educativo, impuesto  social y culturalmente  a las mujeres durante siglos, señala la antropóloga Marcela Lagarde.
Una de las actividades principales de las mujeres ha sido la espera, incluso cuando esta embarazada se dice “esta esperando”. Siempre esperando algo, nos dice Agnes Heller: “la costumbre que las muchachas tienen de esperar a que aparezca un hombre en su vida, esperar a que se le declare no es sino la expresión de esta actividad. Durante siglos las mujeres se comportan como si hubieran concertado una cita en la que los hombres siempre llegan tarde. Ellas esperaron  el  amor, esperaron el regreso de los hombres, esperaron a que sus hijos mayores las visitaran,  esperar, esperar.”
El historiador L. Stone, nos cuenta como en el siglo XVIII en Inglaterra las mujeres se quedaban en sus casas esperando a que sus novios terminaran la educación superior, que duraba algunos años en la universidad, a los que seguían algunos más en el colegio de abogados y luego dos o tres años más en el Gran Viaje, que era un viaje que se extendía por Europa continental, el que se consideraba formalmente como el curso final en la educación de los jóvenes. Todo esto podía posponer el regreso a Inglaterra y alargar la interminable y monótona espera  de las mujeres.
Así lo muestra también la historiadora  Sara Sefhovich, en “La Suerte de la Consorte”, un extenso e interesante estudio que abarca varios siglos de la historia de México, sobre las esposas de los  gobernantes:
“Nunca tuvieron más que hacer ni se esperó de ellas nada que no fuera la de acompañar a su cónyuge, el vivir para otros, a través de otros, facilitarles las cosas a los otros. Esperar en casa, al esposo, a los hijos, esperar a que vuelvan de las batallas, de los debates políticos, de los viajes, esperar y esperar.
Su ámbito siempre el doméstico y su tiempo el de la rutina diaria, más allá de planes y manifiestos. Ellas no participaron en las “refriegas de su tiempo”; conservadores y liberales están por la monarquía o la república, el centralismo o el federalismo, el proteccionismo o el libre cambio, la extracción de la riqueza o la producción industrial, el mantenimiento de los privilegios de la iglesia, o el anticlericalismo .Polemizan sobre las nuevas leyes, el tamaño de la propiedad o las características de la educación; pero ellas permanecen ajenas, sin que se oiga su opinión.  “Las ideas se detienen en el umbral del hogar”, la tradición les impuso permanecer en el ámbito doméstico y  para nada  participar  en la vida pública.
Mestizas, indígenas, criollas,  ricas herederas o esposas  de la incipiente clase media de profesionistas o militares, todas mantenían el mismo perfil de seres humanos criados sólo para una sola tarea: esperar el matrimonio, esperar a los hijos, esperar y esperar, las mujeres “se mantuvieron en la gloriosa penumbra de su hogar”.
¿Por qué las mujeres se quedaban esperando mientras los hombres continuaban su crecimiento personal, su desarrollo a través de  apasionantes tareas, como lo ilustran tantas novelas?, se preguntaba Betty Friedan. Entre los escritores norteamericanos, el tema de cómo se  hizo médico,  ingeniero, músico, escritor, etc., era parte de los temas centrales de sus narraciones; en cambio  las mujeres interrumpen su desarrollo para dedicarse a esperar.
Recordemos que históricamente en las diferentes  etapas por las que ha pasado la humanidad, en las distintas formaciones sociales, de acuerdo a su modo de producción, esclavista, feudal o capitalista, ha existido  una extrema polarización en la división del trabajo, impuesta a la sociedad.  Se han fijado, asignado diferentes posicionamientos, determinados roles, papeles en relación a las actividades, a las tareas. Esta división del trabajo, se ha querido justificar por los grupos dominantes que ejercen el poder, como divisiones naturales o  divinas, provechosas e inmutables.
La antropóloga Marcela Lagarde  señala  que  “se han especializado a las personas en ciertas formas particulares de trabajo, a los que estaban obligadas a realizar, pero con impedimentos y prohibiciones para participar en otros de manera excluyente, dependiendo del color de la piel, de la etnia, de la edad, de la nacionalidad, de la clase social, generalmente la diferencia física de los sexos ha servido como principio clasificador para asignar las  tareas”

 

2, La división del trabajo y las tareas generan mundos sentimentales distintos.
 Agnes Heller en su ensayo  sobre “la división emocional del trabajo”, señala: “que los diversos tipos de tareas moldean especies distintas de mundos sentimentales. En todas las épocas los seres humanos tienen tareas y es primariamente en función a esas tareas que tipos de sentimiento se forman, con qué intensidad y cuándo y cuáles de ellos vienen a ser dominantes. Durante su realización  surge el “prestar atención a los sentimientos” que resultan de la ejecución de esas tareas.
Sentimientos de aburrición, de insatisfacción, de malestar, eran los mundos que se estaban generando en las mujeres, a partir de la realización de “una sola tarea, solo un deseo, solo un objetivo”; como lo muestra Betty Friedan en su libro “The Feminine Mystique” (La mística de la feminidad), producto de una investigación que realizó entre l957 y l963, cuando estudiaba  cómo  la aplicación de este  tipo  de modelo educativo,  estaba causando malestar y llevando a la crisis existencial  a las mujeres de la clase media, en los Estados Unidos. Aunque sus estudios se refieren a las mujeres de este país, aquí en México,  también en ciertos estratos sociales y culturales de la clase media, las mujeres también  van a padecer  este malestar, esta crisis  causada por los modelos educativos dominantes en la década de los cincuenta del siglo veinte.
En esta época hubo un importante crecimiento de la clase media además de  un cambio en sus modelos de vida, en sus creencias y códigos culturales. En l953 las mujeres ya podían votar, por primera vez participaban en una elección presidencial, pero se hacía  énfasis en que ellas deberían ser sumamente cuidadosas el ejercer este derecho sin olvidar su tarea tradicional de esposas y madres, como insistía en sus discursos el presidente Ruiz Cortinez.
 “Nuestras mujeres con su tradicional sentido del deber, con su ejemplo de abnegación y trabajo y con su carácter de fieles guardianas de la familia y el hogar, con la constancia que distingue todos sus actos, proseguirán siendo el bastión principal de su casa, como madres, como esposas, como hijas. Que no las confundan con prédicas engañosas, que bien saben cuáles son sus tareas, sus obligaciones para con su dignidad de mujeres y ciudadanas".
Un mensaje similar,  lo reciben las mujeres de los Estados Unidos, cuando una vez terminada la guerra, se requería que los empleos, que éstas ocuparon durante este bélico tiempo, regresaran otra vez a  los hombres;  se  le pidió  a las mujeres que volvieran al hogar, a ocuparse de su  tradicional tarea.
Fue en  este contexto  histórico, político, económico y cultural, cuando comienzan aparecer los primeros síntomas, el preludio a una crisis existencial, que padecerían las mujeres de clase media, de esa generación.
3. Conocer las crisis, los mundos sentimentales de la generación anterior forma parte de  nuestra educación
El Programa Educativo Europeo Sócrates Comenius Acción I, en el que participan centros  de España, Italia y Portugal; tiene entre sus objetivos principales analizar  la complejidad del mundo sentimental de la generación anterior: mamás, abuelitas,  bisabuelas;  papás,  abuelos,  bisabuelos, etc. Se analiza como base histórica documentos, ensayos, testimonios, cartas, además de realizar una investigación sobre  la literatura de la época. Se lleva a cabo un análisis sobre los temas presentados  acerca de la vida sentimental y de sus expresiones sociales. Se organiza  lecturas y comentarios de libros, cuentos, películas, para hacer reflexiones y consideraciones conjuntas, además de tratar de encontrar los elementos de cambio entre una generación y otra.
Muchos y muchas de nosotras nacimos en la década de los cincuenta,  como la canción de Ana Belén y Víctor Manuel "Yo también nací en el cincuenta y tres"; por lo que esta crisis, a la que Betty Friedan va a hacer referencia, nos tocó muy de cerca. Si a las generaciones que nacieron en la década de los  ochenta, les tocó vivir la crisis económica de sus papás, para algunas que nacimos en los cincuenta, nos tocó esta crisis existencial de nuestras mamás; cuando nosotras estábamos en la niñez y en adolescencia, y que no podíamos comprender. Betty Friedan nos adentra en este mundo sentimental, de esta generación de mamás que pertenecían a la clase media de Estados Unidos, pero que tiene grandes similitudes con lo que  también les sucedería  a muchas mamás aquí en México.
Tratar de asomarse al mundo sentimental  de nuestras mamás, es muy tranquilizador porque ayuda a resolver persistentes enigmas.
4. La "Mística de la Feminidad" (fragmentos) de Betty Friedan
"Paulatinamente durante mucho tiempo sin llegar a verlo de forma clara, llegué a darme cuenta que existía algo equivocado en la manera que las mujeres intentábamos vivir nuestras vidas. Percibí esto primeramente como interrogación que me hacía a mí misma, como esposa y madre de tres hijos. Fue precisamente este íntimo cuestionamiento lo que me indujo en 1957 a hacer una investigación.
Elaboré un cuestionario para  poder interrogar  a varias mujeres, empezando por amigas y antiguas compañeras de escuela. Mis métodos al principio eran los de una periodista, buscando las pistas de un suceso, buscaba algunas claves del enigma, tratando de descifrar los pensamientos y sentimientos de las entrevistadas.
4.1 (Preludio a la crisis)
 Desde inicios de los años cincuenta, se percibía una permanente y latente  inquietud, una sensación de insatisfacción, de disgusto y ansiedad en la mente de las mujeres, algo que   venían experimentando  durante varios años.
Los psicólogos decían, no sé  qué es lo que va mal en la mujer de hoy, solo sé que hay algo que no va bien en la vida femenina. Cuando acuden a consulta, ya que la mayoría de mis pacientes son mujeres, llegan quejándose de vagos síntomas, como si tuvieran un sentimiento de tristeza entremezclado con fastidio o cansancio.
Una de las pacientes expresaba: "quiero a mis hijos, a mi esposo, no tengo un problema determinado, pero estoy desesperada".
Otra de ellas comentaba: "quiero a Bob, a mi hogar, no tengo un problema al que pueda darle nombre, pero tengo la sensación de que algo no está bien".
Mary expresaba:” tengo salud, hijos sanos, una linda casa, seguridad económica. Mi esposo tiene un buen trabajo como arquitecto, pero él no experimenta ninguna de estas sensaciones. Si me decidiera a decírselo a mis hijos y a Tom, no comprenderían".
El problema central era que ellas mismas no sabían que era lo que les pasaba, lo que les estaba causando malestar.
4.2 (Aparición de la crisis que no tenia nombre)
Pero una mañana de Abril de 1959 escuché a una madre de cuatro hijos, cuando estaba tomando café en compañía de otras tres mujeres, en un barrio cercano a Nueva York, en un tono de ansiedad hablaban sobre "su problema", su crisis, pero súbitamente las demás se dieron cuenta de que tenían el mismo problema.
Poco a poco llegue a comprender que la crisis que no tenia nombre era compartida por innumerables mujeres de los Estados Unidos. Como redactora de una revista, entrevistaba a menudo a las mujeres sobre los problemas que tenían con sus hijos, con sus maridos, en sus hogares o con sus vecinos. Por lo que después de un tiempo empecé a reconocer los signos delatores de este malestar.
Percibí los mismos síntomas en los barrios residenciales y en las de la clase media en Long Island, en Nueva Jersey y en Manchester. Percibí el problema de  las guarderías  infantiles, en las reuniones de la P.T.A. (Asociación de Padres de Familia), etc.
4.3 (Tiempo de confusión, tiempo de dudas, de enigmas)
Es un problema, una crisis que intrigaba a los médicos, consejeros matrimoniales, psiquiatras, educadores, sacerdotes, a los maridos e hijos, así como a los editores de las revistas.
En 1960 la crisis que no tenia nombre reventó como furúnculo, oculto bajo la imagen de la feliz ama de casa, que en los anuncios de la televisión seguían sonriendo entre sus cacerolas. En un chiste en la primera página del Times les llamaban "El nuevo fenómeno americano: las esposas de los barrios residenciales". ¿Pero qué es lo que va mal en las mujeres de clase media, se pregunta el Newsweek? Están descontentas a pesar de poseer muchas cosas que otras mujeres no pueden tener, la pasan demasiado bien, como para que creamos que están insatisfechas.
4.4 (Tiempo de reflexión, de análisis, de examen, de revisión) 
¿Por qué las esposas tienen una sensación de que algo anda mal, de encontrarse inconformes, insatisfechas? Se preguntaba el director de la revista Redbook. Como truco para promover la venta de la revista, se invitó a las mujeres que tuvieran "el problema", escribieran detallándolo, ofreciéndoles un simbólico premio por su participación. Las mujeres rápidamente respondieron, dejando a los directores pasmados, al recibir miles de respuestas.
Fue muy emocionante la descripción del alivio que sintieron muchas mujeres cuando por medio de la revista, descubrieron que el extraño malestar que padecían, era compartido por otras mujeres. Reconocer aquello que mudamente atribula el alma, para salir de ese malestar fantasmal, hace falta poderlo nombrar.
"Tengo los ojos anegados de lágrimas de pura alegría al saber que mi inquietud interior es compartida por otras mujeres" me escribió una joven esposa, comentándome además, "cuántas veces creí que la única solución era consultar un psiquiatra, sin tener idea de que cientos de mujeres estaban sintiendo lo mismo, yo que creía que me encontraba completamente sola con mi problema. Sentí una tremenda sensación de alivio cuando finalmente muchas otras mujeres pudieron exteriorizarlo.”
¿Por qué tantas esposas padecían una sensación de descontento, creyendo, cada una por su parte, que solo ella lo  sentía?
Las paredes se abren, fue así que en las puertas de aquellas lindas casas se abrió una grieta, que permitió echar una ojeada a la vida diaria de miles de amas de casa que se enfrentaban solas con una crisis, con un problema del que repentinamente, todo el mundo comenzó a hablar, dando su existencia por sentada, como un problema real. En 1962, el malestar de la mujer norteamericana se había convertido en un debate nacional, ediciones enteras de revistas, secciones de periódicos, libros eruditos y frívolos, conferencias educativas, y programas de televisión estaban dedicados al problema, a la crisis.
¿Qué palabras empleaban las mujeres cuando intentaban expresar "el problema?" Cuando una mujer intentaba describir el problema con palabras, se limitaba casi siempre a relatar su vida ordinaria. ¿Qué hay en esta narración detallada de su vida confortable y hogareña que pueda realmente causar tal sensación de malestar, de inconformidad?
"Paso mis días atareada pero aburrida. Todo lo que tengo que hacer es preocuparme de la comida. Me levanto a las ocho, hago el desayuno, lavo los platos, almuerzo, vuelvo a lavar los platos y algo de ropa, y arreglo la casa por la tarde. Luego lavo los platos de la cena y me siento algunos minutos antes de acostar a los niños. Así transcurre cualquier día de mi vida. Exactamente igual que el de cualquier esposa, monótono”. Por lo que uno de los artículos del Redbook  se tituló: "El ama de casa atrapada en la monotonía del quehacer doméstico". "Soy la que sirve la comida, la que viste a los niños, la que arregla la casa; alguien a quien se le puede llamar cuando se desea alguna cosa, pero me hace falta algo"
4.5 (Obstáculos cognoscitivos que impiden develar enigmas)
En los modelos tradicionales, las mujeres fueron educadas para esperar y acompañar a los demás, como lo expresa Mary: "siempre he tenido la idea de que las cosas debíamos hacerlas juntos, no puedo ponerme a leer un libro yo sola. Si los niños están durmiendo y tengo ese tiempo libre, me la paso andando por la casa, esperando a que despierten. No doy un paso hasta que no sé hacia dónde va el resto de la gente. Luego una despierta una buena mañana y no hay nada cuya llegada sé esta deseando. Lo habitual es que yo esté con un medio tono de entusiasmo en un clima de apocamiento, neblinoso". Muchas mujeres no salían de sus casas sino era para ir de compras, llevar a pasear a sus hijos o acompañar a sus maridos. Permanecieron siempre dentro del círculo hogareño, reducidas a la rutina de las faenas invariables y repetitivas sin participar en el avance del mundo, por sí mismas, sino tan sólo a través del marido y de los hijos (in a vicarious living).
Para los padres de esa generación, sus hijas no podían tener otro deseo, más que el matrimonio y los hijos; para estas  mujeres ese era también su único sueño. Esto era lo "natural" por lo que develar el enigma del malestar que experimentaban, sus causas y soluciones, no formaban parte  de la mentalidad de los psicólogos, ni sacerdotes, médicos, editores, etc., por lo que las explicaciones, las interpretaciones y las soluciones no iban a la raíz del problema, y por consiguiente las recetas que daban para el posible alivio eran contraproducentes y agravaban aun más el problema.
Durante la década de los años cincuenta y sesenta cuando una mujer tenía un problema, la explicación  era que se debía a que algo iba  mal en su matrimonio, con su esposo, con su casa, con sus hijos, con su arreglo personal. Por lo que recibieron toda clase de opiniones de los crecientes ejércitos de consejeros matrimoniales, puericultores, psiquiatra, editores, etc., los remedios superficiales se les ofrecían en todas partes.
Por ejemplo el New York Times se lo atribuyó a la incompetencia de los técnicos para reparar los aparatos electrodomésticos, o a las distancias que tienen que recorrer para llevar a los niños a la escuela. El  Redbook a que había demasiadas reuniones de la Asociación de Padres de Familia. Para la revista Madamoiselle la receta era salir de compras para distraerse, probarse varios vestidos, mirarse al espejo y preguntarse cuál de ellos le gustará a mi marido.
En otros casos opinaban que el malestar se debía a que les hacía falta volver a decorar la casa, o mudarse de barrio, o adquirir un nuevo departamento, enceres domésticos o posiblemente lo que necesitaba era cambiar de color de pelo: "si es rubia tíñase morena".
Los consejeros matrimoniales decían: "lo que sucede es que su marido y sus hijos no le ponen la atención debida, seguramente algo anda mal en su matrimonio, eso es lo que es fallando por eso sienten ese malestar. El amor de su marido o de sus hijos es insuficiente, posiblemente lo que hace falta es que tenga usted otro hijo".

4.6 (La deconstrucción creativa, el desmontaje crítico)
Las mujeres sentían un vago deseo, una apetencia insólita de "algo más". Cuando hacían las camas, iban de compras, comían hot dogs con sus hijos, o los llevaban al cine los fines de semana, incluso cuando se acostaban en la noche con sus esposos, se hacían con temor la pregunta: ¿esto es todo?  ( Is this all?)
Las mujeres se veían a sí mismas como unas contentas descontentas, se sentían extrañamente descontentas de sus maridos y continuamente desilusionadas de sus hijos; lo que provocó un gran desconcierto, confusión y  desarmonía en el hogar; ya que ellas,  errónea y desafortunadamente responsabilizaron a los demás, esposo e hijos, de su malestar.   
Alice: "Desde niña soñé que me casaría y eso es todo lo que una niña necesitaba pensar, el matrimonio, los hijos completarían mi vida. Hasta que estando ya casada como esposa de un médico y con dos hijos, empecé a sentirme como si estuviera completamente sola, porque ellos no llenaban mi vida".
Margaret: "Fue hasta que cumplí cuarenta y cinco años, cuando me pasaba las tardes esperando a mi marido, demasiado ocupado por su profesión, por lo que no podía hacerme compañía, que al igual que mis tres hijos se pasaban todo el día fuera. Pensé que tal vez la solución sería tener otro hijo para que me acompañara. No caí en la cuenta de que yo debía seguir mi propia vida, tener mis propias actividades, ocupaciones que me llenaran, que me gustaran, tardé diez años en darme cuenta. El problema fue que nadie nos dijo nunca, mirándonos a los ojos, que teníamos que decidir lo que íbamos a hacer de nuestras vidas. Acaso las mujeres no podemos tener otra forma de soñar en el futuro, no pueden considerarnos bajo ningún otro aspecto que no sea la de madre o esposa. Yo necesito algo más que mi marido, mis hijos y mi hogar”.
4.7 (El enigma empezaba a develarse)
 En el modelo educativo tradicional a las mujeres se les enseñaba a tener  solo un ideal,  solo un  deseo, solo un sueño, solo una tarea: la carrera de ama de casa (home carreer). Esto se reflejaba en los medios de comunicación, en los anuncios, en el que se consideraba que el mundo de las mujeres se centraba únicamente en el cuidado de su cuerpo, en la manera de seducir, de hechizar a los hombres, de dar a luz, de hacer la comida para su marido e hijos, era todo lo que les ofrecían las revistas femeninas.
Una noche asistí a una reunión de redactores de revistas, preocupada como periodista por cómo podríamos cambiar el mensaje para cambiar los deseos  de las mujeres. No resultaría fácil para una mujer, que se ha definido plenamente durante diez, quince o veinte años como un ama de casa, encontrar nuevos deseos, nuevos sueños para desarrollar todas sus capacidades  humanas. Como despertar nuevos deseos e intereses a las mujeres, pero además, como cambiar las ideas de los editores de revistas femeninas, su política editorial siempre era la misma, la cual justificaban diciendo: " nuestras lectoras son en su mayoría amas de casa, no les interesan los grandes problemas políticos de actualidad. No se preocupan por los asuntos nacionales o  internacionales. Solo les interesan la familia y el hogar, no les preocupan los temas políticos, económicos, al menos, que se refieran a algo directamente relacionado con el alza de los precios y de los impuestos. Esa es la razón por la que dedicamos actualmente el noventa por ciento de nuestras páginas a cuestiones domésticas y sólo un diez por ciento a temas de interés general”.
 Los editores daban por sentado que las mujeres no les interesa la política, ni la vida en otros países que no fuera el suyo, los problemas de envergadura nacional, el  arte, la ciencia, las ideas, las aventuras, ni siquiera los asuntos de su propia ciudad, exceptuando cuando estos tuviesen alguna relación con su papel de esposas y madres. La política, decían los editores, se reduce a los vestidos de Mamie Eisenhower y a la vida familiar de los Nixon.
Como periodista, la revista me recordaba continuamente que tenía que hacer artículos en que las amas de casa pudieran identificarse con lo que leen. Empecé a escribir sobre algunas mujeres que además de ser amas de casa, tenían otras actividades. Escribí un artículo sobre una pintora y escultora, pero para que pudieran identificarse traté sobre su manera de cocinar, de hacer las compras, de cómo se enamoró de su marido, de cuando decoró la cuna de su hijo, pero hice mención también de las horas que empleaba pintando cuadros o esculpiendo y el placer que experimentaba al hacerlo.
La revista Ladies Home Journal publicó: "La cocina de la poeta",   Edna St. Vincent M., una de las mejores poetas puede combinar la belleza de su poesía, con la belleza de su mesa, decorada con hermosos alimentos preparados por ella".
 Se incluían artículos que elogiaban el talento de una artista, con su habilidad para hacer pasteles, comprar la mejor lavadora, conservar su salud, y estar siempre radiante en la escena teatral. Otra de las revistas publicó un reportaje con esta misma idea, "Shirley Jackson hace las camas, ama, y se ríe con su hijo, pero escribe un nuevo libro".
Toda una combinación de actividades aunado a un proyecto creativo personal de un quehacer del mundo, puede conseguir este crecimiento, esta vida propia para las mujeres.
4.8 Nuevos sueños, nuevos deseos
Hay que animarlas a hacer un nuevo plan, despertar su deseo de realizar un trabajo creativo, más allá de la esfera familiar y doméstica.
La mayoría de las mujeres de esa generación interrumpió sus estudios por lo que no tuvieron oportunidad de que se les formara la afición a estudiar. Como periodista pensaba que se requería de un esfuerzo extensivo por parte de los educadores, maestros, editores de revistas, asesores publicitarios, medios de comunicación, para fomentar y estimular a las mujeres para que crezcan deseando realizar un oficio, una carrera, una vocación, algún plan de vida. Fomentar que la mujer al igual que el hombre se interese lo suficiente en alguna profesión como para querer seguir ocupándose en ello toda la vida. La llave que cierra el malestar, la crisis, tanto para un hombre como para una mujer, es desarrollándose por medio de un trabajo creativo, que lo haga disfrutar y sentirse satisfecha consigo misma.
Se llegó  a plantear una serie de proyectos para las mujeres, para las esposas y amas de casa, para despertar sus deseos, su gusto por la educación. Se pensó que por medio de un programa nacional parecido a los que adoptaron los daneses a favor de la instrucción de los adultos. Buscando métodos suaves de inserción a las humanidades por medio de cursos intensivos de verano, en las vacaciones de los niños, que duraría seis semanas, y que sería un primer acercamiento al conocimiento. Otra forma seria con el apoyo de una escuela donde pudieran asistir los fines de semana durante el verano, junto con su hijo, con una estancia infantil para ellos. Se podría seguir con una combinación de cursos en otoño e invierno, con lecturas dirigidas, tareas y proyectos que pudieran realizar en casa. Los cursos podrían darse por televisión, combinándolos con conferencias ambulantes en los centros educativos de la localidad.
Posteriormente incluir un plan para las que desearan continuar con los estudios de nivel medio o superior, (preparatorias o licenciaturas abiertas) que fuera diseñado especialmente para amas de casa, que sólo consistiera en jornadas limitadas o reducidas, de medio tiempo, que no precise una asistencia regular a clase, con un programa de enseñanza que se relacione con su vida, con el entorno político, económico y cultural que viven, para que gusten del conocimiento. Una instrucción con duración indefinida que se adapte a sus necesidades.
¿A cuántas mujeres les interesaría un nuevo plan para sus vidas? Contestaron afirmativamente un  número enorme de amas de casa  a una oferta de capacitación. Las mujeres que empezaron a recibir instrucción, leían los periódicos detenidamente todos los días, preferían realizar sus tareas escolares, en vez de ver los programas diurnos de la televisión. Incluso los libros que leían,  la mitad de ellos no eran best sellers, si no parte de la bibliografía escolar.
A medida que fueron completando distintas etapas de su capacitación, la mayoría de estas mujeres, empezaron a percibir un cambio en su vida, una actitud diferente frente a los detalles que antes  les incomodaban mucho, como admitir con franqueza que les estaban saliendo canas, incluso algunas arrugas, pero ahora lo veían en forma diferente, como expresaba Alice: "tengo una sensación cada vez mayor de satisfacción, de serenidad interior y fortaleza".
Poder estudiar, leer, hacer una tarea completamente nueva y creativa, que consiste en realizar una actividad donde poner el máximo de su potencialidad, el tener la sensación de disfrutar  plenamente un oficio,  una profesión o vocación elegida; era como encontrar la pieza que faltaba al rompecabezas de su vida".

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