ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

INTRODUCCIÓN

Existen determinados modelos  de relaciones sentimentales en cada época,  los cuales son reproducidos a gran escala por el cine,  la radio,  la televisión y  la prensa; convirtiéndose en  estereotipos, patrones, en modas a seguir.
Agnes Heller señala que en realidad no hay ninguna relación sentimental, ni expresión de sentimientos dominantes que no se conviertan en moda durante un tiempo, para ser sustituida tras un determinado período por otras modas, de acuerdo a los intereses políticos, culturales y económicos de los grupos sociales hegemónicos.
Modas que reflejan el discurso de la ideología dominante, discurso que  no se fundamenta en razones lógicas, pedagógicas,  éticas o estéticas; ideología que solo obedece a razones de lucro, ganancia, publicidad, moda y mercado; el  cual moldea la cultura, transmitiendo para su aprendizaje todo un catálogo de conductas, de hábitos del corazón. Se ofertan una serie de ideas y de prácticas sentimentales a través de los diferentes medios de comunicación, los cuales en su mayoría, reciclan y refuerzan determinadas modas y modelos, como “la pareja”, una supraunidad de fusión confusión con una lógica de cabeza.

CAPITULO I

  1. “La pareja, una fusión confusión, con una lógica de cabeza: dos que se convierten en uno”

Uno de los cambios en la moda sentimental, surge en los años sesenta, cuando se empieza hablar de un nuevo modelo de relaciones: una supraunidad de fusión confusión, “la pareja”.
En Estados Unidos a este nuevo modelo se lo conocía como “togetherness” que significaba estar juntos ininterrumpidamente en forma fusionada, el cual se convirtió en una moda sentimental, por medio de la amplia difusión que le dieron las revistas de mayor circulaión al final de la década de los cincuenta e inicios de los sesenta del siglo veinte.


Los directores de las revistas de estas publicaciones no consideraban por separado a cada miembro de la relación, sino como un paquete fusionado. Al paso del tiempo la puesta en práctica de esta fórmula sentimental empezó a generar problemas y malestar, por lo que la revista Redbook dedicó una sección para que los famosos “consejeros matrimoniales” orientaran a sus lectores y dieran respuesta a los problemas de éstos, como el caso de Pete, un esposo que les  planteaba el siguiente dilema: ”Según mi punto de vista, formar una pareja (una fusión confusión) consiste en tomar a dos personas cada una de las cuales está viviendo su propia vida y ponerlas a vivir juntas. Mary, mi pareja, parece creer que ambos debemos vivir una sola vida: la mía. Ella insiste en acompañarme a todas partes, a la peluquería, a comprar camisas, calcetines, trajes, le dice al dependiente la talla, el color y el corte que desea. Cuando voy a trabajar quiere llevarme y recogerme como si fuera un chico de escuela. Cuando no regreso a comer, me pregunta con quién comí, en dónde, sobre qué conversé, reclamándome si comí con algún amigo porqué no la invité también, en vez de dejarla sola esperándome, lo cual produce un ambiente de tensión en casa. Cuando protesto por la situación, ella dice: Pero querido, quiero participar en tu vida, ser parte de todo cuanto haces, quiero que seamos una sola persona, tal como debe suceder en la vida de pareja (en la fusión confusión)”.
La consejera comenta que la solución a este problema es que Mary tiene que construir una vida propia, a través de su propio desarrollo personal, ya que no es lógico ni razonable que dos personas se conviertan en solo  una, como lo desea Mary.
Este modelo de fusión que se fue desarrollando en la década de los años sesenta y setenta, tendría algunas variantes, ya no se hablaba en términos de matrimonio sino que se hablaba de la pareja. Ya no se llaman esposa o esposo, sino compañero o compañera. Se sustituye también la fórmula de consejero matrimonial por terapista de pareja. Sin embargo, este modelo sentimental conservaría su eje central: la fusión confusión, la supraunidad o “pareja”: dos que se convierten en uno.
La mayoría de los estudios realizados por sicólogos y sociólogos coinciden en que estos modelos sentimentales que se estructuran con la fórmula de fusión como la “pareja” representan un problema y un obstáculo para el desarrollo y crecimiento personal, que requiere de individuación. La idea de fusión entre dos personas conlleva a una especie de despersonalización, a una confusión de la propia identidad personal, sobre todo en las etapas de formación y construcción de la persona en edades entre los veinte y treinta años, que es la época en que se está tratando de definir una vocación, explorando, buscando, experimentado en la elección de algún proyecto personal. Esta búsqueda puede verse obnubilada o estancada, lo cual lleva a una interrupción del crecimiento de los integrantes de la relación, lo cual se manifestará posteriormente como una crisis del desarrollo de la personalidad.


            Para Alberto Orlandini la fusión empobrece la personalidad. Para Estela Troya, con la fusión se pierde la oportunidad de la individuación personal. Marcela Lagarde considera que la fusión lleva a una pérdida de la centralidad del yo. Para E. Fromm las personas fusionadas no llegan a desarrollarse integralmente, formándose una relación simbiótica, en donde se vuelve confusa la identidad de cada uno de los integrantes de la relación. Incluso como dice Teresa Doring en esta fusión con-fusión pierden hasta sus nombres de identidad, les llaman los Gómez, los Luisitos,  los Suárez, etc., en donde se les considera una supraunidad.
La pareja, una supraunidad donde se mezclan gustos, pensamientos, sentimientos, donde se funde y confunde, derritiéndose, evaporándose ideas, necesidades, deseos, personalidades; subsumiéndose, deglutiéndose, borrando o intentado borrar las diferencias en una pretendida mezcla homogénea, en donde se supone hay un acuerdo total.
La psicoterapeuta Perla Ortiz Monasterio nos alerta sobre esta idea en la cual se pretende hacernos creer que el comportamiento de las parejas surge como una unidad indivisa. Se presentan ante los demás como un todo, con lo cual dan una gran superficialidad a las relaciones humanas que son interpersonales, de persona individual a persona individual. El juntamiento (togetherness) entre ellos no es una relación que siga los avatares y las fluctuaciones de una relación humana, sino que es más que una unión, una unificación, parecen estar cosidos.


Aspiran a enfrentar los problemas de la vida como unidad, con lo cual nunca pueden afrontar los requerimientos personales, por lo que se da un empobrecimiento de la vivencia y de las respuestas humanas.
Se renuncia al crecimiento autónomo, a la libertad de movimiento, a la posibilidad de estudiar, de trabajar y hasta de vacacionar en forma individual. En suma, de realizar actividades en forma independiente, por lo que se aplana y se acaban reprimiendo algunos deseos y necesidades personales.
En este sentido, la pareja acaba siendo muy opresiva al tratar de manipular, de mutilar necesidades o de incidir en planos muy íntimos de la personalidad. Todo debe realizarse en pareja, todo debe resolverse en pareja. Esta supraunidad, que funciona como un bloque de tiempo completo, acaba por conducir a los integrantes de la supraunidad al agobio y a la sofocación.

2.  La supraunidad, la fusión con-fusión, una carga muy pesada:” Tú eres mi todo”.


Este modelo presenta también otro aspecto, otra faceta ilógica y contradictoria, que también obstaculiza el crecimiento y desarrollo de sus integrantes, ya que cada uno de ellos coloca sobre el otro, una exorbitante carga.
Se espera que la pareja satisfaga todas las necesidades, como si fueran la panacea que resuelve todas las problemáticas existenciales. La idea de supraunidad es que dependan en todo uno del otro, que se satisfagan totalmente el uno al otro, con la exclusión de todas las demás personas.


Marcela Lagarde señala que en la fusión con-fusión se espera que la pareja resuelva mágicamente todas las necesidades vitales, que se convierta en amante, proveedor, consejero, cuate, confesor, oidor, amigo, protector, benefactor.
Rafael Manrique agrega que existe también el deseo de que la pareja se convierta al mismo tiempo en: amigo íntimo, compañero de trabajo, consejero, pareja para el tenis, interlocutor para problemas vitales, soporte económico, compañero de diversión, persona seria en quien confiar, el más entretenido, el más inteligente, el más divertido. Además, que satisfaga todas las carencias propias en el terreno afectivo, creativo, imaginario, económico, etc.


3.  En la pareja se funden y se suman deficiencias y carencias


¿Dónde estará mi media naranja, mi complemento, mi amor, mi cómplice, mi todo? En la fusión-confusión los integrantes aspiran a la unicidad de su otra mitad, su pareja, para que esta los compense de sus propias deficiencias, ya que ellos se fusionan sobre la base de sus propias necesidades y carencias y lo que espera que el otro le proporcione, es aquello que vitalmente le hace falta. Le otorgan a la pareja el papel de una especie de salvavidas en la que se sostienen, de la que dependen para nadar; si no se hunden.
Perla Ortiz Monasterio nos dice que se espera que la pareja cubra todas las necesidades vitales, esto significa comprometer al otro a jugar un papel de tutor o tutora, lo que se convierte en una relación de dependencia, en una carga muy difícil de sobrellevar; cuando probablemente ni siquiera él o ella se encuentran en óptimas condiciones para poder llevar adelante su propio compromiso existencial, tanto en el terreno económico, como en el intelectual, etcétera. Coloco en la pareja y no en mí, la posibilidad de mi propia realización, por mi parte, me desocupo de atender mi crecimiento.
En este modelo de fusión confusión “la pareja”, en donde no hay individuación y crecimiento, en el que no se responsabilizan de su propio desarrollo autónomo. En esta suma de deficiencias, carencias y ausencia de responsabilidades, se les ocurre agregar a esta suma un tercero.


Teresa Döring expresa que cómo es posible pensar que a una fusión con-fusión, a una supraunidad se le pueda incluir un tercero: una hija o hijo. ¿Cómo podrá aprender a crecer un niño en un contexto en el que los padres han decidido no crecer, no resolver sus necesidades y carencias, no responsabilizarse de su propio desarrollo?
E. Fromm señala que los hijos requieren atención, cuidados, y es responsabilidad de la mamá y del papá  satisfacer   sus necesidades físicas, económicas, afectivas. “Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder”. ¿Cómo podrían hacerlo los integrantes de una fusión confusión, si no están listos, ni pueden  responder ante sus propias necesidades económicas, domésticas, intelectuales, sentimentales, etc.? ¿Si no han aprendido a vivir?

4. La pareja fusión y suma de dependencias: “No se vivir sin ti”


Este modelo “la pareja”, la fusión confusión, fomenta la dependencia de sus integrantes y no su autonomía, ni su autorrealización, ni la capacitación para la autosatisfacción de sus necesidades vitales.
Para Teresa Doring, la dependencia de la pareja se expresa con la idea de que “no puedo vivir sin ti”, aunque generalmente en esta lógica de cabeza, el contenido de esta idea se interpreta como expresión de amor; pero desde el punto de vista de los sicólogos y los sociólogos, es todo lo contrario. “Si no puedo vivir sin ti”, es que “tampoco se vivir conmigo,  ni contigo”, “vivir se me dificulta y no he aprendido”.
En una parodia que hace el caricaturista Fontanarrosa sobre la dependencia y la fusión con-fusión, en esta lógica de cabeza, nos presenta a dos amigas platicando: ¿Qué crees? Mi compañero y yo iniciamos una terapia de pareja. Y llegamos a dos conclusiones muy esclarecedoras: primero, no podemos vivir juntos y segundo, no podemos vivir separados.

5. La pareja es “su guía y hasta el aire que respira”, de quien depende, el responsable de su vida.


Otro de los graves problemas que trae este modelo de fusión confusión: “la pareja”, es que cuando algo sale mal, cada miembro de la pareja responsabiliza al otro de los propios errores o fracasos, en ser la razón de sus frustraciones, convirtiéndolo en el causante de todos sus males. “Se engañan a sí mismos e intencionalmente, engañan a su pareja” afirma Teresa Döring.


Y es que en esta ilógica fórmula sentimental quisieron convertir a la pareja en su guía, la que dirige, la que protege, que es su vida, su amor, su cómplice, su todo y hasta el aire que respira; por lo que si algo no funciona en esta lógica, la pareja es el responsable de todo. No se cuestiona que lo que puede estar fallando es la fórmula sentimental, el modelo  “la pareja” que es lo que no funciona y hay que cambiar.
Se piensa que se trata de fallas personales,  o de mala suerte, de elegir a la pareja equivocada. Así que sin aprovechar la experiencia, siguiendo con la misma fórmula “la pareja”, se ponen nuevamente a buscar afanosamente a su media naranja, para fusionarse con un nuevo complemento que ahora sí, satisfaga todas sus expectativas, colme sus necesidades, borre sus carencias y deficiencias; las cuales sólo se podrían satisfacer por medio del desarrollo de la autonomía, el proyecto creativo, la autorrealización, la autoestima, la autosuficiencia, etc.

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