BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

UNA PROPUESTA METODOLÓGICA A LA LUZ DE LA GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO Y EL PLANEAMIENTO ESTRATÉGICO DE LA COMUNICACIÓN EN LA PROVINCIA LAS TUNAS

Lucien Lozada Fonseca



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CAPITULO I. LA CONCEPCIÓN DE LOS ÓRGANOS DE PRENSA EN CUBA COMO ORGANIZACIONES SOCIALES, PARA EL ENCUADRE TEÓRICO DE LA SUPERACIÓN PROFESIONAL

1.1 Competencias profesionales de un periodista integral actual. Retos y perspectivas del periodismo contemporáneo

Si producir noticias sirve fundamentalmente para poder seguir produciéndolas, Tuchman (1986) demostró que leer y recibir noticias sirve para poder seguir recibiéndolas, haciendo un marcado énfasis en el papel que juegan los procesos de codificación y decodificación de los mensajes que conforman los diversos productos comunicativos.

Los estudios sobre la dimensión cognoscitiva de la recepción de la información noticiosa indican que la noticia es un fenómeno cognitivo complejo y compartido por sus productores y sus receptores, fenómeno en el que la reflexibidad aparece como un rasgo revelador, cuya finalidad es la consecución de la propia práctica de la lectura de noticias como actividad que constituye un fin en sí misma y que habilita al lector para seguir siendo lector de noticias futuras con un mínimo esfuerzo diario y una gran agilidad cognitiva ya desarrollada.

La recepción de la noticia tiene lugar, de acuerdo con los estudios cognitivos de la recepción, a través de dos formas de memoria que entran en funcionamiento en el proceso, lo que Van Dijk (1988) ha llamado la memoria episódica y la memoria semántica del receptor de textos o relatos. Si la memoria episódica tiene un carácter más inestable y personal y se ocupa principalmente de la información ligada a cada situación concreta y a la asociación de las secuencias de desarrollo de los sucesos. La memoria semántica actúa sobre la organización general de la información estableciendo macro estructuras o esquemas cognitivos generales del desarrollo informativo, compartidos por los receptores y de carácter convencional.

Una noticia supone un episodio o parte de un episodio o acontecimiento (de lo que se ocuparía la memoria episódica), pero también una noticia es una confirmación, ampliación o modificación de una estructura o macro estructura general semántica que organiza los distintos tipos de elementos informativos en grandes arborescencias o desarrollos "genealógicos" de la información ligados al uso del lenguaje y la semántica general de situaciones, de modo que, como lo plantea Van Dijk, las noticias en los periódicos forman una estructuración macro sintáctica y macro semántica no sólo de los asuntos de la realidad, sino también de los que esa realidad produce en el mundo profesional periodístico y en los modos de conocimiento y comunicación social imprescindibles para la comprensión de la noticia.

La memoria semántica no sólo se ocupa del contenido noticioso, sino también de la forma habitual de estructurarlo y codificarlo de acuerdo con las convenciones comunicativas establecidas en la actividad periodística. La misma contiene estructuras tipificadas no sólo de la información contenida en cada mensaje, sino sobre cómo leer, tratar, incorporar y aprovechar la forma y organización de este. (Edvisnsson, 1999: 8)

Sin embargo, el canal por el que circula la información semántica es precisamente la información episódica. En la intrincada relación entre memoria episódica y semántica de la información se establece un "doble vínculo" según el cual la justificación de la organización temática y sintáctica de las noticias obedece a necesidades episódicas, y a la vez, los episodios noticiables son tales porque obedecen a necesidades semánticas, sintácticas y estructurales en general, de los productores y receptores de noticias.

En la memoria semántica los episodios se convierten en elementos de enorme valor causal o semántico. Pierden su condición puntual o azarosa y pasan a ser piezas útiles de la comprensión noticiosa, a la manera de directorios o etiquetas tipificadas de los modos de estructurar los sucesos, formando parte de las estructuras semánticas generales que perduran a lo largo del tiempo.

Por eso cada vez las noticias se parecen más unas a otras, están cada vez más emparentadas en la genealogía de la información periodística y los profesionales encuentran cada vez más difícil salirse de las normas establecidas por las rutinas productivas.

Según Valbuena de la Fuente (1996) el profesional de la prensa actual concibe dos tipos de audiencia a la hora de tratarla periodísticamente: una, minoritaria pero poderosa, a la que quiere desenmascarar para que deje de hacer inmoralidades y otra, la mayoritaria, a la que quiere mostrar que él vela por los intereses generales del pueblo.

En 1960, Morris Janowitz encontró semejanzas entre el militar profesional y el periodista. El militar "heroico" se parecería al periodista de exclusivas, mientras el "manager militar" se parecería al "manager periodístico", que domina los entresijos de los hechos. En aquél predominaría la información y la motivación, mientras en éste la instrucción.

Jeremy Tunstall reconoció la importancia de lo que Janowitz había observado y dio un paso más en esta dirección. En 1971, distinguió a los periodistas que recogen las noticias de los que las procesan. A estos últimos los llamó "gatekeepers" o “guardianes de la entrada”, debido a que su principal función consistía en determinar cuáles materiales respondían en mejor medida a las normas editoriales e informativas establecidas por el medio de prensa para su publicación. Los primeros actuaban más rutinariamente que los segundos, ya que aportaban en mayor volumen la materia prima esencial para el posterior proceso de selección. (Wolf, 2000)

El propio Tunstall también realizó un muestreo estadístico en cerca de una docena de medios de prensa de la época y descubrió que tanto los recolectores como los procesadores sólo eran –en aquel entonces- el 11,5% del total del personal laboral. El resto (técnicos, la dirección financiera y otras especialidades) desarrollaban trabajos rutinarios.

En el mundo actual esto constituye una pista elemental para comprender, entre otros factores, la disminución de los niveles de instrucción transmitidos por los medios, sobre todo cuando esto puede perjudicar a los intereses económicos de las entidades que los sostienen financieramente mediante los gastos por concepto de publicidad comercial.

Teniendo en cuenta estos elementos, podemos concebir a la teoría del "Gatekeeper" como la “Teoría del Poder en el Periodismo”, ya que lo que está en juego cuando hablamos de instrucción a través de la prensa es el poder; no sólo el que los directivos tienen sobre los periodistas a la hora de decidir qué publicar o desechar. También está en juego el poder de las audiencias.

Si tenemos claros estos conceptos, podemos entender muy fácilmente muchas de las cosas que están ocurriendo en nuestro campo, en los medios de comunicación y en el público en general. En Cuba, como complemento de la información periodística cada vez está cobrando más importancia la instrucción, precisamente porque es clave para que los públicos se constituyan y maduren. A la vez, muchas de las disputas teóricas tienen su origen en que unos autores echan en cara a otros que no se ocupan, seriamente, de las audiencias y de sus necesidades, de la subjetividad.

Si los públicos reciben instrucción a diario, sentirán que controlan cada vez más su ambiente, el miedo no se apoderará de ellos y las instituciones tendrán cada vez más respaldo y reconocimiento social.

Un elemento importante para construir una teoría sólida de la instrucción lo aporta Charles Wrigth cuando se refiere a la Hipótesis de los Usos y Gratificaciones. Los enlaces comunitarios sugieren una gran cantidad de usos que podemos especificar claramente. Los individuos, las familias, los hogares, usan los medios para construir vínculos comunitarios. Un concepto complementario del de uso es el de vacíos. Los medios llenan los vacíos, es decir, las carencias de vínculos (Saladrigas, 2006)

La información periodística, cuando contiene instrucción, ayuda a tomar conciencia del lugar (residencia en un barrio), a estar presentes en un proceso (participar), a formar parte de una estructura (pertenencia o membresía). Los medios pueden fomentar la cercanía psicológica a una comunidad, debido a que informan sobre un lugar antes de visitarlo o de trasladarse a otro: ofrecen el fundamento para decidir si pertenecer o no a un colectivo determinado. Sobre todo, contribuyen a un compromiso que va más allá de la simple participación.

Un individuo, una familia, pueden asistir a reuniones para tratar asuntos de su entorno más cercano, pero siempre existirá quien esté mucho más implicado que otro. Los medios instruyen para que las personas se impliquen.

Al llenar los vacíos informativos, la instrucción indica cómo averiguar lo que una persona o grupo social necesitan conocer en cualquier situación. Además, la información periodística puede llenar los vacíos políticos: saber dónde están las oficinas o burocracias que se encargan de solucionar los problemas imprevistos. De esta manera, no sólo informan sobre quién ejerce la autoridad sino que instruyen para dar cierto control sobre los representantes del poder.

Sin embargo, cada órgano de prensa requiere de un adecuado planeamiento y organización de su gestión editorial, mediante los cuales integra de manera armónica las políticas, misión y otros aspectos de su diseño estratégico con la dinámica de los acontecimientos y temas que le aportan su contenido de manera cotidiana.

Debe intuir consecuencias de los hechos, prever el futuro, balancear sus espacios, satisfacer necesidades e intereses de todos. Todo ello requiere un plan, detallado y flexible, a partir del cual organiza el trabajo de todos sus periodistas, técnicos y colaboradores, con el fin de garantizar el máximo de calidad y efectividad de cada entrega o emisión informativa del medio de prensa. (Vera, 2001: 13)

Aunque las variantes estructurales u organizativas suelen ser muchas, puede afirmarse que lo esencial es lograr que la organización funcione como un sistema, en el que cada una de sus partes y el todo ocupen el lugar que le corresponde.

Aunque por supuesto resulta complejo, el órgano de prensa requiere un riguroso trabajo de planeamiento y organización, que le permita funcionar frecuentemente como un verdadero reloj mecánico. Es fácil comprenderlo, si tenemos en cuenta el carácter implacable de las horas de salida o emisión, los altos niveles de exigencia de calidad por parte de receptores y demás clientes, y la participación de decenas y hasta cientos de personas en los procesos de realización de cada número que ha de lanzarse o salir al aire, como resultado de esa concertación colectiva.

De ahí, que entre los principales detalles organizativos, uno de los primeros sea la creación de una estructura lógica que garantice los flujos de entrada y salida de la información, de manera fluida y eficiente, dejando muy poco a la improvisación.

Una de las estructuras clásicas es aproximadamente la siguiente:

Director, Sub Director, Jefes de Redacción e Información, Administración, Talleres, Distribución, Archivo/Centro de Documentación, Fotografía o Infografía. En otros medios (radio, TV, Agencia, etc.) ésta se adecua a sus funciones e infraestructura organizativa, tecnológica y material.

Propongo detenernos en dos elementos básicos que definen operacionalmente a todo órgano de prensa:

Jefe de Información: dirige y controla toda la actividad de entrada de la información. A él se subordinan reporteros, jefes de equipos de periodistas, corresponsales y colaboradores, fotógrafos. Es la antena receptora orientada hacia las fuentes de información, el sistema de receptores, las agencias, otros medios de comunicación, etc., todo con el fin de captar cualquier señal de interés que requiera cobertura, además del plan temático concebido de antemano.

Jefe de Redacción: controla y dirige operativamente todo el proceso editorial. A él se subordinan habitualmente Diseño, corrección de estilo, jefes de planas, columnas y secciones, y otras áreas que comprende el proceso productivo de cada emisión

Administración: atiende aseguramientos técnico- materiales de la producción del órgano, distribución, publicidad y propaganda, contabilidad y finanzas y recursos humanos, entre otros.

Relaciones Públicas: complementa la gestión que en tal sentido corresponde realizar a su Director y demás miembros del equipo de dirección, velando por la identidad, imagen y adecuado manejo de las relaciones de la institución con sus diferentes públicos. Incluye la atención a la correspondencia y otros canales especiales de contacto con clientes e instituciones de interés

Independientemente de las variantes estructurales, la organización debe garantizar un eficiente trabajo en equipo. Esto sólo se logra cuando todas sus partes trabajan en función del todo y él mismo vela por el buen funcionamiento de cada una de sus partes; también cuando determinadas exigencias temáticas o funcionales requieren la creación de equipos o grupos especiales para enfrentar la amplitud y complejidad de los mismos.

Es en estos casos cuando con mayor claridad el órgano de prensa hace percibir la sinergia de su trabajo editorial o informativo, en función de un tema periodístico de gran impacto social.

Cuando hablamos de “competencias profesionales”, nos referimos a un concepto reciente que deriva de dos importantes esferas o campos de actuación social: el de los conocimientos que sustentan determinadas habilidades necesarias para el desempeño eficaz de las actividades productivas especializadas (ya sea en el campo de la producción material, como en el de la producción simbólica o de significados); y el de los modos de aprendizaje para perfeccionar y reproducir esas habilidades. Ambos campos que se interceptan y complementan tienen sus raíces en la división social del trabajo y en terreno de las prácticas de aprendizaje enmarcadas en concepciones pedagógicas, socializadoras y culturales.

En la complejidad el mundo moderno, cada actividad del hombre asociada a tecnologías específicas demanda de mayores dominios expresados en saberes y en su aplicación consecuente con la práctica. Esto determina la calidad del desempeño profesional y su pertinencia social.

Actualmente todos los estudios sobre esos desempeño profesionales en el marco de las teorías organizacionales evalúan al personal que las desarrolla en dos planos: el primario es el de las habilidades necesarias para operar sobre el objeto de su actividad transformarlo en función del objetivo social de la misma; y el segundo referido a las habilidades para enriquecer y perfeccionar las primeras. Todo se resume en dos fórmulas: “saber hacer” y “saber aprender a hacer mejor”. Estos dos planos en su conjunto se conceptúan como competencias profesionales en general. (Goldhaber, 2000)

En el mundo moderno, globalizado – para bien o para mal – y por ende interdependiente; las dinámicas de desarrollo de los campos de la ciencia, la tecnología, y las prácticas sociales que las vinculan a las fuerzas productivas, obligan a una constante renovación en busca de la eficiencia en todos los procesos en los cuales se involucra el hombre como sujeto social; por ello en este sentido el segundo plano de las competencias profesionales alcanza progresivamente un papel tan importante como el primero. Ya saber aprender es tan importante como saber hacer y ninguno de los dos puede prescindir del otro.

En el campo del periodismo se han operado transformaciones en el perfil del nuevo profesional, convirtiendo al periodista en un gestor de información, fundamentalmente. Ello ha traído como consecuencia afectaciones en las rutinas productivas que van desde los impactos del trabajo tele-dirigido (por llamarlo de algún modo) a la acción cooperativa mediante el trabajo en equipos. Al mismo tiempo esas afectaciones han remodelado las ideologías profesionales, a partir de preguntas tales como: ¿Para quién trabajamos? ¿Cuál es nuestro el encargo social? ¿Qué relación queremos tener con los públicos-usuarios? Así como el replanteamiento de nuevas dimensiones de la objetividad periodística.

Las competencias profesionales para la actividad periodística están basadas en las exigencias de los procesos configuradores de los campos de actuación, los modos de actuación y la base técnico-material para la producción de mensajes periodísticos (tecnologías), así como en la conformación de una ideología profesional referida a un “corpus” deontológico.

Una persona es competente cuando es capaz de desempeñar una función productiva de manera eficiente para lograr los resultados esperados. La persona que es competente puede proporcionar evidencia, es decir, mostrar la posesión individual de un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que le permiten contar con una base para el desempeño eficaz de una función productiva (Ortega, 2000: 12).

El término “competencias” es relativamente joven en los ámbitos académicos y laborales y ha derivado de la especialización constante a la que las profesiones se ven sometidas.

En la bibliografía revisada respecto (Suárez ,2004; Ortega y Humanes, 2002) a las competencias se le atribuyen disímiles acepciones y enfoques que van desde lo individual y psicológico, hasta lo laboral y educativo.

La concepción asociada a la Teoría Conductista define las competencias en términos de: saber hacer fragmentado y desempeño superior, en torno a unos resultados esperados, los estímulos recibidos y el reforzamiento. La concepción con base en la Teoría Funcionalista apunta hacia la capacidad para el desempeño ocupacional exitoso, y sus conceptos claves están en los objetivos, las estrategias, los estándares, las funciones y el análisis ocupacional. (Vidal, 2001:13)

El enfoque teórico constructivista proveniente de Francia desde hace algo más de una década enfatiza que las competencias tienen que ver con aprender a aprender conocimientos y actitudes útiles; por lo cual las relacionan con aprendizajes, y calificación para la resolución de problemas (Morales Gómez, 2006).

La Teoría Cognitivista vincula las competencias con el “saber hacer en contexto y en las habilidades intelectuales – apunta el mismo autor - tomando como referencia el desarrollo intelectual y las inteligencias múltiples; mientras la Teoría Combinatoria insiste en saber combinar y movilizar, saber hacer y actuar; todo dirigido al uso óptimo de los recursos personales y del entorno.

Por otro lado la Teoría Holístico-Sistémica pretende concebirlas como crecimiento armónico para el saber actuar de forma inteligente desarrollando capacidades múltiples, cuyas características se concretarían en desarrollo holístico de la inteligencia y la competencialidad.

El acceso al conocimiento y a determinadas competencias es visto ahora como el elemento decisivo para participar activamente en los nuevos procesos productivos.

Asumiendo las competencias desde esta tendencia enmarcada en los procesos de formación universitaria, la educación superior y el mercado laboral tributan el uno al otro en función del perfeccionamiento propio. Claro está, este nivel de dependencia mutua no debe implicar asunciones al margen de análisis críticos, porque la propia dinámica social puede promover distorsiones de las funciones delegadas tanto en los ámbitos académicos como en los laborales.

Dentro del esquema de la actividad periodística en Cuba los estudios sobre las competencias profesionales son muy recientes y como aún son insuficientes los resultados sistematizados al respecto, esta terminología sólo se incluye en textos y discursos científicos, lo que determina que por el momento quede fuera de programas y planes de estudio.

Ana Margarita Sosa (2002:10) reconoce que al abordar los retos del desarrollo científico técnico y socioeconómico en la formación de los recursos humanos para cualquier profesión, debe tomarse muy en consideración la incidencia de fenómenos tales como el máximo aprovechamiento de tecnologías y las nuevas profesiones que surgen a ritmo acelerado junto a la desaparición de otras. Así, el escenario laboral se encuentra inmerso en profundos cambios y transformaciones que van en pos de sistematizar algunas de sus características y rasgos fundamentales con el fin de lograr la adecuación de una fuerza de trabajo acorde con estas nuevas condicionantes.

La autora mencionada comenta que para hablar de antecedentes de estas investigaciones, debemos remitirnos a los análisis de la efectividad y calidad de la formación de profesionales de la educación superior desarrollados en el país a partir de los 80, que incluían el estudio del desarrollo laboral de los egresados de nivel superior.

Ellos ofrecían una visión de su calidad a partir del impacto de su actuación profesional durante los primeros años de su actividad laboral.

La vigencia de estas investigaciones es primordial para contrarrestar el amplio déficit de graduados que de manera general afecta al mundo laboral cubano mientras nuestro país lucha por posicionarse en el mercado internacional; lo que demanda egresados con un elevado nivel de creatividad, versatilidad, autonomía, adaptabilidad y compromiso social. (Sosa, 2002: 23).

Una extensa reflexión de los autores García y Andión (2004) nos propone las características del comunicador multimediático, que es la concreción de esta tendencia en el campo de la comunicación pública del cual forman parte los periodistas, el cual debe partir de la idea de un receptor activo, quien participa con determinado interés, puede poseer cualquier nivel de competencia tecnológica y es parte de un contexto cultural. (Ray, 2009: 15)

El periodista digital trabaja para un público a la vez más amplio y fragmentado en un ámbito donde se coordinan amplitud, heterogeneidad e individualización. El comunicador es un profesional con la habilidad de producir bienes simbólicos a través de los cuales pueda reflejar su cultura. Es un productor-creador en el más amplio sentido de la palabra, y para ello combina multiplicidad de elementos lingüísticos, materiales y tecnológicos en la generación de mensajes, pues se asume como la persona responsable de todo el proceso, desde la concepción del mensaje, su producción –incluyendo el diseño- su distribución y el seguimiento de las retroalimentaciones para darle continuidad.

Este tipo de profesional de la información debe distribuir la información de acuerdo a una concepción más precisa del público al que se dirige, del medio utilizado para este y del contexto en el que toda expresión cultural se ubica; además debe dominar y manejar nuevos y diferentes lenguajes, encontrar estrategias para darle el tratamiento que requiere de acuerdo a la situación que plantea la comunicación digital: un traslado de poder de decisión hacia comunidades organizadas que no se corresponde, ni sociológicamente, ni en el contenido de sus intereses, ni siquiera en su constancia informativa, con la población de lectores que todavía sostiene a los medios tradicionales.

Jesús Martín Barbero – especialista en la problemática aludida - señala que:

El comunicador debe asumirse como un intérprete de los acontecimientos sociales y, en el caso de la Internet, de las necesidades de los públicos que ahí convergen; de las posibilidades expresivas del medio, de los intereses ocultos de tal forma que logre articular los elementos necesarios con el propósito de dar sentido a lo ignorado por las grandes corporaciones: la inmensa variedad de identidades, pequeños grupos más sintomáticos y significativos, culturalmente hablando de las grandes masas (Martín Barbero,2001: 220)

Por otro lado no se podrían concebir las competencias alejadas del concepto de consumo cultural de los productos mediáticos, lo cual se resume en una frase: “cada lector es único” la cual podría complementarse con la siguiente: “cada medio tiene sus lecturas y sus lectores” , lo cual nos remite para justificarlas a la creciente influencia de las teorías que conceden al receptor un importante papel en el acto de comunicación y consecuentemente su cualidad de mediador al mismo tiempo que destinatario. Teorías que van desde la muy conocida de “Usos y Gratificaciones” hasta las de “Estudios de Críticos de Audiencia” (Alonso, 2000)

La valoración por competencias es imprescindible para el actual mundo de la red, porque las empresas periodísticas que cuentan que un ente: el periodista digital, cuyas competencias profesionales tienen dimensiones nuevas en relación con las habilidades propias de un periodista tradicional.

El vertiginoso avance digital ha afectado sobremanera a los profesionales de los medios de comunicación, quienes trabajan ahora con y para la tecnología, en detrimento de aquella romántica militancia social característica de la etapa de la “mass communication”. Con estos planteamientos, la necesidad creada de un análisis de la situación generalizada en las redacciones se justifica, en primer lugar, por la urgencia de detectar cuáles son las nuevas habilidades requeridas para afrontar el cambio tecnológico desde el ámbito periodístico y, en segundo, por la exigencia de abordar dicha realidad desde el entorno universitario, con el objetivo de preparar a los futuros profesionales de la comunicación. (Rodrigo Alsina, 1989: 30)

Según la española Lourdes Martínez Rodríguez un periodista digital es, en primer lugar, periodista y como tal debe asumir las competencias propias de la profesión que son comunes, independientemente del medio para el que se trabaje. Por lo tanto, la competencia fundamental debe ser conocer y dominar los principios básicos del Periodismo y saber aplicarlos a la comunicación digital.

Las rutinas periodísticas tradicionales de búsqueda de datos y de fuentes, selección, valoración, contraste, verificación, despliegue de habilidades narrativas, etc. siguen siendo la razón de ser del periodista digital igual que lo es del periodista que trabaja en los medios tradicionales; pero, necesariamente, el periodista que trabaje con y en los medios digitales deberá adaptar todas estas rutinas al nuevo entorno tecnológico: los datos y las fuentes ya no están sólo en la calle, están también en la red, el periodista digital debe adquirir las suficientes destrezas para saber buscar esa información y debe agudizar sus métodos de contraste y verificación de las fuentes en un entorno caracterizado por la sobreabundancia de información.

Narrar una noticia hoy significa utilizar con efectividad todas las modalidades de la comunicación humana apropiadas para esa noticia, lo cual incluye imágenes, vídeo, sonido e interactividad, así como el uso de una amplia variedad de nuevas herramientas mediáticas que van desde el diseño web hasta los agentes inteligentes y las modernas cámaras de vídeo que proporcionan una cobertura visual de hasta 360 grados.

Puede considerarse para ámbito periodístico como competencia profesional el grado de conocimiento que poseen los profesionales de las características del medio expresadas a través del aprovechamiento de los diferentes recursos tecnológicos y las posibilidades que estos ofrecen: así como de las técnicas del periodismo medidas a partir del empleo de los géneros periodísticos, el estilo, la utilización de fuentes y el tratamiento de los diferentes temas.

Para las competencias periodísticas las preguntas son siempre las mismas; pero sus principales amenazas y retos son los pasos que deben darse en el futuro ante la incorporación de realidades cambiantes, como las de nuevas tecnologías de la información. (Fonseca, 2002)

Estas consideraciones sobre la dinámica de desarrollo de los instrumentos digitales, caracterizada por una velocidad mayor que otros campos, sobre las competencias profesionales para explotarlo, traen a colación un el dilema sobre la génesis de su adquisición, que oscila entre los criterios de que son: las urgencias de una práctica productiva abocada al cambio ese desarrollo ultrarrápido de un campo tecnológico y la aplicación inmediata de sus avances a las prácticas sociales, las que deben determinar la formación de competencias de forma un tanto empírica, o que es el desarrollo prospectivo basado en el estudio de sus tendencias para incluir y poner énfasis en los modos de aprendizaje para preparar los profesionales para adoptar y adaptarse a los cambios. Este dilema es expresión actual de la vieja disyuntiva entre práctica laboral versus formación académica como fuente principal de aptitudes y habilidades periodísticas. (Sepúlveda, 2002)

Para definir esta cuestión habría que considerar dos elementos importantes que son condicionantes: el primero, referido a la pertinencia de la formación académica, dada por la capacidad del sistema de formación pre-graduada para romper la inercia que en ocasiones supone esperar que el cambio en el egresado se consolide para incorporarlo a los programas de formación de habilidades en los currículos académicos; y por otro lado, en el terreno de las prácticas productivas, que los cambios en el quehacer generados por las rutinas de este tipo sean expresión de una necesidad natural, no de contingencias del campo del ejercicio del periodismo digital como pueden ser factores extra-comunicativos (condiciones de trabajo, productividad asociada a una remuneración, regulaciones administrativas, etc.)


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