ENSAYOS SOBRE LA HISTORIA, LA FILOSOFÍA Y LA SOCIOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Carmina García de León

CAPITULO  V
La amorosa amistad es una relación sentimental ética y estética


      En la antigüedad, las relaciones sentimentales eran fundamentalmente una cuestión ética. La ética es uno de los componentes centrales de la filosofía, que estudia las acciones del alma, los hábitos del corazón, los modos en que se relacionan los seres humanos; a  partir de cierto criterio de valoración, se determina y se selecciona los hábitos sentimentales que hay que rechazar o cambiar, así como los que hay que cultivar, para tener una existencia más bella y hermosa.
      En la antigua cultura griega, como afirma Michael Foucault: “el concepto de ética, estaba íntimamente ligado a la estética, el principal propósito de los griegos, era la construcción de una ética que fuera una estética de la existencia”. Por lo que las relaciones sentimentales bellas, estéticas, eran las que tenían mayor valor ético, como las relaciones de amistad.
      “Más no sólo es la amistad algo necesario, sino algo hermoso, y así alabamos a los que la cultivan, sobre todo a la más bella relación que existe, que es la amistad entre los buenos, porque son los que marchan juntos para las bellas y bondadosas acciones” afirmaba Aristóteles.
      Sócrates llega a la conclusión de que lo bueno, lo bondadoso es lo que dirige al amor. Para Platón, el amor es el deseo constante de lo bueno, lo que él denomina el bien, o la belleza absoluta. Para los griegos, la belleza era una función de la armonía, surgía de una relación armoniosa entre las partes, que podían relacionarse si era buena una para la otra. De ahí que Platón, como nos ilustra Irving Singer, llegue a la conclusión de que lo que es verdaderamente bueno ha de ser bello, porque el bien es lo bello.
      Aristóteles en su  “Ética Nicomaquea”, dedica dos capítulos a la amistad:
          “El alma bella es la de los hombres con integridad de ánimo y bondad de vida. La amistad por excelencia es, la de los hombres  bondadosos, porque lo que es absolutamente bueno o agradable es amable y deseable. Queriendo a un amigo quieren los hombres su propio bien, porque el hombre bueno que ha llegado a ser un amigo, se convierte en un bien para aquel de quien es amigo. Cada uno, por ende, ama lo que es un bien para él y devuelve otro tanto deseando el bien del otro y dándole contento, porque de la amistad se dice ser igualdad, y ambas cosas se encuentran señaladamente en la amistad de los buenos.
        Los hombres de bien se aman recíprocamente, se dan mutua y reconocida afección. Las mismas cosas se reciben de una y otra parte, se complacen el uno al otro, y ambos se comparten los bienes  que corresponden al fundamento de su amistad. Cada parte recibe de la otra los mismos o semejantes bienes, como es entre amigos. Y el proverbio:”Todo es común entre amigos”, es correcto, puesto que en hacer   comunidad consiste la amistad.
       Nada es más propio de los amigos que el convivir. Si los necesitados desean el socorro de sus amigos, los felices a su vez anhelan pasar juntos los días, la amistad entre ellos será durable y excelente.
      Consistiendo, la amistad sobre todo en amar, y siendo objeto de alabanza los que aman a sus amigos, la virtud de los amigos consiste, al parecer, en el amar, de modo que aquellos en quien este sentimiento se produce proporcionando al mérito, esos son amigos duraderos y su amistad también.
      Por este medio, más que por otro alguno, pueden ser amigos aún los desiguales entre sí, porque así pueden igualarse, porque igualdad y semejanza son amistad, y sobre todo la semejanza en la virtud. A cada hombre en efecto, le son causa de placer las acciones que le son familiares y sus semejantes; ahora bien las acciones de los buenos son las mismas o semejantes, por eso la amistad perfecta es la de los hombres de bien y semejantes en virtud, porque estos se desean igualmente el bien por ser ellos buenos, y son buenos en sí mismos.
Los que desean el bien a sus amigos por su propio respeto, son amigos por excelencia. Por ser ellos quienes son, observan esta disposición, y no por accidente. La amistad de estos hombres permanece mientras ellos son buenos, ahora bien, la virtud es algo estable. Cada uno de ellos, además, es bueno en absoluto y con respecto al amigo, porque los buenos son buenos en absoluto y provechosos los unos a los otros. Y asimismo son agradables, porque los buenos son agradables tanto absolutamente como en sus relaciones mutuas.
      Esta amistad, por tanto, como puede con razón suponerse, es durable. Vincúlanse en ella todas las cosas que pueden concurrir en los amigos. Toda amistad es por un bien y por un placer, y se funda en ciertas semejanzas. Ahora bien, en esta amistad reúnense  todas las características antes especificadas como atributos primordiales de los amigos, porque en este caso los amigos son también semejantes en las otras cualidades. Y siendo lo absolutamente bueno también absolutamente placentero, y siendo estos atributos los más amables de todos, síguese que el amor y la amistad existen en su más plena y perfecta forma entre estos hombres.


 1.1  Hay una falsa amistad  que es remedo de la amistad:


         No es la amistad de los buenos, sino una fingida amistad, la falsa amistad, la utilitaria que es cosa de mercaderes, la que coloca la utilidad por encima de todas las consideraciones, que sólo buscan lo que puede serles ventajoso. Solo quieren el provecho pero no a la persona. Por consiguiente, estos supuestos  amigos, fingen sus afectos, para alcanzar un bien para sí mismos. De ese modo se acercan por interés y provecho y no por el ser mismo de la persona, sino cuanto les es útil. Son en suma fingidas amistades por accidente, porque no se quiere a la persona por lo que ella es, sino en cuanto proporciona beneficio.
      Los que por la utilidad fingen ser amigos, en cesando el interés se separan, porque no eran amigos del otro, sino de aquel provecho. Estas fingidas amistades fácilmente se desatan, con sólo que los amigos no permanezcan con lo mismo que tenían, y así dejan de frecuentarlos desde que ya no les son  útiles. La utilidad, en efecto, no es constante, sino que según los tiempos, múdase en otra distinta. Caducando, pues, el motivo porque eran amigos, disuélvase también la  supuesta amistad, ya que no era amistad sino por aquel motivo. Los utilitarios nada tienen de estable, porque ni aún a si mismos perseveran semejantes. Los amigos por utilidad duran poco, es decir mientras puedan proporcionarse servicios, que tengan una ganancia, que les venga alguna ventaja.
         Esta fingida amistad, la utilitaria es quejumbrosa. Como a los amigos se frecuentan en razón del propio interés, reclama siempre para sí mismo lo mejor de la transacción, y se imaginan obtener menos de lo que se les debe. Y así, se quejan y calumnian al amigo, por no obtener todo lo que desean y que creen merecer, mientras que los bienhechores no pueden jamás satisfacer a todas las demandas de los agraciados.
      La amistad de los buenos no está expuesta a la calumnia y es permanente, porque no es fácil dar a nadie crédito contra aquel que por largo tiempo tiene uno experimentando. Entre la gente de bien hay confianza, así como la seguridad de que jamás se harán injusticia, y todas las otras cosas requeridas en la verdadera amistad. En las otras, al contrario, nada impide que lleguen a surgir esos males.
      En  la falsa amistad que se funda en el provecho, hallánse quejas, calumnias y reproches, en cambio los que son amigos ponen su empeño en hacerse bien recíprocamente, pues esto es lo propio de la virtud y de la amistad, entre ellos no hay recriminaciones ni querellas.
      En cambio los que son fingidos amigos por utilidad, nunca están satisfechos, son personas de condición áspera, fría y quejumbrosa que no producen amistad, porque hay en ellos poco que sea placentero, y nadie puede pasar los días con quien anda con enfado o quién por su mal humor no es agradable, ya que la naturaleza parece huir de lo que causa malestar y ceder a lo que da placer, porque el trato fácil y la sociabilidad, tienese por las señales y factores, más característicos de la amistad.
      Dividiéndose las relaciones en estas dos especies, los utilitaristas serán fingidos amigos por provecho, pues en esto son semejantes; mientras que los buenos lo serán por sí mismo, porque en tanto que son buenos se asemejan. Tales amistades son por supuesto raras, porque los hombres buenos son pocos.
     La reciprocidad afectiva implica elección, en cuanto a los que rápidamente entran en relaciones de amistad, quieren seguramente ser amigos, pero no lo son aún. El deseo de amistad nace pronto, la amistad no. Es preciso, además haber cobrado experiencia mutua y alcanzado familiaridad, lo cual es sobremanera difícil. Hace falta, además tiempo y trato, pues según el proverbio, no pueden conocerse mutuamente los hombres antes de haber consumido justamente la sal, ni recibirse o darse por amigos antes de que cada uno se muestre al otro amable y haya obtenido su confianza, porque no todo es amado, sino sólo lo amable, la amistad se dirige a los que son buenos, a los bondadosos.
      Es dicho común que al amigo se le ha de desear todo bien y por su propio respeto. A quienes de esta suerte desean bienes a otros, los llamamos benévolos y si hay de parte de los otros reciprocidad, cuando la benevolencia es correspondida, es ya amistad.

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