ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

CAPITULO III
1. Una educación que estimule: La autonomía, el proyecto creativo, la autorrealización, la autoestima, la autosuficiencia


            “Es evidente que casi todo el mundo está a favor de la educación, de la misma forma que se está a favor de la paz, la igualdad, la libertad; el problema radica en cómo avanzar en un modelo educativo que ofrezca ideas prácticas sobre cómo establecer las relaciones interpersonales en la vida cotidiana, tanto en las esferas públicas como en las privadas”, señala el sociólogo australiano Boris Frankel, en su libro “Los utópicos postindustriales”.


 En este texto se analiza el pensamiento de algunos autores que son en muchos aspectos representantes de distintas corrientes teóricas, los cuales expresan en mayor o menor medida parte de las ideas que los movimientos sociales y culturales de las últimas décadas vienen proponiendo sobre los estilos y prácticas de vida alternativos. Se centra principalmente  en el análisis de las propuestas de R. Bahro, André Gorz, Barry Jones y Alvin Toffler, los cuales articulan una serie de visiones alternativas sobre las relaciones humanas y otros aspectos  culturales. Algunos de ellos dedican su atención a analizar los diversos modelos educativos, cuestionándose cómo podría influir la educación para crear un mundo con personas más autónomas, cooperativas, solidarias e ilustradas.


            En general los autores, coinciden en que el núcleo central de un modelo  educativo,  tendría que estar orientado a evitar la enseñanza de relaciones que reproduzcan la dependencia, la alienación, la represión, la falta de autonomía económica y doméstica. Una educación que promueva proyectos para el desarrollo autónomo, la creatividad intelectual, la capacitación para la autosatisfacción de las necesidades vitales.
En su libro “Complejidad y libertad en la relación amorosa”, Rafael Manrique señala la necesidad de esclarecer para una mejor comprensión, los conceptos de autonomía, proyecto de sí, autorrealización, autoestima y como se presentan estos aspectos en las relaciones humanas, por lo que hay que hacer énfasis en las definiciones que formulan algunos autores:
 
1.1. La autonomía personal: Es la capacidad de dirigirse a sí mismo, de orientar la propia vida, de actuar con independencia y libertad. Lo opuesto a la autonomía es la sumisión y la alienación del latín “alienare” que significa enajenar, privar. La enajenación en una relación sentimental consiste en privarse, en deshacerse, en renunciar, en abandonar el desarrollo de los proyectos personales, las ideas, relaciones, gustos, amistades, fantasías, etc. Es renunciar a la libertad de movimiento, a la posibilidad de estudiar, de trabajar, vacacionar, de realizar actividades en forma autónoma. Para T. Döring es pasar por encima de sí mismo, es dejar de ser, es mutilarse. 

            E. Fromm nos dice que para Hegel y Marx, la “enajenación” significa que el ser humano se pierde y deja de sentirse como el centro de su actividad.

             Por lo que la educación estaría orientada a estimular el desarrollo pleno de una personalidad autónoma, que elige su vida y actúa según sus deseos y aspiraciones, que tiene la posibilidad de decidir, de cambiar, de crear, de arriesgarse, para lograr la realización de un proyecto personal creativo.

1.2. El proyecto creativo: Junto al concepto de autonomía está también el proyecto creativo para el desarrollo personal, ya que si se tiene autonomía, pero no hay proyecto hacia adonde dirigirse, no se puede pasar a la autorrealización y la autoestima.

E. Fromm señala que una actividad creativa es cuando hacemos uso pleno de nuestras facultades, es estar plenamente despiertos y sin duda no estar aburrido, ser activo en el pensamiento, en el sentimiento, con los ojos y los oídos”.
El proyecto creativo es la actividad, el quehacer en el mundo, la tarea con la que  nos vinculamos íntima y afectivamente, con plenitud e intensidad; con el objetivo de satisfacer nuestros gustos, deseos, aspiraciones y valores desde el punto de vista  intelectual, ético y estético.


Es un proyecto autónomo a través del cual las personas deciden qué quieren hacer y cómo y en qué quieren gastar su vida.
Es este proyecto creativo, íntimo, de un quehacer propio en el mundo, el que puede conseguir el crecimiento personal, señala Betty Friedman; por lo que no hay que confundirse en el sentido de pensar que “los hijos” son el proyecto creativo personal, por medio de los cuales se logrará la autorrealización, a través de la vida de ellos. No, los hijos no son proyectos, son personas pequeñas, con individualidad y autonomía.


En las relaciones sentimentales cada uno de los integrantes requieren de sus propios proyectos creativos, nadie debe vivir en función del otro. Además del proyecto personal, se pueden realizar proyectos en común, como colaboraciones en el trabajo intelectual, en proyectos de tipo económico, lúdicos, etc.
¿Por qué tanta importancia por cultivar un proyecto creativo propio? Porque al desarrollarlo, por medio del trabajo, la perseverancia y la pasión, nos conduce a la generación de dos aspectos muy importantes: la autorrealización y la autoestima.


1.3. La autorrealización y la autoestima: Son dos conceptos muy importantes de enfatizar en la educación. Rafael Manrique indica que la autorrealización es fundamentalmente la puesta en práctica de las capacidades y potencialidades de la persona a través de la expresión, exteriorización o materialización de su trabajo creativo. El permanente aprendizaje, el  continuo desarrollo de proyectos creativos representan algo muy valioso y perfeccionable para los seres humanos, porque tiende a proporcionar cada vez más frutos y más placer, además de ser la fuente que genera y produce autoestima y confianza en uno mismo

“Es el logro de una orientación predominantemente creativa en la que la persona ha superado la dependencia y ha adquirido confianza en sus propias capacidades para alcanzar el logro de sus fines vitales” afirma E. Fromm.

 

1.4.La autosuficiencia doméstica: el ensayo de vivir solo
La educación  además de promover la autorrealización, requiere también poner énfasis en el  aprendizaje y capacitación de habilidades que nos conviertan en personas autosuficientes,  capaces de resolver nuestras necesidades desde un punto de vista físico y doméstico.


Necesitamos una educación que estimule el aprendizaje de los requerimientos mínimos para sobrevivir y no morir en el intento. Entre estos requerimientos, un aspecto fundamental es experimentar la soledad. Josef Vicent  Márqués nos dice, que se requiere de la aceptación de cierto grado de soledad, la conciencia de experimentar la soledad  o al menos el ensayo de vivir solo, para aprender a percibirnos razonablemente independientes, a la vez que razonablemente interdependientes.
E. Fromm, señala que tener la capacidad de poder estar solo es una condición indispensable para el desarrollo de una personalidad creativa. El tratar de vivir solo, aunque sea temporalmente, sobre todo mientras se está aprendiendo, ya que es la forma de poner a prueba la posibilidad de autosatisfacerse por lo menos en los requerimientos mínimos para sobrevivir físicamente sin morir en el intento.


Antonio Ramírez nos indica lo importante que es aprender a cubrir nuestras necesidades domésticas cotidianas, a ser uno mismo la fuente de la satisfacción y no representar una carga para el otro, sino al contrario, establecer relaciones sentimentales cooperativas.


Se requiere aprender  tareas que están íntimamente ligadas a la sobrevivencia física, además de la económica. Tareas que en la niñez y en la adolescencia, la mayoría de las veces eran proporcionadas por las mamás,  las abuelitas o alguna otra persona cercana; como comprar los alimentos, cocinar, limpiar, lavar, atendernos si  estábamos enfermas, etc. Habilidades que se supone se aprenderían  cuando una fuera mayor, pero, como señala Cristina Carrasco, por diversas razones, ya sean económicas, sociales y sobre todo culturales, la mayoría de los hombres no aprendieron, pero esta falta de aprendizaje de los trabajos domésticos, se da también en algunas mujeres  por diversas circunstancias.  La mayoría de las veces había otras personas que se encargaban de todas las labores  domésticas, generalmente las nanas o las personas que trabajaban en las casas. Tal vez por ese motivo algunas no aprendimos sino hasta edades muy tardías, a los treinta y tantos y otras con mucha dificultad lo aprendieron, como  le sucedió a la escritora Rosario Castellanos, según lo relata Luis Enrique Ramírez en un artículo que le dedica.


En la narración de Rosario Castellanos, como de muchas otras escritoras, aparecen las nanas: “José, Chole, Mari o Agus, son nombres que evocan en nosotras profundas experiencias afectivas”, nos dice la escritora Carmen Villoro. Las nanas permanecen en la familia en algunas ocasiones hasta etapas tardías de la vida, prolongándose hasta la adultez, posiblemente es la razón por la que no se requería aprender estas fundamentales tareas, que te ayudarían a transformarte en una persona más autosuficiente y no tan dependiente, como muchas de nosotras lo hemos sido en ciertas épocas de la vida.
Luis Enrique Ramírez se pregunta ¿Puede una persona ya sea hombre o mujer sentirse liberada (autónoma) cuando tiene una total incapacidad para la vida práctica?. El psiquiatra R. Manrique, afirma que esta incapacidad práctica en la que la persona no es autosuficiente para resolver su sobrevivencia física y doméstica, le produce fuertes sentimientos de impotencia, temor y  abandono.


Aprender estas vitales tareas es un aprendizaje que continúa día a día, en las diferentes etapas durante toda la vida; de ahí la importancia de un artículo de Rocina Bucio sobre cómo conservar la autonomía en edades avanzadas, para personas de 80, 90 años y más, con la ayuda de Internet.
“Dame el password bisabuelita” ¿Quién no ha escuchado historias de niños haciendo maravillas con Internet? pero ¿cuántas hemos oído de bisabuelitos? Las personas de la cuarta edad son los usuarios calladitos de la Red Global, que sin aspavientos le han sacado jugo al Internet en los países de primer mundo, ya que tiene el potencial de convertirse en una herramienta para reducir la dependencia de terceros. Ya sea creando comunidades virtuales de apoyo, comunicándose con sus médicos, solicitando su despensa en los supermercados o solicitando servicios en los centros de lavado y planchado o comprando viagra aprovechando la discreción del comercio electrónico. En pocas palabras, utilizando este recurso logran acrecentar su autonomía e independencia. En la ciudad de Barcelona, el problema de la falta de acceso a las computadoras por carencia de recursos económicos o porque su uso es muy complicado se resolvió creando kioscos públicos con asesores en internet atendiendo las necesidades de los adultos mayores.


1.5. La autonomía económica: Junto con el aprendizaje de la autosuficiencia domesticas es necesario promover una educación que estimule el aprendizaje para la autosatisfacción de los requerimientos mínimos para poder subsistir económicamente, principalmente dirigido a las mujeres.


Marcela Lagarde nos señala que la autonomía material es la capacidad de poder mantenerse, significa “la superación de la dependencia vital que sujeta a las mujeres  a los otros. Dependencia  que las tiene en un estado permanente de desprotección, de inseguridad, por lo que es necesario que las mujeres se capaciten para mantenerse y trabajar para ellas mismas, para lograr su transformación en seres autónomos e independientes”.


Margaret Mead escribió hace algunas décadas sobre la importancia de que las mujeres logren  su autonomía económica, ya que al ser dependientes, al delegar en los otros la responsabilidad de su manutención económica, las ha convertido en el sexo inseguro, produciéndoles profundos sentimientos de desvalimiento.


Teresa Döring señala que en las relaciones sentimentales en que alguien se apoya totalmente en otro, como si fuera su tutor, resulta “una carga muy pesada y agobiante”. Lo más benéfico es enseñar a establecer relaciones sentimentales en donde se fomente la coperatividad, la autonomía  y la solidaridad, para  poder realizar deseos comunes, lo que proporcionaría bienestar, tranquilidad y estabilidad. 


Marina Castañeda, sicoterapeuta, señala que en  algunas relaciones los integrantes juntan todos sus ingresos en forma común para cubrir  gastos, diversiones, vacaciones, libros, etc., lo cual facilita las cosas, pero vulnera a la autonomía personal,  por lo que es conveniente que cada quien separe cierta proporción de su ingreso para poder gastarlo libremente, como quiera.


1.6 La autonomía física, espacios privados y comunes:                  Aprender a respetar la privacidad del otro es parte fundamental de la educación, por lo que es muy importante como lo señalan algunos sicólogos la necesidad de establecer en una relación afectiva, “zonas físicas  individuales” que permitan a los integrantes un grado de soledad y de privacidad.


            En el espacio de convivencia, es necesario tener espacios físicos individuales, reservando un espacio personal para cada quien, que permita tener momentos de soledad y recogimiento. Es posible que no se pueda disponer de una habitación para cada uno, pero si al menos un rinconcito diferenciado.


            Las “zonas individuales” en las relaciones sentimentales, se extienden también a los espacios exteriores, en donde cada uno de los integrantes, pueda realizar en forma individual actividades personales, como salir al cine, a comer, a vacacionar, etcétera, ya que no es necesario que a todos les gusten las mismas cosas, que quieran ir a los mismos sitios o que se les tenga que imponer amistades o visitas familiares si el otro no lo desea.
            También existen relaciones sentimentales donde se prefiere no vivir en un espacio común. A. Moncada, en su libro “La crisis de la pareja” comenta que las modalidades de relacionarse sin hogar común, es un fenómeno nuevo en la sociedad contemporánea.


            Francoise Giround, coautora del libro “Hombres y mujeres”,  comenta que respecto a este fenómeno tiene una opinión clara, bien definida: “Me muestro un tanto renuente a la idea de vivir bajo un solo techo, quisiera tener lo que con mayor frecuencia me ha ocurrido en la vida: disfrutar, amar y convivir con un hombre sin la necesidad de tener que compartir la vivienda con él”.
             En los últimos años se ve una tendencia a las relaciones sentimentales sin cohabitación. En Francia desde 1985, esta fórmula se observaba en personas mayores de cuarenta y cinco años. La tercera parte de las mujeres y la cuarta parte  de los varones tenía relaciones amorosas estables sin vivir en la misma casa.
          Orlandini nos dice que los argentinos han creado la expresión coloquial y humorística de “cama afuera” o “cama sin armario”, para designar  las relaciones sentimentales en que las personas prefieren verse en escenarios distintos a la gestión de la cocina y la lavadora.
            Hay enamorados que residen en viviendas separadas, porque son novios, porque no tienen casa, porque es un romance secreto, porque les gusta vivir separados para conservar su privacidad, porque están estudiando o trabajando en lugares distintos y sólo se  ven los fines de semana y en vacaciones, etc.
            Algunos sicólogos y sociólogos señalan que aunque no se conviva en un espacio común, se pueden crear vínculos amorosos permanentes y estables por muchos años.                  
              Marina Castañeda nos dice que en todas las relaciones hay cierta alternancia de acercamiento y alejamiento. “A los momentos de gran intimidad, siguen períodos de retraimiento, en los cuales cada uno recupera su propio espacio de soledad para luego, cuando las dos personas lo desean o lo necesitan, vuelven a acercarse en un movimiento cíclico que se ha descrito como la respiración natural de la relación. Esta alternancia sucede una y otra vez, es requisito para la subsistencia de las relaciones, sobre todo cuando uno de los miembros pasa por alguna etapa  difícil.
         A.Toffler defiende el pluralismo de las formas de relacionarse sentimentalmente, ya que  esto  abre la posibilidad de explorar otras maneras de convivir, de inventar, de alternar entre espacios comunes y espacios individuales, en cama afuera, cama adentro, armario fuera o adentro, vivir en distintas  ciudades o en una casa común los fines de semana. Probar diferentes formas, respetando siempre la autonomía, la individualidad, la privacidad, los gustos, los sentimientos, la libertad del otro y de una misma.

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